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Full text of "Obras: Cantos del peregrino. Poesías diversas"

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This book is due at the LOUIS R. WILSON LIBRARY onthe 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may be 
renewed by bringing it to the library. 





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Maucci Hermano e Hijoí 



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University of North Carolina at Chapel Hill 



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Imp. y Estereotipia de la Casa Editorial Sopeña, Valenoia, 275 y 277.— BABCELONA 



ADVERTENCIA 



Bajo el título de Obhas de José Mármol lie formado el 
propósito de coleccionar, en cuanto me sea posible, todo lo 
que haya escrito mi padre y pueda ofrecer algún interés 
para el lector, y formando una edición completa, darlo á la 
publicidad. 

Fácil es comprender el motivo que me ha inducido á ha- 
cer esta publicación, pues los que hayan leído los apuntes 
biográficos y juicios críticos que sobre mi padre han escrito 
los señores Juan María Gutiérrez, Florencio Várela, Juar 
E. Labougle, Torres Caicedo, Mariano Pelliza y otros, verár, 
que allí se hace referencia á poesías y escritos que hoy muy 
pocos conocen, pues ó so han publicado en folletos que ya no 
se encuentran al alcanco de todos, ó en los diarios de aque- 
lla época, que son raros quienes los consorvan. Do sus poe- 
sías, sólo dos ediciones se han hecho bajo su dirección: la pri- 



4 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

mera en Montevideo el año 1851 y la segunda, más completa, 
en Buenos Aires en 1854, ambas completamente agotadas 
hoy. Del poema Cantos del Peregrino sólo se hizo una edi- 
ción en Montevideo el año 184:7, publicándose en ella los 
cuatro primeros cantos; el canto undécimo se publicó en fo- 
lletín en La Reforma Pacífica del año 1857, y el canto doce 
se había publicado en Montevideo en 1846 en un folleto. 

De todo esto, como se comprende, hoy ni vestigios que- 
dan, y los Cantos del Peregrino sólo viven en la memoria 
de los contemporáneos de la época en que fueron escritos. 

Mi padre no tenía la prolijidad de guardar y coleccionar 
sus producciones de todo género: él creaba, por el placer de 
gozar en la contemplación de su obra y después la publica- 
ba ó no la publicaba, pero en resaltado final quedaba su 
producción abandonada. Y esto sucedía con todo \o que salía 
de su pluma, poesías, folletos, y artículos de carácter polí- 
tico, de crítica sosia! ó meramente literarios todo ha desapa- 
recido. 

Recoger esas flores, que un tiempo orlaron su sien de 
proscrito, es la tarea que me he impuesto; y si ellas son re- 
cibidas con benevolencia por el público, será éste el único 
homenaje que me habrá sido dado tributar á su memoria. 

En el presente volumen se publican en primer lugar los 
Cantos del Peregrino. De este poema sólo han llegado á 
mis manos, ocho cantos; los intermedios del séptimo aí dé- 
cimo inclusive no se han publicado; más aún, creo que no 
han sido escritos; pero esto en nada perjudica la lectura del 
poema, pues sus cantos no responden á un plan fijo ó idea 
determinada en el desarrollo de su trama: cada canto repre- 
senta diversas impresiones que el Peregrino ha recibido en 



NTOS DEL PEREGRINO 5 

distintos lugares y también en diferentes situaciones de su 
espíritu. 

Véase cómo el mismo autor explica su poema en la In- 
troducción al Canto doce: ....... «SI Peregrino es un 

emigrado argentino que viaja en el mar, desde el trópico de 
nuestro hemisferio, hasta los 65° Sur, á donde le arrojan las 
borrascas sin poder doblar el cabo Meridional de América. 
Durante su viaje, de zona en zona, de grado en grado 
canta la Naturaleza americana, ya por sus recuerdos, ya 
por los cuadros que se desenvuelven á sus ojos. Los tró- 
picos con sus Océanos de luces y su eterna primavera; el 
polo con su cielo nebuloso y sus montañas de nieve; el mar 
en todos sus misterios, en todas sus multiplicadas faces; los 
astros, las nubes, todo, en fin, lo que pertenece á la Natura- 
leza, es para el Peregrino la primera fuente de sus inspira- 
ciones. Pero aun halla otra de más viva y lujosa poesía, su 
propio corazón: los recuerdos de la patria con su pasado glo- 
rioso, con su presente de lágrimas y sangre, con su porvenir 
rico de paz y de felicidad, como una promesa de Dios. Los 
recuerdos individuales del proscrito, del patriota, del aman- 
te, meditando sobre si mismo, ó historiando con sus propias 
impresiones, el carácter y los acontecimientos de la época, 
son otra fuente donde á menudo bebe el poeta peregrino sus 
inspiraciones. Y la Naturaleza y el alma son los dos mundos 
misteriosos que revela en sus cantos. 

«Fácil es ahora comprender que nuestro poema, no es un 
poema dramático; que no hay unidad en sus cuadros, y que 
cualquiera de los cantos puede publicarse separado de los 
otros sin alterar el poema y sin necesidad de los anteriores 
para su inteligencia.» . ~ .....#* 



OBRAS DE JOSÉ MARMOL 



Como se ve, es casi seguro que dedicados esos cantos á 
algún punto de su viaje ó á alguna circunstancia recordada 
por éste, el autor no escribió esos cantos al mismo tiempo 
que los demás, quizá con la idea de hacerlo más tarde: y sa- 
bido es que después del año 1852, mi padre abandonó casi 
por completo la poesía. 

De las poesías que en segundo término se publican, al- 
gunas hay inéditas, otras fueron publicadas en diversos dia- 
rios y periódicos en Montevideo, que el autor dirigía ó en 
los que colaboraba; y las demás han sido escogidas entre las 
muchas poesías que forman los dos volúmenes de Armonías 
de la edición de 1854, á que me he referido. Como en este 
grupo de diversas composiciones líricas no hay tampoco uni- 
dad ni plan determinado, lie creído conveniente precederlo 
de la introducción que figura al frente de dicha edición y 
que explica cómo estas poesías son sólo el reflejo de impre- 
siones momentáneas que han respondido á un episodio de su 
vida intelectual, más bien que al propósito de formar una 
colección de poesías escogidas, pues conforme salían de su 
pluma, obedeciendo á inspiraciones fugitivas, así se publi- 
caban. 

El temor de hacer demasiado extenso este volumen, me 
ha hecho limitar en la presente publicación el número de 
esas composiciones. 

Tras este primer volumen se publicarán otros, conte- 
niendo sus escritos do carácter político, publicados en varios 
folletos ó en artículos para la prensa, que tengo colecciona- 
dos, y también algunos romances y artículos literarios, y 
sus obras dramáticas que tan mal corregidas se han publica- 



CANTOS DEL PEREGRINO 

do en las «Obras poéticas y dramáticas» coleccionadas por 
don José Domingo Cortez, obra de la que se han hecho, sin 
■embargo, varias ediciones. Pero estando, como estoy, en po- 
sesión de los originales, me será fácil hacer una publicación 
más esmerada y completa. Y con esto habré cumplido con 
un grato deber para mi. 

Juan A. Mábmol 

Buenos Aires, Febrero de 1889. 



A MI HIJA MARÍA 



Montevideo, 1846. 



CANTOS 



DEL 



PEREGRINO 



PATKIE 

Je consacre á ton nom su ma mort ou ma gloire 

Lamartine. 



Liberta va cenando, chi é si can 
Come sa chi per lei vita rifiuta. 

Dante. 



INTRODUCCIÓN 



Los cantos del Peregrino, pertenecen, por la patria del 
autor y por muchas de sus inspiraciones, á la primera de 
las literaturas poéticas en la América que habla español. 

A una literatura poética que nace, crece y se modifica á 
par. del movimiento social. A una literatura poética que fué 
lírica y guerrera cuando sus cantores vestían armas, como 
el último de los ciudadanos; dogmática y filosófica cuando 
amanecían las institucienes tras la noche formada por la hu- 
mareda del combate; elegiaca individual y cristiana, con el 
corazón en las memorias de lo pasado y la esperanza fija en 
el porvenir, cuando el fruto de los desórdenes domésticos se 
presenta en todo el amargor de su madurez. 

La Lira Argentina es una verdadera arpa eoliana, que ha 
resonado al soplo de los huracanes y de los aires mansos de 
la patria. La Lira Argentina ha cantado las batallas como la 
de Homero; los héroes como la de Osian; á Dios como la do 
David; la resignación y la esperanza como la de Job. 

Ese Pueblo Argentino que no tiene montañas de oro; di- 
seminado en la aridez de la llanura; embatido de las suesta- 
das y del Pampero; condenado á domar el potro para domes- 
ticar las fieras: inquieto y manso alternativamente, como el' 
mar; invasor y altanero, como el Águila; independiente y ape- 1 
gado á sus soledades, como el Árabe; ese pueblo original á 
quien amamos tanto, es el único de América que puede de- 1 



14 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

cir: «esta es mi historia,» mostrando sobre su cabeza una 
guirnalda de poesias. 

Nosotros no tenemos ni poetas ni poesia anteriores al pri- 
mer movimiento de la libertad. La mente Argentina no pu- 
do nunca mover las alas bajo el alambre dorado de sus pri- 
siones: le era necesario el espacio, la libertad, la inmensidad 
del llano, la cima de la montaña; una bandera color cielo, *la 
sangre de sus opresores y la victoria. Y cuando todo esto 
hubo, he ahí en pie una generación entera de poetas. — Ló- 
pez, Luca, Rodríguez, Molina, Rojas, Laíinur, Hidalgo, Vá- 
rela? se ponen en marcha con la patria y la acompañan en 
su peregrinación de libertad, hasta dejar en el sepulero al 
último de sus héroes, y dentro las puertas de Lima á la ban- 
dera azul y blanca. 

Uno sólo alienta hoy de tanto corazón generoso, de tan- 
tos sacerdotes ejemplares, de tantos literatos distinguidos, 
porque á tan nobles clases pertenecieron nuestros poetas. 
Unos tuvieron por tumba el mar, otros los campos de bata- 
lla, y los huesos de algunos de ellos tendremos que devol- 
ver á la patria el día que nuestra política pierda el derecho 
do excomulgar. 

Casi dos lustros habían pasado sobre los últimos sucesos 
de la guerra de la independencia. Los ensayos sin fruto de 
una organización nacional, y el luto de la guerra civil resu- 
citada por el mismo sable que debió apoyar las institucio- 
nes, tenían entristecida y desmembrada á la Sociedad Argen- 
tina; mayores desastres podrían presagiarse para un futuro 
próximo, cuando aparecieron en Buenos Aires Los Consuelos 
del soñor Echeverría. Si el Triunfo Argentino de López fué 
preludio de nuestra lira guerrera, la obra de aquel joven 
poeta lo fué de la lira del dolor, de la queja individua], do 
las pasiones ocultas del corazón, de las miradas al porvenir. 
La naturaleza de nuestro suelo halló también en Echeverría 
su pintor, y ayudado do las doctrinas literarias del tiempo, 



CANTOS DEL PEREGRINO 15 

conquistó la Pampa para la poesía. Atrevimiento del genio- 
coronado de aplausos, como todas las audacias felices. 

Obra de la época ó de las producciones indicadas, ha sido- 
la aparición de la poesía que llámanos llueva. Despertada 
por la voz del dulce ruiseñor de los Consuelos (1), ó por la voz 
de la época, se presenta la generación actual de poetas, ufa- 
nos de su origen, atando con armonías el pasado glorioso á 
un porvenir todavía más glorioso, en que tienen fe; levan- 
tando los ojos desde el seno de la patria para fijarlos en Dios, 
cantando el suelo en que nacieron con ese amor entristecido^ 
y dulce con que amamos los bienes ya perdidos; maldicien- 
do á veces, perdonando siempre; explicando, á favor de la- 
filosofía, el bien que lia de nacer del mal; y confiado más que- 
nunca el triunfo de las ideas del programa de Mayo, que hai> 
estudiado y convertido en evangelio social. 

A esta generación, que á pesar de hallarse *en las verdes^ 
promesas de la vida» (2), cuenta ya á dos de sus más ilustres 
compañeros en la vida del Cielo (3), y á todos los demás en 
las amarguras del destierro, pertenece el autor de los Can- 
tos del Peregrino. 

En una ocasión solemne, personas muy competentes di- 
jeron de una obra del señor Mármol en que hallaron * eleva- 
ción, novedad, jrescor, abundancia en las ideas:* «la Comisiór 
reconoce que el molde en que fué vaciada es sin disputa una 
cabeza poética» (4). A la conciencia de sus fuerzas, mucha 
debió añadir en el ánimo del poeta este bautismo público, con 
que el talento lavaba de sus sienes la culpa de profano. Que- 
dó desde entonces decidida su vocación. Los periódicos de- 
Montevideo han publicado muchas poesías del señor Már- 
mol, y el pueblo de aquella misma ciudad aplaudió sus dra- 
mas, el Poeta y el Crinado, impreso el uno, y el otro toda- 
vía inédito. 

Tres años han pasado apenas sobre aquellos triunfos,, 
cuando tiene ya preparados para la impresión los Cantos» 
del Peregrino. 



16 OBRAS DE JOSK MÁRMOL 

Cáelos (5) es el Harold de la Patria y de la Naturaleza, 
El héroe del poeta inglés arrastra su melancolía entre se- 
pulcros y recuerdos; El Peregrino sólo baja la vista al sue- 
lo para admirar las flores; la mantiene á la altura de las 
montañas; en el cénit para cantar la luz en las horas de su 
esplendor; en el horizonte para contemplar el nacimiento y 
el declinar del día; en las nubes para encontrar en ellas mi- 
neros inagotables de la más lujosa poesía. El Peregrino, 
consulta constantemente dos mundos de misterio, dos fuen- 
tes que jamás se apocan: el corazón y la naturaleza. 

El señor Mármol ha perdonado su cárcel y cadenas (6), y 
nosotros casi perdonamos también la mano que le aleja de 
sus hogares, porque en ellos no habría sentido las impresio- 
nes de las regiones del Trópico ni de los mares del Polo. 
Porque es preciso que se sepa que El Peregrino ha sido pen- 
sado y escrito sobre la cubierta de una nave; en un viaje de 
sufrimientos y peligros, desde el Trópico de nuestro he- 
misterio, hasta la latitud de 65° Sur, donde lo arrojaron 
Las borrascas, sin poder doblar el Cabo meridional de Amé- 
rica. 

Escribimos en pobre prosa; ¿cómo podremos dar una idea 
de la poesía del Peregrino? ¿Dónde hallaríamos una llama 
tan activa de inspiración como la que alienta el autor? El 
Peregrino es un himno en loor de la magnificencia del Me- 
diodía americano; la traducción fiel de los más íntimos sen- 
timientos del poeta, del desterrado, del patriota, del amante, 
meditando sobre sí mismo, ó engolfado en el Edén, ó en el 
infierno de la variada naturaleza de nuestro Continente. 
Lea los cantos á las Nubes, á los Irójjicos quien tenga vista 
capaz de fijarla en los joyeles con que se engalana el cielo 
en los días de alegría de su Creador; lóalos quien, teniendo 
la fe del poeta, pone toda la mitología de sus amores y de 
sus afectos en los accidentes del cielo visible, en la levedad 
de los vapores en que se reclina el sol para adormirse en las 
tardes. 



CANTOS DEL PEREGRINO 17 

Decid, nubes, decid, ¿quién un tributo 

no os rindió alguna vez? En el contento 

-ó con el alma en luto, 

.¿qué mortal no os ha dado un pensamiento?... 

En las noches serenas, 

«1 corazón dolido, 

¿qué madre no ha llorado con vosotras 

el dulce fruto de su amor perdido; 

•ó amorosa y prolija, 

no imaginó entre flores 

el porvenir de su inocente hija?... 

¿Qué desterrado, acaso, 

en los velos de nácar y zafiro 

que bajáis al ocaso, 

no ha mandado á su patria algún suspiro (7) 

Hay quien todavía niega la existencia de una poesía 
peculiar á la América; pero al fin se tendrá que reconocer 
nuestra independencia en literatura como se ha reconocido 
•en política: una y otra no son cuestiones sino hechos. El poe- 
ta debe sentir lo que canta y sentirlo entrañablemente: el 
poeta debo pintar y pintar con verdad la Naturaleza. ¿Y con 
■qué corazón, con qué colores se han de manifestar eficazmen- 
te el movimiento de los afectos que nacen de la Sociedad 
Americana, y las escenas de su suelo? Con un corazón ame- 
ricanamente apasionado, y con los colores que ostentan lla- 
nos, montes, ríos y mares americanos. Tenemos ya un pasa- 
do; campos gloriosos; festividades patrias; varones eminen- 
tes á quienes hemos dejado en la tumba con los ojos llenos 
de lágrimas. Y, ¿será el extranjero quien haya de venir á 
cantar lo que á nosotros únicamente puede conmover las on- 
trañas? Sólo un Pekegrino Americano podía llenarnos de or- 
gullo con estos versos de su Canto á América, Canto que en 
parte es una profecía y en parte una realidad que se verifica 
diariamente. 

MárruoL— 2 



18 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOIi 

«América es la virgen que sobre el mundo canta, 
>profetizando al mundo su hermosa libertad»... 

«Quedad, mundo europeo, ennoblecido padre 
»de tiempos que á perderse con el presente van; 
» quedad, mientras la mano de América, mi madre, 
» recoge vuestros hijos y les ofrece el pan.» 

«¿Qué importa? ¡eh! ¿qué importa? si no vienes de guerra 
> nosotros te daremos donde segar la mies; 
>para que nazcan pueblos tenemos, sí, más tierra 
»que espacio para estrellas sobre los cielos ves...» 

«América, que se alza sobre columnas de oro, 
» América la joya del Universo es. 
»La miro y me envanezco, y al contemplarla lloro... 
»sus montes á mis ojos... sus mares á mis pies!» 

Pero en este tan vasto mundo de América el Peregrino 
tiene su playa natal, para la cual reserva toda la fuerza de 
su amor y todo el fervor de sus recuerdos. La brújula del 
instinto, más que la del piloto le advierte la cercanía de la 
patria: reconoce el cielo de su infancia y entona el canto «A 
Buenos Aires» con los ojos puestos donde los pone el que no 
tiene más bien que la esperanza: 

«¡Cuan bellas contemplo rodar por la esfera 
»tus nubes pintadas de plata y zafir! 
» ¡oh patria! si al hombre faltara la ciencia 
» sabría al mirarlas que estabas allí...» 

¡Cuan bellos tus mares! ¡cuál alzan henchidos 
de orgullo sus ondas, valiente su voz! 
¡oh, vaya en vosotros al suelo Argentino 
vibrando en las olas mi lúgubre adiós! 

Entre los recuerdos del Peregrino, se presenta á menudo 
(tíi^eía mujer de su alma, á quien ha dado el nombre puro 



CANTOS DEL PEREGRINO 19 

de María. Ella supo inspirarle una pasión delicada y pro» 
funda pintada con la armonía de estos versos: 

No era ese amor frenético y ardiente 

que arrebata la calma, 
más que del corazón, de los sentidos: 
era esa tierna abnegación del alma 
que ni siente placer ni dolor siente 
sino en el alma del objeto amado 



«¿Qué tengo yo sin ti?» Penas y llanto; 
llanto frío, infeliz, eterno y santo, 
porque lloro de amor. — Tú mi primera 
impresión en la tierra, tú tendiste 
mano de compasión al Peregrino, 
y, tierna y hechicera, 
«Ven hacia mí», dijiste; 
arrojando una flor en su camino. 

Eres mi dios, mi hermana, mi querida, 
y mi esposa también. — Palabras santas 
dádivas del señor para la vida; 
puras como las lágrimas del niño, 
tiernas como los besos de una madre, 
palabras, sí, que el corazón no miento, 
riquezas de cariño, 
con que adorna mi amor tu blanca frente. 

Concluyamos estas líneas. Si el autor de Peregrino no 
hubiera dado ya tanta prueba de su talento poético, basta- 
ría esta producción para que cayeran sobre su cabeza las 
hojas del laurel tan ambicionado como tan pocas veces con- 
seguido. — Cantar los sentimientos de la actualidad, pensar 
sobre el bien, sobre la belleza, sobre la verdad, según la 
dirección de la época; poner de bulto el pensamiento confu- 
so é incompleto de la generalidad: tales son las condiciones 
con que se manifiesta el poeta verdadero. El que satisface á 



20 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

este programa, levanta un monumento y graba su nombre 
sobro el acero en la historia de la literatura. 

Hemos leído el Peregrino y parecíanos que el autor nos 
había consultado sobre el asunto de sus Cantos: nos parecía 
la obra de un Genio que hubiera espiado invisible los secre- 
tos de nuestra conciencia, los sueños de nuestra alma, las 
fantasías de. nuestra esperanza, y que nos deeía: «hé aquí el 
retrato de lo que creíais que no pudiera representarse con 
la palabra, ni tomar cuerpo con los incompletos recursos 
del lenguaje.» 

Nosotros que pertenecemos á la época, ala América, á la 
democracia, á la fe de la cruz; que esperanzamos en lo futu- 
ro, que alguna gota de ese rocío del cielo que se llama poe- 
sía cae de cuando en cuando en nuestra alma, porque somos 
desgraciados, somos al mismo tiempo rama del árbol que 
todo él ha de conmoverse al soplo del Peregrino. Toda nues- 
tra generación hallará en él su historia, y toda olla bendi- 
cirá á su autor. Bella y envidiable suerte es la del poeta que 
alza el velo á los dolores para consolarlos! 

Río Janeiro, Febrero, 1845 

Juan María Gutiérrez 



CANTO PRIMERO 



a mi patria 



Buenos Ajees, mis ojos se abneron á la luz bajo tu cielo 
humoso; y digne lujo de rus pasadas gloria;, se cerrírán acal 
bajo el cielo nublado del extranjera 

Pero en mi destierro, tu recuerdo santo se conjunte en mi 

i:;:ti os r mer r hesos ie mi -*»•■ *■ « « » * 

glorie, A. buscado con las «giraciones de mi alma una guir- 
«aldade poeta, es por dejarla á tus plantas, poJuetú 
eres, Patria mía, él imán de esas inspiraciones 

Acepta el primer Canio del Peeegbzno: y, ¡o;alá aue ese 
recuerdo de tus pasados tiempos y de tu nermolo porvnVl 
Haga enjugar un instante el llanto de tus desgracias presea 

Adiós, Buenos Aires: orgulloso de mi origen, moriré en el 
destierro Si J M puedo algún día respirar en tu seno el alreZut 
de ¡a libertad: pero mi ultima palabra será tu nombre- mZ 
timo pegamiento será, tu imagen. ' 



José Mármol 



Montevideo, Mayo de 1841 



CANTO PRIMERO 



Hijo de la desgracia el Peregrino, 
ha confiado á los mares su destino; 
y al compás de las ondas y los vientos 
el eco de sus tristes pensamientos 
vibrará por el mar. El su grandeza 
cantará entusiasmado, la belleza 
de la espléndida bóveda estrellada, 
con el alma ante Dios arrodillada; 
y cantará también sobre los mares 
la libertad, su amor y sus pesares. 

Sigámosle en el mar, do quier existe, 
como las sombras de la tarde, triste, 
y una secreta dulce simpatía 
nos roba su letal melancolía: 
¡él! ¡el proscripto trovador del Plata, 
que, conducido por la suerte ingrata, 
cinco años ha que su enlutada lira 
bajo extranjero sol triste suspira! 

Con él la dulce inspiración del canto 
nació para cantar el dogma santo, 
que inauguró á la luz de la victoria 



21 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

ese pueblo, que en brazos de la gloria, 
reventara de un mundo las cadenas 
con prender el cañón de sus almenas. 
Pero helóse la voz en su garganta 
cuando, al mover la adolescente planta., 
en vez de abierta y espaciosa vía 
al" genio, á la virtud y nombradla, 
tropezó de un patíbulo en las gradas 
con la sangre de Mayo salpicadas. 

Ya el eco del cañón no se dilata 
en las riberas del altivo Plata, 
cuando dora su linfa el sol de Mayo (1) 
con su primero suspirado rayo; 
ya no suenan sus cánticos triunfales; 
ya no escuchan sus santas catedrales 
los religiosos himnos dé alabanza 
al Dios que iluminaba la esperanza 
en medio de la larga incierta lucha. 
Ya en las calles y plazas no se escucha 
del pueblo rey la estrepitosa grita, 
cuando á los rayos de su luz bendita 
festejaba aquel sol que hirió su frente 
con raudales de gloria refulgente; 
ya no oprimen las madres en su seno 
su tierno fruto de esperanzas lleno, 
ni á par del blando maternal arrullo 
lloran sobre su sien llanto de orgullo. 

Ya el Plata no se empina del profundo 
á ver la Roma del naciente mundo, 
y á sus olas indómitas desciende 
y en las arenas sin valor las tiende 
Ya en las grietas del Andes no se interna 
derrumbada la nieve sempiterna, 
porque no hay otra vez quien de la cima 
la arroje y ledo la montaña oprima (2)\ 



CANTOS DEL PEREGRINO 25 

ya para él Cóndor en la sien su vuelo, 
y ese invasor intrépido del cielo, 
ya no vuela á esconderse entre la nube, 
al ver que raudo de la falda sube, 
labrando las pedrosas cordilleras, 
un mundo de guerreros y banderas. 

¡Patria! ¡Patria del alma! con tu espada, 
el atlas de la América admirada 
trazaste en la pelea. Repartiste 
los montes y los rios; y volviste 
á reposar la sien en tus laureles. 
¡Grande fué tu misión! Grandes y fieles 
la llenasteis, vosotros, los que hermosa 
visteis la luz de una época dichosa. 
¡Ya la época pasó...! 

Dormid con ella 
á los celestes rayos de la estrella 
que alumbrará eternal en la memoria, 
la éxíoca con vosotros y su gloria. 

Siguió tras ella, como al claro día 
siguen las horas de la noche umbría, 
la época del dolor. Del mundo es esa 
la eterna ley que sobre el mundo pesa. 
Una edad á otra edad se precipita, 
y en el rápido empuje inhabilita 
y destruye y derrumba el edificio 
á la edad que pasó grande y propicio. 
Su ley es destruir; destruye, mira 
completa su misión, y alegre expira. 

Otra generación viene tras ella, 
y para edificar halla en su huella 
escombros humeantes todavía, 
sin plan, ni basa, ni favor, ni guía. 



£6 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

La misión de tumbar sólo es de una; 
la ley de edificar pesa importuna 
de diez generaciones en los hombros. 
¡Ay, de aquella que en medio á los escombros 
nace; al caer el edificio al suelo, 
y entre caos de ¡vivas! y de duelo 
buscan sus ojos el color del día 
y hallan las nubes de la noche umbría! 
j Ay, de la reacción que la atropella! 
¡Ay, de su porvenir la incierta estrella! 
¡Ay de tus hijos que en furor contino, 
cual verdes hojas de tumbado pino, 
sacude ¡oh patria, el vendabal de Mayo! 
El quebró con el ímpetu del rayo 
la cadena de fierro de dos mundos; 
El levantó en sus vuelos furibundos 
el porvenir del suelo americano, 
bello como su cielo soberano, 
inmenso cual sus montes y sus mares; 
él ungió nuestra frente en los altares 
con las glorias del tiempo venerado; 
él nos legó la gloria del pasado, 
y á los hombres que vengan la fulgente 
gloria del porvenir. Pero el presente, 
eco rudo del bélico estallido, 
última convulsión, postrer quejido 
de nuestra vieja lamentable vida, 
destello fatuo, emanación perdida, 
de la pasada edad, que vaga incierto 
entre los miembros de su cuerpo yerto, 
y asusta y cruza con su luz siniestra, 
sólo nos cupo por desgracia nuestra. 

ir, ■'-' A 

.Luchar y padecer. Es un tributo 
que aún le pagamos á tu edad de luto: 
holocausto de sangre y de reposo 



CANTOS DEL PEREGRINO 27 

por las primicias de tu tiempo hermoso; 
y nosotros, sufriendo los rigores 
del crudo tiempo en la estación de flores, 
le rendimos doquier, lejos del Plata, 
¡oh, madre hermosa! sin llamarte ingrata. 

Ahí va Carlos proscripto y peregrino 
sobre la popa del nadante pino... 
La arpa en las manos, con el alma herida, 
sin patria, sin hogar y sin querida, 
á merced de las ondas y los vientos; 
fijos en Dios sus altos pensamientos, 
y con la fe del corazón cristiano 
esperando del mal el bien Í6jano. 

¡Cinco lustros de vida solamente; 
y de tanto sufrir ni el dolor siente! 

Un pueblo hermano á su feliz ribera 
llegar proscripto sin hogar le viera; 
y allí un destello de esperanza vana 
profetizó la libertad cercana 
de su patria infeliz. Mas ¡eh! ¿la hoguera 
del ángel de la muerte reverbera 
su fuego por el mar? ¿Sobre la espalda 
de los cerros, los mantos de esmeralda 
cambiaron su color? Piedad ¡Dios mío! 
Es sangre nada más; el ancho río, 
las colinas, las sierras y los llanos 
sangre muestran doquier. Sangre de herma- 

| nos 
que de inocente ó de malvado pecho, 
la derraman sus venas, sin provecho, 
para la Libertad.... Del tiempo es ella 
no de las lanzas ni sangrienta huella, 
y en el tiempo vendrá... Mas ¡ay! se escucha 
fatídico el cañón, arde en la lucha 



28 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

el fuego nada más de las pasiones: 
jEl Plata es un volcán! los corazones 
rudos palpitan de venganza henchidos, 
y ni de vencedor ni de vencidos 
la suspirada Libertad se escuda 
entre el caos de la victoria ruda. 

¿Qué es del Cantor allí? Dulce suspira 
un himno melancólico su lira, 
y el trueno de la pólvora vibrando 
ahoga el acento melodioso y blando, 
como á orillas del mar muere un gemido 
de las ondas al áspero bramido; 
como la voz de la torcaz medrosa 
entre las ramas déla selva hojosa 
cuando los vientos desatados zumban 
y las palmeras con furor derrumbar ► 
¿Qué es el poeta allí? Lo que el navio 
presa de calma sobre mar bravio, 
que combatido del empuje fiero 
y cargado de paño el mastelero, 
fijo y convulso está sobre el abismo 
luchando sin andar, consigo misino^ 
¡Carlos! es aire para él de vida, 
única luz, la libertad querida; 
era pesado el aire que aspiraba 
y al alma dentro el pecho sofocaba. 
Suspiró entonces con amargo duelo, 
miró del Plata el azulado cielo, 
y ocultando en el alma sus pesares 
¡Adiós! — le dijo, — y se lanzó á los mares! 

¡Magnífico Brasil! Tú le has mirado 
en sus tristes recuerdos sepultado 
á las orillas de tu mar tranquila, 
de lágrimas bañada la pupila, 
fija del horizonte en los celajes, 



CANTOS DEL PEKBGRINO 29 

«ó en tus bellos fantásticos paisajes. 

Te pronuncia un ¡adiós! ¿No ves? su lino 
>el Fénix desplegó, y el Peregrino 
oirá quebrarse en la atrevida proa 
las ondas saludadas por Balboa. 

Tibio su pecho cual tu tibia brisa, 
ni un suspiro de amor, ni una sonrisa 
al dejar tus riberas te regala; 
nadie tampoco con amor exhala 
un ssupiro por él: miró tus flores 
y no sabe contar de sus olores. 

Ya las olas Atlánticas surcando 
la erguida nave en movimiento blando 
se columpia en el piélago espumoso, 
como candido cisne majestuoso. 

Al sur volviendo la filosa prora 
mira á su izquierda el trono de la Aurora, 
y á su diestra las nubes de Occidente, 
coronando de América la frente. 

Dadas las velas á merced del viento, 
^e desliza en el líquido elemento, 
como esas blancas ilusiones bellas 
que pasan raudas sin dejar tras ellas 
¿n el mar de la inquieta fantasía 
más que un eco expirante do armenia. 

Carlos, en tanto, pálido, sembrío, 
reclinado en la popa del navio, 
está fijo en los vastos horizontes 
contemplando de América les montes 
como, bajo ciprés frente á una losa, 
llora el esposo la perdida esposa. 
Descubierta la sien, flota el cabello 



30 OBRA8 DE JOSÉ MÁRMOL 

en negros rizos sobre el blanco cuello, 

ó la pálida frente le descubren 

y con sus hebras otra vez la cubren; 

cual de la selva el trecho despejado,, 

por la luz de la luna plateado, 

las movedizas hojas del ramaje 

sombrean con su fúnebre celaje. 

¡Silencio! ¿no le veis? Cáelos suspira,.. 

su rodilla dobló... sus ojos gira, 

rayos vertiendo de celeste lumbre, 

cual si en el alma rica muchedumbre 

de fúlgidos diamantes esparcida 

reflejase su luz... Vedle; oprimida 

tiene su Lira en la convulsa mano; 

y, animado de impulso soberano, 

hiere sus cuerdas. ¿No escucháis? Su acento 

nos trae vibrando el conmovido viento, 



CANTO DEL PEREGRINO 



LA AMEEICA 

Dirán: esa tierra inculta se ha vuelto un paráis 
Ezeqdikl— (Cap. XXXVI.) 

América es la virgen que sobre el mundo canta, 
profetizando al mundo su hermosa libertad; 
y de su tierna frente la estrella se levanta 
que nos dará mañana radiante claridad 

No hay más allá en los siglos á la caduca Europa; 
que al procurar mañana se encuentra con ayer; 
bebió con entusiasmo del porvenir la copa, 
y se postró embriagada de gloria y de poder. 

La gloria quiere vates, la poesía glorias: 
¿por qué no hay armonía, ni voz, ni corazón? 
la Europa ya no tiene ni Liras ni Victorias: 
el canto expiró en Byron, la gloria en Napoleón. 

Los tronos bambolean y el cetro se despeña; 
los pueblos quieren alas y se les clava el pie; 
el pensamiento busca del porvenir la enseña, 
y no halla sino harapos del pabellón que fué. 

Hay tumba á las naciones. Se eleva y se desploma 
la Grecia que elevara sus sienes inmortal; 
al mundo hallaba chico para hospedarse Roma, 
después murió en el nido de su Águila Imperial. 



32 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL. 

¿Adonde irá mañana con peregrina planta 
la Europa con las joyas de su pasada edad? 
América es la virgen que sobre el mundo canta, 
profetizando al mundo su hermosa libertad. 

¿Qué importan del presente los días lastimeros, 
•cuando el pasado es lleno de gloria y esplendor, 
y á quien por vida cuenta los siglos venideros 
-que borrarán, pasando, las huellas del dolor? 

Salpique á los bridones la sangre de los llanos, 
y en medio á la tiniebla se hieran — está bien: 
la nina coge flores, é hiriéndose las manos, 
trabaja una corona para su blanca sien. 

Hasta el presente ingrato la servirá de gloria 
cuando los tiempos viva de porvenir mejor; 
pues que verá en nosotros para hermosear su historia 
"dramática epopeya que inspirará al cantor. 

Quedad entre leyendas y hermosas tradiciones, 
España, que dormíais con mundos á los pies; 
■quedad como el guerrero que cuenta sus blasones, 
y honrosas cicatrices, cayendo de vejez. 

Quedad, altiva Francia: la luz del pensamiento 
•que destellando chispas en vuestra sien está, 
mañana, cuando el tiempo le seque el alimento, 
sobre el naciente mundo la llama prenderá,; 

Quedad, vieja Inglaterra: ha mucho los Leopardos 
.encrespan la melena sin levantar la sien; 
-que, al procurar el pueblo de Alfredos y Eicardos- 
el Pueblo de las cifras y mercaderes ven. 

Quedad, mundo europeo; ennoblecido padre 
«de tiempos que á perderse con el presento van: 



CANTOS DEL PEREGRINO 83 

quedad, mientras la mano de América, mi madre 
recoge vuestros hijos y les ofrece el pan. 

¿Qué importa? ¡eh! ¿qué importa? Si no vienes de guerra» 
nosotros te daremos donde segar la mies; 
para que nazcan pueblos tenemos, si, más tierra 
«que espacio para estrellas sobre los cielos ves. 

Tu hijos en nosotros encontrarán hermanos, 
■el sable se ha tirado después de combatir; 
venid y cultivemos con fraternales manos, 
la prometida tierra del bello porvenir. 

América no puede ser libre todavía, 
porque su herencia ha sido bastarda obscuridad; 
jio temas, no; mañana cuando despunte el dia, 
.fijando sus destinos, verás la Libertad. 

América que se alza sobre columna de oro, 
América la joya del universo es: 
la miro y me envanezco; y al contemplarla lloro... 
jsus montes á mis ojos, sus mares á mis pies! 

América es el arca que el porvenir humano 
■contiene misteriosa y un día se abrirá; 
-entonces el Eterno levantará en su mano 
la herencia de los hombres que prometida está. 

La Libertad, el Genio, la Paz, la Poesia 
«en tronos de alabastro levantarán la sien; 
y lleno de esperanzas, como la luz del día, 
■el corazón del hombre j)alpitará también. 

No son dorados sueños de mi alma americana; 
son leyes que promulga para los pueblos Dios, 
Mármol.— 3. 



84 OBRAS DE JOSÉ MARMOL 

escritas en las cosas donde la mente humana 
estudia y desenvuelve profética la voz. 

«Los Andes cuya frente se junta con el Cielo, 
-mientras sus plantas de oro dentro del mundo están; 
>su Cóndor, que se duerme sobre el eterno hielo, 
> mientras chispea y brama la fragua del volcán. 

»Las mantas del Desierto sin fin, sin horizontes, 
» donde discurre el potro sin freno ni señor; 
»los vientos sin estorbo, los ríos y los montes 
» inmensos, solitarios, sin hielo ni calor. 

»Las vírgenes llanuras, el oro y los diamantes 
» bullendo en el arena de arroyos de cristal; 
»los perfumados bosques, y por do quier gigantes", 
»con sienes de esmeralda y entrañas de metal. 

» Quince años de batallas por montes y por llanos, 
-un mundo despertando al trueno del cañón; 
» quince años de victorias hasta lavar sus manos 
»en sangre de opresores los nietos de Colón. 

» Veinte años lamentables de fratricida guerra, 
»para acabar la herencia del español así; 
» generaciones nuevas que al saludar su tierra 
»la traen las esperanzas y porvenir en sí. 

»De la caduca Europa la hidrópica colmena 
»que se deshace al peso de su miseria ya, 
>y en bandos se abalanzan sus hijos al arena 
»que compasiva y rica la América les da.» 

Son estos los bellos 
eternos emblemas, 



CANTOS DEL PEREGRINO 35 

las ricas diademas 
que tienen escrito 
con lumbre esplendente, 
que en pos del presente 
de América obscuro, 
vendrá en lo futuro. 

La aurora risueña 
de la Libertad, 
en ellas translucen 
altivos, prolijos 
los huérfanos hijos 
del Inca, los días 
que Dios les reseva 
de gloria y de amores, 
así que den flores 
las ricas, veladas 
semillas doradas 
de la Libertad. 

Figuras tan bellas 
irritan la mente 
del pueblo, y en ellas 
se crea impaciente 
celestes visiones, 
que tras las edades 
y tras la pasiones, 
serán realidades 
que afirmen el trono 
de la Libertad. 

Tuyo es el porvenir, reina del mundo 
inmenso cual tus montes y tus mares, 
y de esperanzas y de luz fecundo 
cual tu cielo y tus bellos luminares. 

Alza la sien orlada con tu gloria, 



86 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

y verás tras las ondas del Océano, 
que el mundo de los reyes y la historia 
cabe entero en el hueco de tu mano. 

Tu y i es la paz del mundo venidera, 
cuando del genio la defienda el brazo; 
y clave para siempre su bandera 
en la cúspide azul del Chimborazo. 

Tuya también la dulce poesía, 
virgen como tus ríos cristalinos, 
así que lejos de la noche umbría 
ulcen las aves sus celestes trinos. 

Cantará por tus selvas inspirado 
€l joven trovador; y conmovido 
-abriendo el Inca su sepulcro helado 
su sombra se alzará con el sonido. 

Y los héroes de Mayo que en la cima 
duermen del Andes con su nieve presos, 
al oír los nombres de Ayacucho y Lima 
pondrán de pie sus entumidos huesos. 

Tuya es del porvenir la poesía, 
que del sol á la arena de tus mares, 
todo está misterioso todavía, 
virgen al corazón y á los cantares. 

Aun tus bosques, tus ríos y tus seres 
no ha sorprendido el ojo del poeta, 
ni el bello original de tus mujeres 
lia encontrado una tinta en su paleta. 

Mas brotarán una inspirada frente 
• los jardines de América encantada, 
quo alumbre el sol ecuatorial ardiente, 
ó la luna del Plata desmayada. 

Cantará de su madre la hermosura, 



CANTOS DEL PEREGRINO 37 

hoy con las cataratas en concierto; 
mañana de una selva en la espesura 
con el susurro de la brisa incierto. 

¡Ali!, quién me diera renacer la vida 
en esos días de mis sueños de oro, 
y escuchar con el alma enternecida 
de tus poetas el excelso coro! 

Mas ¡eh! no importa. Los escucha; sienta 
su voz mi corazón; y yo, mendigo 
de Patria y Libertad en tu presente, 
madre del porvenir, yo te bendigo. 

Bendita mil veces la sangre que iri día 
la selva y el prado y el monte teñía, 
luchando tus hijos y el viejo león; 

bendita la selva y el llano y el viento 
que oyeron del Andes crujir el cimiento, 
al trueno continuo del rudo cañón. 

Benditos aquellos que un mundo nos dierua 
y en medio al combate sin vida cayeron 
en charchos de sangre posando la sien. 

Por ellos alzamos soberbia la frente, 
por ellos decimos; «es nuestro el presente 
y nuestros los siglos que vienen también»! 

Por eso, bendito quien dice orgulloso. 
«Nací bajo el cielo de América hermoso 
y siento al decirlo la sangre latir». 

¿No veis? ¿No parece que el Andes se empina 
por ver impaciente si el alba ilumina 
los tiempos hermosos que están por venir? 



38 , OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Vendrán, y el infelice 
proscripto Peeegeino alza su mano, 

descubierta la frente; 
y de en medio á las ondas del Océano, 

olvidando el presente, 
madre de lo futuro, te bendice. 



CANTO SEGUNDO 



Si". D. Luis L, Domínguez, 



Cada uno de los Cantos de este Poema lleva el nombre de 
alguno de mis amigos, ó el de mi Patria: so7i los títulos de no 
bleza con que dignifico mi Peregrino. 

Necesito el nombre de un poeta para condecorar este Canto» 
escrito en el lenguaje íntimo del alma, y usted que lo ha hon* 
rado tanto con las sentidas estancias que le inspiró su lectura (1), 
me permitirá escribir el luyo, y habrá en una cola página, para 
usted y para mí, el doble acuerdo del poeta y del arrugo. 

Mármol. 



Montevideo, Abril- 24- 1847. 



CANTO SEGUNDO 



Hay una edad en la vida 
cuyo hechizo y cuyo nombro 
sólo los comprende el hombre 
después que pasó la edad. 
;Ay! cuando da solamente 
un recuerdo á la memoria, 
como el Sol desde Occidente 
un rayo de claridad. 

Edad, que, en muchos, tan luego» 
como comienzan sus años, 
la hieren los desengaños 
y muere casi al nacer. 
Quedando el cuerpo en aurora- 
y el alma sin ilusiones, 
cual una flor inodora 
con hojas en rosicler. 

Edad donde entramos todos 
con los besos maternales, 
y los sueños virginales 
de la alegría infantil. 



OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Edad de donde salimos 
siempre huérfanos y tristes, 
á soñar lo que perdimos 
en pesadilla febril. 

Y dichoso quien no lleva 
incrustado en la memoria, 
un recuerdo de su historia 
torcedor del corazón. 
Y al recordar de su vida 
la juventud borrascosa, 
no siente abrirse una herida 
por negra recordación. 

Edad que en un mar bravio 
en débil barca navega, 
y más con las olas juega 
cuanto es más el huracán; 
y más canta barcarolas 
de triunfos de amor y gloria, 
cuanto más bravas las olas 
en torno á la barca están. 

Edad sin llanto, que vuela 
en blanca nube de incienso, 
y siempre horizonte inmenso 
descubre ufana doquier, 
que sólo siente desvelo 
por el placer que la espera, 
viendo en la gloria su cielo 
y su mundo en la mujer. 

Único tiempo que puede 
llamarse vida en el hombre, 
pues no merece tal nombre 
el tiempo que viene en pos: 
muerte lenta y fatigosa 
de cuanta ilusión florida, 



CAUTOS DEL PEREGRINO 43 

de cuanta ambición hermosa 
nos puso en el alma Dios. 

Y todavía es más dura 
esa muerte que camina, 
cuando el hombre peregrina 
en su primer juventud; 
y lleno el cuerpo de vida, 
el alma desencantada 
está del mundo aburrida, 
presa de su ingratitud. 

Entonces sólo el recuerdo 
de nuestra pasada historia 
nos viene á herir la memoria 
en medio á la soledad. 

Y echamos tristes de menos 
aquellas tan raudas horas 
en que gozamos amenos 
días de felicidad. 

Entonces damos su precio 
á todo cuanto perdimos, 
y no volveiá, decimos ; 
el tiempo perdido ya. 

Y allá en la tarde tranquila 
cuando la mente recuerda 
¡cuántas veces la pupila 
llorando el recuerdo está! 

Entonces quedáis vengadas, 
vosotras, pobres mujeres, 
que os pagan vuestros placeres 
con largos tragos de hiél. 
Angeles en sacrificio 
sobre el pantano del mundo, 
que en el rodar de un segundo 



44 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOI# 

j)erdóis las alas en él. 

Vosotras, que, si amáis mucho,, 
os acusa el mundo loco, 
en tanto que, si amáis poco, 
os acusa el amador. 
Vosotras, pobres mujeres, 
que tanta lágrima os cuestan 
los más candidos placeres, 
si son placeres de amor. 

Vosotras, tan inexpertas, 
tan tristemente engañadas, 
á la fin quedáis vengadas 
por el mismo que engañó. 
Pues un tiempo al fin vivimos- 
tan árido de ilusiones, 
que ansiamos cuanto perdimos- 
y el alma desconoció. 

Entonces ¡ay! comprendemos 
vuestros nobles sacrificios, 
y aquellos dias propicios 
de tan rápido existir. 

Y el prisma de la distancia 
nos hace veros más bellas, 

y llorar nuestra inconstancia, 
y vuestro amor bendecir. 

Porque en aquesta campaña 
que hacemos desdo la cuna, 
va de escolta la fortuna 
y de vanguardia el dolor. 

Y asi, á medida que vamos 
caminando sobre el mundo, 

á aquello que atrás dejamos 
dárnosle precio mayor. 



CANTOS DEL PEREGRINO 45 

Se echa de menos la infancia 
on la juventud, y luego 
de ésta lloramos el fuego 
cuando extinguirse se ve. 

Y siempre yendo más lejos 
en el viaje de la vida, 
niños, jóvenes y viejos 
lloramos por lo que fué 

El sol que claro alumbrara 
la senda del Pekegeino, 
se obscureció en su camino 
al punto de amanecer. 

Y acaso allá en su memoria, 
sin haber nunca engañado, 
suele mezclarse á su historia 
la imagen de una mujer. 

En las llanuras solas 
vibrado había el último sonido 
de la inspirada Lira, y conmovido 
lo hizo rodar el mar sobre las olas, 

bañando de armonía 
los mil colores de la luz del día. 

Guardaba el Sol los rayos do su frente 
en las doradas nubes de Occidente, 

y un crepúsculo incierto 
daba su luz al piélago desierto. 

La brisa de la noche 
tendió después sus alas al espacio, 
y á la par que en los ámbitos vagaba 

de su inmenso palacio, 
las nubes y las ondas agitaba, 

Y la bizarra navo 



46 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

dividiendo colinas ondulantes, 

en su curso suave 
formaba en pos de sí y á sus orillas 

alfombras amarillas 
de fugitivos granos chispeantes. 

Y el joven Peregrino, reclinado 
en la elevada popa, contemplaba 
la onda que fugitiva se alejaba, 
llevando de su pecho lacerado 
los amargos recuerdos del pasado. 

Que en la mísera vida 
por talismán secreto, indefinible, 
más al dolor el corazón anida, 

cuando en hora apacible 
irritada la sien y el pecho yerto, 
vemos el mar, las nubes ó el desierto. 

Dios en sus insondables creaciones 
para cada dos almas tiene un molde, 
y al punto de nacer el molde quiebra 

y de las almas corta 
una sutil imperceptible hebra: 
y arrojadas después al laberinto 
de la vida y el mundo, á que al instinto 
cada una de ellas su sendero siga^ 
cada cual busca por distinta huella, 

de las almas, aquella, 
que un mismo soplo de existencia abriga. 

El hallarla es el bien sobre la tierra, 
y el tormento mayor que el alma encierri 

es vagar peregrina, 

mirando una por una 

sin hallar en ninguna 
la que en el temple de su amor se afina. 



CANTOS DEL PEREGRINO 47 

Pero Cáelos la halló. Mujer hermosa 
en el virgíneo seno la encerraba, 
como al perfume la pintada rosa. 
María ¿dónde estás? ¿Dónde se fueron 
los célicos momentos de ventura 
que nuestras almas apurar supieron? 

¿Los recuerdas, mujer? El tiempo adverso 
rodaba sin poder á nuestros ojos, 

y mustio el Sol ardiente, 

y mustio el universo, 
lo que no era el amor eran despojos 
de una otra creación indiferente. 
Y en tus ojos los tuyos embebidos, 
la fantasía y la pasión tranquilas, 

callaban los sentidos 
y conversaba el alma en las pupilas. 

No había entre los dos sino el presente; 
que no hay para el amor tiempo pasado 
ni porvenir, cuando á la par se siente 
confundirse el aliento enamorado. 
Con el fuego del alma se evapora 

la amarillenta nube 
que el cielo del pasado descolora, 
y á un soplo del amor deshecha sube 

la condensada niebla 
que el horizonte del futuro puebla. 
¡Ay, del que en brazos de su bien querida 
piensa en mañana, y el presente olvida! 
¡Ay, del que mira la azucena en broche 
y osa pensar lo que será en la noche! 

jQué fuera, sí, del corazón humano 
si en medio del placer pensar debiera 
que al rodar un minuto, 
esa chispa ligera 



48 OBRAS DR JOSÉ MA RMOL 

del tiempo inexorable 

vase á perder en el eterno luto! 
¡Qué fuera si en los brazos reclinado 

de su ídolo adorado, 

por el ebúrneo cuello 
derramando su espléndido cabello, 
matizados de nieve presumiera 
los rizos de la negra cabellera, 
y á par de la vejez mirase luego, 
yerto también del corazón el fuego! 

El amor atesora 
como las flores fugitiva aurora; 
tiene un sol que le abate y acongoja 
y una noche también que le deshoja. 

«Ven á mis brazos, ven: yo quiero en ellos 
» vivir soñando en ilusión florida, 
»pues soñar es vivir, y son los bellos 
» sueños del corazón los que adormecen, 

»y el desierto embellecen 
*do errante vaga la infecunda vida. 
» Yen á mis brazos, ven: que parta el rayo 
^>y rudo quiebre el pedestal del mundo, 
»que yo á tu lado, en celestial desmayo, 
»á Dios no veré tanto en los enojos 

» que la tormenta apura, 

» como en la lumbre pura 
»que brota el fuego de tus dulces ojos». 
Así en instantes de pasión decía 
el joven Trovadora su María, 
imprimiendo en su frente 
y en su preciosa boca el labio ardiente. 

Y luego su cabeza 
con vértigos de amor buscaba el seno, 
que de suspiros lleno 




Así en instantes de pasión decía 
Cantos del peregrino Lámina I 



CANTOS DEL PEREGRINO 49 

con fuerza palpitaba 
resaltando del ángel la belleza, 
en quien la vida al corazón bajaba, 

y. sin sangre el semblante, 
contrastaba en la pálida mejilla 
«1 azabache de sus tiernos ojos 
con el brillo azulado del diamante. 
Ojos que de placer se adormecían, 
miradas que de amor desfallecían. 

¡Cómo era entonces bella! 
¿Cómo sublime resaltaba en ella 
esa lucha del alma y los sentidos; 
■esos esfuerzos santos, escondidos 

del alma en lo profundo, 
•con que defiende su perfume de ángel 
la tímida hermosura sobre el mundo! 

¡Cómo era entonces bella! 
Para su copia fiel no alcanza el arte; 

que al pincel faltaría 
•do sus tintas de luz la mejor parte, 
para dar á sus ojos la dulzura, 
y el cincel del romano quebraría 
los detalles del mármol florentino, 
•antes de dar al cuello y la cintura 
la gracia leve y el contorno fino: 

antes de dar al seno 
las redondas ebúrneas proporciones 
que, cual ondas de leche en mar sereno, 
al respirar ondulan suavemente, 

dejando transparente 

el movimiento blando 
de su sangre en las venas circulando. 



Mármol.— 4 



50 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Crepúsculos, callad; callad, estrellas, 
la historia de dos almas que vosotros 
y los cielos no más lian conocido; 
para amar y sufrir nacieron ellas 
en un mundo de amor desconocido, 

donde la luz del día 
no penetró jamás. La noche umbría, 
la luz crepuscular desconsolante, 
y el fugaz soplo de la vida errante 
testigos fueron de su amor un día. 

Si la vista profana 
el misterio alcanzó de sus amores, 
algo alcanzó de Dios. ¡Ay! no confundan 
el terrenal amor de alma liviana 
con el amor de Cáelos. Cojan flores 
y coronen la sien de su María, 
pura como el albor de la mañana, 
como el rocío de la noche fría 
sobre las hojas de una flor!!! 

Ninguna 
más pura y virginal entre los brazos 
suspiró de un amante. Más amada 
no hubo tampoco criatura alguna; 

ni más libre de lazos 
hubo mujer al mundo más ligada. 

* ¡Bendición sobre ti! Yo te procuro 
>como el huérfano niño á su amorosa 
>y virginal hermana. Al pecho mío 
>llega tu voz amante, como llega 
>un consuelo de Dios, cuando despliega 
>su melodiosa voz órgano santo 
>en el sagrado Templo, y sube el canto 
> entre nubes de incienso á los altares 
> eclipsando los pardos luminares. 



CANTOS DEL PEREGRINO 51 

«Eres mi Dios, mi hermana, mi querida, 
«y mi esposa también. Palabras santas; 
> dádivas del Señor para la vida, 
» puras como las lágrimas del niño, 
«tiernas como los besos de la madre; 
«palabras, sí, que el corazón no miente, 

» riquezas de cariño 
» con que adorna mi amor tu blanca frente, 

«¿Qué tengo yo sin ti? Penas y llanto; 
» llanto frío, infeliz, sublime y santo, 
* porque lloro de amor. Tú mi primera 
» impresión en la tierra, tú tendiste 
>mano de compasión al Peeegeino. 

>y tierna y hechicera, 

» Ven hacia mí, dijiste, 
«arrojando una flor en su camino. 
«¿Y olvidarte podré? ¡Mujer hermosa! 
«No se olvida la fuente del desierto 
«que nos calmó la sed: no la urimera 
«sonrisa del amor.» 

Así decía 
el joven trovador á su María, 

y de placer lloraba, 
y en sus amantes brazos la estrechaba, 
y al mirarla tan bella, conmovida 
como la sensitiva al tacto humano, 

estrechando su ma? 
repetía su voz: «Luz de mi vida, 
«¿quién más b-ella que tú? ¿Quién más querida? 
«Al mirar tu beldad siento mi pecho 

«para mi amor estrecho, 
«y mi voz de mortal débil y iría 

ypara decir te adoro, 
«derramando á tus pies ardiente lloro.» 



52 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Y Maeíá temblaba 
y Carlos en sus brazos la estrechaba. 

Porque ese Carlos, insondable fono 
de perpetua inquietud y de constancia, 
que allá en su joven pensamiento loco 
ama para olvidar, y se recrea 

en desechar la idea 
que antes buscaba el corazón con ansia: 
alma que vive en perdurable hastio 

por largas horas de martirio llenas; 
que al lado del calor percibe frío, 
y en medio del placer inventa penas: 
que vuela, busca, ve, toca, delira; 

y cuando está en su mano 
la posesión de á lo quo inquieto aspira, 

por algo más lejano 
su veleidoso corazón suspira: 

Que por estar en su alma las pasiones 
envidia los tranquilos' corazones, 

como al gozar sosiego 
la fiebre envidia de amoroso fuego: 
esa alma chispa, — exhalación de rayo, 
sin rumbo cierto entre la noche umbría, 

se convirtió en desmayo 
ante el célico amor de su María. 

No era ese amor frenético y ardiente 
que arrebata la calma, 
más que del corazón de los sentidos; 
era esa tierna abnegación del alma, 
que ni siente placer, ni dolor siente 
sino en el alma del objeto amado; 
era ese amor de Dios sobre la tierra 
lo que el bardo infeliz tuvo y encierra. 

Y ¿durará ese amor? Es muy sublimo, 



CANTOS DEL PEREGRINO 



Dará que duro mucho, el entusiasmo. 
Todo deja de ser, y en los amores 
sólo el materno amor jamás perece. 
El amor degenera; á sus ardores 
sigue la calma, y en la calma luego 

la amistad aparece, 
más duradera si con menos fuego. 

El corazón es árbol de afecciones 
que florece en diversas estaciones: 

hoy se agostan sus flores 
y otras mañana lucen sus colores, 

ley de inconstancia- — triste, 
pero ley eternal de cuanto existe. 

Esa misma Había, 
sin olvidar á Carlos, quizá un día 
sienta en su corazón inquietud nueva; 

y el mismo Peregrino, 
sin olvidarla — pues jamás se olvida 
la primer falta ni el amor primero,— 
allá en los giros de su errante vida 
halle quizá otra flor en su camino; 

y él ama todavía 
con entrañable amor á su María. 

¿Por qué se mira pálida su frente 
y húmeda la pupila, 
fija en la última luz que el Occidente 
derrama apenas por la mar tranquilar 

¿Qué h'nea cruza sobre el alto cielo 
desde el bajel hasta el lejano suelo? 
¿Qué tierra estará allí? ¿Qué larga vía 
le aparta del lugar do su inclemencia 
radiante ostenta el luminar del día, 
y do convino la obstinada ciencia 

de pensador profundo, 
hacer mitades del terráqueo mundo? 



54 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

¡Ah! esa enlutada nube 
que niira en el confín del Plata sube, 

allí Montevideo 

Y el Peeeqeino al Occidente mira, 
porque en su misnia latitud respira. 

Allí Montevideo: 
tierra del Plata do pisó extranjera 
toda la Patria de la opuesta orilla, 
cuando en su misnia tierra alzada viera 
sobre su noble frente la cuchilla: 
cuando huyó del recinto de su gloria, 
llevando la memoria 
de sus tiempos benditos 
en dos generaciones de proscritos. 

Eres, tierra Oriental, la historia viva 

del llanto y los pesares 
de esas generaciones arrancadas 

de sus patricios lares, 

por las manos de fierro 
del despotismo en sangre salpicadas: 

y de la llama activa 
y secreta de su alma también eres 
el libro en que ha guardado su destierro 
sus tan cortos instantes de placeres. 

Cuando la libertad les vuelva un día 
de su Patria infeliz los brazos bellos, 

serán pocos aquellos 

que no lleven prolijos 
dulcísimos recuerdos de alegría 
entre muchos recuerdos punzadores. 
Eres de unos, la Patria de sus hijos, 
y muchos — en el alba de su vida, — ■ 

sus primeros amores 
recordarán en ti y á su querida. 



CANTOS DEL PEREGRINO 55 

Allí Montevideo: 
ciudad que guardas su perdida amante; 
bajo tu misma latitud respira 

el Peregrino errante, 

y en medio de los mares 
te recuerda y su amor y sus posares. 

¿No le veis? ¡Una lágrima! ¡Suspira! 
Escuchad, escuchad... pulsa su Lira: 



CANTO DEL PEREGRINO 



A MARÍA 

La misma línea del cielo 
cubre tu frente y la niia. 
¿Qué haces ahora María 
mientras suspiro por ti? 
Esos instintos secretos 
de los corazones que aman, 
á ver el mar no te llaman 
pensando, María, en mí? 

María, mi dulce amiga, 
mi ángel de luz en la tierra, 
¡cómo en mi pecho se encierra 
la imagen de tu beldad! 
¡Cómo estás en mi memoria 
cual un destello divino 
que va alumbrando el camino 
de mi negra adversidad! 



5?> OBRAS DE JOSÉ MARMOL 

El precio de tus amores 
¡cómo conozco en la ausencia! 
Tienes toda mi existencia... 
¡bendita seas de Dios! 
Fuiste mía por el cielo, 
no eres mía por el mundo, 
mi corazón sin segundo 
te dice del mar ¡adiós! 

¡Y tan lejos! ¡Sin oirnos! 
No, María, habrá momentos 
que puedan los pensamientos 
del uno al otro volar; 
que conversemos en calma 
un lenguaje delicioso, 
que el corazón misterioso 
sólo alcance á interpretar. 

En medio á la triste noche 
mira, mi bien, las estrellas, 
mis ojos también en ellas 
se fijarán con amor. 
Su dulce trémulo brillo 
me recordará tus ojos, 
tus repentinos sonrojos, 
tus gracias y tu pudor. ■ 

Propicio á nuestros amores 
á ellas nos concede el cielo, 
como un espléndido velo 
en la frente de los dos. 
Mientras faltes á mi vista, 
como en un espejo terso 
te veré en el Universo, 
y escucharé hasta tu voz. 

Tu voz en el blando arrullo 
de la brisa entre las hojas, 



CANTOS DEL PEKEGRIKO 57 

ó en el plácido murmullo 
que hace el arroyo al correr, 
Y aquel sello indefinible 
del pudor sobre tu frente, 
lo veré en esa apacible 
lumbre del amanecer. 

En las sombras de la noclio 
recordaré tus cabellos 
y en los crepúsculos bellos 
tu melancólica tez. 
Veré en la timida luna 
el candor de tu semblante, 
y, cuando el sol se levante, 
de tu sien la esplendidez. 

Pondré rosas en mi seno 
para aspirar su fragancia, 
y entonces ¿qué es la distancia 
si allí tu aliento también? 
¡Allí! donde tu cabeza 
se inclinó pura y serena, 
cual la más blanca azucena 
que se dobla en el Edén. 

María, todo ha pasado, 
todo es recuerdo y despojos; 
pero no llanto ni enojos 
sino valor quiero yo. 
Tu alma semeja la mía 
en las pasiones, valiente, 
ten tan soberbia la frente 
cual la que el cielo me dio. 

¿No has visto las recias olas 
rodar con ímpetu horrible, 
y la roca inconmovible* 
su tenaz choque burlar? 



58 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Así es bello ver los golpes 
sucesivos de la suerte, 
y el alma constante y fuerte 
golpe por golpe parar. 

Yive feliz en el mundo 
hollando flores tu paso — ■ 
si puede en el mundo, acaso, 
ser feliz una mujer. — ■ 
No me recuerdes, Maeía; 
quiero feliz tu destino, 
y el que cupo al Peregeino 
tiene llanto en el placer. 

Yo que he visto una por una 
de mi esperanza las flores, 
ir perdiendo sus colores 
y acongojarse en su albor; 
yo que llevo el desencanto 
fijo, entrañado en la vida, 
como el dolor en la herida, 
como en la llama el calor; 

yo, que volviendo á los hombres 
por un agravio otro agravio, 
tengo la risa en mi labio 
y el llanto en el corazón, 
sufriendo sobre mi rostro 
falsa y alegre careta, 
por esconder del poeta 
el sello de su aflicción; 

yo, que en el mar de este mundo 
dejo nadar mi barquilla, 
sin curarme de la orilla, 
oyendo al viento bramar, 
conservaré tu memoria 
en lo intimo de mi pecho, 



CANTOS DEL PEREGPINO 

hasta que quede deshecho 
mi batel sobre la mar. 

Sólo te pido á estas hojas 
la última gota de llanto, 
y quema luego este Canto 
con lágrimas de los dos. 
Único ser que desmayas 
la fuerza del alma mia, 
¡te quiero tanto, Maeía! 
bendita seas de Dios. 



CANTO TERCERO 



Al Sr. Dr. D. Valentín Ahina. 



Su afectisi.no amigo y compatriota 



José MÁEHor, 



Julio de 18Í7, 



CANTO TERCERO 



PARTE PRIMERA 

En medio de las sombras (1) 
enmudeció la voz del Peregkino, 
y el rumor de las ondas solamente 
y el viento resbalando por el lino 

sobre el Fénix se oía, 
que como el Genio de la noche, huía 
en las alas del viento tristemente, 

alumbrando sus huellas 
sobre el azul y blanco las estrenas 

En el siguiente día, 

el Fémx na\ egaba 
sobre las ondas que el silencio turban 
de la tranquila Pampa. — El Pekegbino, 
con los brazos al pecho contemplaba 
los mares y los cielos de la patria. 

Y acaso recordando 

estaba y comparando 
la tropical naturaleza hermosa, 



64 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

que bajo un sol abrasador rebosa 

de alegre poesía, 
con el frío y adusto Mediodía. 

¡Qué bello es al que sabe 
sentir con la natura, 
pasar al Mediodía 
del circo tropical; 
y comparar el cielo 
• de la caliente zona 
con el que tibia pinta 
la luz meridional! 

¡Los trópicos! radiante 
palacio del Crucero (2); 
foco de luz que vierte 
torrentes por doquier; 
entre vosotros toda 
la creación rebosa 
de gracia y opulencia 
vigor y robustez! 

Cuando miró imperfecta 
la creación tercera, 
y decretó el diluvio 
desde su trono Dios, 
naturaleza llena 
de timidez y frío, 
huyendo de los polos 
al trópico subió! 

Y cuando dijo «basta», 
volviéndola sus ojos 
y decretando al mundo 
su nuevo porvenir, 
alientos de su boca 
los trópicos sintieron, 
y reflejarse el raye 
do su mirada allí. 



CANTOS DEL PEREGRINO 65 



Entonces como premio 
del hospedaje santo, 
naturaleza en ellos 
su trono levantó; 
dorado con las luces 
de la primer mirada, 
Paliado con el ámbar 
del hálito de Dios. 

Y derramó las rosas, 
las cristalinas fuentes, 
los bosques de azucenas 
de mirtos y arrayán; 
las aves que la arrullan 
en melodía eterna, 
y por su linde ríos 
más anchos que la mar. 

Las sierras y los montes 
en colosales formas, 
se visten con las nubes 
de la cintura al pie: 
las tempestades ruedan, 
y cuando al sol ocultan, 
lo mira de los montes 
la osmeraltada sien. 

Su seno engalanado 
de primavera eterna, 
no habita ese bandido 
del Andes morador; 
que de las duras placas 
de sempiterna nieve, 
se escapa entre las nubes 
á desafiar el sol. 

Habitan confundidos 
Mármol. — 5 



66 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

el tigre y el jilguero 
tócanos, guacamavos, 
el león y la torcaz. 
Y todos cuando tiende 
su obscuridad la noche, 
se duermen ba^ o e dátil 
en lechos de azahar. 

La tierra^de sus poros 
vegetación exhala, 
formando pabellones 
para burlar al Sol; 
su luz no necesita, 
pues tiene de diamante 
del oro y del topacio 
magnifico esplendor. 

Naturaleza yirgen, 
hermosa, radiante 
no emana sino vida 
y amor y brillantez; 
donde cayó una gota 
del llanto de la aurora, 
nace una ñor, y de ésta 
nace un jardín después. 

Así como la niña 

de quince primaveras 
de gracia rebosando, 
de virginal amor, 
no bien recibe el soplo 
de enamorado aliento, 
cuando á su rostro brotan 
las rosas del pudor. 

¡Los trópicos! el aire, 
la brisa de la tarde 
resbala como tibio 



CAKTOS DEL PEREGRINO 07 



suspiro de mujer; 
y en voluptuosos giros 
besándonos la frente, 
se nos desmaya el alma 
con dulce languidez! 

Mas ¡ay! otra indecible 
sublime maravilla 
los trópicos encierran; 
magnífica — la luz. 
La luz ardiente, roja, 
clarísima, brillante, 
en ondas se derrama 
por el espacio azul. 

¿Adonde está el acento 
que describir pudiera 
el alba, el medio día, 
la tarde tropical? 
¿Un rayo solamente 
del sol en el ocaso, 
ó del millón de estrellas 
un astro nada más? 

Allí la luz que baña 
los cielos y los montes, 
se toca, se resiste, 
se siente difundir: 
es una catarata 
de fuego despeñada, 
en olas perceptibles 
que bajan del cénit. 

El ojo se resiente 
de su punzante brillo, 
que cual si reflejase 
de placas de metal, 
traspasa como flecha 



<58 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

de imperceptible punta 
] \ cristalina esfera 
ele la pupila audaz. 

Lomejalos destellos 
espléndidos, radiantes, 
que en torbellinos brota 
la frente de Jeliová, 
parado en las alturas 
del Ecuador, mirando 
los ejes de la tierra 
por si á doblarse van. 

Y con la misma llama 
que abrasa, vivifica 
la tierra que recibe 
los rayos de su. sien; 
é hidrópica de vida 
revienta por los poros, 
vegetación manando 
para alfombrar su pie. 

- Y cuando por las tardes, 
al soplo de la brisa, 
se parten las montañas 
flotantes de vapor, 
las luces son entonces 
vivientes inflamados, 
que en grupos se amontonan 
xt despedir el Sol. 

Enrojecidas sierpes 
•entre doradas mieses 
caracoleando giran 
■en derredor á él; 
y azules mariposas 
tu bosques de rosales 
-coronan esparcidas 
su rubicunda sien. 



CANTOS DEL PEUECUIINO 62 

Y más arriba cisnes 
de espléndido plumaje, 
nadando sobre lagos 
con lindes de coral, 
saludan al postrero 
suspiro de la tarde, 
que vaga como el pardo 
perfume del altar. 

La tarde, que parece 
mirando las estrellas, 
que asoman indecisas 
con pálido color, 
como las tiernas hijas 
en torno de la madre, 
cuando recibe su alma 
la mano del Señor. 

Si en peregrina vida 
por los etéreos llanos 
las fantasías bellas 
de los poetas van, 
son ellas las que brillan 
en rutilantes mares, 
allá en los horizontes 
del cielo tropical. 

Allí las afecciones 
se avivan en el alma, 
allí se poetiza 
la vida y el amor. 
Allí es poeta el hombre; 
allí los pensamientos 
discurren solamente 
por la región de Dios. 

Un poco más, y el mustio 
color de las estrellas 



70 OBRAS DE JOSÉ MÁ^WOL 

al paso de la noche 
se aviva en el cénit; 
hasta quedar el cielo 
"bordado de diamantes 
que por engaste llevan 
aureolas de rubí. 

Brillantes, despejadas, 
inspiradoras, leves, 
parecen las ideas 
del infinito ser, 
que vagan por el Éter 
en átomos de lumbre, 
así que de su mente 
se escapan una vez. 

Y en medio á ellas, rubia, 
cercana, transparente, 
con iris y aureolas, 
espléndidas de luz, 
la luna se presenta, 
como la virgen madre 
que pasa bendiciendo 
los hijos de Jesús. 

Así como el entusiasmo 
muere al paso de la vida, 
y al calor de las pasiones 
con los años se resfría, 
de los trópicos perdemos 
la opulenta perspectiva, 
si descendiendo pasamos 
al cielo del Mediodía.; 
Aquí la Naturaleza 
cambia de aspecto y de vida, 
bajo otro sol y otro cielo 
con otros tesoros rica. 



CANTOS DE!" PEREGRINO 71 

No es y 1 joven alegre 
que vuluptuosa suspira; 
es la valiente amazona 
indómita y atrevida; 
y bajo su fuerte imperio 
en el corazón palpitan, 
no los ensueños bordados 
con flores de fantasía, 
sino robustas pasiones 
armonizadas al clima, 
y pensamientos nacidos 
de innata melancolía 
prodigios son misteriosos, 
que la experiencia concilia, 
los eslabones secretos 
de esa cadena infinita 
con que se anudan los hombres 
al sol que en su cielo brilla, 
al agua oue ven sus ojos, 
y al aire y tierra que habitan 

Al pie de los cocoteros 
y las pinas amarillas; 
de los pájaros pintados 
á la dulce melodía; 
bajo los mares de fuego 
que el horizonte iluminan, 
y del hálito caliente 
de la perezosa brisa, 
la vida no está en el alma, 
ni está el alma con la vida. 

Parece que el mismo fuego 
que á la tierra fecundiza, 
agosta la ñor del alma 
en su primer lozanía. 
Parece que faltan fuerzas 



72 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

á la mente adormecida, 
porque la gastan voraces 
los sentidos cada día. 



Bajo el cénit del Mediodía 
es lánguida la luz y desmayada 
al Sol el ojo altivo desafía, 
y se clava en su frente la mirada. 

Siempre de azul y blanco el firmamento, 
como de una mujer la azul pupila 
nos despierta en el alma el sentimiento 
si en el caos de la pasión vacila. 

Baja el sol á su alcázar de Occidente 
sin esplendor de nubes, silencioso, 
llevando alguna vez sobre su frente 
una corona de oro luminoso. 

Y su pardo crepúsculo, agorero 
de vendabaly tempestad lejana 
no toca el corazón, toca severo 
los pensamientos de la mente humana. 

Las hebras del cabello, húmedo el viento 
agitan sin cesar, rugen las olas 
invadiendo con ímpetu violento 
por las rocas estériles y solas. 

Escuadrones de pájaros salvajes 
huyen buscando sus ocultas breñas, 
negras como el color de sus plumajes, 
entre los antros de las duras peñas. 

Relincha el potro en la desierta Pampa 
lijos los ojos en el sol poniente, 
y el duro casco con fragor estampa 



CANTOS DEL PEREGRINO 73 

la crin volando de su altiva frente. 

Se anublan los cercanos horizontes; 
toda naturaleza desfallece, 
y á la par délos cielos y los montes 
el alma taciturna empalidece. 

Muere lento el crepúsculo del dia 
con el color de la torcaz pintado, 
y llega en pos de sí la noche umbría 
sobre el desierto pabellón toldado. 

Reina la noche al fin, y de improviso 
un relámpago súbito ilumina 
el postrimero rayo cpie indeciso 
queda del sol en lámpara argentina. 

Y del negro seno 
do la nube errante, 
un sordo trueno 
retumba distante, 
vibrando en el airo 
la tierra y la mar. 

Se rompen las fuentes 
en el firmamento, 
y el agua á torrentes 
en brazos del viento, 
desciende sin rumbo 
del viento á la par. 

Contino trueno 
distante retumba, 
y el viento sin freno 
los álamos tumba; 
los sauces desgaja, 
deshoja el ombú. 



74 OBRAS DE JOSÉ MÁTtMOL 

Doquier ilumina 
relámpago activo, 
y el cielo fulmina 
sus rayos doquiera, 
hendiendo la esfera 
su rápida luz. 

¡Magnífico, las rocas estériles y solas 
en medio de la noche bramando el huracán! 
¡Magnífico, el ruido gigante de las olas 
cuando á romperse rudas contra la roca van! 

¡Magnífico, las nubes que raudas se atrope- 

, lian 
llevando entre su vientre la tempestad veloz 
los rayos que la frente del pedernal estrellan 
y el trueno que revienta de su fulgor en pos! 

Y es bello meditar á los reflejos 
de una lámpara triste, en climas tales, 
oyendo el trueno retumbar de lejos 
y quebrarse la lluvia en los cristales. 

Entonces, grandioso se inspira un pensa 

| miente 
que sale entre palabras de idioma celestial, 
como al lanzar la fuente su vómito violento 
en hebras lo deshace de líquido cristal. 

Y las ideas al calor responden 
que guarda el corazón porque son bellas, 

y grandiosas aquellas 
que en la nocturna lobreguez se esconden. 

El genio duerme cuando nace el día, 
y alza sus alas en la noche umbría. 

La noche es para el alma creadora 



CANTOS DEL, PEREGRINO 75 

To que es al fuerte labrador la aurora. 

En medio á las sombras el recio Pampero 
despliega sus alas y en ímpetu fiero 
destroza las nubes, y en negros pedazos 

las toma en sus brazos, 
y al lóbrego Oriente las tira por fin. 

El cielo se limpia, y en mantos azules 
cubiertos por ondas de nítidos tules 
pajizas estrellas de brillo indeciso 

vense de improviso, 
aquí solitarias, y en grupos allí. 

Y del sonoro río embravecido, 
ó de la obscura sien de una colina, 
con palidez el rostro embellecido 
muestra incierta la virgen argentina. 

Cual en cita nocturna niña hermosa 
oculta en el jardín tímidamente, 
sale andando con planta recelos^,, 
ardiendo el corazón, yerta la frente. 

Algún fragmento de rasgada nube 
la envuelve en su carrera, y la mirada 
pretende adivinar por donde sube, 
si alcanza un rayo de su luz velada. 

Así cuando en el seno de una bella 
una ñor divisamos entre encajes, 
pensamos descubrir el trono de ella 
al través de los candidos celajes. 

Con gracia y majestad lenta camina 
despejada y gentil la augusta frente, 
y cuando más bellísima ilumina 
se esconde entre las nubes de repente 



76 OBRAS DE JOSJÍ MÁRMOL 

Cual suele una mujer enamorada, 
después de ciego, voluptuoso instante, 
pálida, bella, tierna, avergonzada 
esconder en sus manos el semblante. 

Y de la noche fría, 
la luna y las estrellas 
apáganse las huellas, 
porque despunta el día 
sus claridades bellas. 

Y asoma en el Oriente 
la luz de la mañana, 
tan pura, tan lozana 
como en virgínea frento 
la palidez temprana. 

Sus carmesíes tintas 
asoma en pos la aurora, 
y luego con distintas 
arreboladas pintas 
su bella sien colora. 

Pálido rayo alcanza 
las hojas de las flores, 
cual suele á los amores 
llegar una esperanza 
para calmar rigores. 

Y en rosas purpurinas 
que asoman de su broche, 
vacilan peregrinas 

las gotas cristalinas 
del llanto de la noclie. 

La pájara entumida 
en el mojado nido, 
siente la luz querida 



00XT08 DEL PEREGRIXO 77 

que á despertar convida 
su cuerpo adormecido. 

Y del nido á la rama, 
con trinos de alegría 
salta contenta, y llama 
al pájaro á quien ama, 
para cantar al día. 

Con ágil cuerpo blando 
la cabra trepadera, 
rocío destilando 
de su vellón, saltando 
corre por la pradera. 

Corre, vuela, y liviana 
sobre la sierra sube, 
á contemplar ufana 
de la fresca mañana 
la arrebolada nube. 

Sale el toro sediento 
del bosque á la laguna: 
bebe, y luego contento 
escoge aquel sustento 
si este otro le importuna. 

Corre el potro en el prado 
y de repente vuelca 

su cuerpo, y agraciado 
sobre el pasto nevado 
contento se revuelca. 

Y á saludar el día, 
con el día despierto, 
también con alegría 
sin sentir embarazo, 



78 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

sale el rey del desierto 
jugando con su lazo. 

Hasta que al fin su esplendorosa frente, 
bajo pomposo pabellón de grana, 
muestra desde las puertas del Oriento 
el poderoso rey de la mañana: 
Y con los rayos de su luz fulgente 
los valles y las rocas engalana 
de esa naturaleza árida, fría, 
bajo el cénit azul del mediodia. 

¡Veneración en ti, tierra sagrada, 
sin montes de oro; poderosa en Gloria! 
No iluminó tu frente la mirada 
brillante del Señor; abrió la historia 
á las altas naciones reservada, " 
y el ángel escribió de la victoria: 

TUS PUEBLOS CRECERÁN BAJO MIS ALAS, 
TIERRA DESNUDA DE RIQUEZA Y GALAS 



PARTE SEGUNDA 

# 

Y el Fénix navegaba 
bajo ese cielo azul del Mediodía, 
sobre las ondas que el silencio turban 
de la tranquila Pampa, El Peregrino 
con las brazos al pecho contemplaba 
los mares y los cielos de su patria. 

¡Su patria! ¡Buenos Aires! 
¡La altiva emperatriz del ancho Plata; 
la mejor perla que en su sien ostenta 



CANTOS DEL PEREGRINO 79 

la hermosa virgen que dará su mano 
en dulce enlace al porvenir humano! 

¡El molde de los fuertes corazones! 

¿Dónde están sus guerreros afamados, 
sus virtuosos varones, 
y sus días dorados 
por la luz de la gloria iluminados? 

¿Por qué surgieron del cegado abisme 

sus antiguos tiranos, 
y en la noche, otra vez del fanatismo 

engrillaron sus manos, 

y en rencorosa saña 
marcharon en su frente los laureles? 

Llora, Patria infeliz, tus siglos crueles... 
Esa es le herencia de tu madre España. 

En su arrogante vuelo 
el águila alcanzó tu mortal flecha; 
murió en la nube, y te dejó en el suelo 

el nidal con sus hijos. 

Al trono de los reyes 
tumbó doquier el plomo del combate, 
pero del tiempo el poderoso embate 

no tumbo todavía 
el fuerte alcázai de tus viejas leyes, 

Ese pueblo tan fiero 
si lo busca en la lid el extranjero, 
y que á su patria en llamas prefiriera 
primero que rendir la azul bandera, 

más que en rudo quietismo 
sufre los amos que improvisa él mismo; 

y, en medio á los escombros 
que acumulan al pie sus propias manos, 



8J OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

lleva sobre sus hombros 
con mansedumbre extraña, 

vitoreando y contento á sus tiranos; 

eso. Patria Argentina, eso es la España. 

Ese viejo que miras con enojos 
á la extranjera luz cerrar sus ojos, 

y que adusto rechaza 
cuanto los lindes de su ciencia pasa; 
ávido de metal, de genio pobre; 
venas sin sangre, corazón de cobre; 
terco en ideas, en pasiones duro, 
poniendo al pueblo con sigilo y maña 
de fanatismo y opresión un muro, 
eso es el fraile de la antigua España, 

que, el Escorial dejando, 
disfrazado pisó nuestras arenas, 
y apellidóse Aranas ó Anchorenas. 

Los españoles reyes 
jamás alzaron su apocada frente, 
para ver tras las ondas del Océano 
aquel naciente mundo americano 
en que incrustaban sus caducas leyes. 

Esclavo eternamente 
en su ciega ambición le presumieron; 

y, en error sin segundo, 
la voluntad de Dios no comprendieron, 
en el mismo aislamiento de ese mundo (3). 

Alado el pensamiento, 

para su propia gloria 
ninguno levantó, y en el futuro 
vio ese cambio de mapas y de historio, 
'¡ue trae el tiempo poderoso y lento 
en su curso do siglos inseguro. 



CANTOS DEL PEREGRII.lO 

Y en vez de padres que educaran hijos 
para el saber y la virtud un día, 

fueron sólo prolijos 
en su larga y pesada tiranía; 
por tres siglos cortaron el Océano 
entre Europa y el mundo americano, 

dejando solamente 

como seguro puente, 
el manto real do España se escurría, 

y ufana nos traía 
en nombre de la Cruz, el fanatismo, 
y en nombre del poder, el servilismo. 

Y cuando el Andes sacudió su espalda 
y arrojó, como polvo, de sus hombros 
reyes, cadenas, ignominia y duelo, 

sin dejar una flámula española 
bajo el hermoso americano cielo, 

miró, empero, en su laida 

engangrenada y sola 
■de un trono de tres siglos los escombros. 

Los cantos de victoria; 
la salva del cañón en las almenas; 
la España derrotada; un pueblo joven 
que palpaba^sus miembros sin cadenas; 
y esa voz ¡libertad! dulce, atractiva 
que embriaga el corazón con magia activa; 

en risueño alboroto 

alucinar supieron 
a los bisónos pueblos, que creyeron, 
rota la tradición porque fué roto 

al vigor de su mano 
el yugo férreo del monarca hispano. 

Mira tu error en ti, Patria guerrera, 
Mármol. — 6 



82 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

madre que un mundo de su entraña diera; 
¿Orees que los sables de Junin segaron 
las raíces que en siglos se internaron? 

No; la sangre que corre 
empapando las sierras y los llanos, 
sin que ni ardiente sol ni viento borre 

la mancha enrojecida; 
esa lucha de libres con tiranos 
en quince años de horror envejecida; 

esa es la lucha extraña 
con que combate tu naciente vida 
la vida férrea de la antigua España. 



Venciste al español, pero tu vida 
es de revolución por todo un siglo. 
Es la lucha fatal de dos creencias, 
de dos tiempos, de dos inteligencias 

que la América anida. 
Todavía hay España entre nosotros 
y la habrá mucho tiempo, aun cuando dora 
el sol de Independencia nuestra aurora* 
como mucho después que asoma el día 
guarda el campeo la nieve de la noche 
y el sueño, los sentidos todavía. 



Mas del caos de fratricida guerra 
una generación se ha levantado 
limpia, cristiana, de esperanzas llena; 

como en sangrienta tierra, 
palenque de combate encarnizado, 
nace sin mancha candida azucena. 

Por los rayos de su época alumbrada 



. CANTOS DEL PEBEGRDÍO 83 

en tu noche sombría, 
ha comprendido su misión sagrada, 
y émula de la gloria y nombradla 
de sus heroicos padres, con la menti 
conquistará laureles en la patria, 
como aquellos al golpe de sus lanzas 
con brazo firme y corazón valiente. 

De esa generación el Peregrino 
verde vastago es; en noche umbrosa 
fué de sangre la pila de su frente, 
y desterrado de su patria hermosa 
va de su época ingrata en el camino, 
viendo secarse en la estación florida 
las esperanzas verdes de la vida, 

Desde el mar, y muy lejos de sus rocas. 

ha conocido Carlos 

los cielos de su patria. 
¡Calma, mi Dios! La brisa sobre el lino 
pliegue sus alas y se clave el pino 
sobre el tranquilo mar. Ellos son, ellos 
los cielos de su patria, puros, bellos, 
como esperanzas candidas del alma 
en el primer amor. Mi Dios, la calma 
á los vientos y al mar, del Peregrino 
te pide el corazón... Deja que mire 
por la postrera vez, quizá, los cielos 
que alumbraron su vida y su destino; 
que bajo de ellos con placer respire 
el aire que de niño respiraba; 
que mire el sol que calentó su frente, 
la luna y las estrellas, y les velos 
de nácar y zafir que contemplaba, 
arrullado del Plata dulcemente; 
que pase por su sien la misma nube 
que por la sien de Buenos Aires pasa; 



S4 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

y que el suspiro que en el aire sube 
lo respire también su dulce patria. 
¡Miradlo! tiembla en su pupila el llanto 
y mirando á su patria exhala el canto. 



CANTO DEL PEREGRINO 

A BUENOS AIRES 

I 
Son estos los mares que besan su planta; 
son estos los cielos que doran su sien; 
alli Buenos Aires, el águila esclava 
que hendía altanera las nubes ayer. 

¡Oh, Patria! tus días de gloria pasaron, 
pasaron las horas hendidas de Dios; 
tus hijos proscritos el pan ablandamos 
con lágrimas tibias de ingrato dolor. 

Así lo quisieron... ¡Silencio! del alma 
se legue al olvido la fuente del mal; 
si nada nos queda de bien ni de patria, 
feliz del que puede tu cielo mirar. 

¡Tu sol! ¡tu horizonte! ¡tus nubes! ¡son ellas, 
tus nubes pintadas de plata y zafir! 
¡Oh, madre! ¡si al hombre faltara la ciencia, 
sabría al mirarlas que estabas allí! 

Al ver estos cielos á mi alma dirían: 
«Nosotras te dimos la luz al nacer, 
nosotras velamos tu patria argentina, 
y en olas do lumbre bañamos su sien.> 



CANTOS DEL PEREGRINO 85 

¡Cuan bellos tus mares! ¡Cuál alzan henchidas 
de orgullo sus ondas, valiente su voz! 
¡Oh! vaya en vosotros al suelo argentino 
vibrando en las olas mi lúgubre ¡adiós! 

¡Oh, mar! si en la tierra proscrito me aguarda 
sepulcro extranjero sin llanto ni cruz, 
subleva tus ondas; allí está mi patria; 
mis miembros helados arrójale tú. 

Mas ¡eh! ¿no habrá un día justicia del cielo, 
que puedas ¡oh, madre! tus hijos mirar? 
¿También un sepulcro proscritos tendremos 
que pedir á extraños, cual hoy un hogar? 

¿La nube del crimen que cubre tu frente 
no habrá de romperla la mano do Dios? 
¿Las manchas de sangre que el suelo enrojecen 
no habrá de extinguirlas benéfico Sol? 

¡Oh, Patria! lo espero. Til lloras el llanto 
que vierte del cielo la aurora al nacer; 
con él reverdecen las flores del campo, 
y al rey de los astros anuncia con él. 

En tanto doquiera verán á tus hijos 
sin caer abatida la sien al dolor, 
que el pecho orgulloso del nombre argentino. 
ni sufre desmayo diciéndote ¡adiós! 



II 

Venid, proscriptos, con la sien orlada 
del infortunio santo que la oprime, 
y hablemos de la madre abandonada 



86 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

que allá sin hijos en cadenas gime; 
y una lágrima al párpado asomada, 
que la desgracia al corazón exprime, 
mezclemos al contarnos de su historia 
la obscurecida fugitiva gloria. 

Si ¡adiós! dijimos á la patria bella, 
venid en derredor de mis canciones, 
y suspirando el corazón por ella 
hablemos de su gloria y sus varones; 
del Plata hermoso que sus lindes sella 
con gigantes y ricos eslabones; 
de nuestros bosques y su. ñor mimosa; 
de nuestro cielo y de la Pampa hermosa. 

Yo soy el trovador, que las inciertas 
huellas de mi destino voy siguiendo, 
y que al sentir las esperanzas yertas 
pulso mi lira y las percibo hirviendo; 
canto, y veo tumbas entreabiertas, 
los Incas á sus hijos bendiciendo, 
y levantando el porvenir la frente, 
iluminar de América el Oriente. 

Venid; el arpa que tomé en mis manos 
cuando del plata abandonó la arena, 
tiene una maldición á los tiranos 
que en sus bordones áspera resuena, 
y una voz Libertad que á mis hermanos 
de sacro fuego el corazón les llena; 
porque ellos, como yo, secan el llanto 
con el calor del patriotismo santo. 

Cuando la frente os rinda la fortuna, 
yo rasgaré del porvenir los velos, 
y á vuestros hijos en su pobre cuna 
les contaré de Mayo y sus abuelos; 



CANTOS DEL PEREGRINO 87 

y cuando triste la extranjera luna 
con su pálida luz bañe los cielos, 
las sombras llamaré con la arpa mía 
de los que habitan ya la tumba fria. 

El brazo al cuello de la tierna esposa, 
reclinado el infante en la rodilla, 
nos encuentre la tarde silenciosa 
de ajeno mar en la desierta orilla; 
y ocultando á la amiga cariñosa 
la lágrima que empaña la mejilla, 
enviemos á la Patria un pensamiento 
sobre las alas de extranjero viento. 

Y en acentos sensibles y prolijos, 
antes de dar nuestra cabeza al sueño, 
hablemos de la Patria á nuestros hijos 
en derredor del encendido leño; 
ellos, en su alma los acentos fijos, 
cuando el pueblo infeliz no tenga dueño, 
irán, ¡oh Patria! á presentarte helados 
los huesos de tus viejos desterrados. 



CANTO CUARTO 



Al Sr. D, Juan María Gutiérrez 



Su afectísimo amigo. 



José Máemol- 



Montevideo, Julio de 18d7* 



CANTO CUARTO 



Caro lector, que descansemos quiero 
(si lees á cansarte, lo que dudo) 
do escribir y leer tan lastimero 
verso, de risa y de placer desnudo. 
Del primero, el segundo y el tercero 
me ha fatigado tanto el son agudo, 
que quiero en éste, el cuarto de los cantos, 
olvidar tanto afán en versos tantos. 

Una palabra: si te llamo caro, 
sinónimo no es esto de querido; 
pues, si he de hablarte con verdad y claro, 
que á pocos quiero yo ten entendido. 
Ni por prurito de imitar el raro 
lenguaje de los clásicos, he sido 
tentado de llamarte cortesmente: 
«Caro, amigo, benigno, complaciente». 

Nada de eso, por Dios. Caro te digo 
porque me has de costar caro algún día 
y tanto, que á ti mismo por testigo 
pone de su verdad la Musa mía: 
tú solamente gastarás conmigo 



92 OBRAS DE JOSÉ MARMOL 

ol precio de un volumen; y á porfía 
yo gastaré contigo cuerpo y alma, 
salud, paciencia, bienestar y calma. 

¿Sabes tú lo que cuesta un libro impreso» 
á su infeliz autor? Más te valiera 
ser marido tres veces; dar Un beso 
á niña de treinta años y soltera; 
amar bien á los hombres, y por eso 
darles en amistad tu alma sincera; . 
ser revolucionario con esclavos; 
testarudo en hacer de siervos, bravos. 

Más te valiera, en fin, nacer dos veces r 
buscar á un español á horas de siesta, 
emprender un negocio con ingleses, 
hacer con porfiados una apuesta, 
hablar y no gritar con portugueses; 
pues todo esto, lector, menos te cuesta 
si quieres escribir, que ver tu escrito 
salir en libros mil del manuscrito. 

Primero el impresor; casta judía 
que quiere por papel plata contante;, 
en ajustar el precio vase un día, 
y un año vase y la obra va adelante; 
los cajistas después... ¡Oh! la ironía 
el sarcasmo del libro más tocante; 
adonde hallan aflige ponen dije, 
y el pobre autor corrige que corrige» 

Y después ¡ay, el crítico severo! 
y sobre todo aquellos literatos 
que sólo han hecho un prólogo ligero 
do una obra por hacer; y los sensatos 
y moralistas luego; y luego el fiero 
gramático, empleando sus conatos 



CAÑÓOS DEL PKR-SGR1NO 93 

«n probar que, pues hay ripio y pleonasmo 
el autor es un bestia que da pasmo. 

Y luego, y luego, y luego; y hasta el diablo 
en la Babel de críticos se cuela. 
¿Aquese tonto ves que ni un vocablo 
á medio deletrear supo en la escuela? 
Pues hasta él, lanzando su venablo, 
en criticar el tipo se consuela. 
Jura el autor callarse como un plomo, 
y escribe el juramento y va á otro tomo. 

Pero si al corazón el libro toca, 
ya tiene protección. ¡Salud, mujeres! 
si yo veo la risa en vuestra boca, 
al hablaros de amor y de placeres; 
si de mi Lira el ¡ay! tierno provoca 
vuestro dulce sentir, divinos seres, 
¿qué me importa la crítica importuna, 
ni la estrella sin luz de mi fortuna? 

¿Qué mayor galardón para el poeta, 
mientras la envidia de morderle cuida 
que estar una mujer leyendo inquieta 
sus versos, ya por el jardin perdida, 
ya de su lecho en soledad secreta, 
entre las colgaduras escondida, 
casi desnuda, pálido el semblante, 
y el libro junto al seno palpitante. 

¡Oh! si en ese momento de embeleso, 
yo hasta vosotras penetrar pudiera, 
como el soplo profetico y travieso 
llegaba á las Sibilas de otra era, 
¡con qué placer os pagaría un beso 
por cada perla que en los ojos viera. 
«tro por cada verso y todos juntos, 



94 OBRAS DS JOSÉ MÁRMO& 

y otros mil por las comas y los puntos 1 

No me violentaría, yo os lo juro; 
la gratitud es en el alma mía 
la virtud favorita, y si perjuro 
con alguna mujer he sido un día, 
fué por este mi amor eterno y puro 
que con todas y más se quedaría, 
al verlas en el mundo despiadado 
siempre infelices en cualquier estado. 

¡Oh! y cuan clara y feliz fuera mi estrella 
si hallara en tal instante por lectora, 
de esas tantas del siglo alguna bella 
que, presa del dolor que la devora, 
huye del mundo la espinosa huella, 
y triste y sin futuro, y pensadora, 
ve, doncella, en la ley del matrimonio, 
con Georges Sand, la firma del Demonio! 

O algunas de esas otras desgraciadas 
que el material esposo no comprende, 
al que por ley del mundo están ligadas. 
Bárbara ley, que al alma desatiende: 
y solas, y al tirano abandonadas, 
con lágrimas su pecho se defiende; 
pidiendo de rodillas al destino 
la ventana y la daga de Antonino (1) ; 

O alguna de esas mil viudas juiciosas 
que lloran su viudez porque están viudas; 
y, al acostarse huérfanas y hermosas, 
rezan por el difunto en voces mudas; 
y, al despertarse y contemplar las rosas 
de su mejilla, entre esperanza y dudas f 
rezan por los que habitan este mundo, 
páramo eterno del dolor profundo. 



CANTOS DEL PEREGRINO 95 

Mundo inhumano; digno de anatema; 
fábrica del dolor y del destino. 
Tenéis razón, Querubes sin diadema, 
que del Edén perdisteis el camino; 
y os he de hacer un mundo en un poema 
cuando toque su fin mi Peeegeino: 
un mundo tal, que cuando Dios le vea 
envidia sienta en su inefable idea. 

Será el globo de placas de esmeralda, 
para que, andando, contempléis de paso 
si van bien los encajes en el halda, 
y el atacado del botín de raso; 
tendrá de luz espléndida guirnalda, 
pero en cuatro horas llegará á su ocaso; 
porque el amor se duerme con el día, 
y se despierta con la noche umbría. 

Tendrá por bosques encantadas grutas 
de jazmines y rosas y azucenas, 
y árboles muchos de pintadas frutas 
con la virtud de la manzana llenas; 
y por estrechas y escondidas rutas, 
casi á la vista del mortal ajenas, 
se hallarán, pavesadas de coronas, 
glorietas do no quepan tres personas. 

Habrá en ellas magníficas pinturas, 
representando en traje y en costumbre 
las bíblicas hermosas criaturas, 
presidiendo Raquel la muchedumbre. 
Y de fuentes clarísimas y puras, 
que atornasole la escondida lumbre, 
caerá en cálices de oro cincelado, 
fermentando al caer, Champaña helado. 

Pues tendrá nuestro mundo primoroso 



96 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

de vino el mar y de café los ríos; 
dos cosas que en concierto delicioso 
hacen con el amor sublimes tríos: 
y de arroyos de giro caprichoso 
"bajo doseles de arrayán sombríos, 
el agua de colonia en las orillas 
invadirá por bosques de pastillas. 

Será movido el mundo por un viento 
tan tranquilo que apenas se adivine, 
y que al tocar el claro pavimento, 
•cuando el día las grutas ilumine, 
esparza en delicioso encantamiento 
sonidos de arpa, que al vibrar se afine 
de Donizetti en la alta fantasía, 
ele Bellini en la dulce poesía. 

Mas nuestro nuevo mundo necesita 
un nuevo ser de cosas y de leyes, 
y á mi mente también se precipita 
un bosquejo de códigos y reyes, 
•cuya grandeza y novedad me incita 
.á sacar (como hacían los Vireyes 
•de mi abuela la España) en un segundo 
todo el tesoro de mi nuevo mundo. 

Leyes fundamentales del estado. 
Primero: «Será un reino indivisible 
» democráticamente gobernado 
»por mujer, sin parientes, y elegible.* 

Segundo: «Abolición de lo pasado, 
* declarando por siempre inadmisible 
» cuanto hicieron los hombres, que no hicieron 
»sino enredar el mundo que les dieron. > 

Tercero: «No cuadrando á nuestros días 
*sino la libertad y el sentimiento,* 
■»y para obstar viudeces y porfías, 






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Ya de su lecho en'jsoledad secreta, 
Cajitqs übl peregeíxq 



Límixa II 



CANTOS DEL PEREGRINO 97 

»se deroga la ley del casamientos 

Cuarto: «El empleo de las viejas tías 
*se destierra con ellas á un convento, 
»y cesará la maternal tutela 
-»des que salgan las hijas de la escuela.» 

Quinto: «No siendo militar la gloria 
»do aqueste reino, de hoy en adelante 
■» exigirá la reina una memoria 
ȇ ciertos generales, y al instante 
■■» disolverá, sin rota ni victoria, 
•♦cuanto ejército de hombres so levante.» 

Sexto: «Constitución, ley soberana, 
:»cada uno hacer lo que le dé la gana.» 

¿Qué tal el mundo? Apenas un diseño 

os ho dado esta vez; pero otro día, 

-dueño del tiempo y de mí mismo dueño, 

•concluido os lo dará mi fantasía 

•€ii un poema; mi palabra empeño; 

mas, primero os exijo garantía, 

•de hacerme consejero sin segundo 

del monarca mujer; sino, no hay mundo- 
Entretanto, mujeres que venero, 

-deidades de más santo paganismo, 

•semidiosas, ó diosas por entero, 

■del más sublime y rico orientalismo, 

yo, que tanto os procuro, y tanto quioro 

vuesto mágico dulce magnetismo, 

yo pongo de mi musa los despojos 

Tbajo la tierna luz de vuestros ojos. 

Cual las huérfanas flores del desierto 
"Teladas por la luz de las estrellas, 
les ofrecen del cáliz entreabierto 
Mármol. — 7. 



98 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

todo el aroma que se esconde en ellas; 
cual del Sol en ocaso un rayo incierto 
débil se ampara de las nubes bellas, 
y forma luego espléndidos paisajes 
difundido en sus diáfanos celajes... 

Parémosnos, por Dios, mi lector caro, 
y cojamos el hilo de la historia, 
que, tal como soy yo, no fuera raro 
se perdiese el asunto en mi memoria. 
A los veinticinco años no hay amparo 
contra una imagen bella aunque ilusoria: 
la sangre hierve entre las venas loca, 
como el Champaña que en el cáliz toca. 

Mas ¡ay! diez años más y ya la vida 
es una pobre cosa, bien pensado; 
es una luz crepuscular tendida 
sobre horizonte á medias alumbrado, 
do la luz por la sombra perseguida 
va perdiendo su brillo entre el nublado: 
es un linde entre el Edén y el Infierno, 
con un arpa de un lado y de otro un cuerno. 

Y volviendo al principio de este Canto, 
quise decirte allí, y ahora lo digo, 
que después de apurar lo serio tanto, 
es ameno reir, y si consigo 
(si tú sabes llorar) secar tu llanto 
con decir variedades, yo me obligo 
á escribir cien octavas cuando menos 
en versos de aire, pero versos buenos. 

La rima es para mí tan fácil cosa 
que no me cuesta tanto, te lo juro, 
como á otros dictar la mala prosa 
peores ideas en lenguaje impuro; 
es en el mundo la querida hermosa 



CANTOS DEL PEREGRINO 99 

en cuyas gracias el deleite apuro, 
que pródiga en su amor, si la provoco, 
me da tesoros y los juzga poco. 

Con dos botellas de cerveza blanca 
y algo de mal humor, la Musa mía, 
en buen palenque, con nobleza franca, 
á cuanta Musa existe desafía. 
¿Este cartel la vanidad arranca? 
¡Y bien! dinero, hazañas, jerarquía, 
¿no son de ostentación medios diversos? 
Yo no sé qué ostentar y ostento versos. 

Y escucha; esta inconstancia en mi poema, 
al grotesco saltando de lo serio, 
no es tanto inspiración como sistema, 
de lo que, ya lo ves, no hago misterio. 
El mundo es una orquesta, el cambio un tema 
una orgia vecina á un cementerio, 
una luz y una sombra; anda, detente, 
así es el mundo y quien lo niega, miente. 

El que quiera en el mundo hacer mañana 
lo que hizo ayer y hoy, está perdido; 
en la inconstancia, la constancia humana 
encuentra su verídico sentido; 
cambiar es ser constante; esta es la sana 
verdad que la experiencia ha recogido; 
las cosas son las inconstantes; ellas; 
mas no nosotros al seguir sus huellas. 

Se adopta una política calmante; 
una belleza nuestro amor provoca; 
pues sé con la política, constante, 
y más constante con la linda boca. 
La política se hace intolerante, 
y la bella después te sale loca, 
¡qué diablos! arrojarlas al olvido 



100 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

es ser constante con el buen sentido. 

Hablar de amor constante y perdurable 
es virtud de los tontos y las feas: 
y de hombres que obediencia impermeable, 
constantes al poder, ostentar veas, 
huye, caro lector, huye incansable 
si alejarte de hipócritas deseas, 
y algo más; porque tales en el seno 
llevan sangre de hiél, alma de cieno. 

Esos altos y humildes servidores 
que viven en redor de los tiranos, 
mitad leales, y mitad traidores, 
parte de tigres, parte de gusanos, 
te cuentan en secreto los dolores 
que les causan los grillos en sus manos: 
rompedlos — les decís— ¿Cómo? ¡qué ofensa! 
¿Y la fe? ¿Y la constancia? ¿Y la vergüenza? 

Yo esclavo solamente del buen gusto, 
el cual por excelencia es inconstante, 
he querido cambiar el tono adusto 
por un tono más dulce y más picante. 
De las reglas del arte no me asusto 
porque el arte soy yo. — 'Tengo bastante; 
mi regla es la que arregla por fortuna 
mi vida y mis poemas sin ninguna. 

Asi la vida, el mundo, así los días; 
cambios de horas, de giro, de pasiones; 
así las infinitas armonías; 
así el aire, la luz, las estaciones, 
todo en fin, en eternas graderías 
do diversos y unidos eslabones, 
es un constante giro de inconstante 
manera de vivir en un instante. 

¡Grloria y veneración á las mujeres! 



CANTOS DEL PEREGRINO 101 

pues nadie sabe aquesto cual las bellas; 
artistas inventoras de placares, 
genios de la inconstancia todas ellas. 
Bendición á vosotros tiernos seres, 
volubles cual la luz de las estrellas, 
que de vuestra inconstancia indeíinida 
saqué el divino infierno de la vida (2). 

«Pero, bien — me dirás, — puedes si quieres 
« cambiar de estilo y tono de repente, 
« pero de asunto no; si no prefieres 
« hacernos un babel impertinente.» 
Tienes razón lector, y más tuvieres 
si dijeras también, que hasta el presente 
maldito lo que he dicho en esto canto, 
con ser, caro lector, que he dicho tanto. 

Pero también es cosa meritoria 
hablar sin decir nada muchas veces; 
es talento tan raro, que en su historia 
hablan de él con asombro los ingleses. 
Fué del genio de Cromwell la alta gloria, 
cuando callar quería sus dobleces, 
hablar como un francés en las tribunas 
y dejar á los lores en ayunas. 

Pero ¡ay! jde Buenos Aires los archivos 
no negarán mi crónica al futuro! 
y mi genio entre muertos y entre vivos 
nadie lo ha de aplaudir á buen seguro 
bien que de ora, á los sabios más activos 
yo, con don Pedro de Angelis, les juro 
que á los archivos hallarán do modo 
quo con ver los estantes vean todo. 

Es justo, pues, hablar del Peregrino; 
anudar canto á canto con sistema, 
y no volver por Dios al desatino 



102 OBKAS DE JOSÉ MÁRMOL 

de j ngar con los versos y el poema, 
que muchos por jugar en el camino 
(tomaremos los ángeles por tema) 
pierden el rumbo, y ofuscados luego 
pierden cuanto hay por el maldito juego 

Ocupemos el cuarto de los cantos 
en hablar del bajel y su equipaje, 
que es, por cierto, el bajel uno de tantos 
de los que tienen parte en su viaje; 
hasta hoy, vive Dios, de los más santos 
que se han hecho en tan frígido paraje, 
pues ya estamos, lector, sobre la Pampa, 
do vino Rosas á buscar su estampa. 

Hablemos de ese pobre Pebeorino 
que, en los albores de su edad florida, 
no tiene bien, ni patria, ni destino, 
ni el seno virginal de su querida; 
que ha visto obscurecerse su camino; 
y que algún sol benéfico á su vida 
se cansó de esperar días y meses, 
como á don Sebastián los portugueses. 

Ese hombre joven, aburrido, trióte; 
que ni espera, ai goza, ni delira; 
que no tiene más bien de cuanto existe 
que las bordonas de su agreste lira, 
á cuyos tronos ni su patria asiste 
ni el corazón de la beldad suspira, 
y se pierden en huérfano concierto, 
cual los trinos de una ave en el desierto; 

que vio romperse, al deleitar su boca, 
el cáliz del placer entre su mano; 
y luego, cual las ondas en su roca, 
recias batir su corazón lozano 
penas pasiones, esperanza loca, 



CANTOS DEL PEREGRINO 103 

y ese tropel de viento tan tirano 
que habita y se confunde y se dilata 
bajo la ronca tempestad del Plata. 

Donde la flor más bella se aniquila 
antes de dar el cáliz su perfume; 
donde la luz más fúlgida vacila 
y con su propia llama se consume; 
donde al llegar las madres á la pila, 
que en agua santa la esperanza asume, 
al presentar un niño y darle nombre, 
lágrimas vierten porque el niño es hombre] 

donde el alma está vieja á los treinta años, 
blanco el cabello y pálida la frente; 
donde brota la tierra desengaños, 
y es sangre el suelo y pólvora el ambiente; 
donde el padre y el hijo son extraños, 
y la virtud y el vuelo de la mente, 
y el amor á la patria, son delitos 
que hacen tumbas, cadenas, ó proscritos. 

¿Volvemos á lo serio? Me olvidaba, 
perdón, lector, yo debo en este Canto 
hacer cual Larra, que á la España daba 
bajo alegre careta el triste llanto; 
porque, al fin, esa España que él amaba, 
y el Buenos Aires á quien amo tanto, 
bien pueden escuchar del mismo modo, 
pues tienen sello de familia en todo. 

Ya, pues, hablemos del bajel que habita 
el héroe Peregrino de mi historia; 
ser de forma y color; ser que palpita, 
no bella creación de la memoria 
cual si dijera: «la amistad bendita, 
la constancia en amores, ó la gloria;» 
ser de carne, de huesos y de venas 



101 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

materiales como alma de Anchorenas. 

Ser que lia estudiado el universo externa 
y el otro que hay del alma en lo profundo, 
y luego creyó en Dios y en el infierno 
viendo los cielos y mirando el mundo; 
que conoció una vez al amor tierno, 
y lia conocido diez al furibundo, 
lo que quiere decir que en once amores- 
ha tenido uno malo y diez peores. 

Ser que gustó del vino y de las bellas» 
del café, de la música y las ñores; 
filosóficas cosas todas ellas 
que hacen tanto más bien cuanto mejores; 
y si hoy le cansan música y botellas, 
y el café le hace mal, mal los amores, 
suya será la culpa, que tan pronto 
se cansó de ser sabio y se hizo el tonto. 

Pues no es valle de lágrimas el mundo,, 
como dice la Salve, nada de eso, 
es teatro magnífico y fecundo 
do placeres, de risas y embeleso, 
donde un año se va, como un segundo, 
y donde no hay hastío, ni hay exceso; 
lo malo es que no se entra sin Entrada, 
y á nadie se la dan sino comprada. 

No hay oro y no hay teatro, ^to es lo cierto; 
sin entrada se quedan en la calle; 
y después ¡ay! ¡el páramo desierto! 
¡El ciego mundo! ¡el lagrimoso valle! 
Qué valle, ni qué ciego, ni qué tuerto; 
échese á sí la culpa quien mal se halle, 
que á mí me haría el mundo Papa y Santo 
si yo tuviese lo que vale tanto. 



CANTOS DGL PEREGRINO 1G> 

¡Pobre de Rosas si en mi mano fueran 
cien talegas de plata mexicana, 
que en concierto de diez, diez veces dieran 
serenatas al pie de su ventana! 
Y pobres cuantos muros existieran 
de poder, de virtud, de gloria vana; 
si, para divertirme unos instantes, 
pudiese apedrearlos con diamantes! 

Bien, pues: el Cáelos del romance mío r 
es cual lo he retratado en este canto 
donde yo narrador prosaico y frió, 
por esto ó por aquello he entrado tanto. 
Uso ministerial fué este desvío; 
recordó al pecador y olvidé al santo 
tal es mi Carlos que, al placer ajeno, 
va sobre el Fénix para el mar chileno. 

El Fénix, es un barco nuevo y viejo, 
nuevas las velas, pero viejo el-casco, 
de lo que ni censuro ni me quejo 
porque no sólo el íénix da este chasco. 
Pero su andar en popa le festejo 
y justo en compararlo me complazco, 
con una vieja que remilga el talle 
cuando cree que la siguen por la calle. 

Pero fuerte, eso sí; bien que hasta ahora, 
virgen va de peligros y huracanes, 
cual aquella legión restauradora 
que por laureles dio á sus capitanes, 
fósiles raros, lo color de mora, 
y de algún pampa los sagrados manes, 
no con acero ni con plomo, muerto, 
sino muerto de viejo en el desierto. 

Su bandera es chilena, esto me encanta, 
pues sé que Chile y Carlos son gemelos; 



106 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

vistosas flores de vistosa planta, 
cuyas raíces están por muchos suelos. 
Carlos nació, cuando entre gloria tanta 
nació la libertad bajo los cielos 
Dellísimos de Chile, bajo el rayo 
que daba el sol del pabellón de Mayo. 

Noruego el capitán, Jhompson se llama, 
tendrá como treinta años: alto, grueso; 
rubio cabello y piel como una llama, 
y redonda la cara como un peso; 
derecha la nariz, de roja trama, 
é hidrópico de rhom corto el pescuezo, 
ojos chicos y azules, pero vivos 
y en desconfianza y en mirada activos. 

Las cuatro quintas partes de su vida 
ha pasado en el mar bien divertido, 
y quedóse á la fin de la partida 
en animal anfibio convertido; 
esta es chanza del mar muy conocida: 
igual prodigio fuera repetido 
en el señor Mackau, que llegó un día 
animalmente hasta la patria mia. 

Jhompson, pues, como el mar, ruge, atro- 

| pella, 
corre, brama, destroza, moja y arde; 
inventa con el diablo una querella, 
y hace de su valor soberbio alarde. 
Asi es el mar; un potro que domella 
y lo monta el muchacho más cobarde. 
Gigante que hace ruido con los brazos 
y sólo agarra tantos ó yerbazos. 

En cuanto á su ciencia^ no es por cierto 
nuevo Draker ni nuevo Magallanes; 
ni un continente encontrará desierto. 



CANTOS DEL PEREGRINO 107 

si acaso no le dan los huracanes 
contra unas rocas al buscar un puerto. 
En fin, es de esos muchos capitanes 
que, como muchos generales, anda 
á la merced de lo que Dios le manda. 

Pero Jhompson, al cabo es un buen hombre; 
es sin lluvia ni rayo un fuerte trueno; 
quiere con gritos obtener renombre. 
¿Y de Jhompsons, no vive el mundo lleno? 
En los hombres de tierra es sólo un nombro 
la franqueza leal, pero en el seno 
de los hombres de mar, es verdad lisa, 
sin doblez cual su enojo y cual su risa. 

Siempre honrado y sincero es un marino, 
y en los peligros siempre generoso: 
con la misma verdad que ofrece vino 
ofrece una puñada sin reboso; 
y fiado á los brazos del destino 
de tres cosas no más es ambicioso: 
de ver el puerto, de gastar su plata, 
y de volver borracho á la fragata. 

Embozado en su capa; envuelto el cuello 
en cachemira que á su bien amada 
velaba en otro tiempo el seno bello; 
á media noche, con la brisa helada 
que conmueve en sus sienes el cabello, 
oyó Cáelos de Jhompson la cansada 
historia de sus viajes y amoríos, 
debidas sus proezas á sus bríos. 

Y después de reir de la inexperta 
alma candida y niña del marino, 
de popa á proa la húmeda cubierta 
pasea silencioso el Peregrino, 



103 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

ante esa inmensa soledad desierta, 
con los golpes de mar crujiendo el pino (3); 
hasta que asoma entre la niebla umbría 
la débil claridad de un nuevo día. 

Y con éste, el concierto de preguntas 
de treinta pasajeros al piloto 
una á una insufrible, y todas juntas. 
¿Cuántas millas anoche? ¿Algo se ha roto? 
¿Vese tierra? Allí están, ¿no son las puntas 
de Malvinas aquellas? y no hay coto 
á tanto preguntar, si no se empieza 
por decir que el almuerzo está en la mesa. 

¡Qué miscelánea de hombres y mujeres! 
¡Qué Babel por fracción y por entero! 
Lector, si allí tú vas, allí te mueres. 
Mira, allí va un ministro brasilero 
con sesenta ó más años si tú quieres, 
apuntando prolijo el derrotero, 
para enviarle después al Instituto, 
de su humilde saber humilde fruto. 

Allí un doctor en leyes peruviano 
ígran profesión en el Perú, por cierto! 
lo mismo es cazador en el Océano 
ó pescador de red en el desierto. 
Va con un hijo comilón, malsano, 
sucio, tonto, durmiéndose despierto, 
y á quien doctor en cánones desea 
hacerlo el padre cuando grande sea. 

Allí, con su mujer su queso y vino, 
va un genovés; navegador tan ledo, 
tan guapo, según él, y tan marino 
que á Gama y Nelson compararle puedo. 
Mi buen Griaccomo. al dulce florentino 



CANTOS DEL PEIÍEGIUXO 109 

y al fuerte de Jerez grato les quedo. 
Ya no hay niás, es verdad, pero te juro 
que era el Jerez de lo mejor y puro. 

Allí van ¡esto sí! van comediantes, 
¡esta sí es buena gente en buen oñcio! 
Adonde ellos están, hay abundantes 
momentos de placer, que, excepto el juicio, 
todo sobra á estos reyes ambulantes, 
siempre francos, alegres, y en desquicio. 
Cómicos es lo que hay en esta vida 
cuando se tiene el alma desabrida. 

Bougainville, La-Pérouse,Cook; muy bueno, 
yo veré vuestros mapas otro día, 
mi bravo Franklin, esperad, sereno 
mañana admiraré vuestra osadía 
de jugar con el rayo y con el trueno; 
Herschel, después; la noche está sombría. 
mi querido Bonpland, tengo embarazo 
de acompañaros hoy al Chimborazo. 

Atrás toda la ciencia. Atrás la historia 
con su filosofía impertinente, 
para probarnos que la humana gloria 
pasa como los sueños de la mente. 
Atrás la inspiración y la memoria: 
atrás el hombre con su voz doliente; 
que todo esto ó es farsa ó es veneno 
si está enojada el ánima en el seno. 

En esas horas en que sufre el alma, 
y hay veneno sutil en cada fibra, 
y hay en el corazón salvaje calma, 
do es con la ciencia, no, que se nos libra 
<3e estado tan cruel; él se nos calma 
con un vaso de ponche, que equilibra 



110 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

el placer y el dolor, y más nos sana, 
si es en reunión de vagos charlatana. 



¡Mala moral! ¡Ideas perniciosas! 
¡Qué diablos! no soy yo quien las concibe; 
es la naturaleza de las cosas, 
y leyes fijas porque el hombre vive. 
Si ellas son sin moral y contagiosas, 
no es la culpa de aquel que las escribe; 
él mira el mundo, y lo que el mundo enseña 
ó lo apunta, ó lo copia, ó lo diseña. 

Carlos en medio, pues, de tanta gente 
no deja de pasar alegres ratos; 
y los instantes son, precisamente, 
en que los pensamientos más ingratos 
S3 agolpan como llamas en su mente. 
Entonces busca los amables tratos 
< > los francos y alegres comediantes, 
zozobrando el bajel y ellos cantantes. 

Alli ve á un rey de Atenas en camisa; 
á Escipión masticando unas galletas; 
comiendo charque á la princesa Elisa, 
y á la amante de Eneas en chancletas. 
Y todo esto, por fin, le causa risa, 
porque también son hombres los poetas, 
y en vez de echarse al mar y darse muerte 
la da cansado un puntapié á la suerte. 

¡Cuan rara y caprichosa es la fortuna! 
Entre esa multitud á quien aleja 
de sí la sociedad, porque importuna 
su vanidad, cuando su tez refleja 
como un cristal de transparente luna 
que ante su propia expectación la deja, 
Carlos, en otros días del pasado, 



CANTOS DEL PEREGRINO 111 

encontró el corazón más delicado. 

Así entre nubes se divisa un rayo 
desprenderse de pálido lucero, 
entre las noches lúgubres de Mayo 
cuando bate sus alas el pampero. 
Así entre el arrayán del Uruguayo 
suele ver admirado el pasajero, 
la blanca flor del aire derramando 
en hálitos de amor su aroma blando. 

Celina, el corazón del Peregrino 
te consagra un recuerdo de los mares, 
donde en pos de tu bárbaro destino, 
ya no lleva más bien que sus pesares 
Recuerdo de aquel tiempo cristalino 
perfumado de aromas y azahares, 
en que su hermosa juventud se abría 
para morir al despuntar el día. 

Pero ¡cuánto episodio majadero! 
¡Cuántas cosas he dicho y cuántas callo, 
por no poder decirlas como quiero! 
Y en este obscuro laberinto me hallo 
por darte gusto á ti, crítico fiero, 
de quien ya escucho el tremebundo fallo, 
que condena á galeras mi poema 
por faltarle unidades y sistema. 

Algún amigo mío. ¡Como es pura 
y noble la amistad en sus deseos; 
y fuerte, vive Dios, cual la armadura, 
que disfrazó á Ricardo en dos torneos! 
¿Qué es sin amigo humana criatura? 
Ostras sin Rhin, sandwich sin Burdeos, 
usa de vez en cuando una careta, 
pero esta es chanza que á ninguno inquieta. 



.12 0BUA9 DE JOSÉ MÁRMOL 

¡Viva mil siglos la amistad! Sin ella 
el mundo fuera un ambigú sin payo. 
Mas, ¡ay, amigos míos! por la estrella 
que guió los tros royes, por el bravo 
arcángel San Miguel, y por la bella 
virgen que nunca lie visto y siempre alabo, 
os pido que lleguéis á conocerme 
y que nunca mintáis por complacerme. 

Yo soy un hombre que tranquilo rompo 
■desde que niño fui cuanto lie querido; 
primero mis cometas y mi trompo; 
.mi cartilla después y mi vestido; 
y mi lengua después, y escribo pompo 
-si el consonante á trompo se me ha ido: 
■después mi corazón en mil pedazos, 
y del mundo después todos los lazos. 

Amo á mi -patria. La justicia adoro; 
amo la libertad hasta el delirio; 
tengo en el porvenir mis sueños do oro; 
«ufriera por mi Dios hasta el martirio; 
■amo hasta el polvo, pero nunca imploro 
•del jardín del amor ni un solo lirio; 
que yo también, al fin, una por una 
no quiero de sus flores á ninguna. 

¿Me traicionan? muy bien, venga la mano. 
Jl.1 tiempo de Luis IX me incomoda 
y ni papista soy ni luterano. 
Soy un hombre no más... así... á la moda; 
propio para soldado; franco y llano 
y que á todo en el mundo se acomoda. 
.¿Mandáis quemar mi pobre Peregrino? 
Allons diner; las paces con el vino. 

Y luego, antes de un mes, otro poema» 
Otra vez criticáis y otra vez brindo, 



CANTOS DEL PEREGRTXO 113 

"y cada cual porfiando con su tema, 
•ó al fin vosotros me arrojáis del Pindó 
-ó yo os regalo en él, de mi diadema, 
una hoja de laurel, y al fin os rindo. 
.¿Quién ganará? Veremos; por ahora 
"veamos qué hace Cáelos á esta hora. 

Hora de media noche; hora tranquila 
y lúgubre en el mar y en las aldeas, 
■donde, en pos de cenar, dormir se estila 
sin pensar en ventanas ni azoteas. 
Hora boba en el mar porque no asila 
Tii una sombra de amor si amor deseas 
jií una de esas (hechura de los reyes) 
orgias de mucho vino y pocas leyes. 

Esta es la hora de la vida en tierra; 
hora de intervención y de invasiones 
•contra el principio de la buena guerra 
y el derecho de paz de las naciones. 
;¡Oh, si saliera el sol cuando la tierra 
pido á su media noche los crespones! 
jHora sublime, en nombre de los sabios;! 
gracias y bendición te dan mis labios. 

Tú sola has hecho más por los humanos 
-que cuantas leyes hay y cuantas glosas 
de los libros sagrados y profanos 
•desque hay humanidad, leyes y cosas. 
Pero todo esto en tierra; en los océanos 
por desgracia de ti no hay más hermosas 
■que las salvajes ondas, cayo ceño 
¡si lo ve el corazón le inspira sueño. 

No es la hora, en el mar, del sentimiento, 
«como es aquella en que se apaga el día; 
Mármol. - 8 



114 OBRAS DE JOSÉ MARMOL 

pero es hora sublime al pensamiento 

y á los vuelos de la alta poesía. 

La vasta soledad, la sombra, el viento, 

chocando en el bajel la onda bravia, 

dan á la mente idefinible esencia 

de religiosidad y de conciencia. 

Un rayo incierto de lejana estrella 
que se quiebra en las ondas blandamente, 
es un alambre eléctrico que aquella 
pone entre Dios y el hombre de repente. 
¡Grandeza del Eterno; santa y bella, 
sombra del cuadro que inventó su mente! 
El Peregrino tu grandeza admira, 
y entre sombras y mar pulsa su lira. 



CANTO DEL PEREGRINO 



LA NOCHE OBSCUKA 

I 

Noche, misterio, soledad del alma 
¿quién habita tus ámbitos profundos, 
que en hálitos de amor vierte la calma 
por los perdidos solitarios mundos? 

¿Qué ángel en proscripción sus alas tiendo 
cuando oculta su frente el rey del día 
y silencioso los espacios hiende 
en nube melancólica y sombría? 



CANTOS DEL PEREGRINO 115 

¿Qué mágica campana el sueño advierte 
del Supremo Hacedor, que á sus acentos 
se apagan, como el soplo de la muerte, 
las luces y las ondas y los vientos? 

¡Noche, magnificencia indefinida! 
¿Qué humano corazón no ha suspirado 
sintiendo el peso de la ingrata vida 
en tu templo sin límites sagrado? 

¿Quién no ha pensado en Dios cuando derramas 
tu balsámica faz sobre los cielos, 
y á la conciencia á confesarse llamas 
bajo el crespón de tus obscuros velos? 

¿Quién te mintió jamás; qué labio humano 
no te contó del corazón la historia 
y algún pesar recóndito y tirano 
que vive torcedor de la memoria? 

¿Quién no ha sentido algún remordimiento 
bajo tu imperio, di, noche sombría? 
¿Quién no te hizo un noble juramento? 
¿Quién no lo ha roto con la luz del día? 

¡Noche, consolación! La vital trama 
la bañas de un amor puro, sin nombre. 
¿Por qué en su torpe confusión te llama 
madre del crimen la impiedad del hombre? 

Tú no lo inspiras, no; si acaso alguna 
fuerza extraña de su alma se lo inspira, 
no serán tus estrellas ni tu luna, 
ni la sombra sin fin que absorto mira. 

Te busca el criminal, porque alma insana 



116 OBRAS DE JOSÉ M¿ RIIOIj 

es cobarde si el brazo es temerario, 
pero también un templo se profana 
y no es padre del crimen el santuario. 

Si de sangre infeliz ves una mancha 
y torpes manos que el puñal oprimen; 
¡ay! que también á una beldad se mancha 
¡y lo bollo jamás inspira un crimen!... 

Tú no lo inspiras, no; tu sacra sombra 
tan sólo el canto y el amor inspira, 
que siempre inquieto el corazón te nombra 
y el son escuchas de la blanda lira. 

¿Qué poeta sus cantos inmortales, 
su ardiente inspiración, su tierno acento 
no ha debido á tus sombras sepulcrales, 
madre del corazón y el pensamiento? 

¿Qué amante corazón no ha palpitado 
entre los brazos do su bien querido, 
por tu silencio bienhechor velado 
por tu sombra benéfica escondido? 

Por sorprender en la insondable nada 
dijo Dios «Haya luz» y la luz fuera, 
y midió de una vez con su mirada 
el lugar de I03 mundos en la esfera. 

Y por mirar al alma en su misterio 
«Haya tiniebla», dijo, y de repente 
alzó ]a noche su eternal imperio 
y vio al alma dol hombre transparente. 

Paz de los mundos; soledad del alma, 
yo venero tu obscuro sacro manto, 



CANTOS DHL PEREGRINO 117 

porque siento con él nacer mi calma 
y la sublime inspiración del canto. 

En tus velos la historia de mi vida 
con sus penas, su llanto y sus amores 
desde mi juventud vive escondida 
coronada de espinas y de flores. 

No hay un solo recuerdo en mi memoria 
que no se enlace con tu nombre luego 
y á ti también te deberé la gloria 
si alguna vez á conquistarla llego... 

Espíritus sin cuerpo, misteriosos, 
que respiráis las auras de la noche, 
y bajáis á las flores silenciosos 
á desplegar las hojas de su brocho. 

Sílñdes que tocáis á mis cristales 
vagorosas en mil nubes de niebla 
y me cantáis en himnos celestiales 
los palacios y el Dios de la tiniebla. 

Fantasmas sin color ni forma humana 
que sorprendéis mis ojos de repente 
y en diáfana y fugaz sombra liviana 
al pasar junto á mí tocáis mi frente. 

Almas en confusión que por las salas 
corréis del Éter á la vista mía, 
y el aire que agitáis con vuestras alas 
el calor tibio de mi rostro enfría. 

¡Salud todos, salud! sois mis hermanos, 
mis hijos y mi ser... sabéis mi vida 
con su ambición, su amor y sus arcanos, 



118 OBRAS DE JOSÉ MARMOL 

en sus dorados sueños sorprendida. 

¡Ay! ¡cuántas veces de improviso os llama 
solitaria mi voz y en torno mío 
relámpago veloz el aire inflama, 
y muere y queda lóbrego el vacío! 

¡Y una voz y mil voces se difunden 
en tristes ayes y cantares bellos, 
y seres impalpables se confunden 
revolviendo en mi frente los cabellos! 

Y á su tacto se agolpan á mi mente 
escuadrones de altivos pensamientos, 
y arde como volcán mi joven frente, 

y ondulan como el mar mis sentimientos. 

Y cayendo en raudal celeste riego 
sobre mi herida fantasía inquieta, 
escribo con febril desasosiego 

y soy bueno, y sé amar, y soy poeta. 

Bendición sobre ti, del alma mía 
madre sensible y del amor y el canto; 
¡Ay! quién pudiera detener el día 
"bajo las orlas de tu negro manto. 



II 

Adonde del impío que con "blasfemo pecho 
de su Hacedor reniega por renegar de sí 
id, Genios do la noche, y del impuro lecho, 
atónito arrastradlo para que tiemble aquí. 

Aquí, dondo perdido desaparece el mundo 
llevando hasta la nada la humanidad en pos, 



CASTOS DEL PEREGRINO 119 

y en medio de las sombras y el piélago profundo 
se encuentran con el alma la Eternidad y Dios. 

Aquí, donde es un hombre lo que átomo invisible 
movido en estas ondas, dentro esta inmensidad; 
sintiendo estos abismos en su inquietud terrible, 
y el silbo de los vientos, bajo esta obscuridad. 

Y aquí donde es un hombre, porque su Dios lo manda, 
como su Dios potente, como su Dios, un Dios; 
y en medio de los mares y de las sombras anda 
burlando de los vientos el ímpetu veloz. 

¡La sombra solamente! ¡1 1 que anunció el diluvio; 
la que vendrá á los mundos con el clarín final! 
No vaga en el espacio ni fugitivo efluvio 
que anuncie la existencia del lampo universal. 

¡Las sombras y las olas! fantasmas y vestiglos 
los ojos y la mente por el espacio ven. 
¿Son estos los abismos do los errantes siglos 
del tiempo desprendidos al caducar caen? 

¿Acaso los ruidos gigantes que me aterran, 
en el caos de siglos los alaridos son 
de las generaciones que entre la nada encierran 
con su virtud, su crimen, su tiempo y su misión? 

¿Y las que ayer cayeron se agolpan y preguntan 
si de la herencia suya se conservó la fe, 
y las que se despeñan su vanidad insultan 
sardónicas gritando: «vuestro legado fué?» 

¿Acaso es de su reino la lóbrega caverna 
que habitan los etéreos espíritus del mal 



120 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

después que han apagado la mágica linterna, 
que alumbra de su paso la huella funeral?. 

¿De aqui salen, acaso, para el desierto campo> 
á convertirse en lenguas de fugitiva luz, 
y en medio á los sepulcros, al oscilar el lampo, 1 ]. 
en lívidas visiones en torno de la Cruz? 

¿Acaso ese ronquido que por las ondas vibra 
se escapa broncamente del pecho de Satán, 
que al sueño, entre las sombras, impávido se libra, 
mientras las ondas rudas sobre su frente dan? 

¿Acaso de estas ondas bajo la mole inmensa 
de ese ángel maldecido se esconde la mansión,, 
y con su lecho de olas el renegado piensa 
burlar hasta en los rayos su eterna maldición?* 

¿Incierta peregrina por tan obscuras salas 
de los antiguos bardos el ánima tal vez, 
y agita por el Éter sus vaporosas alas 
en medio de la densa tranquila lobreguez? 

¿Acaso todavía la humanidad contemplan 
y cuando de las nubes á saludarla van, 
se miran y en su mano las liras se destemplan? 
¡Homero! ¿Éntrelas sombras, suspiras con Ossian? 

Pasad del pensamiento; pasad, pasad, delirios,, 
que al desplegar mis alas entre ilusiones vi... 
Pasad, abismos, genios, fantasmas y martirios..- 
No hay más que la grandeza del Hacedor aquí- 

Señor, yo te comprendo: tu espíritu divina 
por la creación derramas en hálitos de amor: 



CAXT03 DEL PEREGRINO 12t 

la luz ) la noche, el viento, la mar, la rosa, el pino, 
y ol hombre y el insecto, todo eres tú, Señor. 

Señor, yo te comprendo; te siento entre mí mismo;: 
te miro en una gota del llanto matinal; 
te encuentro de estos mares en el obscuro abismo; 
te gozo en las delicias del beso maternal. 

Te siento en mi conciencia; te toco entre las flores; 
te escucho cuando ruge la ronca tempestad; 
te veo cuando asoman los plácidos albores; 
y ante tu faz me postro bajo esta obscuridad. 

Que vengan donde pulso las cuerdas de mi lira 
para saber qué es eso que apellidamos Dios;* 
para adorar su lisa, para temblar su ira, 
para postrar el alma y enmudecer la voz. 

Noche, misterio, soledad del alma, 
yo venero tu obscuro sacro manto, 
porque siento con él nacer mi calma 
y la sublime inspiración del canto. 

Por los mares atlánticos mecido, 
y al arrullo del viento y de las ondas, 
pulso mi triste lira conmovido 
bajo tus negras cavidades hondas. 

Mañana en otras tierras peregrino, 
la yerta tumba extinguirá mi canto; 
poro, atraído de tu imán divino, 
mi sombra se alzará bajo tu manto. 



CANTO QUINTO 



La tarde era tranquila. Silenciosas 
las olas con placer se deslizaban 
por los flancos del JFénix, que impelían 
del grato Abril las auras de la Pampa. 
Olas teñidas con azul celeste 
y como el cielo que las cubre, claras; 
que todo el mar de la templada zona 
no tiene de cruel sino la fama 
que pregonan los tímidos viajeros, 
cuando se ofusca de pavor su alma 
al mirarse en las ondas que atropellan 
del Patagón las solitarias playas. 

El cielo estaba limpio. Majestuoso 
el sol para su ocaso caminaba 
dorando con su luz los horizontes 
y de la mar el manto de esmeralda. 
Multitudes de pájaros gigantes 
negros como la noche, ó como el alba 
blancas, sus plumas, sobre el mar caían 
y á la popa del Fénix se agolpaban. 
Seguíanlo un instante, y de repente 
levantando del mar sus grandes alas 



CANTOS DEL PEREGRINO 123 

Volaban al Oeste fugitivos 

para alcanzar el -sol sobre la Pampa, 

donde el cañón del Plata, todavía 

no lia violado la paz de sus moradas (1). 

Todo era triste, religioso, dulce; 
es la hora en el mar que más nos habla 
en mudo melancólico lenguaje, 
el idioma benéfico del alma. 
Es la hora en el mar, del sentimiento; 
liora en que desfallece la esperanza 
como el sol en su ocaso: tristemento; 
como la luz crepuscular que exhala. 
En que sólo se avivan los recuerdos 
tristes de lo pasado. En que las almas 
en los brazos caen de la memoria 
sin valor y sin fuerzas desmayadas. 

Hora en que el navegante retraído 
reclinando la sien sobre las tablas, 
tiene fijos los ojos en el cielo 
y conversa tranquilo con el alma; 
ó con secreta voz, para sí mismo, 
algún romance de su patria canta; 
palabras que aprendió de su querida 
ó de los tiernos años de su infancia (2j. 
Es la hora del mar. Por sólo ella, 
bien se puede arrastrarla dura saña 
de las bravias ondas y los vientos, 
cuando Jas recias tempestades braman. 

Es la hora de amar (3). ¿Quién navegando 
bajo nubes de armiño, derramadas 
sobre infinito manto de zafiro, 
cuando del sol el horizonte guarda 
sus postrimeros pálidos fulgores, 
no suspiró por la mujer amada? 



12i OBRAS DE JOSÉ MARMOL 

¿ííq oyó á su corazón decir latiendo: 
«¡Si ella estuviera aquí!» y entusiasta 
la fantasía con pensarlo sólo, 
al par del corazón soñó mirarla, 
los rizos agitados por la brisa 
en los amantes brazos reclinada? 

Son misterios del alma indefinibles, 
ese imán, esos lazos que nos atan, 
cuando ama el corazón, á ciertas horas 
á ciertas perspectivas encantadas. 

Las horas indecisas de la tarde 
en que la Naturaleza arrodillada 
ruega al Dios de los mundos que la vuelva. 
esa luz bienhechora que se apaga, 
y en dulces, melancólicos suspiros 
parece que en el éter se derraman 
sus místicas plegarias, difundiendo 
paz y consolación para las almas, 
¡sólo el amor y religión inspiran; 
sólo de amor y religión nos hablan! 

Esas tranquilas horas de la noche, 
cuando la luna en el cénit descansa 
sobre plumas de cisne su cabeza 
y bella y melancólica derrama 
espirales de luz pálida y débil, 
cual suele una mujer abandonada 
ir noche á noche á reposar la frente 
sobre el mármol que cubre de su falta 
la yerta cifra y de su amante el crimen 
y solitaria y lívida suspira, 
¡sólo el amor y religión inspiran; 
sólo de amor y religión nos hablan! 

Las colinas, las aguas del arroyo, 



CANTOS D3L TEREGRINO 125 

los prados con sus mares de esmeralda 
y los anchos océanos, cuando apenas 
sus olas muellemente se levantan, 
¡sólo el amor y religión inspiran; 
sólo de amor y religión nos hablan! 

¡Bello y grande es correr sobre las ondas 
donde el alma sin límites se explaya! 
y ver la luna, el sol, y las dudosas 
horas de los crepúsculos, que bañan 
con sus pálidas luces tristemente 
del Océano la ondulante espalda! 
¡Y sentir de las olas el murmullo 
tranquilo y misterioso, como el alma 
en esas horas lánguidas, que late 
con las luces y el mar armonizada: 
y sentir por la frente deslizarse 
los hálitos del mar en tiernas auras 
refrescando la sien enardecida, 
como el aliento de mujer amada 
cuando duerme y suspira en nuestros Drazos 
al mundo criminal y al cielo casta! 

¡Cómo entonces se afinan en el pecho 
las ouerdas del amor! t Cómo en el alma, 
vivo laf© de un Dios que la examina! 
¡Cómo la Eternidad se muestra y habla! 
¡Cómo entonces se eleva el pensamiento 
más allá de la vida y de los vanos 
fantasmas de la mente; y las pasiones 
cómo en vez de crueles se hacen blandas! 

Todas las concepciones de la mente 
son grandes en el mar y son cristianas. 
Las más ricas creaciones de los genios 
son debidas á el. Byron es nada 
despojado de Harold, y necesita 



126 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

surcar los mares de la Europa y Asl< 
para crear sus seres inmortales 
entre los "brazos de las ondas bravas. 
La voz de Chateaubriand se olvidaría, 
puede ser, sin sus Mártires ni Átala 
y sólo los cantó, después que dijo: . 
¡Adiós! del mar á su adorada Francia, 
y las olas atlánticas mojaron 
de ese Cóndor francés las blancas alas. 

Es grande Ulises por el mar vagando; 
y el latino cantor su Eneas lanza 
al valladar inmenso de los mares, 
de tierra en tierra mendigando patria. 

Todo es grande en el mar, todo sublimo 
como las hondas de su hinchada espalda, 
como el rugido de sus hondos senos, 
como su inmensidad, como su saña. 

Y es fuerza que así sea. No se mira 
en redor sino á Dios, en las más altas 
ideas de su mente; y ante ellas, 
en la contemplación reposa el alma. 
La humanidad y el mundo se divisan 
por el prisma que forja la distancia, 
como á la gota de agua y sus insectos 
por el vidrio que el físico prepara. 
Lo indi Tidual se olvida ó desvanece 
y sólo en abstracciones se levantan 
los vuelos de la mente, comparando 
la grandeza de Dios quo la anonada, 
y el átomo que olvida su miseria 
y osa volar sin fuerzas y sin alas. 

Tan sólo el corazón desciende al mundo- 
ai mundo del recuerdo y de las ansias — 
y tierno y melancólico suspira 
por su Dios, por su amor y por sü patria. 



CANTOS DEL PEREGRINO 127 

Y Carlos ;ay!, mi joven Pegegkisto, 
alma por excelencia infortunada, 
mezcla de león y tórtola que abriga, 
hombre que si en titán se trasmudará 
y de lo alto del trópico mirase 

la tierra por sus mares inundada, 
y rodando á sus polos en las ondas 
los montes, las naciones y las razas, 
como el padre del Arca se hincaría 
en un místico canto á dar las gracias 
al dueño de la luz, diciendo ledo: 
<Así sea, Señor, aquí está mi alma.» 
¡Y hombre que sin querer empalidece, 
conmovido al aliento de las auras; 
que una lágrima empaña su mejilla 
cuando débil la luz del sol se apaga, 
y vaga una sonrisa por sus labios 
así que asoma (como virgen casta 
con su pálida tez y ojos brillantes, 
que mueve apenas la indecisa planta 
á encontrar á su amante, y su mejilla 
más se colora cuanto más avanza) 
la blanca luz del alba en el oriento 
y en pos de ella la aurora iluminada! 

Y á Carlos, ¡cuántos pensamientos bellos 
no le ha inspirado el mar! ¡Cómo su alma 
se ha gozado con él! ¡Cómo han caído 
lágrimas de sus ojos, solitarias, 

á perderse en las ondas, cual se pierde 
en un mar de rigores su esperanza, 
que tantos años suspiró á la orilla 
de la felicidad que ambicionaba, 
como un ángel sin alas sollozando 
junto á las puertas del Edén cerradas! 
¡Cuántos otros como él sobre los mares 
al mismo tiempo su infortunio cantan! (4) 



128 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Laureado cantor de nuestro Mayo (5), 
Várela, Alberdi, que la suerte ingrata 
por diferentes mares os conduce 
en igual tiempo, con igual desgracia 
como arrastra también al Peregrino 
lejos, muy lejos de la dulce patria. 
Hermanos en virtud y en sufrimientos, 
hermanos en valor y en esperanzas, 
también alguna lágrima ha caído 
de vuestros ojos por la patria amada, 
al cruzar solitarios los océanos 
en busca siempre de extranjeras playas. 
jTambién inspiraciones atrevidas 
habréis debido al mar, cuando calladas 
las horas de la tarde hayan movido 
de vuestro genio las hermosas alas! 

Guardadlas dentro del alma, 
guardadlas, que vendrá un día 
en que á la fortuna impía 
la postre su mismo afán; 
y nuestra sien levantemos 
más orgullosa y más noble, 
como se levantó el roble 
que lo inclinó el huracán. 

¡Día eterno de venganza! 
¿"De venganza? de justicia 
en que la mano propicia 
de Dios escriba la ley; 
y en que del labio de un pueblo, 
con la balanza en la mano 
la escuche hincado un tirano, 
en medio á su sierva grey. 

Hemos visto, los proscritos, 
nuestros juveniles años, 
bajo los cielos extraños 



CANTOS DEL PEREGRINO 129 

deslizarse á la vejez; 
hemos perdido las claras 
horas de nuestra existencia, 
batallando sin clemencia 
la miseria y la altivez. 

Hemos visto uno por uno, 
como en otoño las hojas, 
caer al plomo ó las congojas 
nuestros hermanos doquier: 
hemos cubierto su tumba 
con tierra del extranjero, 
sin lápida ni madero 
para el polvo guarecer. 

Hemos visto á nuestros padres, 
más de dolor que de viejos, 
decirnos: *Ya no más lejos, 
me falta la fuerza ya»; 
y bendiciendo á sus hijos 
pasar su alma á otras mansiones 
como el sol á otras regiones 
cuando en la tarde se va. 

Hemos visto al infortunio, 
en cuanta faz el destino 
puede lanzarlo al camino 
del hombre en la adversidad; 
que hasta la fuente del llanto 
agotando en sus enojos, 
arrebató á nuestros ojos 
la postrer felicidad. 

Hemos hecho — es menos fuerte, 
infierno, el tormento tuyo, — 
abnegación del orgullo 
si el honor supo quedar. 

Mármol.— 9 



130 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Que luchando brazo á brazo 
con la miseria la vida, 
cuando se cierra una herida 
queda otra para cerrar. 

Y la Esperanza ¡ay! de todos 
astro de aureola esplendente, 
nunca nos mostró su frente 
sino en incierto trasluz: 
cual estrella que á la tarde 
en oriente se divisa, 
resplandeciendo indecisa 
entre la sombra y la luz. 



Patria, reina del Plata. Águila fuerte 
que ayer en el plumaje de tus alas 
de la España y de Albión viste las balas 
anvolverse y caer sin ofenderte. 

Y bien, madre de glorias, hemos visto 
arrancar de tu sien palma por palma, 
con más espinas traspasada el alma 

que en la sangrienta cruz la sien de Cristo. 

Hemos visto, triunfante tu Tirano, 
al carro atar tu frente sin guirnalda, 
y á los golpes del látigo tu espalda 
sangre brotar para teñir su mano. 

Hemos visto sumirte embrutecida 
en un abismo de ignorancia y crimen, 
y al son de $U3 cadenas que te oprimen 
sin osarlas quebrar dormir tu vida. 

Y hemos visto también del continente 
los pueblos por doquier tender Lis alas 



•CANTOS DEL PEREGRINO _ 131 

á recibir las prometidas galas 

del rico porvenir que alza su frente. 

Y de la libertad la trompa de oro 
anunciar en la choza y los palacios, 
que de hoy más en su trono de topacios 
el labrador y el rey forman su coro. 

Y hemos, visto también que no limita 
en el siglo la vida de tu llanto, 

pues esos niños que acaricias tanto 
la sangre llevan de la grey maldita. 

Y una generación, como una madre, 
cuando el alma y el cuerpo tiene impuros, 
nunca se reproduce en hijos puros 

aun cuando el tiempo á mejorarlos cuadre. 

Mas si no de salud, pueblo argentino, 
el día vengador no está distante, 
en que se embote el golpe de diamante 
que descarga en tus sienes el destino. 

En que fulmine de venganza un rayo 
el dueño de la luz desde su trono, 
y de rodillas al vibrar su tono, 
se postren los apóstatas de Mayo. 

Y tus proscriptos la justicia eterna 
venguen más que tus penas y tu yugo, 
cuando al cortar el cuello á tu verdugo 
laven la mancha de tu frente tierna. 

Y ante la ley á compasión ajenos, 
porque es alguna vez tai virtud crimen,, 
en cuantos hoy tu libertad oprimen 

el fallo de la ley cumplan serenos. 



132 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

No desconfíes, no; vendrá esa hora; 
como tras largo estío, al suelo en llama, 
en fuentes de relámpagos derrama 
la tempestad su lluvia bienhechora. 

Hombres de nuestro tiempo, conocemos 
•que el bálsamo eficaz para tu herida, 
•está en la sangre de tu propia vida, 
y con tu mismo humor te curaremos. 

Y habrá en tu cénit tempestad y rayo 
que purifique al aire y limpie el cielo, 
para que en blanco y azulado velo 
se extienda el iris con la luz de Mayo. 

Ese día vendrá; lo espero. Entonce 
vosotros que en los brazos del destino 
vais doquier, cual mi joven Peregrino 
•oponiendo al dolor pecho de bronce, 

á quienes desde el mar he dirigido 
•estas palabras huérfanas de nombre, 
pero hijas, sí, del corazón de un hombre 
•el más infortunado y ofendido; 

de quien sólo á su patria llanto debe 
y lo da con amor sus bellos años; 
de quien sólo á los hombres desengaños 
y del dolor sin odio el cáliz bebe, 

vosotros hallaréis al Peregrino 
-cuando la libertad os llame al Plata; 
y de esas horas en que el mar retrata 
la vaga incertidumbre del destino, 

cuando al límite el sol de dos regiones 
:niedio oculto en el mar, para una expira 



CANTOS DEL PEREGRINO 133 

y á punto de nacer otra lo mira, 
todos os contaréis las impresiones, 

ya del ansiado río en las arenas 
al claro de la luna en noche hermosa, 
ya en el hogar junto á la tierna esposa 
con la amistad de las comunes penas. 

Y una lágrima acaso... Basta... ignoro 
cómo he dejado deslizar mi pluma, 
y de penas pintar tan larga suma 
queriendo hacer llorar porque yo lloro. 

Quise sólo de un mar dar un saludo 
á vosotros que veis mares diversos, 
y he escrito ¡vive Dios! doscientos versos 
en cosas que mejor es estar mudo. 

¡Episodios! manía de mi musa 
que enlazada anda siempre á mi manía 
de libertad para la patria mía, 
cosa que ni la entiende ni la usa. 

Sabe hoy de ella, como sabe el necio 
de los autores que ignorante cita, 
¡oh Corneille! ¡oh Voltaire! ¡oh Byron! grita 
y al oirse silbar grita más recio. 

Su nombre, ¡oh, eso sí! de gente en gente, 
cual de champagne en líquidos cristales " 
se deleitan los labios virginales 
en la aromada espuma solamente. 

Y vaya esta figura en verso tierno 
porque al fin es mi patria de quien hablo, 
que si no habría dicho: «Como el Diablo 
nombrando á Jesucristo en el infierno». 

Mas de mis episodios insufribles 



184 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

tiene la culpa mi adorada rima, 
que caprichosa mis caprichos mima 
con encantos á mi alma irresistibles. 

En la noche jamás tomó la pluma 
habiendo antes pensado, y con la aurora 
no la dejé jamás sin que sonora 
la rima me embriagara en buena suma. 

De deliciosos versos los oídos, 
son para mí la dulce melodía 
con que Platón al despuntar el día 
llamaba á sus discípulos dormidos. 

Un verso dulce, espirituoso, terso; 
si ser dueño de todo yo pudiera, 
quiero decir, si Soberano fuera, 
cambiaría dos hombres por un verso. 

Por amor á la rima es que amo tanto 
á todas las mujeres que son bellas; 
porque una de la otra y todas ellas 
los consonantes son de un solo canto. 

No te rías, lector, todo consuena: 
una hermosa mujer no es otra cosa 
que el consonante puro de otra hermosa 
cual la palabra ajena con la buena. 

Diversas nada más las iniciales. 
Negros, azules, tiernos, brillantinos, 
¡qué diablo! todos son ojos divinos 
con iin mismo poder en sus finales. 

Unos hieren el alma poco á poco, 
otros con más poder súbitamente, 
pero todos acaban igualmente 
por nos dejar ol pensamiento loco. 



CANTOS DEL PBREaRINO 135 

Y por ella también en este canto 
la estricta regla de unidad se olvida, 
que á imitación de viuda condolida 
he soltado la risa en pos del llanto. 

¡Ah! tengo dos razones; y es la una, 
que de todas las reglas más en regla, 
la única que poseo es la que arregla 
mi vida y mis poemas sin ninguna. 

Y á f e que es la mejor por todos lados, 
y es la mejor porque la siguen todos, 
desde el diluvio hasta los viejos godos 
señores bien en regla desreglados. 

Mas ¡las reglas! ¡ah! ya. Cosas del mundo, 
un posma un poema, hombres los hombres, 
y todo lo demás nombres y nombres 
más estéril, al ñn, el más fecundo. 

Más allá de la muerte, los rigores 
de Nerón, Roma maldecir debia, 
pues bien, murió Nerón y al otro día 
sobre su tumba se encontraron flores. 

Mi segunda razón (razón y media) 
que quise hacer lo que en Madrid se estila, 
que dan por si se anubla la pupila, 
un sainete después de una tragedia. 

Mas diré mi creencia llana y lisa: 
la digestión del Español es buena, 
y antes de divertirse con la cena, 
su estómago preparan con la risa. 

¿Y dónde hemos dejado el Peregrino? 
Contemplando en el mar la luz sombría 
que deja el claro luminar del día 
al terminar su espléndido camino- 



136 OBKAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Mentira pasajera de una llama 
que se ha extinguido ya... así una risa 
en un pálido rostro se divisa 
rota ya del placer la frágil trama. 

¿Mas, por qué asoma al contemplar la tarde 
una gota á su lánguida pupila, 
que en el párpado trémula vacila 
de sensibilidad haciendo alarde? 

¿Por qué? porque las horas 
de Carlos son aquellas 
en que la tarde vierte 
su parda claridad, 
y aquellas en que bañan 
la luna y las estrellas 
de pálidos colores 
la quieta inmensidad*. 

Con ellas enlazada 
la historia de su vida, 
suspira al contemplarlas 
su triste corazón; 
y escucha por el éter 
la voz de su querida 
en la primer palabra 
de su primer pasión. 

De aquella criatura 
destello de los cielos 
aurora que asomaba 
con la postrera luz; 
á repetir temblando 
su amor y sus recelos, 
ante la faz sagrada 
de misteriosa cruz (6). 



CANTOS DEli PEREGRINO 131 

Y todo cuanto bello 
lo encadenó á la vida, 
las horas de la tarde 
le traen al corazón... 
La luz se desvanece, 
y pulsa conmovida 
la lira, de las ondas 
al misterioso son. 



CANTO DEL PEREGRINO 



CREPÚSCULO 

Con el color de la torcaz y el lirio 
tranquillas nubes el espacio pueblan, 
y allá el confin del horizonte inundan 
ondas de fuego que en la mar reflejan. 

Guardado el rostro en azulados velos 
cae á su ocaso la vital lumbrera, 
pero el cabello destrenzado, flotan 
en sierpes de oro sus brillantes hebras. 

Púrpura y oro en el ocaso brillan 
entre celajes de enlutada niebla, 
como entre el manto de la negra duda 
los bellos sueños do la edad primera. 

Púrpura y oro en el ocaso brillan; 
y frente á frente de la luz postrera 
paso tras paso con semblante adusto 
la obscura noche al firmamento trepa. 



138 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Así las esperanzas alumbraion 
mi joven corazón; así con ellas 
la gloria y el amor se reflejaban 
sobre las flores de mi incierta huella. 

Así vino después, como la noche, 
el desencanto á obscurecer la senda; 
y de gloria y de amor y de esperanzas 
un crepúsculo vago se conserva. 



CANTO DEL PEREGRINO 

DESENCANTO. 

I 

Mi sueño de oro 
en noche ingrata, 
¡ay! fué del Plata 
la libertad; 
y de mis ansias 
el paraíso, 
¡ay! fué el hechizo 
de la beldad. 

II 

Mas ¡ay! mi patria 
recuerda apenas 
que entre cadenas 
su cuello está; 
y acostumbrada 
la sien al yugo, 
ni á su verdugo 
maldice ya! 



CANTOS DEL PEREGRINO 139 

III 

Mas ¡ay! el astro 
de mis amores 
sus resplandores 
obscureció; 
y entre las sombras 
del desencanto, 
mi postrer llanto 
se deslizó. 

IV 

El alma tibia, 
Hoja la mente 
indiferente 
muevo mi pie; 
que en lo más hondo 
del pecho mío, 
dejó un vacío 
mi yerta fe. 

V 

Cual verde rama 
que el viento quiebra 
y en débil hebra 
cayendo está, 
así mi vida 
se tiene leve, 
en soplo bró , r e 
que vuela ya. 
VI 

Y no del Plata 
la luna hermosa, 
dará en mi losa 
pálida luz; 



OBRAS DE JOSÉ MARMOL 

y no en mi pobre 
tumba extranjera 
habrá siquiera 
benigna cruz. 

VII 

Bello es el mundo, 
bello es el día, 
y el alma mía 
la eternidad: 
alma que late 
desencantada, 
en su rosada 
temprana edad. 



Y el arpa del Peregrino 
enmudeció el desencanto, 
interrumpido su canto 
por un ¡ay! del corazón... 
Descansó el rostro en su manos 
y desagotado el seno, 
alzó la sien más sereno 
y cantó en lúgubre son. 

Canto sentido — del alma — - 
imagen fiel y sombría 
de la palidez del día 
que vio morir en el mar; 
canto del que todo ha visto 
desparecer paso á paso, 
como se ve en el ocaso 
la lumbre crepuscular. 



CANTOS DEL PEREGRINO 141 



CANTO DEL PEREGRINO 



A EMILIA 

En cada instante de la triste vida 
liemos dicho un ¡adiós! á una esperanza; 
todo es ¡adiós! ¡adiós! y no se alcanza 
sino en la tumba el postrimer ¡adiós! 

Esta palabra en el dintel del cielo, 
nos la sentencia el Dios que nos destierra, 
y la vamos diciendo por la tierra 
en cada paso con oculta voz. 

Todo es ¡adiós! en el presente, todo; 
y la vida, vasalla del pasado, 
no tiene más derecho consagrado 
que el del recuerdo para más llorar. 

¡Emilia! ¿Dónde estás? Tu pobre hermano 
ya no parte contigo su destino 
y huérfano, infeliz y peregrino 
suspira solo sobre el ancho mar 

Voláronse los plácidos momentos 
de nuestra infancia y juventud tranquila 
y el llanto nos empaña la pupila 
sin que uno al otro consolando esté. 

¡Ay, cómo te preciso! Más que nunca 
pesa en mis hombros mi cansada frente, 



142 ORRAS D3 JOSÉ MÁRMOL 

y sólo en torno mío extraña gente 
mi alma do quiera suspirando ve! 

¡Cómo he sufrido, Emilia! ¡Cómo sufr 
Don ese desamor amargó y frío, 
que contemplo doquier en redor mió 
sin ver mis lares ni escuchar tu voz! 

¡Cuan amargos, injustos desengaños! 
¡Cuánto mi corazón ha suspirado! 
Y tú no lo sabrás, pero ha llorado 
con agrio llanto tu postrer adiós. 

Y más y más la fortuna 
siempre ensañada conmigo 
vame llevando consigo 
¿adonde, hermana? no sé. 
Hoy por el mar batallando 
con viento y olas bravias, 
mañana con cerranías, 
por los desiertos después. 

¡Ah, hermana mía! ¡Si vieras 
qué pálida está mi frente, 
cómo enseña transparente 
la llaga del corazón! 
¡Qué marchito mi semblante, 
qué blancos ya mis cabellos! 
¡Ah, hermana! ¿Qué es de aquellos 
dulces instantes de amor? 

Pasaron ya. ¿Los recuerdas? 
pobres nacimos: ninguna 
sonrisa de la fortuna 
nos acarició jamás. 
Pero el pan de nuestra madre 
con su desvelo comprado, 



CANTOS DEL PEREGRINO 143 

comíamos á su lado 

sin lágrimas que enjugar. 

Pronto llévenosla al cielo 
pura, santa, idolatrada, 
y en orfandad desgraciada 
quedamos niños los dos. 
¡Cómo era buena! lloremos, 
lloremos siempre, mi hermana^ 
aquella madre tan sana 
tan pura de corazón. 

¡Aquella madre que al vernos 
pasar tan pobres la vida, 
iba á llorar escondida 
por no causarnos pesar! 
¡Ay, cuántas veces dormidos 
nos besaría en el lecho, 
hinchado de llanto el pecho 
y el labio sin murmurar! 

Solos quedamos, y vimoa 
nuestros juveniles años, 
siempre en medio á los extraños 
vivienda para los dos. 
Pero á lo menos tu risa 
con otra risa se hallaba, 
y mi lágrima encontraba 
otra lágrima de amor. 

Perdí mi patria. La vida 
comencé del peregrino; 
vida errante sin destino, 
sin horizonte, sin fin. 
Y en ese infortunio santo 
de los proscritos, ¡cuan bella 
resplandecía mi estrella 
desterrado i unto á ti! 



CANTOS DEL PEREGRINO 145 

ni manchas mi pura frente 
con la calumnia ¿es verdad? 
¡Oh! nunca, nunca. En el mundo 
í donde lloro desvalido, 
tú sola me has comprendido 
y tú me quedas no más. (7) 

Como yo nadie presentó á los hombres 
un corazón más candido ni puro, 
ni más limpio de mancha en tiempo impuro 
nadie tampoco mostrará la sien. 

Con raudales de amor el pecho mío 
del corazón las fuentes inundaba 
y del polvo hasta el sol se derramaba, 
siendo mi gloria y religión, querer. 

Mas ¡ay! hermana, me avergüenzo acaso 
del excesivo amor del alma mia. 
No puede aborrecer; pero está fría, 
desencantada, sin poder amar. 

Esos hombres que claman entusiastas 
el fraternal amor que en su alma sienten, 
todos mienten, hermana, todos mienten; 
cálculo siempre, pero amor, jamás. 

i 

- Nunca mi corazón buscó los hombres 

sin encontrar ingratos; un amigo 
tuve de la niñez; yo le bendigo, 
y no recuerdo su inconstancia, no. 



* Ni un hálito de amor debo á mi patria 
y todo cuanto soy debo á mí mismo: 
íué de grillos mi cívico bautismo 
y solamente mi esperanza, Dios. 

Mármol. — 10 



OBRAS ÜEJOSE MARMOL 

Seguiré los reflejos de mi estrella 
sin referir á nadie mi destino, 
y el que quiera alcanzarme en mi camino 
las flores coja que dejando iré. 

Si no me inspira el hombre, ¿qué me importa? 
Yo tengo el mar, las nubes y los vientos 
y un eterno jardín de pensamientos, 
rica corona de mi joven sien. 

Ahí está Dios y América la virgen; 
el Andes y su cóndor y su hielo; 
imágenes poéticas del cielo 
con que á la bella Libertad pinté. 

Ahí está el porvenir; en él mi patria, 
la patria rica de opulenta gloria, 
no ese rincón ingrato á la memoria 
que baña el Plata con vergüenza hoy. 

Pues hay inspiración, venga la lira, 
yo viviré burlando mi destino, 
y el que quiera alcanzarme en mi camino 
las flores coja que dejando voy. 

¡Adiós! mi adorada, mi sincera hermanaj 
¡adiós! y á tu amigo no olvides jamás; 
¡quién sabe si acaso te cuentan mañana 
que sólo en el cielo mirarme podrás! 

Yo sé que mi vida se exhala marchita 
cual flor en desierto que el sol abrasó, 
yo sé que la llama que el alma me irrita 
las fuentes de vida temprano secó. 

¡Quién sabe qué tierra me cubre extranjera! 
¡quién sabe si tiene mi tumba una cruz 
que en medio á la noche la parda lumbrera 



CANTOS DEL PEREGRINO 147 

alumbre tranquila con pálida luz! 

¡Feliz si entibiara la cruz de mi fosa 
el sol que en mi cuna doraba mi sien! 
¡Feliz si á su lado creciera una rosa 
del agua del Plata regada también! 

No olvides, Emilia, jamás á tu amigo 
y ten si le nombras orgullo de ti. 
¡Ay! ¡si alguien llevara mi nombre consigo 
no herede mi suerte pero mi alma si! 

¡Adiós! mi querida, mi sincera hermana, 
de en medio á las ondas te envío mi ¡adiós! 
si nunca nos une la suerte tirana, 
que el mundo te quiera, bendígate Dios. 



CANTO SEXTO 



Al Sr. Dr. D. Diógenes TJr quiza 



dedica él 



Sexto Canto del Pebegbino- 



Su amigo 



José MIhmoe» 



CANTO SEXTO 



A LA LUNA 

Duerme tranquilo el mar sueño profundo 
sin que agite su sien brisa importuna, 
y se levanta la redonda luna, 
como el ojo de Dios mirando al mundos 

Un finísimo rayo de su frente 
llega trémulo al borde del navio, 
y en la espalda del liquido sombrío 
se mueve cual bellísima serpiente. 

Al astro envuelve cenicienta nube, 
y de la lumbre de su frente luego* 
más el reflejo que la sombra sube 
y el linde dora en espiral de fuego. 

Sigue trepando en carro de diamantes 
al cénit de la bóveda azulada, 
y la sierpe se expande, y transformada 
queda en lago de chispas rutilantes. 

¿Qué mágico pincel pintar podría 
un solo rayo de su luz hermosa? 



OBRAS DE JOSÉ MARMOL 

¿En qué tinta el color encontraría 

de un arrebol entre una nube umbrosa? 

Si el dulce ruiseñor de Lo 3 Consuelos 
pisara este bajel, él te cantara, 
tímida virgen, en los altos cielos 
de suspiros y lágrimas avara. 

Y á su voz de letal melancolía 
murmurara de amor el mar sombrío, 
y en torno se agolparan del navio 
los peces á la dulce melodía. 



¿A quién buscas viajera de la noche, 
sobre este llano de aridez eterna, 
do nunca al rayo de tu luz tan tierna 
abre una flor su perfumado broche; 

do nunca una beldad triste suspira 
de su balcón en las heladas rejas, 
y al dar al viento sus sentidas quejas 
alza sus ojos y tu rostro mira; 

do nunca una mujer junto á una losa 
hincada llora su perdido fruto, 
pagando el triste maternal tributo 
bajo tu luz tranquila y misteriosa; 

donde no hay sino espacios infinitos, 
brisas que corren las llanuras solas, 
y el lúgubre quejido de las olas 
bajo los rayos de tu luz benditos? 

Gracias, ángel que velas los pesares, 
casta beldad de adormecidos ojos, 



CAÑÓOS DEL PEKEGRtXO 15'J 

tú calmas dulcemente los enojos 
del viajador errante de los mares. 

El conmovido mar se magnetiza 
tocado apenas por tu blanco rayo, 
y al contemplar su lánguido desmayo 
pliega sus alas con temor la brisa. 

Como genio del mar el bajel vuela, 
murmurando las olas mansamente, 
y el triste marinero alza la frente 
á ver tus rayos en la blanca vela. 

¡Bendita, entonces, tu tranquila lumbre, 
del sol ardiente pálida memoria! -v. 
Ella trae de nuestra misma historia 
recuerdos mil en grata muchedumbra 

Uno derrama silencioso llanto, 
otro canciones de su patria canta; 
pero todos recuerdan, virgen santa^ 
en el bajel bajo tu dulce encanto. 

Ya estás en el cénit; bendita seas. 
Ya iluminac la sien del Peregrinoj 
ya escucharás su amor y su destino 
cuando en tu rostro sus miradas voas^ 

Oyó, casta beldad, perla del cielo, 
el ¡ay! de un corazón que Dios no quiso 
que el molde original en que lo hizo 
diese otro semejante al triste suelo. 

Oye de su dolor las justas quejas 
en el albor de su infelice vida, 
y toque y cierre su profunda horid^ 
el dulce rayo que do Dios reflejas. 



154 OBRA& DE JOSÉ MÁRMOL 

Aquí desde un bajel perdidos llora 
amor y patria y juventud temprano, 
y al arrullo del viento y del Océano 
pulsa su lira y la esperanza implora* 

Es benigna tu luz, cual la mirada 
de tierna madre á desgraciado hijo, 
ven, y en su pecho su dolor prolijo 
cálmale con tu luz inmaculada. 

Su amante madre le robó la muerte: 
á su tierra natal la tiranía; 
y del mundo también la hipocresía 
robó su amor y su temprana suerte. 

Huérfano como el lirio del desierto 
lo abrasa el sol y el viento lo deshoja; 
ven, blanca luna, ven, y su congoja 
hable y suspire con tu rayo incierto. 



A LAS ESTRELLAS 



EN EL MAR 

Sobre la mar tranquila 

suavemente vacila 
la blanca luz de la lumbrera hermosa 

Rutilan las estrellas 

y el mar á todas ellas 
las duplica en su frente majestuosa. 

Alli están chispeantes 
los fulgidos diamantes 



CANTOS BEL PEREGRINO 155 

del manto azul del César de los cielos. 

Con quienes los querubes 

juegan entre las nubes 
sus luces apagando con sus velos. 

Allí está ese misterio 

del eternal imperio 
en todo su esplendor y poesía: 

allí están los puñados 

de mundos inflamados 
que tiró Dios sobre la noche umbría. 

Allí están, como fueran, 

cuando juntos cayeran 
á la urna sin fin del Universo; 

cual serán en la hora, 

en que anuncie sonora 
la trompeta final el día adverso. 

Allí están sin asiento, 

por el divino aliento 
suspendidos en medio del espacio, 

y con magia encantada 

arrastrando imantada 
á la mente sus rayos de topacio, 

¿Qué magnético encanto 

irresistible y santo 
hay en vosotras, trémulas estrellas, 

que robáis con cariño 

las sonrisas al niño, 
y al anciano recuerdos y querellas?' 

¿Qué relación existe 
entre este mundo triste 
y vosotras, alegres y radiantes? 
¿Qué tiene vuestro rayo 



156 OBRA S DB JOSÉ MÁRMOL 

con el mortal desmayo, 
con las penas del hombre palpitantes? 

Decidme: vuestra lumbre 
de grata mansedumbre 

¿tiene algo de común con los mortales? 
¿Vuestros rayos supremos 
acercan los extremos 

del hombre y de los seres divinales? 

¿O, cual dicen las fablas 
de las antiguas hablas, 

sois de todos clarísimos destinos, 
y cuando nace un hombre 
lleva un astro su nombre 

y le marca en la tierra su camino? 

Si lo sois, descubridme 
el misterio, y decidme: 

cuáles los astros son de los tiranos, 
y podré aunque de lejos 
maldecir sus reflejos, 

ya que no sofocarlos con mis manos. 

Y señaladme, cuáles 

con rayos virginales 
son los que alumbran la virtud sagrada, 

para poner mis sienes 

á recibir los bienes 
de su divina lumbre inmaculada. 

Enseñadme cuál fuera, 
quien á mi patria hiciera 

surgir brillante de su noche umbría; 
para clavar mis ojos 
en su rayo, y de hinojos 

veneración rendirle el alma mía. 



CANTOS DEL PEREGRIMO 157 

Y cual la roja estrella 
que sus rayos destella 

en su senda de lágrimas ingrata; 

para pisar contento 

sus rayos un momento 
en el agua ó cristal que los retrata. 

Y del triste destino 
del pobre Peregrino 

¿cuál es, decid, la inapiadada estrella? 

¡Ay! ¿será aquella acaso 

que se hunde en el ocaso, 
las ondas de la mar tocando en ella? 

¡Cuántas veces al lado 

de su idolo adorado, 
allá en las noches de su patria hermosa, 

«esa es nuestra, » decía, 

enseñando á María 
en el cénit azul la más preciosa! 

Y fijando, la bella, s 
sus ojos en la estrella, 

«que velen nuestro amor sus resplandores» 

decía en embeleso,^ 

recibiendo en un beso 
el premio á sus angélicos amores. 

¿Dónde están las dulzuras 

de esas horas tan puras 
deslizadas en tiempo cristalino 9 

¿Dónde el bello tesoro 

de los delirios de oro? 
¿dónde la juventud del Peregrino? 

¿Dónde está la querida 



158 OBRAS £>E JOSÉ MÁRMOL 

de su temprana vida? 

¿Dónde en el cielo la preciosa estrella? 
¡Ay! ¿será aquella acaso 
que se hunde en «1 ocaso 

las ondas de la mar tocando en ella? 



Viene el día 
quieto el cielo, 
no hay un velo 
ni un indicio 
de impropicio 
vendaval. 

Fresca brisa 
mueve el pino 
en camino, 
balanceando, 
coqueteando 
con el mar. 

Olas leves 
con espumas 
como plumas 
de rizada 
nacarada 
redondez, 

á los bordes 
de la nave 
en suave 
curso llegan, 
y se pliegan 
á su pie. 

Y del barco 
por las huellas 
cantan ellas 



CANTOS T>BL PEEEÍ&KrK© 

dulce canto, 
como llanto 
de torcaz, 

ó mormuran 
de que aliente 
quien valiente 
turbe el sueño 
halagüeño 
de la mar. " 



Ya ves© 
^ao sube 
la nube 
que forman, 
de pardos 
colores, 
vapores 
del mar. 

Y hendiendo 
á la fina 
neblina 
la vista, 
se puede 
la frente 
de oriente 
mirar. 

Un tenue 
rosado 
pintado 
se mira, 
al borde 
lejano 
del llaaió^ 
del mar. • 



160 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Y un arco 
de plata 
dilata 
sus luces 
en débil 
anillo 
de brillo 
fugaz. 



Aun en tinieblas 
tristes y solas, 
sobre las olas 
corre el bajel. 
Un día nuevo 
ya se divisa 
y fresca brisa 
viene con él. 

Es la paloma 
que se despierta 
y corre incierta 
por ver el sol: 
es el jilguero 
del Océano, 
que canta ufano 
el arrebol. 

En el velamen 
y los cordajes, 
forma paisajes 
la media luz; 
son la arboleda 
del mar desierto, 
do asoma incierto 
débil trasluz. 



Sobre la popa 
el Peregbino, 



•CANTOS DEL PEREGRINO 161 

ve el matutino 
suave color; 
su mies el alma, 
su hoz los pesares, 
y es de los mares 
el labrador. 



El alba una por una 
tipaga las estrellas, 
y pálida la luna 
■desmáyase con ellas. 

Y al borde de occidente 
•corre á ocultarse fría, 
por no mirar la frente 
del que ilumina el día. 

El que la da un tesoro 
•de pura luz preciosa, 
llega en su carro de oro 
"para mirar su hermosa; 

pero es mujer la luna, 
y es como tal, ingrata, 
sin compasión alguna 
con quien mejor la trata. 

Cual de virgínea frente 
la juvenil tersura, 
se esparce en el oriente 
bellísima blancura. 

Un rayo de la aurora 
la nitidez esmalta, 
y el cielo se colora 
y el agua se esmeralta. 

-lármol.— 11 



162 OBRAS DE JOSÉ MARMO.li 

La nave está plateada 
con un reflejo vago, 
y muellemente nada 
cual cisne sobre un lago. 

Y el joven Peregrino 
contempla indiferente 
un día sin destino, 
un alba sin oriente. 

Sus ojos al ocaso 
de vez en cuando gira, 
pero aun el tardo paso 
de la tiniebla mira. 

¿Qué quiere tras las solas, 
las únicas tinieblas? 
¿Qué maga de las olas 
procura entre las nieblas? 

¿Qué inspiración creadora 
su ojo en el -mar procura, 
que no está de la aurora 
bajo la luz tan pura? 

¡Ay! que en la ciencia sabe, 
y en el latir del pecho, 
que no pasó la nave 
la altura del Estrecho; 

y que la mar quebrada 
que al occidente viera, 
bien cerca y bien amada 
le anuncia una ribera!! 

Mudo su labio luego 
y hablando el corazón, 



CANTOS DEL PEREGRINO 163 

reza en secreto un ruego 
en tímida oración. 



ORACIÓN DEL PEREGRINO 



Gloria, Dios, que de tu boca 
á los hálitos fecundos, 
la nada brotara mundos 
y las tinieblas la luz! 
¡Grloria á ti, gloria á tu hijo, 
que en horas de sed y muerte 
vino á darnos agua y suerte 
con la sangre de la cruz! 

Bajo las bóvedas puras 
del templo de la mañana, 
postrada mi alma cristiana 
sube á ti mi corazón. 
Y en medio á los valladares 
solísimos de un océano, 
escucha, Dios Soberano, 
mi purísima oración. 

Perdón, Señor, para aquellos 
que olvidan tu santo nombre, 
y tu bendición al hombre 
que te busca en su orfandad. 
Tus ojos vuelve á este mundo 
que rueda en tiniebla umbría, 
y llegue á la patria mía 
un rayo de claridad. 



134 OBRAS DE J03E MÁRMOL 

Luz á mi patria, Dios buono, 
y el fuego de tu mirada 
sobre la tierra yermada 
seque la sangre infeliz. 
Paz y amor en mis hermanos; 
odio y penas al olvido; 
abrazo al que fué vencido; 
abrazo al que fué feliz. 

En sola una sien fulmina 
el rayo de tu venganza, 
pues si tu perdón alcanza 
fuera un crimen tu perdón. 
Los árboles lloran sangre, 
las rocas del Plata gimen. 
Señor, por tan negro crimen 
no ruega mi corazón. 

Y mientras llegan los días 
de paz y de amor benditos, 
vela, Señor, los proscritos 
en su santo padecer. 
Que unos al hielo del tiempo, 
y otros al de sus congojas, 
todos van viendo las hojas 
de la esperanza caer. 

Niños dejamos la patria, 
y vamos llegando á viejos, 
siempre en borrasca y más lejos 
del puerto de salvación. 
Nos va cubriendo uno á uno 
la tierra del extranjero. 
;¡Ay! ¡que la fe no es de acero! 
Tennos, Señor, compasión. 

Queremos paz y justicia, 



CASTOS DEL PEREGRINO 165 

¿no somos, Señor, cristianos? 
Maldecimos los tiranos, 
¿no os complacemos, Señor? 
Gloria ¡Dios! pues si el destino.- 
todo á mi patria ha robado, 
tu bondad le lia conservado 
en nosotros el honor. 

Y á mí que en batirmo se place el destino 
cual baten la nave los vientos y el mar; 
á mí que me cansa mi errante camino 
sintiendo la fuerza de mi alma cesar; 

A mí, Dios bendito, tus justos enojos, 
ya sé que no es mucha mi humana virtud. 
Castiga mi vida, mas no mis despojos, 
te pido en mi patria mi pobre ataúd. 

Abrió el alba sus puertas de plata 
sobre goznes de perla y topacio, 
y mostró de la aurora el palacio 
sostenido en las olas del mar. 
Sus jardines de luces esparcen 
muchedumbre de rayos por flores 
que matizan con tenues colores 
de los cielos el limpio cendal. 

Olas y olas y espacio do quiera, 
y en el centro del mar una pira 
cuya llama en boreales expira, 
en el cénit y al fondo del mar. 
Salve, espléndida virgen del día; 
maravilla que el mar atesora; 
¡ay, si el genio del mar se enamora 
en su amante tu rara beldad! 

Eres bella mirada en los campos 



OBRAS DE JOSÉ MARMOL 

entre cuna de bosques y lomas, 
nías, ¡cómo eres sublime si asomas 
sostenida en las olas del mar! 
¿Quién os pinta las mil espirales 
de esos juegos de luz diferente, 
cual las aguas de artística fuente 
que se escapan en giro fugaz? 

Allí están los colores del iris; 
allí brillan del ópalo aquellos, 
reflejando su luz todos ellos 
en la hermosa esmeralda del mar. 
Te descubres y el alma se. alegra, 
y en secreto se expande la vida, 
pues en ti y en las flores se anida 
misterioso un aliento vital. 

¡Ay, de aquel que al mirarte no siente 
de esperanzas y amor un destello 
y de Dios no comprende lo bello 
cuando doras los cielos y el mar! 
Son los lazos del hombre y el ángel, 
de la aurora los bellos colores, 
la armonía, la tarde, las flores 
y la casta y risueña beldad. 

¡Salve, salve, magníñca aurora, 
cabellera de alado querube 
que esparrama sus rizos, y sube 
de bañarse en el centro del mar! 
Allí está un laberinto de rosas; 
allí cisnes en lago azulado, 
salve, salve, bosquejo alumbrado 
del jardín primitivo de Adán! 

Que no invada tu plácido alcázar 
el soberbio monarca del día, 



CANTOS DEL PEREGRINO 167 



jay! que entonces la bella arquería 
cae deshecha en las olas del mar! 
Que sus rojas oleadas de rayos 
no derrame en tus suaves jardines 
¡ay! que entonces los blancos jazmines 
y las rosas quemadas serán! 

Sí, conserva tu ramo de luces 
en su hermoso jarrón de esmeralda, 
y una flor llevará á su guirnalda 
quien recoge las flores del mar. 
Quien con alma y con ojos cansados 
teme al sol y las sombras adora, 
y la luz la procura en la aurora 
ó en la tarde, la noche al llegar. 



Ya la candida luz de la mañana 
despareció en los límites de oriente, 
y en su pomposo pabellón de grana 
descubrió el sol su poderosa frente. 

Ya perdióse la plácida y tranquila 
cambiante luz de la risueña aurora, 
y al fijarse en oriente la pupila, 
herida por el sol trémula llora. 

Así se desvanece al puro y tiernt» 
primer albor del corazón humano, 
cuando de las pasiones el infierno 
alza en el alma su poder mundano. 

Eres creador, ¡oh sol! en tu camino 
hombres y mundos con placer te miran; 
gracias por los demás. El Peregrino 
sólo canta tus rayos cuando expiran. 



168 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Ama la tarde como busca y ama 
en pudorosa virgen la tristeza, 
y á su alma choca tu radiante llama 
corno mujer de lúbrica belleza. 

Foco eterno de luz, padre del día, 
el mundo adora tu esplendente huella,, 
gracias por los demás: Cáelos daría 
cien soles como tú por una estrella. 

Ostenta el genio sus lujosas galas 
en el tranquilo reino de la noche; 
el amor y la fe baten sus alas, 
y abre la flor su delicado broche. 

Carlos contempla en tu brillante imperio» 
la inspiración de su alma sin colores, 
llorar su amor la ausencia del misterio, 
y heridas por tu luz morir las flores. 

Es un hombre no más bajo tu lumbre,, 
y en medio de la noche es un poeta: 
lo arrastra con tu luz la muchedumbre, 
y es sólo y ángel en la noche inquieta. 

Jamás le diste inspiración ninguna. 
ni hojas de mirto á su secreta historia,, 
y debe al rayo de la blanca luna 
mucha felicidad y mucha gloria. 

Pasa sobre el cénit, rey de los astros,, 
baña de luz tu espléndido camino, 
que no hecha flores en los claros rastros- 
el obscuro y altivo Peregrino. 



CANTOS DEL PEREGRINO ICO 



CANTO DEL PEREGRINO 

SÚPLICA 

Espíritus del alma que conducís la mente 
con misteriosas alas más lejos del presente, 
más lejos de las cosas que nuestros ojos ven; 
y donde ya la lumbre del porvenir vacila, 
y donde con su rayo no alcanza la pupila, 
llegáis y con vosotros el ánima también: 

Venid, y arrebatada mi herida fantasía, 
que llegue en vuestras alas hasta la patria mía 
tras las obscuras rocas que miro en confusión. 
Son ellas de mi patria la poderosa mano 
que en el confín detiene las ondas del Océano 
para escudar los prados que habita ei patagón. 

Arrebatadme el alma para poder de hinojos, 
reverenciar la tierra que niegan á mis ojos, 
empero que es mi patria, la dicha de mirar. 
Y pueda con la mente palpar esos parajes, 
de virgen poesía magníficos paisajes, 
que están tras de las rocas que miro desde el mar. 

Y pueda con la mente mirar en sus regiones 
aquellos colosales soberbios patagones, 
sin freno dominando su indómito corcel; 
y cual la rauda flecha de su carcax de cuero, 
y cual las raudas alas del silbador pampero, 
pasar de los desiertos el último dintel. 



170 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

En su tostada frente las coloradas plumas 
y piedras cristalinas que cubren las espumas 
del mar que se derrama por el Estrecho allí: 
en el nervoso brazo la desmedida lanza; 
y en los desnudos hombros el ancho quillapí. 

Y verlos en la tarde, cuando la tribu acampa 
de soledad rodeada sobre la inmensa pampa, 
huyendo á su presencia los potros y el yajá 

y verlos sin .cuidarse de huella ni de rastro, 
confiados en su marcha, del brillo de algún astre 
que asoma y con su rayo la brújula les da. 

Y verlos levantarse, con su salvaje calma, 
y al lomo de sus potros cual á segura jalma, 
saltar y estar el hombre clavado al animal. 

Y luego como el viento cruzar rápidamente 
su patria — los desiertos,— do queda solamente 
de América su madre la forma original. 

Su patria — -los desiertos, — de cuya vasta orilla 
no osó ir más adelante la gente de Castilla 
para matar sus hijos en nombre de la cruz, 
O acaso para darles la lengua que no escucho 
ni el arte ni las ciencias, y que dejó por mucho, 
por único recuerdo de bienes y de luz. 

Y pueda con la mente llegar hasta la roca 
donde se quiebra el Andes y en el Estrecho toca 
de su cadena inmensa como último eslabón. 

Y ver sobre la tierra donde nací la vida 

la frente de los Andes quebrada y abatida, 
rindiendo á los desiertos honor y admiración. 

Y pueda de una en otra por las montañas largas 
gue el rayo de la aurora reciben en sus bargas 



CANTOS DEL PEREGRINO 171 

correr las cordilleras que por mi patria van; 
hasta que llegue al- pico soberbio de Aconcagua 
donde fermenta eterno, dentro profunda fragua, 
para quemarlas nubes el sin igual volcán. 

Y cerca de los cielos, del cráter á la orilla, 
sobre la eterna nieve doblada la rodilla, 
saludaré entusiasta la patria en que nací. 
Y lleno de recuerdos ó inspiración entonce, 
pulsando las bordonas de mi laúd de bronce, 
la gloria de sus armas le cantaré de allí. 

La gloria, que al reflejo de sus fulgentes brillos 
deslumbrará en diez siglos el león y los castillos 
que el godo levantara por símbolo español, 
cuando al brillar el oro del estandarte ibero 
los otros apagaban su brillo pasajero, 
cual hacen las estrellas al asomar el sol. 

Que porque son doradas las hojas de su historia 
mostrando en cada letra de su opulenta gloria 
que en españolas venas no hay sangre sin valor, 
fué grande de mi patria la coronada hazaña 
de haber hecho pedazos el pabellón de España, 
cercada de adalides del castellano honor. 

Mirad de ese Aconcagua sobre el cristal de hielo, 
do paran sin aliento los cóndores el vuelo, 
la conocida huella del argentino pie. 
Corred para mirarla también en Uspallata, 
que no es el argentino la cordillera, ingrata, 
como los anchos valles que el occidente ve. 

Sobre ella palpitaron valientes corazones 
marchando por la nieve soldados y cañones, 
haciendo entre las nubes el pabellón lucir. 



172 OBRAS DE JOSÉ MARMOL 

Y encima de los Andes — con hecho sin segundo, — 
jugando iba mi patria, del porvenir de un mundo, 
los dados que debieran la suerte decidir. 

Afronten mis pupilas, el descubierto rayo 
que se quebró algún dia sobre el fusil de Mayo 
que hería de los cielos el transparente tul; 
y atónitas contemplen los hondos precipicios]) 
por do bajó al impulso do santos sacrificios, 
para cubrir ingratos; el pabellón azul. 

Desde Aconcagua puedan los ecos de mi lira, 
á Chile que grandezas y libertad respira 
de Chacabuco hablarle y hablarle de Maipú; 
y un eco discurriendo del Ancles por la cima 
repita entre cien otras las de Ayacucho y Lima, 
mezclando entro victorias Colombia y el Perú. 

¡Mas. eh, la patria mía se paga con su gloria! 
Frió sola en otros tiempos, y sola en la victoria, 
mañana á sus tiranos abatirá la sien... 
Yo cantaré en la cumbre de los altivos Andes, 
la fe que sostuviera los corazones grandes 
de los que ya á sus plantas los luminares ven. 

Yo cantaré victorias sin pronunciar enojos; 
yo miraré los pueblos, sin iluminar mis ojos, 
que tras la Cordillera sobre la mar están, 
y el porvenir de todos saludaré en la cumbre, 
bañado de otros tiempos en la fulgente lumbre, 
mientras despido aquellos que túrbidos se van. 

Y en tanto que mi lira sobre Aconcagua loa 
los pueblos que salpican las ondas de Balboa, 
por el clivoso hielo mi espíritu escurrid; 
y baje la montaña por la argentina grieta 



CANTOS DEL PEREGRINO 173 

que toca con sus valles Mendoza la coqueta 
bajo el dosel dormida de su frondosa vid. 

Y allí sobre los campos por bendición opimos, 
cubriendo mi cabeza dulcísimos racimos 

y oyendo de las fuentes la armónica inquietud; 
mirando por el Andes bajar la caravana, 
y entrando por el llano la tropa tucumana, 
con cuerdas de mi patria rasonará el laúd. 

Y acaso á sus sonidos la esbelta mendocina 
con sus cabellos negros y tez alabastrina, 
del trovador al lado se acercara gentil; 

y juntos, á la sombra de perfumada parra, 

se pierda entre las hojas el son de una guitarra 

pulsada dulcemente por manos de marfil... 

Espíritus del alma, llevadme todavía 
más lejos, sí, más lejos, que hoy quiere el alma mía 
correr sobre mi patria y en ella respirar. 
Llevadme, que son muchos mis años de proscrito; 
los años que las playas del extranjero habito, 
las puertas de mi patria rondando sin entrar. 

Llevadme, que es amarga la miel del extranjero; 
sus días no son claros ni el aura lisonjero; 
sus frutas son muy agrias y pálida su ñor. 
Llevadme, que en su aurora mi vida se acongoja 
perdiendo cada día su flor hoja por hoja 
que se las lleva el soplo del frío desamor. 

Paseadme por los valles, y al claro de algún astro 
mostradme esas lagunas, cual platos de alabastro 
con aguas que se entibian al pie del Limarí; 
llevadme hasta la Arauca sin miedo que peligre; 
que el tigre de la pampa mató al llanero tigre (1) 
hiriéndole, dormido, con rudo frenesí. 



174 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOI 

De Oatamarca rica, de Salta la gloriosa 
llevadme hasta los "bosques donde la luz se e rabosa; 
bañadme en esos ríos que incógnitos están; 
con flores de cien prados tejedme una guirnalda, 
y pues estoy dormido con sueños de esmeralda 
bajadme á los jardines del fértil Tucumán. 

Del naranjal espeso bajo la fresca sombra 
dormido reclinadme sobre la blanda alfombra 
de nardos que codician las jarras del Edén; 
y cuando me despierten las aves bacanales, 
cubierto me contemple por dulipáií y chales 
de azahares que cual lluvia del naranjal caen. 

Y en tanto que en las ramas murmuran las palomas, 
y los jilgueros trinan en las doradas pomas, 

y están las mariposas besando el alhelí, 
presenten á mis labios la perfumada mora, 
de la colmena blanca las mieles que atesora, 
jugosos arrayanes y el dulce piquillí. 

Y vibrará mi lira dulcísimos sonidos, 

que embriaguen cual embriaga los ávidos sentidos 
la lúbrica belleza que ostenta Tucumán; 
jardín con laberintos de luces y de grutas 
donde se guardan flores y pájaros y frutas 
en mesas de esmeralda que las praderas dan. 

Llevadme; que yo pueda gozar en la belleza 
del único tesoro de la naturaleza 
que al suelo de mi patria le regalara Dios, 
y allí bajo tan dulces y suaves impresiones 
olvide mis pesares, y sienta mis pasiones 
hablar al pecho mío sin tan pujante voz. 

Un poco más de vuelo y en vuestras raudas alas, 
y revestida el alma de flores y de galas, 



CANTOS DEL PEREGPINO 175 

por compasión llevadme donde mi cuna fue, 
y cual se olvidan qnejas á ]a mujer querida 
de sus amantes ojos bajo la luz de vida, 
mis años de destierro, mi llanto olvidaré. 

Bajad por las corrientes que el Paraná desata, 
y la hallaréis á orillas del caudaloso Plata 
la música escuchando de su gigante voz. 
Allí do se contemplan los claros horizontes 
y la mirada hiende sin tropezar con montes 
que tuerzan á los vientos en su ímpetu veloz. 

Allí donde levanta su frente descubierta, 
como águila parada sobre extensión desierta 
que mide con sus ojos el circular confín; 
como de extensa plaza sobre el marcado centro, 
para mirar si llega quien le vendrá al encuentro 
pasea sus miradas el noble paladín. 

Del alto San Isidro sobre las verdes lomas, 
do llegan de sus bosques rodando las aromas 
y del jazmín del aire la esencia virginal, 
sus diecinueve torres descubriréis sombrías 
como fantasmas negros que de las ondas irías 
levantan de improviso su cuerpo colosal. 

Allí está Buenos Aires; el vaso de esmeralda 
que guarda transparente las joyas y guirnalda 
que relumbraron antes en la Argentina sien; 
allí está más hermosa con su desgracia misma 
la inconsolable viuda que en su dolor abisma, 
el ángel que ha dejado las puertos del Edén. 

De allí se levantara la estrella que siguieron 
por montes y desiertos los pueblos que salieron 
á ver el nuevo Cristo del mundo de Colón. 



173 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Y siempre caminando tras su fulgente rayo 
el Cristo descubrieron que les predijo Mayo, 
en cuna de banderas, al lado del cañón. 

Y todos el bautismo tomaron en la fuente 
que el Plata les llenara con rápida corriente, 
y toda fué bendita la americana grey; 
y fuera para todos su religión segunda 
la Libertad del Plata, benéfica y fecunda, 
su nuevo Jesucristo, su prometido Rey. 

Velando de la patria la sacrosanta pira, 
los triunfos del guerrero cantaban en la lira 
los bardos inspirados bajo la patria luz. 

Y allí está el primer templo que al porvenir recuerda 
donde vibró primero la americana cuerda 

los verdaderos nombres de Libertad y Cruz. 

Con blancas vestiduras y Celestinos lazos 
las madres levantaban sus niños en los brazos 
para cantar á Mayo cuando naciera el sol, 
y allí fué la primera generación que toma 
de Libertad y Glorias americano idioma, 
su corazón pasando por límpido crisol. 

Allí venid conmigo, bellísimos delirios, 
yo quiero iluminarme con su millar ele cirios 
en medio de la santa grandiosa catedral. 
Yo quiero, pues que vuelvo junto á mi tierna madr& 
dar gracias de rodillas al justiciero Padre, 
donde mojó mis sienes el agua bautismal. 

Salid do la memoria, recuerdos punzadores, 
yo quiero dentro el alma fraternidad y amores 
cuando hoy toca mi planta la tierra en que nací. 
Al pie de la columna de nuestro Mayo santo, 
de paz y de esperanzas elevaré mi Canto... 
¡Señor, mi peclio late, la inspiración en mí! 



CANTOS DEL PEREGRINO 177 

Venid en torno mío, bellísimas mujeres, 
en cuya boca juegan la risa y los placeres, 
en tanto que en el pecho cobíjase el pudor. 
De quienes la cintura las sílfides envidian, 
y cuyo pie las gracias por conquistarle lidian, 
y cuya tez da celos al matinal albor. 

Venid é iluminadme con la pupila negra 
á cuyos dulces rayos el corazón se alegra 
como á la luz que vierte la luna sobre el mar; 
venid, hijas del Plata, con ramos de jazmines 
y rosas' que en la tarde tomáis de los jardines 
que vuestras lindas manos se esmeran en rega*r. 

Venid y coronadme.— Yo soy el Peregrino 
que andando en otras tierras en pos de su destino 
cantó de Buenos Aires las glorias y el honor; 
venid y vuestros ojos con su apacible lumbre 
inspiren á mi lira preciosa muchedumbre 
de acentos perfumados con ámbar del amor. 

Yo he visto en mi destierro mujeres hechiceras; 
mas recordando luego del Plata las riberas 
he dicho entusiasmado: «Más lindas son allí». 
Las rosas he tenido de espíritu el más blando; 
llevarlas quise al pecho, y el pecho suspirando 
me ha dicho «de allí» quiero más tarde un alhelí 

Oontadme sin misterio vuestra pasión secreta 
y os formará romances mi mente de poeta, 
y encontraré en vosotras lo que perdiera yo; 
que, apenas de mis años en la estanción florida, 
al sol del infortunio se acongojó mi vida, 
como silvestre lirio que el huracán dobló. 

Y luego al separarnos os pediré una rosa 
cuando mi sien descanse bajo temprana losa 
Mármol. -12 



178 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

á orillas de ese Plata que heló mi juventud. 
Mas no de vuestros ojos os pediré una perla, 
creeríame infelice dentro mi tumba al verla, 
y yo pido á mi j>atria siquiera mi ataúd. 

Espíritus del alma que conducís la mente 
con misteriosas alas más lejos del presente, 
más lejos de las cosas que nuestros ojos ven 
venid y con mis sueños de lirios y amapolas 
llevadme hasta esas rocas que miro tras las olas; 
son rocas de mi patria: la patria es el Edén. 



CANTO UNDÉCIMO 

AL BRASIL 
I 



En medio de la "bóveda celeste, 
como globo de fuego chispeante, 
vierte océanos de lumbre rutilante 
el sol enrojecido del Brasil. 

La nube con estambres carmesíes 
diáfano forma y vaporoso velo, 
que vaga muellemente por el cielo 
en un día magnífico de Abril. 

La frente del Janeiro, iluminada, 
parece que se eleva con los montes 
á contemplar los rubios horizontes 
que circundan las sierras y la mar. 

Cual asamblea extraña de gigantes 
con fibras de metal, piel de esmeralda, 
las montañas contemplan en su falda 
la señora imperial velada estar. 

La brisa con el ámbar perfumada 
de una vegetación que en ser eterno 



180 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

no le importa de estío ni de invierno, 
los perfumes esparce del jazmin. 

Y la inmensa bahia — la primera 

on bellezas, en lujo, en mansedumbre, — 
como un cristal la enrojecida lumbre 
refleja por su líquido sin fin. 

Sobre ese mar sin ondas, muellemente 
una graciosa nave se desliza, 
á quien la tibia perezosa brisa 
va llevando á las puertas de la mar. 

Y en el mástil los linos suspirando, 
ora se hinchan al viento, ora se abaten, 
y en el rebelde lienzo libres baten 

la flámula y las cuerdas sin cesar. 

Parece que la nave amedrentada 
al rumor de las ondas del Océano, 
en e!,e de cristal dormido llano 
quisiese su carrera detener, 

o que Dios á la brisa adormeciendo, 
dijese al navegante que suspira: 
«Sal paso á paso y contemplando admira 
»esta magnificencia de mi ser; 

»esta bella guirnalda americana, 
» hipérbole de lujo y fantasía 
»que en mi pasmosa creación un día 
» reveló mi entusiasta inspiración.» 

Y es en verdad la hipérbole del cielo 
cuanto el Brasil en su Janeiro encierra, 
desde la luz del sol hasta en la tierra 
la eterna colosal vegetación. 



CANTOS DEL PEREGRINO 181 

Y ¿quién va en esa nave que tranquila 
surca el límpido arroyo de cristales, 
para luego quebrar las colosales 
soberbias ondas del pujante mar, 

como al salir de la niñez la vida 
por el canal de mansas afecciones, 
surca luego en el mar de las pasiones 
naufragando y luchando sin cesar? 

¿Quién dice adiós al paraíso bello 
del mundo americano? El Peeegrino, 
el hijo predilecto del destino, 
el arista que lleva el huracán. 

El que ha dos años sobre el mar dejamos 
arrullado por roncas tempestades, 
y que hoy vuelve al altar de sus deidades 
que en viento y olas con su mente van. 

Ya está sobre los mares; ya habita en su elemento; 
ya marca en las arenas sus garras el león; 
ya el águila recorre, mecida por el viento, 
y atropellando nubes, sü cóncava región. 

Su corazón salvaje se expande dentro el pecho 
por respirar la brisa veliente de la mar. 
Sus ojos se dilatan para salvar el trecho 
que puede un horizonte del otro separar. 

A su alma en el oído reconcentrada afina 
para del mar el rudo concierto percibir; 
su frente descubierta sobre la borda inclina 
para la blanca espuma de la onda recibir. 

Ya está sobre los mares. Ya envuelven su camino 
los vientos, los abismos, las tempestades — bien, — ■ 



¿82 OBRAS DE JOSÍJ MÁRMOL 

Salud, benigna estrella; ya puede El Pebegbino 
bajo tus dulces rayos adormecer la sien. 

Ya puede — •desprendidos sus lazos con el mundo- 
volar á los espacios su espíritu hasta Dios: 
ya bátenle los vientos, y sobre el mar profundo, 
ya mira de una nube la tempestad en pos. 

¡Salud, obras gigantes de la naturaleza! 
jSalud, de los océanos tranquila soledad! 
El hombre ante vosotros inclina la cabeza 
y al genio reverencia de la divinidad. 

Y el mundo desparece, la humanidad se anusma, 
se borran los recuerdos, extínguese el dolor, 
y solamente valgan los ojos en un prisma 
de eternidad y calma, felicidad y amor. 

Al viajador errante ¡oh ruar! de tu desierto 
sin que lo sepa su alma, le sirve de crisol, 
y ante la fe se inclina, purificado y cierto, 
al claro de los astros ó al descender el sol. 

El hombre, ese rebelde proscrito sobre el mundo, 
que aun no ha reconciliado la sangre de la cruz, 
se sublimiza, si ama, y en nuevo ser fecundo 
se torna á las regiones de su primera luz. 

Pues bien; en tus espacios, sobre tu blando llano, 
de tu silencio eterno bajo el extraño imán 
es fuente de afecciones el corazón humano, 
y los recuerdos dulces en primavera están. 

Allí ve entre nubes, bajo la triste luna, 
la fugitiva sombra de su primer amor; 
y el maternal acento que le arrulló en la cuna 
percibe de las olas y el céfiro al clamor. 



CANTOS DEL PEREGRINO 183 

Allí llevan suspiros las alas de la brisa; 
allí ven las estrellas la lágrima brotar; 
allí tranquilos ojos en éxtasis divisa 
la tarde que desmaya sus luces en el mar. 

Es ese amor del alma dulce, tranquilo, santo, 
que mezcla en la memoria la tierra y el Edén; 
que sublimando al hombre con su divino encanto 
la culpa de profano le borra de la sien. 

;0h mar! También el hombre se eleva hasta los cielos 
cuando en gigantes alas el pensamiento va, 
y en medio á tus desiertos das pábulo á los vuelos 
del genio que en su cárcel por caducar está. 

Las roncas tempestades vibrando por tus ondas 
cuando revienta el trueno del huracán en pos; 
las olas que vomitan tus cavidades hondas 
para apagar los rayos en su ímpetu veloz; 

tu inmensidad desierta, sin luz, sin horizontes, 
do al brillo de improviso relámpago fugaz 
se miran solamente los movedizos montes 
que ruedan al empuje del huracán tenaz; 

todo esto es para el alma, lo que es para el acero 
la misteriosa magia del poderoso imán; 
lo que es el cañonazo para leal guerrero 
que descuidado duerme cuando la seña dan. 

En altas concepciones, vagando en los espacios 
el alma se levanta como la mar, sin ley, 
del trueno y de los rayos recorre los palacios 
y se hace, como el viento, de los espacios rey. 

¡Ah, pueda el Peregrino de nuevo sus pasiones 
y el temple de su mente sobre la mar medir! 



184 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

¿Dos años los agostaron? ¡Eh! no; hay corazones 
que acaso en el sepulcro se escuchará latir. 

Ya está sobre los mares; y ahabita en su elemento; 
ya marca en las arenas sus garras el león. 
¡Qué bellos son los astros y el ancho firmamento 
mirados de la nave que impele el aquilón! 

Adiós, Janeiro hermoso... del bardo Peregrino 
te lleguen en las olas los ecos de su voz... 
La página más bella te debe su destino... 
Adiós, Rio Janeiro, cinco de Enero, adiós. 

Cuando ha dos años, dijo: «Janeiro, yo te dejo» 
y se lanzó á los mares, sin fe en su porvenir, 
por ti de amor sentía ni un pálido reflejo, 
y tibio cual tu brisa te saludó al partir. (1) 

Empero, no fué injusto con tu sin par grandeza 
y saludó entusiasta tu cielo tropical; 
cantó lo portentoso de tu naturaleza 
y veneró en tu suelo la mano celestial. (2) 

Los mares le cerraron su caprichoso paso 
y el hado entre los vientos lo recondujo áti. 
¡Ay, cuántas impresiones á este hombre del acaso, 
Janeiro, reservabas para hospedarlo así! 



En vosotras montañas, 
que con un sol de llamas en la frente 
y el fuego del metal en las entrañas. 
parece que del suelo de repente 
os escapáis, para pedir á prisa 



CANTOS DEL PEREGRINO 

á los cielos un hálito de brisa, 
alguna vez, oculta por las yedras, 
una letra hallarán en vuestras piedras. 

El pie del Peregrino 
ha tocado la sien de vuestras moles, 
y más arriba de las densas nubes 
ha dormido á la sombra de algún pino 
bajo un cielo bordado de arreboles. 

Su sueño acariciando 

el plácido murmullo 
de la brisa en las palmas resbalando; 

ó el armónico arrullo 
de las fuentes corriendo cristalinas 
con bulliciosa voz por mil canales. 

Y enhebras serpentinas 

por entre los sahumados vegetales, 

ó al tocante y agudo 
silbido de las sierpes escondidas 
bajo el leve dosel de hojas caídas 
que al rodar turban el silencio mudo. 

¡Y al llegar á su oído 
de montaña en montaña el ronco trueno, 
rodando en compasadas vibraciones, 
cuántas veces ha visto conmovido 
sin mancha él cielo iluminar sereno, 

y cual negras visiones 
que velan de los montes la cintura, 
rodar las nubes destilando el agua, 
y entre los velos de su niebla obscura 
prender los rayos en etérea fragua! 

¡Volar desde la falda 
las espantadas aves á la cumbre, 
y sobre las coronas de esmeralda 



136 013HAS DE JOSÉ MÁRMOL 

beber del sol la biillantina lumbre, 
mientras que al pie de la montaña quedan 
obscuras nubes que tronando ruedan! 
Muchas veces, así, llena do espanto; 
en sublime abstracción se escapa el alma, 

y en un cielo sereno 
"vaga la mente en religiosa calma. 

Por no escuchar del seno 

en rudas vibraciones 
la tormenta infeliz do las pasiones... 

Arquerías de espléndidos torrentes 
que coronáis la sien de la Thijuca (3); 

pintoresca cascada, 
fuente de cien arroyos y cien fuentes.' 
reverencia y loor á tu grandeza, 

y á tu sublime bello 
que hace inclinar del hombro la cabeza 
enseñando de Dios el sacro sello. 

¡Oh! si en rápidas ondas, 
ese arco colosal de agua y colores, 
que formas al lanzar tu torbellino, 
no se precipitara en las montañas, 
y de una en otra cavidades hondas 
no corriese apagando los rigores 
del fuego tropical en las campañas, 
y dando vida en la caldeada roca 
al rudo vegetal y al yermo suelo, 
como el soplo de Dios baña la esfera 
de mundo en mundo, y cuanto raudo toca 
vive y forma la eterna primavera 
de la pasmosa creación del cielo. 

¡Ese arco cristalino 

reflejaría, acaso, 
la descubierta sien del Peregrino 
cuando la vez primera lo admiraba, 
en momentos que el sol desdo el ocaso 



CANTOS DGL PEREGRINO 187 

sus postrimeros rayos apagaba, 
y el lánguido color de los topacios, 
matizaba el zafir de los espacios, 
y en el arco ruidoso y movedizo 
relumbraba del ópalo el hechizo! 

~Allí, y en esa hora 
melancólica y dulce de la tarde, 

viendo lánguidamente 
morir del sol el amarillo rayo; 
viendo en el tronco de la ausente aurora 
mostrar la noche su severa frente, 
en medio de ese tímido desmayo 
de la naturaleza cuando mira 
nacer la noche y que la tarde expira, 

Allí, la alma embriagada, 
respirando una brisa perfumada 
con los dulces alientos de las flores, 
que no ha tocado el ¡ay! de los dolores 
y que parece cuando el rostro toca, 
en vez de brisa, el aliento de las puras 

seráficas criaturas 
que en las nubes de perlas y zafiro 
exhalan tiernas de su dulce boca; 
allí, sobre la cumbre de esa tierra 
que ha visto deslizarse uno por uno 

los siglos de la tierra, 
sin conservar el rastro de ninguno; 

sobre aquesas montañas 
que cual fibras de vida los metales 
en mineros sin fin forman su entraña, 

como forman las venas 
de su pecho y sus miembros colosales 

los ríos desprendidos 

que llevan confundidos 
el oro y los diamantes por arenas; 



OBEAS DE JOSÉ MÁRMOL 

allí, sobre su frente 
ese arco estrepitoso del torrente, 
y al poder de tan fuertes impresiones, 

el joven Peeegeino 
lia sentido tal vez revelaciones — 
mezcla do mundanal y dedivíno,— 
pero sublimes cual sublimes viera 
la cascada, los montes y la esfera! 

El comprendió quizá quo sobro el mundo* 
no so ha perdido todo, cuando queda 
dentro del corazón rayo fecundo 
de inmaculada fe... iuente do pueda 
tomar el corazón dentro sí mismo 
de la conciencia espiritual bautismo. 

So abrillantó el recuerdo en su memoria; 
sintió el eco de Dios en la conciencia. 
y patria y madre y religión y gloria 
dibujaron un prisma en su presencia. 

Y al rumor del torrente 
y á la postrera luz del tibio día 

sintió que le decía 
3I corazón latiendo dulcemente: 
«Aun necesito amae»...; ¡palabra santa! 
.ósculo que se dan reconciliadas 
la humanidad y el alma entusiasmadas!. 

Mas ¡ay! esa palabra dentro el seno 
vierte oculta la vida y el veneno; 
es la revelación indefinible 
de esas almas que viven de armonía 
por su secreta condicióa sensible, 
y es ¡ay! para la humana criatura, 
en su misión de llanto y de agonía,. 
su sensibilidad, su desventura. 



CANTOS DEL PEREGRINO lf ; 

¡Insondables misterios _ ' 

■de eso que llaman corazón del hombre! 
¿Por qué esos espectáculos salvajes 
de la naturaleza en sus imperios; 

esos cuadros sin nombre, 
panorama de luces y paisajes; 
ciertas horas, los montes, el Océano, 
todo lo que sorprende en la natura, 
hace amar y temer al pecho humano 
levantando hasta Dios su criatura? 

Ello es así; parece que la vida 
de su materia débil asustada 
á la faz de las grandes creaciones, 

corre á buscar guarida 
al centro de los otros corazones, 
ó ante el Supremo Ser desalentada, 
como tímida virgen, sorprendida 
en medio á su jardín por la tormenta, 

de otra niña hasta el brazo, 
ó al amoroso maternal regazo 
corre, y temblando sus temores cuenta. 

Ello es así; marchad en el desierto, 
contemplad la grandeza de los mares 
ó paraos en la sien de una montaña, 

y un místico concierto 
de recuerdos, de afectos y pesares, 
os toca el corazón con voz extraña. 

Contemplad un cadáver, 
ó escuchad la fatídica campana 

que al expirar el día, 
llama al templo de Dios la alma cristiana 
para el lleno de amor Ave María; 
y vuestro corazón en lo profundo 
de su ser misterioso, ama y padece, 

porque nada en el mundo 



190 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

ante los ojos del mortal perece, 
sin robar un suspiro; sin que triste 

perezca repitiendo 
que morirá también cuanto hoy existe. 

Espléndida cascada, en el estruendo 
de vuestro torrentoso torbellino 
que magnetiza el corazón del hombre, 
escapado en la voz del Pereg-kino 
para siempre jamás perdióse un nombre... 
pero al menos mezclóse la armonía 

de tu grandiosa orquesta, 
en los palacios que abrillanta el día, 
donde vése de Dios la eterna fiesta. 

Mas de ese nombre vivirá una letra 
oculta por ti misma entre las rocas, 
que ni en tu raudo torbellino tocas, 
ni sin quebrar su rayo el sol penetra. 
Como bajo las bóvedas del templo, 
á la luz de los pardos luminares, 

viven en los altares 
palabras santas de amoroso ejemplo 

¡Ah, no llamen profano 
el labio mío, no, cuando confundo 
un recuerdo de Dios y otro mundano! 
Esa mezcla de barro y de divino 
que apellidamos hombee sobre el mundo, 
magnifica en el lodo su destino, 
cuando en medio á la espléndida grandeza 
de las obras de Dios, tierno se inflama 
á esa chispa vital que amor se llama, 
y que al aliento del Señor prendida, 

velar por su pureza 
es la misión celeste de la vida! 



CANTOS DEL PEREGRINO 191 

jAy, quien no sabe amar, de Dios no sabe 
ni en su pecho glacial la virtud cabe! 

¡Y, cómo el pensamiento arde y delira, 
y, cómo el corazón enamorado 

al palpitar suspira 
bajo esa luz del trópico tostado! 

¡Y, cómo esa ciudad que hora me inspira, 
contiene entre sus límites de cerros 
cuanto el trópico ostenta por belleza 
en su fértil gentil naturaleza! 

Quien no ha visto la luna levantarse 
sobre la aguda sien del Corcóbado, 
y con su luz de plata iluminarse 
esa llanura de cristal bruñido 
que un pedazo del mar forma escondido, 

acariciando apenas 
del bello Botafogo las arenas (4); 
quien de ese lago la tranquila brisa 
impregnada de esencias, no ha gozado 
al claro de la luna, que matiza 
con sus pálidos rayos las extrañas 
sombras y media luz de las montañas 
ese no ha visto en la natura el sello 
de la melancolía y de lo bello. 

Era una noche plácida y serena 
como frente de virgen adormida. 
La luna en el cénit pálida y llena 

alumbraba el espacio 
con el pajizo rayo del topacio, 
con no sé qué de animación y vida 
sobre su melancólico semblante, 
y entre el iris boreal de órbitas bellas, 

lanzaban rutilante 



192 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

las trémulas estrellas 
el rayo azul del fúlgido diamante. 

Una leve barquilla sobre el lago 
se deslizaba al cariñoso halago 

de la aromada brisa; 

como en linos cristales 
la gota del rocío se desliza 
tocada por las auras matinales, 
ó, en más dulce cariño, 
por el aliento angelical de un niño. 

En ella el Peregrino, y á su lado, 
á la argentada claridad se vía 
una mujer en cuya frente pura 
reflejábase el rayo de una estrella; 
ó más bien, de su célica hermosura 
una luz celestial se desprendía. 

Desde la sien más pálida y más bella, 
con el color del ébano, el cabello 
caía en rizos espléndidos al cuello, 
do el aura suave á conmoverlos llega; 
y en el hombro de Carlos se inclinaba, 
cual una flor que el céfiro doblaba, 
una cabeza de moldura griega, 
mientras sus negros y rasgados ojos, 
do brillaba una lánguida pupila, 
clavaba su mirada en las estrellas, 

en contienda tranquila 
cambiando el rayo de sus luces bellas; 
mientras de amor y de suspiros lleno 
blando latía su redondo seno, 
velado por la blanca vestidura 
que cual diáfana niebla lo cubría 
y entre una negra cinta se escurría 
en torno á su finísima cintura. 



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Y en el hombro de Carlos se inclinaba, 
Cantos del peregrino Lámina IV 



CANTOS DEL PEREGRINO 193 

Pero ¿en esa visita misteriosa 
del amor á la hermosa 
Naturrleza tropical, venia 
de la felicidad J.a clara estrella? 
]Se puede ser feliz con ser amado, 
y por el mismo amor ser desgraciado! 

Una nube importuna, 

de misteriosa huella, 
eclipsó el rayo de la parda luna; 
y al virar la barquilla 

para la opuesta orilla, 
se apartaron dos rostros y cayeron 
lágrimas que en el lago se perdieron. 

III 

Desde la altura tropical admira 
¡oh, Janeiro! la espléndida grandeza 
que bajo el arco ecuatorial empieza, 
y acaba en el confín del Uruguay. 

Y tú, reina opulenta de ese vasto 
jardín de luces, pájaros y fuentes, 
selvas, montañas, flores y vertientes 
donde bullen diamantes y metal. 

Luego con vanidad gira los ojos 
de un polo al otro, para ver que el mundi 
nada tiene más rico ni fecundo 
que tú, bello y magnifico Brasil: 

Guirnalda de mil flores que corona 
de la virgen América la frente, 
y á que no ha dado precio esta inocente 
heredera feliz del porvenir. 

Mármol.— 13 



194 OBRAS DB JOSÉ MÁRMOL 

Eres, Brasil, el Indo Americano 
sin el soplo maléfico de Java, 
y en lo que Italia su "belleza acaba 
comenzar puedes la belleza tú. 

Puedes, sin miedo, desafiar á Europa, 
<■ cuadros midiendo con los cuadros tuyos, 
y cuando se hable de los grados suyos, 
parte cuarenta de distinta luz; 

puedes, Janeiro — miniatura bella 
de cuanto ostenta el Brasiliano suelo — 
hablar de los encantos, sin recelo, 
que pintó ufana la Natura en ti. 

Puedes llamarte la primera joya 
en la Corona de tu rico Imperio, 
y llamarte también, de un hemisferio 
el lujoso y espléndido jai'dín. 

Si de la vida la materia ruda 
se queja de su sol enrojecido, 
el espíritu, ajeno del sentido, 
en vez de quejas, alabanzas da. 

Al paraíso si volviera el hombre, 
algo de qué quejarse encontraría, 
y esclavo de su inercia llamaría 
moliciosa la tierra celestial. 

Bajo tu sol y al soplo de tu brisa 
es verdad que la vida se esparrama, 
pero si el alma con tesón la llama 
vuelve llena de hechizos y de amor; 

cual agua de un arroyo desbordada 
sobre los planos valles y las selvas, 
vuelve otra vez sahumada en madreselvas 



CANTOS DEL PEREGRINO 195 

al canal del arroyo que dejó. 

Cáelos ha respirado entre la nieve 
"bajo el día sin sol del yerto Polo, 
y ha meditado en él tranquilo y solo, 
concentrado en el alma su existir. 

Pero nunca su espíritu ha sentido 
la actividad febril, la poesía, 
que sintió al rayo del rosado día 
que abrasa las arenas del Brasil. 

Puedes, Janeiro, hablar de tus encantos; 
mas cuando, ufano, tu retrato hicieres 
no olvides el contar que tus mujeres, 
mujeres nuevas en el mundo son. 

Que es el tipo, más puro, americano; 
su corazón, la hechura de su clima; 
y su pupila que al mirar lastima, 
una llama espiral del corazón. 

Mujeres de tez morena 
y ojos de negra pupila 
que con azul aureola 
cual negro diamante brilla; 
y cuando mira, parece 
que la mirada suspira, 
diciendo que está en el alma 
la tentación escondida. 
Ondas de negro cabello 
abultan su sien altiva, 
y la espiral de los rizos 
por los hombros se desliza. 
Ancho y derramado el seno, 
late contando que abriga 
un manantial de deseos 



196 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

en voluptuosa armonía; 

y en él, veladas por nubes 

de encajes y muselinas, 

dos ondas de un mar de leche 

si no se ven se adivinan. 

o-asas como niebla leve 

que al solo aliento se agitan, 

ciñen su fina cintura 

con tanta coquetería, 

que de las ocultas formas 

la redondez se adivina; 

y la mirada se excurre 

por esas nubes malditas 

que nunca el viento se lleva 

y que á un suspiro se agitan; 

mirada que bien comprenden 

las liadas, y en su sonrisa 

y en un nuevo movimiento, 

su curiosidad castigan. 

Posadas en sus divanes 

de plumas y sedería 

naciendo burla del aire 

con abanicos de la India; 

y embriagadas con la esencia 

de rosas y clavellinas 

que en la atmósfera impregnada 

ni un débil soplo aniquila. 

En palabra y movimiento 

perezosas y aburridas 

"teniendo miel en el labio 

y en las posturas malicia, 

como si á mengua tuvieran 

emplear la palabrería; 

mujeres que á su albedrío 

-con los ojos magnetizan. 

Mujeres así, en el mundo, 

ül extraño que las mira, 



CANTOS DEL PEREGRINO 197 

si ellas dicen: «Brasilianas» 
él las presume Odaliscas, 
que del Oriente escapadas, 
llenas de encanto y de vida 
corrieron al nuevo mundo 
tras su libertad querida, 
dejando entre los serrallos 
cadenas y cachemiras, 
mas trayendo su belleza, 
su amor y su poesía. 

Que los rayos del genio de la Europa 
penetren la tiniebla americana, 
mas la mujer que nazca brasiliana 
no la toquen jamás. 

Cuando ella sus costumbres aniquile, 
cuando se haga europea, en ese día 
para siempre perdió su poesía 
el sello original. 

Perdió también su corazón la fuerza; 
perdió sus llamas de pasión el alma, 
que en esa fría y aparente calma 
queman su corazón. 

En su abandono y soledad secreta, (5) 
la brasiliana, en apariencia esquiva, 
goza jugando con la llama activa 
de misterioso amor. 
Por celosías escondida pierde 
del extranjero la fugaz sonrisa, 
y no en sus ojos al pasar divisa 
tributo á su beldad. 

/ Pero tras ellas, de su pecho cuenta 

por los latidos el feliz instante, 



198 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

en que los pasos de su tierno amante 
dichosa escuchará. 



Si á ese momento la costumbre veda, 
ella con cintas y pintadas flores 
tiene en secreto para hablar de amores 
idioma que formó. 

Y el amor siente, como siente el rostro 
el sol que rojo hasta la tierra quema; 
y cambia sólo en ambición suprema 
la vida por amor. 

Se muestra poco, mas se muestra nueva, 
valor al mismo retraimiento danio; 
es una estrella que de vez en cuando 
aparece y se va. 

Que los rayos del genio de la Europa 
penetren la tiniebla americana, 
mas la mujer que. nazca brasiliana 
no la toquen jamás. 



Luces vagas y sombrías 
un salón iluminaban, 
mientras los rayos estaban 
quemando las celosías. 

Y entre la luz y la sombra, 
el lujo, el gusto y la gracia, 
respiraba aristocracia 
desde el techo hasta la alfombra. 

En un diván amarillo 
se reclinaba una hermosa, 
trabajando primorosa 
con plumas un canastillo; 



CANTOS DEL PEREGRINO 

y acariciaba tranquila 
de vez en cuando los ojos, 
cual si hubiese algo de enojos 
en su lánguida pupila. 

Suelto el cabello á la espalda, 
desnudos sus lindos brazos, 
y atando celestes lazos 
el blanco tul de la falda. 

La celosía sombreaba, 
su aroma daba una rosa, 
y trabajaba la hermosa, 
y al canastillo mojaba. 

Cuando el salón pisó, y al lado de ella, 
un caballero saludó á la bella. 

- — ¿Luisa, llorabas quizá? 

— ¿Yo? No, Eduardo, yo no lloro. 

— Tú, tienes algo. 

— Un tesoro. 
¿No ves? Plumas del Para. 
— -Tú te burlas. 

— Tú también. 
— ¿Estás quejosa de mí? 
— No puedo decirte sí. 
• — ¡Cuan pálida está tu sien! 
— Más el alma. 

■ — Sales poco. 
— ¡Para qué! 

— Para gozar, 
para ver, para danzar. 
— Gracias. 

— ¿Y el piano? 

— No toco. 
— Qué, ¿no bajas al salón? 



200 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

— ¿Vienes tú á él? 

— ÜSTo he podido. 
— Bien, el piano me ha aburrido. 
— ¿Y el canto? 

— ¿Y nuestra canción? 
— ¿Sabes que me ausento, Luisa? 
—¿Tú? 

—Sí. 

— ¿Y á dónde? 

— A viajar. 
--Bien. 

— Pero en ti he de pensar. 
— Bien. 

— Mas, ¿por qué esa sonrisa? 
— Es de placer, ¿no lo crees? 
¡Tú vas á ser tan dichoso! 

(Y enrojecióse su semblante hermoso, 
y el canastillo resbaló á sus pies.) 

— Luisa, tu mandato aguardo. 
-¿Ya? 

— Me apuran los momentos» 
— Eduardo, ¿y tus juramentos? 
— Adiós. Luisa. 

— Adiós, Eduardo. 

Y él se fué, y Luisa quedóse 
con los ojos en la alfombra; 
fuese aumentando la sombra, 
y la rosa marchitóse. 

Un día á la puerta toca 
Eduardo, y pregunta, ¿y Luisa? 
y le responden sin prisa, 
«¿Quién?» — Luisa. — «Luisa está Loca.» 



CANTOS DEL PEREGRINO 203 

Cuenta, pues, ¡olí Janeiro! tus mujeres 
en el rico jardín de tus encantos, 
que ellas son las primeras entre tantos, 
y ellas lo fueran aunque más tuvieres. 

Muchas veces, plebeyos y señores, 
manchan ó niegan al contar tu historia, 
de tu primer Emperador la gloria, 
llamándolo liviano en sus amores. 

Mas ¿qué eran sus amores? el destino 
natural entre un hombre y unas bellas, 
si está el hechizo y el amor en ellas, 
y él es hermoso, rey, valiente y fino. 

Su primera virtud — yo escribiría, — 
fué el querer como quiso á la belleza. 
Pláceme un rey que por amar empieza 
y se jacta, como hombre, de hidalguía. 

Para dar á su Amelia su pañuelo, 
de sus reales manos desprendido, 
ante un inmenso pueblo sorprendido, 
su rodilla juntaba con el suelo. 

Era un astro ese rey que en otra eslora,. 
y en derredor girando de otro anillo, 
al resplandor de su fulgente brillo 
al mundo todo iluminado hubiera. 

.üe su acusada liviandad al lado, 
sabrían todos repetir prolijos, 
que abdicó dos coronas en sus hijos 
para ponerse un casco de soldado. 

Al contar sus nocturnas aventuras, 
dirían: «Desde el trono brasiliano 
fué á restaurar el trono lusitano 
con un puñado de hombres y armaduras.» 



202 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Al referir sus citas y estocadas, 
academias y leyes mostrarían, 
y envanecidos de su rey dirían: 
son obras por su genio improvisadas. 

El rey, dictaba leyes justiciero 
y velaba la gloria brasiliana; 
el caballero, al pie de una ventana, 
se confiaba en el temple de su acero. 

Rey, conquistó la gloria y la grandeza; 
Hombre, ante una mujer se descubría... 
Su primera virtud — yo escribiría, — 
fué el querer como quiso á la belleza. 

Mas no fué rey de Europa, y son ajenas 
á la gloria, por tanto, sus acciones 
pero pueden ser glorias y blasones 
de Versalles los bailes y las cenas. 

Rey de veinte años, con rosario al seno 
y que huye y teme el femenil encante 
puede la iglesia al fin llamarle santo¡ 
pero el pueblo jamás llamarle bueno. 

El tiempo que se empeña con locura 
en cambiarnos las cosas y los nombres, 
hoy apellida hechura de los hombres, 
!o que llamaba ayer del cielo hechura. 

Y era bien se educase entre los frailes, 
ayer el niño rey,, hijo del cielo; 
hoy que el tiempo lo llama hijo del suelo, 
es mejor que se eduque entre los bailes. 

Hay mucho de esperanza y garantía 
en las almas vivísimas y abiertas; 
pero en aquellas que se esconden, yertas, 
hay no sé qué de ingi*ata profecía. 



CANTOS DEL PEREGPINO 203 

Cuenta, pues, ¡oh Janeiro! en tus bellezas 
esas mujeres de tu rey queridas, 
y si tus bellas y tu rey olvidas 
habíanos de tu genio y tus riquezas. 

Cuenta tus acueductos y castillos, 
tus templos, tus jardines y arsenales, 
tus fuentes, y palacios imperiales 
llenos de novedad y á par sencillos. 

Cuenta que tu progreso se descubre 
al través de la sombra lusitana; 
como vése la luz de la mañana 
entre la sombra que el espacio cubre. 

IV 

Esos pasados siglos de ignorancia 
en que á la España y Portugal les plugo, 
de sus Colonias educar la infancia 
con duro azote y afrentoso yugo, 
conteniendo del genio la arrogancia 
con el hacha ó la soga del verdugo, 
apocaban la mente americana 
y la flor se agostaba en su mañana. 

Era un mar sin rumor ni movimiento 
dormido en su extensión lángidamente; 
pero que al soplo de improviso viento 
alzaría sus ondas prepotente, 
y vino el vendabal, y fué violento, 
el choque de las ondas en la frente 
de las soberbias rocas, conmovida? 
y quebradas al fin y sumergidas. 

El castellano león enfurecido 
sus garras con valor clavó en la tierra, 
es mía, dijo, pero al fin vencido 



204 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

dejó la arena de sangrienta guerra. 

El eco del cañón fué repetido 

por los llanos, los ríos y la sierra, 

y despertó la mente americana 

en lo que antes fué inercia castellana. 

Más débil Portugal, ó generoso, 
no osó clavar con lanzas tus cadenas, 
y compraste, Brasil, tu ser hermoso 
sin derramar la sangre de tus venas. 
Te falta el brillo militar, glorioso, 
que abrillanta del Plata las arenas, 
pero á la sombra de tu paz bendita 
bu genio al porvenir te precipita. 

Puede ser que en los giros de tu vida 
"entas alguna vez no haber crecido, 
sobre tierra con sangre humedecida, 
por las revoluciones sacudido; 
que esa lucha violenta, envejecida, 
que escandaliza al mundo sorprendido, 
es, empero, el crisol que la futura 
existencia del Plata nos depura. 

Pero hoy levantas tu tranquila frente 
medio siglo adelante en tu camino, 
y al soplo bienhechor de tu presente 
florece para el mundo tu destino. 
Del brillo de la Europa refulgente, 
ha visto, entusiasmado el Peeegeino, 
reflejarlos destellos en tus sienes, 
en dulce agüero presagiando bienes. 

Do las leyes en la órbita sagrada, 
do el pueblo tiene sus derechos ñjos, 
ha visto la justicia respetada 
campear el pensamiento de tus hijos) 



CANTOS DEL PEREGRINO 205 

y á tu querida libertad, velada 

por los esfuerzos y valor prolijos 

del venerable anciano, y del que empieza 

á mostrar el poder de su cabeza. 

Ha visto de las ciencias y del arte 
amaneciendo en ti la hermosa aurora, (6) 
y de tu juventud la mejor parte 
que del arte y la ciencia se enamora; 
y á la mente afanada en coronarte, 
que agita en sí la inspiración creadora, 
brotando nueva flor y nuevos gajos 
en cada sol que alumbra sus trabajos. 

En justo empeño y pensamiento sano, 
con la Europa, sin celos ni querella, 
extendidos ha visto en el océano 
los brazos tuyos y los brazos de ella, 
llegarte frutos del saber humano, 
frutos mandarle de tu industria bella, 
y en esos cambios de progreso, leales, 
dentro tus pueblos, pulular caudales. 

Granar tus hijos sin perder aquéllos, 
y la industria llegar á tus arenas 
á enriquecer y mejorar los bellos 
frutos de bendición de que están llenas, 
y más altiva levantar por ellos, 
¡oh Brasil! tu bandera en las almenas, 
que bajo el sol del siglo en que vivimos 
sólo en el genio y la virtud subimos. 

Un poco más, y en su constante anhelo, 
la industria de la Europa habrá podido 
victoriosa alcanzar sobre tu suelo 
lo que la libertad no ha conseguido. 
Mañana, si, por bendición del cielo, 



206 OBRAS DE JOSÉ MARMOI» 

no será ya tu fruto humedecido 

en su ñor, en su tallo, en su simiente. 

eon el sudor de la africana frente. 

Esa palanca del poder humano 
que hoy suple al hombre y avasalla al mundo, 
dará su libertad al africano 
con más provecho que el saber profundo. 
Do habia cien esclavos, una mano 
bastará sola, y bastará un segundo 
en lo que antes el negro consumía 
de fuerza ruda y de dolor un día. 

El hombre libre rasgará la tierra 
para echar la simieute perfumada, 
y con la industria y libertad en guerra 
será aquélla por éstas conquistada; 
y cuanto jugo y cuanta savia encierra 
le será por el arte arrebatada, 
y en tus opimos y sabrosos frutos 
darás al arte y libertad tributos. 

Con est9 nuevo cauce de riqueza, 
con la industria de Europa entre tu mano, 
adiós, Brasil, te pierdo en la grandeza 
del porvenir del mundo americano... 
No diviso en los siglos tu cabeza. 
¿Imperio? ¿Estados? me pregunto en vano; 
no sé qué serás tí; sé solamente 
que alzarás, grande, tu soberbia frente. 

¿Quién divisa de América la estrella? 
¿Quién no ve en el futuro su reflejo? 
¿Quién no la mira iluminando bella 
con torrentes de luz al mundo viejo? 
Lánzate en pos de su fulgente huella, 
lánzate al porvenir, y allí te dejo; 



CANTOS DEL PEREGRINO 207 



que allí la vista del mortal deslumhra 
el mar de luz que fúlgido relumbra. 



Sobre aquese fecundo 
suelo de vida que se ofrece al mundo 
como ñor en pimpollo todavía, 

amortiguar sabía 
ese dolor que lo consume lento, 
el héroe de mis versos un momento. 

Una naturaleza 
la más rica y variada en su belleza 
encontraba doquier — bien; de su vida 

la primera querida 
fué la naturaleza, y hasta ahora 
él no puede decir: «fuéme traidoras 

Ella siempre le guarda una sonrisa; 
renueva sus encantos á sus ojos; 
anima la expresión de su semblante, 

y siempre la divisa, 
sin fingida alegría y sin enojos, 
mostrarse bella, y cariñosa amante 

Ella conoce bien lo más sensible 
del corazón de Cáelos, y su mano 
pulsa diestra las cuerdas de esa lira 

que responde apacible 
al amor, á la gloria, á cuanto humano 
y celestial el corazón aspira. 

Ella toca su mente, 

y la chispa impaciente 
del genio, salta y resplandece el alma, 
que siente vida, inspiración y fuego 

sacudiéndose luego 
del peso rudo de su estoica calma 



208 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Ella tiende su diestra, 
y orgullosa, le muestra 
el libro azul y verde que contiene 
la profunda y primer filososía 
que desde el primer día 
escrita por su Dios el hombre tiene. 

Si; Cáelos, como Byron, bien pudiera 
■decir, que unas montañas, un desierto, 

un mar, una pradera, 
la han enseñado más que todo cuanto 
■en los libros ha visto y descubierto 
por más que fueran su primer encanto. 

Un libro lo envanece; una montaña 
lo humilla y lo confunde á su presencia 

¿cuál de los dos engaña? 
No sé. — Yo me presumo en armonía 
•con mi tenue tejido de existencia, 
■cuando humillo ante el sol la mente mía. 

Newton y Galileo 
hacen á Cáelos Dios sobre la tierra; 
y luego á la manera del caldeo, 
sube á la cresta de empinada sierra 
para medir en su órbita algún astro; 
pero al seguir su luminoso rastro 
cree ver seis caracteres en el cielo; 
dos palabras: ¿poe qué? y fría y muda 

en su perenne duda 
su alma cae sin alas sobre el suelo. 

En su mano la frente, 
«1 se abisma en los libros de la ciencia, 
y al misterio vital baja su mente 
•en pos de las lumbreras de experiencia. 
Todo ha visto, tocado y comprendido; 
mas su mano á la vez siente un latido 



CANTOS DEL PEREGRINO 209 

■en la frente sobre ella descansada; 

es una arteria — bien; — mas ¿poe qué late? 

y la mente se abate 
•entre el caos de su insondable nada. 

Pero ¡ay! tras el ¿poe qué? que le aniquila 
en la naturaleza, 
T"e de su alma, la fúlgida pupila 
otra palabra — Dios: — y á su grandeza, 
ni teme, ni pregunta, ni vacila. 

¡Lee por doquiera Dios! y lo respeta; 
y este es el gran secreto 
de las inspiraciones del poeta, 
que va á buscar en la Natura, inquieto, 
la concepción del cuadro y la paleta. 

Es Dios el entusiasmo que le anima; 
■es la abstracción de su constante duda; 
es la verdad que con su luz lastima 
y hace dar un gemido á la conciencia. 

De vanidad y de ficción desnuda 
dice el alma — no sé; — sé solamente 
, que ruge una tormenta con violencia 
y que voy yo tras ella con la mente, 



Luces, montañas, bosques y llanuras 
■que bajo el arco trojúcal formando 
laberintos sin orden y en montones 
parecéis las inmensas miniaturas 

del infinito bando 
-de las bellas gigantes creaciones; 

>§&©mpestades del trópico, que raudas 
"Yéarís^pasáis, y aparecéis más luego, 
'* Mármol.— 14 



210 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL. 

en el curso de un día ó de una hora, 
ya coii el brillo de inflamadas caudas 

ya sin su mar de fuego, 
ya mudas, ya con lengua tronadora: 

salud, todos, salud. El Peregrino 
es demasiado diestro en vuestro idioma 
para no haber gozado de su gracia... 
Ese idioma se aprende del destino 

si de niños nos toma 
y nos hace marchar con la desgracia 

Carlos ha padecido demasiado, 
para dar á su vida un alto precio; 
y cuanto brinda de placer el mundo 
de verlo y de gozarlo está cansado; 
para no sentir ya cierto desprecio 
por toda flor de su pantano inmundo. 

Y joven todavía 
ya de su juventud se acabó el día. 

Trébol marchito, el delicado aroma— = 
su sensibilidad — -conserva apenas. 
Pero ella es lo bastante. — Es en el hombre 
el oído que escucha vuestro idioma 
dulce, de amor, consolador de penas... 
Gracias, Naturaleza, ¡ay! vuestro nombre, 

es el nombre divino 
de la querida leal del Peregrino. 



Al contemplaros él radiante y bella 
en vuestro rico y fúlgido palacio, 

do el crucero destella 
rayos de oro que alumbran el espacio, 
no solamente religiosa calma 



CASTOS DEL PEREGRINO 211 

y un hálito de Dios sintiera su alma; 

también bello y ufano, 
sintió hablar á su orgullo americano. 

Bajo el crucero, Cáelos no ha podido 
preguntar á "Venecia, qué se hicieron 

de su tiempo florido 
los trece siglos que al león oyeron 
rugir con libertad, dejando al mundo 
desde San Marcos en pavor profundo, 

como en cien barcarolas 
el gondolero en sus canales solas. 

Ni como Harold, á la augusta Atenas 
preguntar por los sabios ciudadanos 
con almas puras, de coraje llenas, 

al contemplar las manos 
de la Grecia infeliz entre cadenas. 

Ni ha visto en "Waterlóo desparramada 
la ceniza del águila francesa, 
que ayer sobre las nubes remontada 
al peso descendió de su grandeza. 

Ni como Chateaubriand, quebrando yedras 
ha examinado las ocultas piedras 

del romanesco Oriente, 
para encontrar los héroes de la historia 
en las perdidas tumbas de su gloria. 

Ni en fragmentos de mármol, encubierto 
por el crecido musgo ha descubierto 

en la Eoma presente 
de la pasada Roma los ejemplos, 
en rotos dioses y arruinados templos. , 

Ningún lugar ha traído á su memoria 
un recuerdo brillante 
de la pasada gloria 
que ha llevado del mundo el tiempo errante. 



212 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Ningún lugar como á su fantasía, 
en las antiguas hablas 
de la Mitología, 
querrás y amores, religión y fablas. 

En ningunas arenas 
bañadas por las olas, 
lia visto aquellas que escuchaban solas 
de Penelope las sentidas penas. 

El no ha reconocido 
la peña de Vulcano, 
ni á la Musa de Lesbos percibido, 
en los montes á orillas del Océano. 

Sobre la cima de ninguna sierra. 
ha visto de los dioses el asiento, 
do á su potente voz el rayo, el viento, 
se despeñaban en tronante guerra. 

En ningún monte el célebre Parnaso, 
en ningún mar bañarse la Mañana; 
en ningún bosque de la hermosa Diana 
.la huella ha visto del ligero paso. 

Nada de esto ha tocado de repente 
la memoria una vez del Pebegbino; 

pero ¿acaso lo siente? 
No; que cosa más bella en su camino 

ha visto entusiasmado, 
y al mirarla su frente ha descubierto. 
El, sus brazos al pecho, no ha mirado 
á un noble anciano en el sepulcro, yerto; 

ha contemplado un niño 
de riente faz y virginal cariño. 



G-enios sublimes del antiguo mundo, 
abrid sepulcros y cabad cimientos, 



CAUTOS DEL PEREGRINO 213 

y con saber profundo 
habladnos de los viejos monumentos. 

Levantad los sudarios 
que cubren del pasado la grandeza 
y en la misión tan útil de anticuarios 
gane palmas sin fin vuestra cabeza: 

en la América mía 
vuestra misión muy poco ganarla. 

Perdón — de gloria os mostraré diez siglos 
habidos en diez años solamente. 
¡Oh, no penséis que la irritada mente 
se imagina fantasmas y vestiglos, 
es todo realidad — sólo un cartucho 
quemado sobre el campo de Ayacucho, 
vale algo más qne toda la metralla 
que gastó Francia en su mejor batalla! 

Si la grandeza militar se estima 
por lo que de ella al porvenir le toca, 
cabe bien Austerlitz dentro la boca 
de un cañón de Junín ó Maypo y Lima. 
Cualquier bala del campo americano 
le vale más al porvenir humano 
que de este siglo todas las medallas 
que recuerden de Europa cien batallas. 

En nuestro mundo el monte y la pradera 
tocan árido, pobre ó infecundo 
el antiguo pasado con su mano, 
que de este siglo todas las medallas 
que recuerden de Europa cien batallas. 

En nuestro mundo el monte y la pradera 
tocan árido, pobre ó infecundo 
el antiguo pasado con su mano, 
pero, ¿cuánto daría vuestro ^undo 



214 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

por un poco siquiera 

del porvenir del mundo americano? 

Aquí si se contempla una llanura 
no se cree oir un canto de victoria, 
ni ver de Jerges la sangrienta huella: 
mas se adivina una época futura 
en que al aliento de la humana gloria 
veránse pueblos levantarse en ella. 

Al contemplar un monte 
se piensa escuchar dioses ni amante, 
pero se piensa ver el horizonte 
á través de su cuerpo de gigante, 
cuando el arte y la industria con sus brazos 
partan las cordilleras en pedazos. 

El río, el monte, el llano, 
la piedra; las arenas, cuanto existe, 
son aquí joyas del futuro humano: 
joyas con que la América se viste, 
y virgen y radiante y poderosa 
presenta al porvenir su mano hermosa. 

¡Salud, joya del mundo! El Peregrino 
siente demasiado alta su cabeza 
cuando á los pies de tu sin par belleza 
te ofrece de rodillas su destino. 

Bastante se ennoblece y abrillanta, 
bajo la lumbre suave de tus ojos, 
para envidiar del Asia los despojos 
ni cuanto Europa envanecida canta. 

Al pintar tu hermosura 
lo inspira y alza lo sublime de ella, 
y con sólo seguirte, virgen pura, 
él se baña en los rayos de tu estrella. 



CANTOS DEL PEREGRINO 215 

Salud, ricas coronas 
para la blanca frente de la hermosa, 
tejidas desde el Plata al Amazonas 
por la mano del cielo primorosa. 

Salud, Janeiro —primavera eterna, 
rosa, nunca sin sol, siempre aromada, 
tú la enseñaste al Peregrino errante, 

de su América tierna 
una belleza más en el semblante, 
un rayo más de luz inmaculada. 

Al mostrarle tu frente al Peregrino 
purificaste, acaso, el pensamiento 
que en embrión contenía su cabeza, 

sobre el alto destino 
que jugará en el mundo la grandeza 
de lo que tiene americano asiento! 

El no lo duda, no; él cree y se fía 

en la eterna armonía 
de las obras de Dios sobre la tierraí 
y cuando lia visto los opimos dones 

que derramó á montones 
la mano del Creador sobre tu frente, 
ha visto tras los siglos, con su mente, 
en genio y paz y en libertad prolijos 
la futura grandeza de tus hijos. 

El no te olvidará. ¿El? ¿Quién olvida 

el lugar que en la vida 
nos dio un poco de calma y de ventura? 
¿Quién olvida la palma del desierto 

que en el camino incierto 
nos guareció del sol que nos quemaba? 
Tú le distes un día á quien llamaba: 
su jdía de oro... Deificado día 
que él adora en sublimo idolatría. 



216 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 



CANTO DEL PEREGRINO 



ADIÓS AL JANEIRO 

Adiós, Río Janeiro; del bardo Peregrino* 
escucha, va en las ondas, el eco de su voz: 
La página más bella te debe mi destino; 
adiós, Rio Janeiro; cinco de Enero, adiós 

No tengo yo ni patria, ni amigos en el mundo, 
y allí donde palpita mi corazón feliz, 
mi pecho de recuerdos y gratitud fecundo, 
al despedirse deja su bendición allí. 

No tengo por riqueza sino mi triste lira, 
que canta cuando llora mi triste corazón; 
llevad, brisas del Norte, los tonos que suspiraj 
adiós, Río Janeiro; cinco de Enero, adiós. 

La patria en que he nacido cantando sus victorias, 
se levantó en los brazos del genio militar; 
bajo la paz mañana la esperan otras glorias 
y las orladas sienes elevará inmortal. 

Su abrazo es el más noble, su mano la más fuerte, 
que marchen abrazados, el águila y el sol. 
La paz es para emtrambos la egida de su suerte; 
adiós, Río Janeiro; cinco de Enero, adiós. 



CANTO DUODÉCIMO 



Al Sr. Dr. D. Francisco Pico: 



El amor á la patria — el infortunio del proscrito, la esperanzar- 
en él porvenir — son flores y espinas que ha brotado el corazón* 
de usted desde su más temprana juventud. 

Una amistad la más pura y desinteresada hace mucho tiempo- 
que nos une. 

En este Canto hablo de patria, de infortunio, de porvenir; 
¿querrá el proscrito y el amigo aceptar este homenaje pobre de 
una amistad rica de cariño y consideración? 

José Máemol 



Montevideo, Julio 19 de 1846, 



CANTO DUODÉCIMO 



En muda soledad' duerme tranquila, 
cual postrado león, la mar sonora, 
y allá en el horizonte su pupila, 
cual risueña beldad, muestra la aurora. 
El primer rayo de su luz vacila 
y apenas de la mar la espalda dora'; 
pero llegan en pos y en muchedumbre 
rayos y rayos de brillante lumbre. 

Huye la obscuridad y huye el sosiego 
de la ofendida mar que hincha su espalda, 
y allá en el horizonte ondas de fuego 
disputan á la mar las de esmeralda; 
Hasta que bordan opulentas luego 
del astro rey la fúlgida guirnalda, 
que en su llama inmortal al mundo absorba 
como la luz de Dios absorbió al orbe. 

Con la brisa del Norte hinchado el lino 
se desliza el bajel rápidamente, 
como la vida al soplo del destino 
en el mar de las cosas y la mente. 



220 J3RAS DE JOSÉ MÁRMOL 

En la popa, su vista el Peeegeino 
tiene fija en las nubes de Occidente; 
baja sus ojos y las ondas mira, 
y como Heno de dolor suspira. 

¡Un suspiro!... ¿y por qué? ¿Cáelos,, acaso* 
tiene algo de común con los dolores 
ni la felicidad? ¿Ya en el ocaso 
su estrella no apagó sus resplandores? 
¿Indiferente al infortunio, el paso 
no mueve por doquiera, sin amores, 
sin dar al ruido mundanal un eco 
su corazón desencantado y seco? 

¡Ay, ese corazón fué tan aprisa 
despeñado en los piélagos del mundo, 
que si mira el pasado, en él divisa 
un largo siglo de dolor fecundo! 
Se acabó para Cáelos la sonrisa 
y, escondido del alma en lo profundo? 
coge allí la .raíz de sus dolores 
y la pone en su lira en vez de flores. 

El fué para los hombres, franco y bueno, 
noble su corazón cual la nobleza; 
pero existía un cáliz en su seno 
y una chispa del genio en su cabeza. 
Le llenaron el cáliz de veneno, 
la chispa hirió del mundo la corteza 
y él dijo al contemplarlo, fríamente: 
«nos miraremos, mundo frente á frente»,. 

Y después, desatando sin recelo 
del mundo y del espíritu los nudos, 
cual noble Caballero, que en el duelo 
deja su brazo y corazón desnudos, 
tras de la tempestad remontó el vuelo 



CANTOS DEL PERBGRIMO 221 

■del infortunio al ¡Ay! sus labios mudos, 
-comenzando esa vida, ese romance 
que ojalá nadie á comprender alcance. 

Esa vida, ese cúmulo de escenas, 
donde el drama del mundo lia conocido 
. y donde todo, sin excluir las penas, 
é, excepción del honor, ha consumido. 
¿Cuáles dichas de amor le son ajenas? 
¿Qué hiél del infortunio no ha bebido? 
-¿Qué lágrima ha quedado en su pupila? 
.¿A qué se lanza ya, ni en qué vacila? 

¿Acaso los recuerdos todavía 
•arrebatan á su alma ese suspiro? 
¿Del cielo tropical el claro día 
viene á su mente á perturbar el giro 
de las negras ideas? ¿Su alma umbría 
se alumbra con el rayo de zafiro 
que el Crucero en su espléndido palacio 
vierte en hebras de luz sobre el espacio? 

¿Acaso su inmortal cinco de Enero (1) 
ese suspiro lánguido arrebata, 
y recuerda con él su amor primero, 
y esa mujer hasta con Dios ingrata, 
para entregarle el corazón entero; 
esa mujer cuyo recuerdo mata, 
porque, al verla una vez, el alma expira, 
si lejos de ella y de su amor suspira? 

Aquella á quien un día el Peregrino 
dijo: «¡Adiós! yo te he amado hasta el excesa, 
mi amor primero te guardó el destino, 
toma, guarda también mi último beso; 
si te hallare otra vez en mi camino, 
entonces te diré con embeleso, 
■S^conoces el sello de tu boca 



222 OBRAS DE JOSÉ MÁ RilOL 

ven. y mi labio con tu labio toca.» 

No, no es esa quien hora de su pecho 
arranca ese suspiro; la ama tanto, 
que el corazón en lágrimas deshecho, 
ó sueños de placer, en vez de llanto, 
yunca á su imagen y á su amor estrecho 
nunca suspira, pues su dulce encanto 
es guardar cuanto fué y es de su bella 
sin que robe un suspiro el nombre della. 

Esas ondas que mira el Peregrino 
¿no sabéis cuáles son? Son las del Plata; 
y esas nubes que el rayo matutino 
sobre el cénit azul blancas delata, 
le descubren el Cabo Cisplatino 
cuya sombra en las olas se retrata. 
¿Comprendéis el suspiro? Al sur, la nube 
de las riberas de su patria sube. 

Si al extranjero que aprendió la historia 
de estos pueblos, las ondas de su río 
inspiran un recuerdo en su memoria, 
triste como el crepúsculo del día, 
al que en ellas nació, cuando la gloria, 
que al nacer expiró, también nacía, 
¡oh, que no inspirarán si acaso siente 
sensible el corazón y alta la mente! 

El Peregrino sus miradas gira: 
á su izquierda la patria. Allí está ella, 
dice, y las nubes y las ondas mira, 
por distraer el alma de la huella 
que labra la vergüenza... El aura aspira 
de la patria oriental... Sus rocas, bella 
baña la luz del sol... mas ¡ay! le muestra 
que también hay tiranos á su diestra. (2) 



CANTOS DEL PEREGRINO 22o 

¡De un hombre que en el Plata fué su cuna, 
sus esperanzas y su fe primeras, 
es por cierto, gran Dios, bella fortuna 
estar del rio entre las dos riberas, 
y saber que á la vez en cada una 
la barbarie despliega sus banderas; 
y que en aquella ó en aquesta orilla 
á su garganta espera la cuchilla! 

Es cierto, sí; mi pobre Peregrino 
bien habrá de mover su mundo interno, 
al contemplarse sobre débil pino 
navegando á la entrada de un infierno; 
bien puede meditar sobre el destino, 
los fallos de Satán ó del Eterno, 
á la vista de pueblos y señores 
que dejó malos y los ve peores. 

Su madre patria alli, y allí su hermana... 
hay parientes, por Dios, que más valiera 
llorarlos muertos en su edad temprana. 
Y esa madre de hermosa primavera 
y esa joven tan pura en su mañana, 
el triste viajador verlas quisiera 
en aqueso que llaman en la historia 
no tumba, sino templo de la gloria. 

¡Argentino! Por Dios y por mi vida, 
que este mundo no es hoy una gran cosa; 
si no se llama cosa desmedida 
siervo vivir de tiranía odiosa, 
ó arrastrar vagabunda y desvalida 
una existencia obscura, fatigosa; 
dos extremos, los únicos al hombre 
que lleva de Argentino el triste nombre. 

Antes era otra cosa; antes valía 
la pena de llevar una estrada 



224 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

el decir con orgullo y bizarría: 
nací argentino y en mi patria amada 
no hay ya ni esclavitud ni tiranía, 
y en la frente del hombre inmaculada, 
donde la libertad graba su sello 
► deslumhra un rayo de esperanzas bello, 

Pero antes esa patria, en vez de yugo, 
laurel tenía y palmas en la frente: 
en vez de miserables y verdugo 
hombre de honor y corazón valiente; 
y en vez del vicio cuyo amargo jugo 
hoy nutre sus entrañas torpemente, 
la miel de la virtud nutría el seno 
de amor, nobleza y esperanzas lleno 

Entonces á la luz del claro día 
■se conquistaban glorias inmortales, 
y el corazón en ecos repetía 
las voces de los cánticos triunfales; 
entonces por la patria se moría, 
y eran templos las urnas sepulcrales; 
entonces ¡ay! las madres envidiaban 
Ja suerte de los hijos que expiraban. 

Entonces en la lid nuestros guerreros 
dirigían al pecho castellano, 
como leales y nobles caballeros, 
la punta de su sable americano; 
entonces se envainaban los aceros 
y al vencido infeliz, la propia mano 
del vencedor cuidaba de su herida, 
-al que no quiso matar, dándole vida (3). 

Entonces el anciano, cuya noble 
frente, al peso del tiempo ya se abate, 
cual viejo y fuerte deshojado roble, 



CANTOS DEL PEREGRINO 225 

que resiste del viento el duro embate, 
escribía la ley, cuando el redoble 
convocaba sus hijos al combate, 
y ellos le daban patria con la guerra, 
y el viejo á ellos, ley para su tierra. 

Entonces en las bóvedas del templo 
la palabra de Dios repercutía; 
y la virtud de Cristo era el ejemplo 
que el sacerdote al pueblo descubría; 
entonces esta lira que yo templo 
á la voz de mortal melancolía, 
otros templaban á la dulce y bella 
voz de la libertad, en redor della. 

Entonces el labrador, cuando el arado 
volvía á levantar dejando el sable, 
de su esposa y sus hijos rodeado 
á la puerta del rancho miserable, 
ricas cosas contaba entusiasmado, 
todas de patria y gloria memorable, 
sin miedo de negar ó dar renombres, 
porque entonces los hombres eran hombres. 

Entonces eras tú, pueblo argentino, 
grande como los Andes y el Océano; 
y á la luz de tu fúlgido destino 
alumbrabas el mundo americano, 
derramando en tu espléndido camino, 
como Dios las estrellas con su mano, 
chispas de libertad, rayos de gloria, 
desde el carro veloz de la victoria. 

Podaban de los Andes de repente 
torrentes de guerreros á su acento, 
para caer cual rayos en la frente 
Mármol.— 15. 



226 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

de un trono con dos mundos por cimiento; 
como al eco de Dios, en llama ardiente, 
cayeran en raudal del firmamento 
nubes y nubes que el cénit desploma 
en la reproba frente de Sodoma. 

Y á sus plantas tiraba hecha pedazos 
la cadena de fierro de dos mundos, 
que cayeran del cielo sin más lazos 
que aquellos del amor, y los profundos 
mares que los estrechan con sus brazos, 
por más que sus desiertos infecundos 
donde todo se pierde ante los ojos, 
parezcan separarlos con enojos. 

Y cambiaba del hombre los destinos 
levantando una virgen de esperanza, 
como alza Dios los rayos matutinos 

y cambia el huracán por la bonanza; 
y abria de un futuro los caminos 
donde una nueva humanidad se lanza, 
como hizo Dios al presentar la oliva 
dentro del Arca á la familia viva. 

Entonces al sepulcro caminaba 
paso á paso el guerrero, y de su frente 
la aureola el sepulcro iluminaba 
y el más allá de la futura gente. 
El sol así, cuando su marcha acaba 
lleno de majestad en occidente, 
de su tumba los bordes ilumina 
mientras á otra región su luz camina. 

En fin, la vida y aun la misma muerto 
en los pueblos del Plata, para el hombre 
eran entonces envidiable suerte; 
vida era gloria, y muerto era renombre. 



CANTOS DEL PEREGRINO 227 

Pero á esa patria, valerosa, fuerte, 
llena de gloria y opulencia y nombre, 
rica de corazón, rica de espada, 
¿sabéis ahora lo que resta?... ¡Nada! 

Parece que su frente hubiera sido 
por la vara de un mágico tocada, 
ó la trompeta de Josué sentido, 
al mirarla tan rápido postrada. 
Parece que algún soplo desprendido 
de las egipcias playas, abrasada 
su atmósfera dejase, y de repente 
postrado hubiera la marchita frente. 

Todo, todo pasó; gloria, opulencia, 
la virtud misma del hogar no existe, 
y las horas las cuenta la existencia 
por los golpes del fierro que resiste. 
La propia flor de la beldad su esencia 
ha perdido y su brillo, mustia y triste 
encerrada con hálitos impuros 
de la barbarie entre los altos muros. 

Apenas esa patria que derrumba, 
más y más cada dia el despotismo, 
y besa más la mano que la tumba, 
cuanto más la despeña en el abismo; 
apenas, como el polvo de una tumba 
tiene flores que brota de sí mismo, 
tiene ella por el mundo algunos hombres 
celosos de sus glorias y sus nombres, 

que han bebido la hez de la amargura 
pajo el pálido sol del extranjero, 
y consuelan su misma desventura 
con hablar á su patria dulce agüero; 
que bajo suelo extraño sepultura 



228 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

dan á sus viejos padres y al guerrero; 
y les dicen: «Quedad hasta que un día 
lloremos ¡ay! vuestra ceniza fría». 

Que ven nacer sus inocentes hijos 
sin nacer en la patria de su padre; 
y en vez de maldecir, hacen prolijos 
que al empezar á hablar la llamen madre: 
y siempre en Dios y en la esperanza fijos, 
cuando á su patria la bonanza cuadre, 
ven que el dolor y la vejez los labra 
sin decir de Scipión la cruel palabra. (4) 

Aquesto y nada más, patria argentina, 
queda de tu pasado y tu grandeza; 
es el último rayo que ilumina 
del sol que abrillantaba tu cabeza. 
Pero lejos de ti su luz camina 
sin animar tu lívida belleza; 
esa que abrigas torpe muchedumbre 
nada conserva de tu antigua lumbre. 

¿Nada?... ¡Oh, es mucho nadal Tiene menos 
esa gente en el vicio embrutecida; 
tiene acreedores de piedad ajenos, 
tiene la humanidad, que sorprendida, 
y los cielos también de pasmo llenos 
le piden ouenta, y en rigor debida, 
de esos largos escándalos salvajes, 
con que al mundo y á Dios comete ultrajes. 

Cuenta qUe has de pagar, redil de esclavos, 
pueblo sumido en lodazal del crimen, 
espúrea raza de los hombres bravos 
que hoy en la tumba de vergüenza gimen. 
¡Ah, bien la pagas ya!... Sientes los clavos 
y el son de las cadenas que te oprimen; 



CANTOS DEL PEREGRINO 229 

dentro del corazón la verdad sientes, 
y nuevo Gralileo, crees y mientes. 

Diputados, ministros, generales, 
¿Qué hacéis? Corred; el bruto tiene fiebre; 
arrastrad vuestras hijas virginales 
como manjar nitroso á su pesebre. 
Corred hasta las santas catedrales; 
á vuestros pies la lápida se quiebre; 
y llevad en el cráneo de Belgrano 
sangre de vuestros hijos al tirano. 

Que su carro triunfal vuestras osposas 
arrastren otra vez, dadlas al bruto, 
para que os honre, si las halla hermosas, 
con daros de su raza un noble fruto. 
¿De qué no es amo y digno vuestro Rosas 
si le disteis la patria por tributo? 
Gracias, señores, gracias por la gloria 
que dejáis de nuestra época en la historia. (5) 

Envidiasteis tal vez á los campeones 
que llamáronse célebres un dia, 
y al nivel de esos ínclitos varones 
os quiso levantar vuestra osadía. 
Y en efecto, tan altas ambiciones 
se os han llenado ya, y en demasía; 
pues la fama, con nombres y apellidos. 
os llama los más célebres bandidos. 

Generales, ministros, diputados, 
grande es vuestra misión en vuestra era; 
y, si por buena ley morís ahorcados, 
ni admirable tal vez, ni extraño fuera, 
que allí vuestros cadáveres colgados 
quedasen, corno ejemplo al que los viera 
del modo cómo se hacen inmortales 
los célebres, los altos criminales. 



230 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

¡Oh Rosas! No la prensa y la tribuna 
del brasilero, grande solamente 
te llamará, eso no; también hay una 
joven y noble y argentina frente, 
que hoy se levanta, y sin temor ninguna 
te llama grande, fuerte, omnipotente, 
j asi te llama ante la luz del día, 
que es frente sin doblez, porque es la mia. 

Y asi te llamo, para orlar de gloria 
esa patria infeliz á quien adoro; 
que destinada en_su naciente historia 
á escribir con valor páginas de oro, 
primero la grandeza en la victoria, 
después de inteligencia un gran tesoro 
y á ti después te levantó en sus manos, 
si más grande de todos los tiranos, 

¿Quién más que tú fué grande en osadía? 
Escupes en la frente de la Europa; 
y ese mundo de regia jerarquía 
te brinda luego de amistad la copa, 
y pisas del bajel en que la envía 
el pabellón de la soberbia popa. 
Gracias, Rosas: mi nombre de argentino 
que el de enemigo tuyo antes me vino. 

Ese nieto imperial de veinte abuelos, 
hijo pigmeo de gigante padre, 
manda tender del águila los vuelos, 
luego que al potro de la Pampa cuadre; 
y tú, rama del pasto de los suelos, 
gaucho sin Dios ni ley — de obscura madre; 
haces que lleve un puntapié consigo, 
y te llame el monarca Grande Amigo (6). 

Uno que es más que tú, transformó un día 



CANTOS DEL PEREGRINO 231 

en estatua de sal una belleza; 

y tú, mayor que él en fantasía, 

has tenido el capricho en tu cabeza 

de hacer de una nación de nombradla 

un pantano cubierto de maleza, 

y de un millón de seres racionales 

número igual de estatuas animales. 

Estatuas con resortes; tú las tocas 
y ellas corren, se paran, lloran, cantan, 
les das de latigazos, y más locas 
saltan, gritan, te aplauden y se encantan; 
y al ruido el infierno abre sus bocas 
y hasta Satán y el Tártaro se espantan, 
que á tantos á la vez ni Satán mismo 
enloqueció jamás en el abismo. 

Gracias, llosas; mi mente de poeta 
busca la novedad, y cada fibra 
siento del corazón latir inquieta 
por toda voz que de ignorancia libra; 
y tú eres á mi oído una trompeta, 
que en ecos claros me repite y vibra: 
que si tú no eres grande, pocos reyes 
y pocos hombres hay que no son bueyes: 

¡Ah, Rosas, si mi joven Peregrino 
á quien haces viajar pobre y errante, 
te encuentra alguna vez en su camino 
habréis de ser amigos al instante. 
Puede ser que se canse el argentino — 
Tú apuestas á que no y — ¡ay! su gigante, 
viaje por el Brasil ó por la Europa... 
si te halla Carlos tocaréis la copa. 

Y gran cosa por Dios mirar sería 
conversando el demonio y un poeta, 
en una noche de tormenta, umbría,. 



232 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

con yoz pausada, con pupila inquieta, 
á la pálida luz de una bujia, 
entre misterio y soledad secreta, 
acariciando cada cual á solas 
el oculto puñal ó las pistolas. 

Y descubriendo de tu mundo interno 
esos cóncavos senos del delito 

que abrió en tu corazón el mismo infierno- 
para vaciar la rabia del precito; 
y mostrando el poe qué del odio eterno 
que fulminó tu corazón maldito, 
saber Cáelos entonces el enigma 
para cantar su horrible paradigma. 

Y al oscilar la luz sobre tu frente,, 
las sombras de tus víctimas pasando 
contemplase el poeta, y de repente, 

el trueno en los espacios retumbando, 
y de cien rayos á la llama ardiente, 
ver con arpas de fiero negro bando 
de bardos de Luzbel, á roncos gritos 
cantar tu maldición y tus delitos. 

Todo esto, para Cáelos, bien seria 
espectáculo ameno — escena rara 
del drama de su vida, — y bebería 
contigo dos botellas cara á cara, 
sin miedo y con placer. ¡Cuánto sabría! 
¡Tú que enseñas tan bien, con voz tan clara! 
Mas ¡ay! no te he de hallar; y Grande y Fuerte 
seguirás en tu cátedra de muerte. 

¡Cuánto no has enseñado y puesto en duda! 
¡Cuánta filosofía no has dictado 
de ficción y oropel siempre desnuda! 
Las cosas como son has enseñado: 
la ley do Dios para la tierra, muda: 



CANTOS DEL PEREGRINO 

"bajo el látigo el hombre arrodillado; 
y que todo es ficción cuanto decimos 
del palabrero siglo en que vivimos. 

Una cosa más práctica la mente 
te debe todavía; y es el modo 
de comprender de América el presente 
y su modo de ser y sufrir todo; 
pues, libre un poco más, toda su gente 
cual la que mandas tu, duerme en el lodo; 
erial de los alcaldes y virreyes 
do plantaron el bosque de sus leyes. 

Hay coincidencias raras en la vida 
de los célebres pueblos. Cuantos males 
ha sufrido la España en su caída, 
los debe á esos magníficos caudales 
que le enviaba la América oprimida; 
y esta debe de llantos sus raudales 
á las manos que España le mandaba 
para coger el oro que encerraba. 

Yo miro levantarse soberana 
de "Washington la patria, como el astro 
que del pálido oriente en la mañana 
se alza dejando iluminado rastro: 
miro su libertad virgen y ufana 
despeñarse en su carro de alabastro, 
atravesar los piélagos profundos 
y en sus hombros después volver con mundos. 

Yo miro del Brasil brotando lumbre 
la razón y la industria palpitantes, 
como brotan en rica muchedumbre 
sus arenas el oro y los diamantes: 
y allí su libertad en regia cumbre 
fascinar con sus ojos rutilantes, 
cual fascina su monte y su pradera 



234 OBRAS DT3 JOSÉ MÁRMOL 

con su eterna y lujosa primavera. 

Y yo miro también que donde el carro 
de la España rodó, sobre la tierra 
inmensa de Cortés y de Pizarro, 
hay solamente esclavitud y guerra, 
pueblos sumidos en inmundo barro 
que estremecen los llanos y la tierra, 
recibiendo en la punta de las lanzas 
de la alma libertad las esperanzas. 

Salud, Duque de Bivas. Eres hombre 
que dijiste verdad en ecos llanos, 
cuando dijiste, por negarnos nombre : 
Españoles seréis, no americanos... 
Hé aqui la verdad por más que asombre* 
la verdad que descubre cien arcanos; 
el prolijo compendio de una historia 
que ya cuenta más lágrimas que gloria 

Aqui hay España, sí; pero no aquella 
España de los ínclitos varones, 
que por su Dios y por su patria bella, 
de Cristo y de Castilla los pendones 
al rayo divinal de clara estrella 
y al soplo de sus nobles ambiciones, 
desplegaban doquier, y el mundo todo 
seguia el carro del triunfante godo. 

Mas no la España que de su alta frente 
el dulce rayo del saber fecundo, 
llena de majestad su luz fulgente 
brillaba por el ámbito del mundo; 
y cual fuera en las lides imponente 
de sus armas al golpe furibundo, 
fuera después, al golpe de su acento, 
bizarro paladín del pensamiento. 



CANTOS DEL PEREGKI1SO 235 

Esa España su gloria nos daría, 
y el alma de Colón al vernos grandes, 
nuestra madre inmortal bendeciría 
desde la sien de los soberbios Andes; 
y á su virgen espléndida diría: 
«Para que al mundo en lo futuro mandes, 
» cuando te halló desnuda entre las olas, 
>te cubrí con banderas españolas». 

Mas era su poder, poder del suelo, 
humana creación que al fin perece, 
y debía brillar como en el cielo 
exalación que brilla y desparece; 
y cuando tras del mar alzóse un velo 
y á sus ojos la América se ofrece, 
sobre los campos de Rocroy caía (7) 
la última luz de su rosado día. 

Y sumergióse luego en el torrente 
de las edades, y dejó en la historia 
las huellas de sus pasos solamente, 
que también pasarán con su memoria; 
hasta que al fin la venidera gente 

pierda hasta el nombre de su antigua gloria, 

yerta en el panteón de las edades 

con sus hombres, sus siglos, sus ciudades. 

Y en el Tajo, el Sena, el Rhin, en cuyas olas 
al son guerrero de su trompa un día, 

ó al eco de las liras españolas, 

el nombre de la España se aplaudía, 

perdidas de su sien las aureolas, 

y las lluvias de luz y de armonía, 

no sabrán -de sus liras ni su trompa, 

ni que hubo España de envidiable pompa. 

De su caos los siglos se desprenden, 



236 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

llegan, ruedan, levantan en sus manos 
generaciones, mundos, y descienden 
de la honda eternidad á los arcanos. 
A-sí del hombre las pasiones hienden 
por esos del placer goces mundanos, 
roban la aroma de la flor, y luego 
vuelven al corazón marchito el fuego. 

Tienen y nada más sobre este mundo 
una nación, un siglo — un hombre, un día; 
y el antes y el después es infecundo 
tiempo que habita entre la nada umbría, 
y es la memoria en su caos profundo 
al Partenón y al Capitolio frío; 
y de Venecia apenas los canales 
hablan de Bucentauro y Carnavales. 

Y la grande misión, el siglo bello 
terminaban de España; á su cabeza 
había orlado ya con todo aquello 

que puede dar de grande la grandeza, 
y sobre el viejo mundo puesto el sello 
de su genio, su lanza y su nobleza, 
cuando un hombre, en los siglos sin segundo, 
pidióla un barco para darla un mundo. 

Suele haber en la suerte un mal sentido 
que no sabe dar precio á los momentos; 
antes un siglo el genovés nacido, 
la España hubiera puesto los cimientos» 
A un nuevo porvenir; habría sido 
el orbe avasallado á sus acentos, 
y el cataclismo que tumbó su frente 
deshecho por su mano omnipotente. 

Y si un siglo después nace y le muestra 
este mundo Oolón, ya no lo toca: 



CANTOS DEL PEREGRINO 237 

el galo y el bretón ponen la diestra 
y sus muros de bronce en nuestra roca... 
jAy! la fortuna de hoy menos siniestra 
fuera para nosotros, y más poca 
servidumbre á la España costaría 
este mundo encontrado en fatal día. 

No habrían derramado al suelo hispano 
esas brillantes lluvias de tesoros 
las nubes del cénit americano 
para agostar la flor de sus decoros; 
para embriagarlo y enervar su mano, 
para hacer que brotara de sus poros, 
desde Felipe hasta Fernando, males, 
en tres siglos á España tan mortales. 

Eso es lo que hay aquí. La España muda, 
la que tres siglos de fatal memoria 
bajo el peso gimió de ambición ruda; 
llorando apenas su perdida gloria 
alguna lira de temor desnuda, 
lágrima santa que guardó la historia; 
ó la voz de alguna alma sin mancilla 
junto al fuego ó al pie de la cuchilla. 

La España con que luchan todavía 
de sus hijos de ahora el genio y brazos, 
sin poderla vencer en su porfía, 
ni con rayos del genio ni á balazos; 
en la que el fraile pertinaz porfía; 
la que ese Rey con cetro hecho pedazos 
en tenaz ambición mueve y ensaña 
contra la nueva floreciente España. 

Eso tiene este mundo americano, 
como fibras de vida dentro el pecho, 
desde el florido suelo mexicano 



238 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

\asta la estéril roca del Estrecho; 
absolutismo, siervos y tiranos, 
farsas de libertad y de derecho, 
pueblo ignorante, envanecido y mudo; 
superstición y fanatismo rudo. 

Eso tienes, América; responde: 
¿cuál es tu porvenir? quita un instante 
tus ojos de la urna en que se esconde 
de tus glorias el tiempo de diamante; 
deja tu noble vanidad, y ¿dónde, 
dime, se aclara el más allá, que errante 
busca inquieta y tenaz la mente mía 
entre las nubes de tu noche umbria? 

Deja tu gloria en la nevada cumbro 
de los altivos Andes, frente á frente 
con la posteridad brotando lumbre, 
de mar á mar, en fúlgido torrente; 
deja también la rica muchedumbre 
de las verdes promesas de tu mente, 
y mirando tus hombres, lo que ignoro 
yeyélame, por Dios, que yo te adoro. 

¿Cuál es tu porvenir? ¿Por qué camino 
despeñada mi mente en lo futuro 
encontrará de América el destino, 
atravesando siglos, como el puro 
rayo de sol nadando brillantino 
de nube en nube en el cénit obscuro? 
Habla: los Andes, y la mar, y el viento— 
¿rio ves? — se postran á esperar tu acento. 

Yo só que serás tú la flor más blanca 
en el jardín del porvenir humano; 
y que en tu cielo el Hacedor estanca 
las lluvias que abrirán puro y lozano 



CANTOS DEL PEREGRINO 23-} 

ta cáliz virginal; y al orbe, franca, 
olas darás de tu ámbar soberano; 
yo sé que tus destinos son estrellas, 
¿más cómo, madre, di, rodarán ellas? 

¿Habrá sobre tus hombros, algún día, 
el manto azul de Césares acaso, 
y espléndido y brillante, madre mia, 
en tapiz regio marcarás el paso; 
y tu primera estrella mustia y fría, 
llevada por el tiempo hasta el ocaso, 
habrá dejado apenas por memoria 
el nombre de República en la historia? 

Pero silencio... la tormenta ruge, 
y á los golpes del rayo de repente 
en su cimiento de oro el Andes cruje... 
tú sabrás qué poner sobre tu frente 
cuando en el cielo el iris se dibuje... 
entre tanto, esta chispa que mi mente 
acaba de arrojar, hoy no se mire; 
que en la posteridad luzca ó espire. 

Entre tanto, también con tus cadenas 
queda, ¡oh Plata! y tus crímenes prolijos, 
como Saturno, de sus propias venas 
tragándote voraz los tiernos hijos; 
tendido en tus bellísimas arenas 
queda en sangre no más tus- ojos fijos, 
como ol boa del Indo harto d6 entrañas 
postrado queda entro aromadas cañas. 

Queda por medio siglo todavía 
; pobre patria argentina, sin guirnalda, 
sin luz, sin genio, aletargada y fría, 
brotando las heridas de tu espalda 
la sangre que nutrió tu tiranía; 



240 OBRAS DE JOSÉ MÁRJÍOL 

y cuyo rastro el monte hasta la falda, 
las piedras, los desiertos, cuanto existe, 
conservarán enrojecido y triste. 

Queda hasta el más allá, donde el destino 
de América revele los arcanos, 
y con ellos también, suelo argentino, 
los tuyos que el futuro entre sus manos 
conserva todavía; y el camino 
porque transitas hoy, y esos tiranos, 
sean en colosales dimensiones 
cu adro de novedad é inspiraciones. 

Suspira el Peeegrino y de la nave 
vuelve del Sur la vista conmovida. 
¿Cómo no ¡suspirar, cuando no cabo 
dentro del pecho tan ingrata vida; 
cuando pasan los años y no sabe 
sino que pasan sin curar la herida; 
cuando en su mente ¡ay! todo concentra, 
y á nada y nadie su memoria encuentra? 

Cuando á los hijos del honor divisa 
condenados de Tántalo al suplicio; 
y mira en el tirano la sonrisa 
y á ellos ahondar su propio precipicio; 
trabajar con valor, y más á prisa 
que el ariete se alzó, ser el desquicio; 
cuando ve por doquier tiempos y lanzas 
y por do quier perdidas esperanzas! 

¡Y siempre bajo el sol del extranjero 
y siempre el pan de la miseria amargo! 
Cáelos ¡ay! tiene el corazón de acero 
para llorar por él; pero ¡es tan largo 
el tiempo que ha corrido lastimero 
sobre tanto infeliz; y el triste cargo 
de llorar su dolor, es tan sagrada, 
tan hermosa misión de alma inspirada! 




Suspira el peregrino, y el de la nave 
Cactos del peregrino 



Lajiina V 



CANTOS DEL PEREGRINO 241 

Allí están unas rocas — ¡Sufre tanto 
al volver á mirarlas de este río, 
regadas por la sangre y por el llanto, 
bajo un cielo tan lúgubre y tan frío!... 
Allí donde otra vez su primer canto, 
como al alba del ave el primer trío, 
saludó el porvenir, fija su frente 
■en las rosadas nubes del Oriente!... 

Allí donde en el alba de su vida 
se abrió la flor de sus afectos pura, 
y vio la primer hoja desprendida 
al primer temporal de desventura... 
Allí cononoció su alma sorprendida 
su luz vital y su misión futura... 
Allí vio descubierto su camino, 
allí dio el primer paso El Peregrino. 

Allí están esas rocas orientales 
do le arrojaran de su patria bella 
esos raudos furiosos temporales 
que deshojaran la guirnalda en ella! 
¿Y cuándo? Cuando apenas virginales 
veía Cáelos los rayos de su estrella; 
cuando daban apenas entre amores 
sus dieciocho años las primeras flores! 

Y ya cárcel, cadenas y destierro, 
amor, placeres, juventud perdida; 
y ya la sin piedad mano de hierro 
del infortunio taladrar la vida; 
y ya el primer dolor, el primer yerro, 
la primer falta, la primer caída, 
y ya, en cuerpo infantil, alma enlutada, 
de pasión en pasión ir despeñada!... 

Mármol. — 1(5 



242 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Y ya saber odiar... y entre despojos 
dejar la patria por la vez primera 
sin brotar una lágrima sus ojos!... 

¡Y ya con alma noble y altanera 
soportar desengaños y sonrojos, 
pisando sin hogar patria extranjera!... 
Pasad tristes recuerdos de la mente — - 
allí están esas costas del Oriente. 

Bellas como su nombre, allí su falda 
besan del río y de la mar las olas, 
y las cumbres bordadas de esmeralda 
el ámbar de la flor esparcen solas, 
cual si el aura que agita su guirnalda 
impregnada de esencia de amapolas 
adormeciera desmayado al hombre 
dentro de ese jardín bello hasta en nombn 

En esos campos el corcel de Carlos 
cien veces estampó sus herraduras, 
cuando quiso el poeta contemplarlos, 
lleno por tradición de su hermosura; 
y pudo en sus bellezas admirarlos 
y más que su belleza en su ventura, 
que eran felices ¡ay! pues más que flores 
brotaban libertad y paz y amores. 

¡Oh! esos campos son fértiles y bellos 
cual corazón de quince primaveras! 
De la alta bendición vense los sellos 
en la vegetación de sus praderas: 
en el millar de arroyos que por ellos 
serpean entre blancas primaveras, 
como arterias de un cuerpo derramando 
vital licor en movimiento blando. 

Y en esas mil espléndidas cuchillas 



CANTOS DEL PEREGRINO 243 

ricas de gracia y aromadas flores, 

que en medio de las mies son amarillas 

nubes que flotan ricas de colores; 

y cuando hiela Julio sus orillas 

y el Pampero desata sus rigores, 

son las obscuras y robustas ondas 

que en el centro del mar se alzan redondas. 

¡Ay! en ellas la brisa era tan pura, 
tan grata para el alma del proscrito, 
que al ver su patria bajo nube obscura — 
atmósfera de sangre y de delito — 
ciudadano del mundo, á la aventura, 
salió á buscar el hálito bendito, 
soplo puro de Dios, dulce, sin nombre, 
de la suprema libertad del hombre! 

¡Ay! entonces ese hálito de vida 
refrescaba la sien del uruguayo, 
y esa patria, esa rosa desprendida 
de la corona virginal de Mayo, 
desplegaba sus hojas engreída 
del alma libertad al dulce rayo; 
y en la más joven de sus tiernas hijas 
tenia Mayo sus miradas fijas. 



Llena de fuerza y de temor desnuda, 
arrebatar al Plata parecía 
todo su porvenir en sólo un día. 

La industria de la Europa en raudas alas 
miraba la infeliz Montevideo 
llegar para cubrirla con sus galas. 
Era el bello festín de su himeneo 
con el progreso, en las brillantes salas 
del arte, de la ciencia y del deseo; 



244 OBRAS D3 JOSÉ MÁRMOL 

pues cuanto pudo ambicionar su mente 
allí tenía para orlar su frente. 

Atropellando las soberbias olas 
del Plata, dilataba sus cimientos; 
y en las rocas estériles y solas 
improvisaba ricos monumentos; 
y en ellos y doquier las aureolas 
de las artes burlaban los momentos; 
y eran, al contemplarla, recordadas 
las fabulosas grutas encantadas. 

-La Libertad cubria su cabeza 
con su manto de luces, y atraídos 
por el tocante imán de su belleza 
los hijos del lionor, los escogidos 
paladines de la última nobleza 
de la argentina patria, conmovidos 
llegan á guardar bajo ese manto 
sus bellas esperanzas y su llanto. 

Un coro de poetas esparcía 
su música inefable para el alma, 
regalando en su dulce melodía 
para el inquieto corazón la calma; 
porque es lluvia de Dios la poesía 
que al pecho del mortal la fiebre calma* 
irresistible y santa, cual la pura 
lágrima virginal de la hermosura. 

Ellos, con arpas de marfil, el lloro 
del proscrito calmaban y sus penas; 
ellos la libertad con trompa de oro 
anunciaban al pueblo entre cadenas; 
y sus almas de fúlgido tesoro 
de inspiración y de armonía llenas, 
saludaban también el primer rayo 
que anunciaba en Oriente al sol de Mayo. 



CANTOS DEL PEREGRINO 245 

Y la felicidad lluvia de flores 
derramaba también sobre la frente 
de esa ciudad, que, rebosando amores, 
era, en verdad, belleza del Oriente) 
un tulipán de espléndidos colores, 
que á la orilla del Plata de repente 
se levantaba á seducir los ojos 
y á dar al corazón goces y enojos. 

Pues era un carnaval de mil placeres, 
que por primer imán de todos ellos 
tenía sus bellísimas mujeres 
con seno de jazmín, negros cabellos 
y ojos que procuraban por quehaceres 
quemar al corazón con sus destellos. 
¡Clima frío, salud; salud, hermosas! 
Sois lo que hay de ese tiempo y esas cosas. 

La sangre ha enrojecido las campañas 
de esa patria que fióse en la fortuna; 
los hijos han rasgado las entrañas 
do la madre infeliz, y en cada una 
levantan el laurel do sus hazañas. 
Pueblo del Plata, al fin; fuerte en la cuna 
y. apenas joven, en vejez de males, 
no deja de su fuerza ni señales. 

Esa patria tan bella en su regazo 
ahogó su tierna libertad querida; 
como madre inexperta, que en su brazo 
su primer hijo sofocó dormida. 
En un solo momento ha roto el lazo 
con su prosperidad, y en larga vida 
el yermado jardín no tendrá flores 
ni el tulipán espléndidos colores. 



246 OBRAS DE JOSÉ' MÁRMOL 

Una lluvia de lágrimas la tierra 
lia bebido, mezclada con torrentes 
de la sangre vertida en torpe guerra; 
y rotas del dolor todas las fuentes, 
esa patria oriental ahora no encierra 
sino del mal los fúnebres cimientos, 
que esa lluvia de llanto es esperanza 
de una flor que se llama la venganza. 

¡Ah! cuando á ese miserable plugo, 
moderno don Julián, con rabia extraña (8) 
vender la patria al extranjero yugo, 
no adivinó que él mismo su anatema, 
su nombre de traidor y de verdugo, 
entregaba también como el emblema 
con que habrá de indicarlo á la memoria 
de la futura gente nuestra historia. 

Y que una maldición sobre su nombre 
en la posteridad se grabaría, 
y que al pasar junto á su tumba el hombre 
sus ojos con horror apartarla, 
no habrá, no, quien mirándola se asombre 
de hallar en derredor flores un día, 
que el alma tigre de Nerón le cupo, 
mas sus caprichos de virtud no supo. (9) 

Pero esa patria en su dolor aun halla 
almas de libertad y valor llenas, 
como en sangriento campo de batalla 
suelen verse silvestres azucenas, 
que no ofendió el rigor de la metralla 
ni salpicó el torrente de las venas... 
y el heroísmo de D'Assas tuvieron (10) 
y á su alma los pueblos respondieron. 

Mas ¡ah! la herida es honda: muchas veces 



CANTOS DEL PEREGRINO 247 

verá al ombú reverdecer sus hojas r 
y las praderas renacer las mieses, 
antes que veas tú las manchas rojas 
desparecer del suelo, antes que ceses 
en la recordación de tus congojas; 
antes que bebas del placer la almíbar 
sin que tenga una lágrima de acíbar. 

He aquí el Plata con sus dos riberas; 
he aquí alzado el velo del presente, 
y á la vista las horas lastimeras 
que ruedan de sus pueblos en la trente, 
como sombras que pasan agoreras 
de un tiempo cada vez más inclemente; 
he aquí la verdad, amarga y dura, 
mas la verdad, al fin, sagrada y pura. 

No hay misterios al ojo del poeta, 
dueño del corazón, donde la vida 
guarda de todo la raíz secreta. 
La dulce rosa que al amor convida 
y la amarga cicuta que la inquieta 
pasión del odio y la venganza anida, 
nacen del corazón: ¡ah! ¡no hay arcanos 
á quien lo tiene entre sus propias manos! 

( 

El mal está en el hombro, no en las cosas; 
y eso que llaman en el mundo estrellas, 
hado, fortuna, suertes veleidosas, 
son invenciones de la mente bellas 
con que las almas cubren afanosas 
los errores y vicios de sus huellas. 
La fortuna es el hombre, y el abismo 
de sus males, también el hombre mismo. 

No hay fortuna ni estrella para el Plata, 
son sus hombres, no más, sus pro-oíos males. 



248 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

está en su alma la llaga que los mata. 
Ausentes de sus rayos divinales 
de la fe y la virtud, en noche ingrata 
se piesden de las sendas fraternales, 
y todos marchan de distinto modo: 
falta la religión y falta todo. 

Cuando el tiempo en su mano poderosa 
haya llevado al fondo de su abismo 
una generación ya cancerosa, 
y que el tiempo á la vez traiga en sí mismo 
otra que sienta en su alma la preciosa 
y purisima luz del cristianismo, 
no habrá un astro de más sobre los cielos 
y paz de Dios habitará estos suelos. 

He aquí el Plata; su pasado hermoso 
es de eterno valor rica simiente; 
su futuro es el árbol majestuoso 
que alzará della su verdosa frente; 
¿no conocéis la tierra que el valioso 
germen de ese árbol guarda? Es el presente; 
y aunque es verdad que la semilla encierra, 
es nuestro tiempo de hoy tan sólo tierra... 

No son del corazón ocultas penas 
que vibran en las cuerdas de la lira, 
cuando estas voces de congoja llenas 
bajo del patrio sol triste suspira; 
es que un rumor escucha de cadenas, 
truenos del cañón, gritos de ira, 
cuando al dejar el mar siente las olas 
bramar del Plata en las arenas solas. 

Es que hay un no sé qué de pesadumbre* 
en las auras que vagan sobre el Plata; 
un no se* qué fatídico en la lumbre 
que en el cénit azul el sol dilata; 



CANTOS DEL PEREGRINO 249 

un no sé qué de vaga muchedumbre 
de ideas, que en el alma la más grata, 
la más bella esperanza desvanecen 
y los dorados sueños obscurecen. 

No es el alma, es el tiempo en que vivimos 
el que vibra en la lira sus rigores. 
¿Si hasta la luz que alumbra maldecimos 
cómo cantar el ámbar de las flores? 
¡Si el mismo porvenir que bendecimos 
no nos guarda su luz ni sus amores; 
si hasta la fe en el alma se aniquila, 
y hasta el llanto se agota en la pupila! 

Ved á Cáelos; el tipo, historia pura 
del alma de mil otros peregrinos, 
él no canta su propia desventura, 
él cruza de sa tiempo los caminos 
y es el ángel que espía la amargura, 
los ayes y los sueños cristalinos 
de sus hermanos, y en su triste lira 
hace á todos hablar cuando suspira. 

Y bien ¿qué tiene aquí? Dejó este río 
huyendo de su atmósfera pesada; 
ha sufrido dos años el hastío 
de una existencia lánguida, cansada; 
de la orfandad y desamor el frío 
su alma por las pasiones abrasada, 
y surcado la mar errante y solo 
desde el sol tropical al yerto polo. 

Ha sorprendido al mar en su misterio, 
la luna, las estrellas, los albores, 
la obscuridad entre su mismo imperio, 
la tempestad y el rayo en sus rigores 
la luz, la nube en su palacio eterio, 
en todos sus secretos y esplendores 



250 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

lia visto y lia cantado la grandeza 
de una virgen feliz naturaleza. 



Ha cantado al arrullo de los mares 
á su Dios, á su patria, á su querida. 
Nuevo Harold en alma y en pesares, (11) 
lia comprado con fibras de su vida 
una bella corona de azaliares. 
Y bien, ¿cesó el dolor? Brota la herida 
más y más sangre, y al volver al Plata 
el agudo dolor más lo maltrata. 

Planta exótica en su época maldita 
con la posteridad vive su mente, 
y allá en la luz del porvenir bendita 
un rayo busca su abatida frente. 
Escuchad, ¿no le veis? Su sien marchita 
se anima y se colora de repente; 
sobre las ondas sus miradas gira 
y, volando el bajel, pulsa la lira. 



CANTO DEL PEREGRINO 



AL PLATA 

Hincha ¡oh Plata! tu espalda gigante 
y atropellen tus ondas el pino; 
es ún hijo del suelo argentino 
el que vuelve tus ondas á ver. 

Que el pampero' sacuda sus alas, 
que las nubes fulminen el rayo; 
una hoja del árbol de Mayo 
es quien pasa rociando tu sien. 



CANTOS DEL PEREGRINO 251 

Brazo hercúleo del cuerpo argentino 
á la saña del alma responde, 
si el rigor en el alma se esconde, 
no desmienta su brazo el rigor. 

Sé' la imagen del tiempo presente 
y alborota tus ondas ¡oh Plata! 
Mira, mi alma cuan bien lo retrata 
desafiando tus ondas mi voz. 

¿No escucháis ese ronco bramido 
que estremece el desierto y la sierra? 
¿No sentís que se rasga la tierra? 
"¿No sentís un torrente bramar? 

¿En un mar de pasiones y sangro, 
sin orillas, ni luz ni horizontes, 
donde absorta la sien, de los montes 
mira rayos y pueblos rodar? 

Hincha ¡oh Plata! tu espalda gigante, 
no desmientas tu tiempo inclemente, 
y salpiquen tus ondas mi frente 
conmoviendo la nave á mis pies. 

Ese mar de pasiones y sangre 
mi barquilla también arrebata. 
¿Qué me importan tus ondas, ¡oh Plata! 
si aun aquéllas no abaten mi sien? 

De ola en ola mi frágil barquilla 
bogará por el mar iracundo; 
si me cupo esta suerte en el mundo, 
adelante, surquemos el mar. 

Mi alma tiene la fe del poeta, 
la esperanza me templa la lira, 
ese mar con su furia me inspira, 
y á su estruendo mi voz se alzará. 

De mi frente las nítidas flores 



252 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOI/ 

por los vientos verá desprendidas, 
y hasta el fondo del mar sumergidas, 
sin llorar al decirles adiós. 

Turbarán mi barquilla las olas 
y caeré dentro del mar sin enojos, 
pues yo sé que al cerrarse mis ojos 
queda abierta en mi nombre otra flor. 

Hincha ¡oh Plata! tu espalda giganto; 
que fulminen las nubes el rayo, 
una hoja del árbol de Mayo 
es quien pasa rozando tu sien. 

¿La borrasca me espera en la orilla? 
pues no duerman tus olas en calma. 
¿Tempestades esperan á mi alma? 
pues sacude también mi bajel. 

No me asustan la orilla ni el río; 
yo me voy más allá de mis años, 
y entre cielos y mundos extraños 
vivo tiempos que están por venir. 

Que haya sangre también en tus olas; 
que salpique su espuma mi frente; 
mira ¡oh Plata! cual vuela mi mente; 
oye ¡oh Plata! tu tiempo feliz. 



El ángel del futuro de hinojos en Oriente 
espera el primer rayo del venidero sol, 
para decir al hombre del viejo continente: 
«La aurora se levanta del mundo de Colón.» 

Mañana de esa aurora los rayos en el monto, 
los rayos en las ondas, los rayos á doquier, 
harán sobre los cielos, magnifico horizonte 
que bañará radiante de América la sien. 



CAXTOS DEL PEREGRINO 253 

Mañana en esos rayos ¡oh Plata! de repente 
descenderá del cielo la bendición á ti, 
y entonce el viejo mundo te gritará: «Detente 
mis razas arrebatas, mi genio y porvenir.» 

Y seguirán tus ondas tirando en las arenas 
las ciencias y las artes cual perlas do la mar, 

y de hombres y de industria y de virtudes llenas 
salpicarás el árbol frondoso de la paz. 

Y al empinar tu planta sobre tu propio abismo 
podrás girar altivo los ojos en redor, 

sin encontrar esclavos ni rudo fanatismo 
ui enrojecida huella de bárbara ambición. 

¡Ay triste del que osare sobre Argentina frente 
alzar de los tiranos el látigo otra vez! 
Sacudirás tus ondas y al eco solamentt 
ed hacha del verdugo le abatirá la sien. 

Cargado de recuerdos y vanidad entonce, 
ofertas y amenazas y naves burlarás, 
y ¡ay! triste para siempre del extranjero bronce 
que osare en las riberas del Plata retumbar. 

La libertad hermosa se bañará en tus olas 
el aire de su vida lo aspirará de ti, 
y en tus riberas, antes- tan áridas y solas, 
tendrá para dormirse su célico jardín. 

Y enamorado el hombre de su sin par belleza, 
el labrador sus flores derramará á sus pies; 

y el alto pensamiento mirando su cabeza, 
del genio en la batalla le buscará laurel. 

Y poderoso entonces y entusiasmado y libre, 
¿aué mano entre las nubes eclipsará tu sol? 



25i OBRAS DE JOSÉ MÁEMOIi 

¿Quién alzará la frente cuando tu acento vibre, 
y cien ciudades hagan el eco de tu voz? 

Cuando á tu ¡alerta! grite la Patagonia ¡alerta! 
¡alerta! el viejo Chaco y ¡alerta! el Paraná; 
y la nación levante su frente descubierta, 
diciendo con sus bronces al enemigo: ¡Atrás! 



Gózaos en la tumba, héroes de Mayo, 
el árbol que plantasteis dará fruto, 
cuando asome en Oriente el primer rayo 
y huya la noche con su triste luto. 

¡Oh! ese tiempo vendrá. Semeja ¡oh Plata! 
los temporales de mi tiempo yerto... 
mi voz, con tus bramidos arrebata.,, 
adelante, bajel; vamos al puerto. 



NOTAS 



DE LOS 

CANTOS DEL PEREGRINO 



INTRODUCCIÓN 

(1) Verso del Peregrino. 

(2) Verso de un poeta español antiguo. 

(3) Berro y Balcarce. 

(4) Informe de la comisión clasificadora de las compo- 
siciones que han concurrido al primer certamen poético á 
Mayo. 

(5) Nombre del Peregrino. 

(6) Verso de una composición muy conocida á Mayo 
de 1843. 

(7) Canto del Peregrino: Las Nubes. 

CANTO PRIMERO 

(1) A costa de nuestro orgullo nacional, diremos al ex- 
tranjero una palabra sobre ese mes de Mayo, que sirve de 
tema á todos los cantos argentinos. Mayo es para los argen- 
tinos, y me atrevo á decir para la América Meridional, un 
monumento perdurable para marcar á las generaciones futu- 
ras la época gloriosa en que una generación de héroes osó 
trozar con el sable la cadena de fierro que unia un mundo á 
otro mundo. 



256 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

El 25 de Mayo de 1809 la Capital de Chuquisaca dio, por 
primera vez, la voz de Libertad en el Virreinato de Buenos 
Aires; y los delegados del poder español se rindieron al 
amago solo de un puñado de animosos chuquisaqueños, que 
arrebatados por el instinto de la justicia, no se detuvieron á 
medir los peligros de su noble pero arriesgada empresa. La 
fortuna los abandonó en medio de su grandiosa tentativa; 
porque los pueblos dormían aún y sus destinos no estaban 
cumplidos. 

El 25 de Mayo de 1810 fué el dia señalado por la Provi- 
dencia para la victoria de la razón y de la humanidad en Sud 
América; y en él empieza la historia gloriosa de la República 
Argentina, y de la existencia política de un continente capaz 
de abrazar, al andar de los siglos, toda la población, la sabi- 
duría y poder de las naciones que hoy nos asombran con su 
opulencia y su cultura. 

En este día se cerró para siempre el libro en que se re- 
gistraba la sumisión y dependencia secular de los vastos im- 
perios ofrecidos al Rey de Castilla por el más intrépido y 
afortunado viajero que la historia presenta. 

¡Prodigio misterioso de la libertad! Los ecos de Mayo, 
desde las orillas del Plata atravesaron como el rayo por el 
soplo del Ser Supremo, hasta los confines de la América me- 
ridional; y en el mismo día repercutieron en los pechos va- 
roniles de Santa Fe y Caracas! 

Unos y otros dijeron en Mayo: «No más esclavitud y 
coloniaje. No más ignorancia y superstición. No más patri- 
monio de individualidades. Demos independencia y libertad 
á nuestra tierra; Dios y sus virtudes darán el porvenir á 
nuestros hijos». Y Dios oyó y acogió estas palabras. 

Los que las pronunciaron las cumplieron fielmente y las 
sellaron con sangre. Las generaciones que les suceden repi- 
ten con ardor el mismo voto, y reciben el legado de Mayo 
para transmitirlo á sus hijos. 

¡Cuan inmensas fueron ya las adquisiciones derivadas del 
ganto juramento de aquel día, tanto mayores cuanto que no 
son exclusivas á la América! Es un suceso universal por 
excelencia, aquel que ha presentado al género humano un 
mundo nuevo á la libertad y al pensamiento, sofocado por 
el peso de los siglos entre los límites estrechos del mundo 
viejo. 

(2) El 20 de Enero de 1817, el Ejército Argentino, al 



CANTOS DEL PEREGRINO 257 

mando del General San Martín, salió de Mendoza hacia la? 
cordilleras do Uspallata, Aconcagua y Planchón; y el 11 de 
Febrero cayó al valle de Aconcagua en el territorio de Chile, 
esta empresa gigante como el terreno en que se había ejecu- 
tado, debía ser coronada por la victoria, como un homenaje 
debido al genio audaz del General San Martín; y el 12 del 
mismo mes, las cuestas de Chacabuco sintieron marchar los 
escuadrones argentinos por una vertiente de sangre enemiga, 
derramada con denuedo en una de las más hermosas de nues- 
tras batallas. 

Pero mucha sangre argentina debía derramarse por la 
independencia del Nuevo Mundo; y aun no se habían reco- 
gido los frutos de la jornada de Chacabuco, cuando Cancha 
Rayada dio al ejército del rey una completa victoria. Todo 
entonces parecía perdido. Derrotado ese ejército argentino, 
y dueños de Chile los españoles, los americanos perdían re- 
pentinamente la ofensiva en la cuestión de su independen- 
cia. El Perú quedaba inconquistable: las Provincias Unidas, 
amagadas por el Occidente y por el Norte, habrían tenido 
que reconcentrar sus medios de acción en su territorio úni- 
camente; y la Colombia so habría limitado apenas á una 
guerra parcial. Toda la América se presentaba en detall á los 
ejércitos realistas, y tal situación podía serle funesta en poco 
tiempo. 

Pero se peleaba por la causa más santa de los pueblos, y 
una derrota fué siempre para los patriotas el preludio do una 
victoria. 

El ejército derrotado en Cancha Rayada, fué pocos días 
después vencedor á las orillas del Maypú. Los chilenos han 
acusado al General San Martín de haber ejercido actos de 
despotismo sobre el pueblo, para la reorganización de su 
ejército. Entre tanto, una batalla era entonces una necesidad 
de vida ó muerte, y la de Maypú afianzó para siempre la 
independencia chilena, y volvió la cuestión americana á su 
verdadero equilibrio. 

Libre Chile, ese mismo ejército que había escalado los 
Andes, atravesó el Mar Pacífico para libertar al Perú, de- 
fendido por los más hábiles generales y por los mejores sol- 
dados españoles que ha tenido la América. La empresa raya- 
ba casi en la temeridad, y la guerra se hizo larga y sangrien- 

Mármol. —17 



258 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

ta. Pero el ejército argentino fué saludado al cabo con el 

título de LIBERTADOR DEL PERÚ. 

No hay un palmo de terreno en la América del Sur antes 
española que no haya sido sombreado por la bandera azul y 
blanca; y — ¡cosa original! — no hay un solo Estado que haya 
auxiliado al pueblo argentino, cuando, fatigado con los es- 
fuerzos que hizo por la libertad de todos ellos, cayó bajo la 
mano de fierro del despotismo. Entre tanto, es más desgra- 
ciado Buenos Aires bajo la dictadura de Rosas, que lo eran 
aquellos bajo el dominio español, cuando Buenos Aires fué 
en su auxilio. 

«Es una cuestión de libertad civil, dicen: y no tenemos 
derecho de intervenir.» Pero, ¿en qué código público se en- 
cuentra el derecho que tuvo Buenos Aires para intervenir 
en la cuestión política de la independencia de los otros Es- 
tados? El resultado vino á justificar esa intervención; y el 
beneficio que Buenos Aires habría reportado del auxilio 
de sus hermanos, habría justificado del mismo modo, y con- 
vertido en derecho, la intervención de ellos en su lamentable 
situación presente. 

Mas todo esto es el resultado de la época de transición en 
que vivimos. Los pueblos de la América conocerán más tarde 
la necesidad vital de defender y proteger mutuamente sus 
derechos; y que los principios públicos de la Europa, no son 
aplicables en muchos sentidos á la América. Esta es una de 
las razones que han hecho nacor en el autor del Peregrino, 
esa fe robusta en el porvenir americano, que respiran sus 
Cantos. 

CANTO SEGUNDO 

(1) ¡Bello, bello, vivo Cristo! 

mil veces bello es tu canto — 
déjame secar el llanto 
que me arrancaste, cantor; 
deja quo vuelva á estas hojas, 
y a leer en cada una de ellas 
la historia do mis congojas, 
los recuerdos de mi amor. 



CANTOS DEL PEREGRINO 259 

¡Aquí hay verdad, aquí hay fuego! 
¡Por Dios, que esto es poesía! 
Esto es lo que yo querría 
de todo poeta oír. 

Parece que estas palabras 
del alma mismo han nacido. 
Dichoso tú que has sabido 
así al hombre traducir. 

Al acabar la primera lectura que he hecho del segund 
canto del Peeegbino, de Mármol, he escrito estos versos. 

Luis L. Domínguez 
Montevideo, Abril 23 de 1847. 

CANTO TERCERO 

(1) Acabamos de ver en la entrega tercera de la Améri- 
ca Poética algunos fragmentos de este Canto que, en el Ja- 
neiro dimos en manuscrito al distinguido editor de esa 
obra. Después hemos hecho algunas ligeras alteraciones en 
el texto, que no hemos tenido tiempo de transmitir al editor 
de la América; y de aquí resulta la diferencia que se hallará 
entre algunos de nuestros versos que él nos ha hecho el ho- 
nor de publicar, y los que aparecen en esta edición. — El 
Autoe. 

Montevideo, Junio, 1847. 

(2) Constelación del Sur. 

(3) ¡Y qué! Creéis que él hiciera 
ríos cual mares, y mineros de oro, 
y llanos de verdura deliciosa, 

y las brisas fragantes del desierto, 
y ese risueño azul de nuestro día, 
y esas mujeres del amor tesoro, 
para sólo saciar la codiciosa 



260 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

sed de un imperio á las virtudes muerto, 
pero vivo el placer y altanería? 

No, que cuando la mano 
se abrió del Dios bondadoso y soberano, 
y paso entre las nubes de Occidente 
á so. América, pura ó inocente; 

dijo: «Bendito suelo, 
tú del mundo caduco y envidiado, 
serás la primavera y el consuelo, 
cual es el hijo al padre ya cansado.» 

Juan María Gutiérrez. 

{Canto premiado en el certamen á Mayo.) 

CANTO CUARTO 

(1) Personaje de Alejandro Dumas. 

(2) El Divino Infierno: nombre de un poema escrito 
por el autor del Peregrino, que aun no se ha publicado. 

(3) Les nuits passées au milieu des vagues, sur un vais- 
ssau battu de la tempéte, ne sont point stóriles pour l'áme, 
car les nobles penssées naissent des grands spectacles. Les 
étoiles qui se montrent fugitives entre les nuages brises, les 
flots ét'ncelants autour de vous, les coups de la lame qui 
font so uir un bruit sourd des flanes du navire, gémissement 
du vent dans les máts, tout vous annonce que vous étes 
hors de la puissance de l'homme, et que vous ne dépendez 
plus que de la volontó de Dieu. L'incertitude de votre ave- 
nir donne aus objets leur véritable prix: et la terre, con- 
templée du milieu d'une mer orageuse, ressemble á la vio 
considóróe par un homme qui va mourir. 

Chateaubriand. 



CANTOS DEL PEREGRINO 261 



CANTO QUINTO 



(1) Le bruit des combats n'a point encoré epouvantó no- 
tre solifcude. — (Tasso. — Jerusalem delivrée.) 

(2) Horas tan dulces de la tarde, que despertáis los re- 
cuerdos y enternecéis el corazón de aquellos que recorren, 
los niares,, el primer día de sus tiernos adioses; que bañáis 
de amor al peregrino, temblando al son de la campana de 
vísjoeras, de quien la voz parece llorar el día que expira. ¿Es 
una ilusión acaso, que la razón rechaza con desdén? No, 
ciertamente; nada muere sin excitar algunos recuerdos me 
lancólicos. — (Byron. — Don Juan.) 

(3) Ave María, es la hora de la plegaria; Ave Matía, es 
la hora del amor; Ave María, puedan nuestras almas elevar- 
se hasta ti y hasta tu hijo. — (Byeon. — Don Juan.) 

(4) Nosotros nos embarcamos para Chile el día 17 de 
Febrero de 1843; y días antes supimos que nuestro amigo 
el señor Gutiérrez debía salir de Marsella para Montevideo 
en el mes de Marzo. Nuestro querido Alberdi había salido 
del Janeiro para Chile pocos días antes que nosotros; y 
cuando escribíamos este Canto á principios de Abril, en- 
frente á las costas patagónicas, suponíamos al señor Várela 
en viaje de Europa para Montevideo, como lo estaba efec- 
tivamente. 

(5) En los primeros días de Mayo de 1841, el Jefe Polí- 
tico de Montevideo invitó á los poetas á solemnizar el gran 
día de la América, con una de esas lisas espléndidas con 
que los griegos inmortalizaban sus genios y sus glorias. 

Una comisión crítica debía laurear con el premio acor- 
dado, aquel canto que más correspondiese al programa y 
á las reglas de crítica que la comisión se impusiese á si 
misma. 

Llegó el día inmortal y se inmortalizó un joven. 

Nuestro distinguido amigo el doctor don Juan María Gu- 
tiérrez recibió el premio del vencedor; los aplausos del pue- 
blo, y los abrazos de sus amigos que desde una tierra ex- 



262 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

tranjera le dieron las gracias á nombre de su patria por 
la página de oro que acababa de regalar á sü naciente lite- 
ratura. 

La Comisión acordó el premio al que más lo merecía. No 
conocemos en toda la poesia española una obra que, consi- 
derada poj su mérito artístico, presente la perfección y el 
gusto que el Canto á Mayo del señor Grutiérrez; y á excep- 
ción de algunas estancias del Olmedo no hay en la lira Ame- 
ricana una inspiración patriótica que se le parezca, ni un 
cuadro filosófico que le rivalice. 

Es lo más acabado que en poesía ha presentado hasta hoy 
la literatura americana en español. 

(6) Esta estrofa bien puede pasar en calidad de enigma 
para el lector; yo me contento de ello, pues debo hacerlo 
así. Sin embargo, si hay en el mundo una sola persona que 
la comprenda, mi deber y mi corazón habrán cumplido sus 
deseos. 

(7) Ma soeur au nom des dieux ne m'abandonnez pas.— ■ 
(Corneille. — Ariane.) 

CANTO SEXTO 

(1) Quiroga: era llamado vulgarmente en las Provincias 
tigre de los llanos. 



CANTO UNDÉCIMO 



(1) 



Tibio su pecho cual su tibia brisa 
ni un suspiro de amor ni una sonrisa 
al dejar tus riberas te regala. 
Nadie tampoco de dolor exhala 
un suspiro por él... Miró tus flores 
y no sabe contar de sus olores... 

(Canto Peimeeo.) 

(9) Descripción de la naturaleza tropical. — (Canto Ter- 
ceeo.) 



CANTOS DEL PEREGRINO 263 

(3) Que coronáis la sien de la Thijuca. La Thijuca es la 
montaña más elevada de las que están á la vista del Río 
Janeiro. Pertenece á la Serra do Mar, cadena de montañas 
del litoral del Brasil que corre casi paralelamente á la costa 
del Imperio, al N". E. de Río Janeiro inclinándose hacia el 
Río Doce y terminando cerca de Bahía por los 12° 58' de L. 

Es de esta montaña que se precipita la cascada de su 
nombre, cuyas aguas son recogidas en el Corcobado por el 
costoso acueducto del Janeiro que las lleva á las fuentes de 
la ciudad. 

Yo conozco bien el flanco vulnerable que presentará á la 
crítica la parte descriptiva de este Canto. Sé que se acusará 
de excesivo el entusiasmo con que pinto las bellezas de al- 
gunos cuadros de la naturaleza en el Brasil. ¿Cómo hablar 
de la Thijuca cuando existen los Andes; de la cascada de 
aquélla, cuando existe la del Niágara? 

En efecto, considerada por su tamaño, la Thijuca con sus 
2.300 pies ingleses sobre el nivel del mar, está en propor- 
ción de 1 á 10 con la montaña de Aconcagua, por ejemplo, en 
los Andes argentinos, que tiene 23.000 pies sobre el nivel del 
mar; el más alto volcán que existe sobre el globo. 

Y la Cascada de la Thijuca desaparece al recuerdo de la 
del Niágara, cuyo estruendo, como dice Heredia, es una 
tormenta para muchas leguas en derredor, y cuyo arco, co- 
mo dice Chateaubriand, es un cielo de agua para el que so 
coloca bajo de él. 

Pero la imaginación no mide las bellezas por el tamaño 
de los objetos, ni la novedad por la superioridad de ellos 
sobre otros de su rango. La belleza de los objetos físicos do 
la naturaleza, y aun la sublimidad misma, nace de cualida- 
des bien distintas de las proporciones del tamaño, y una 
belleza trae siempre en sí misma el sello indefinible de una 
grandeza superior á todas — la grandeza de la creación. — La 
novedad de los objetos no está tampoco en su originalidad 
propia: está en la imaginación del que los contempla. Sobre 
la corteza de la tierra nada hay nuevo, nada superior, sino 
comparativamente. La novedad nace para el hombre, á la 
contemplación de un objeto, de la no recordación de otros 
iguales. Y para un hijo de Buenos Aires, cuya mirada está 
habituada á sumergirse en los horizontes, atravesando la 
inmensidad de los desiertos sin encontrar más obstáculos 
que los accidentes de la atmósfera, son una novedad, sin du- 



264 OBRAS DE JOSÉ MÁ RMOL 

da, las montañas que hacen alzar su cabeza sobre los valles 
del Brasil, no importa que no lo alcen tanto como las de Pi- 
hincha, de Cay ambo ó de Chimborazo. 

Y si la belleza puede entusiasmar la imaginación de un 
íombre, hasta el extremo que él saque á los objetos de su 
raen natural para engrandecerlos, esa Thijuca, esa cascada 
que parece un chiche de mujeres si se recuerda las descrip- 
ciones de las vertientes del Atlas, los torrentes de Escocia, ó 
del Niágara y Tequendama, en América, son acreedoras al 
más alto grado do aquel entusiasmo. Ninguno de los viaje- 
ros europeos que ha visitado el Janeiro, ni aún aquellos que 
se han empeñado más, por ese prurito de despreciar á la 
América que respira tanto en las obras de sus visitadores de 
Europa, en presentar bajo feos colores la fisonomía del Bra- 
sil, se han atrevido á negar el bello sorprendente de la natu- 
raleza del Janeiro. 

Los mismos "William Guthrie y después Hyacinthe 
Langlois, que corrigió la obra de geografía de aquél, que 
contiene lo peor que se ha escrito sobre la América Meri- 
dional en geografía física descriptiva, como en Política 
é Historia, no puede menos de hacer la declaración si- 
guiente: 

«Se sale apenas del laberinto perpetuo de la capital de 
»este joven imperio (el Brasil) y cuando los cuadros más se- 
» ductores vienen á herir nuestras miradas, la naturaleza, em- 
bellecida con todos sus tesoros, parece enriquecerse más to- 
»davía á medida que se avanza en el país. De cualquier pun- 
»to elevado se descubre en todo su esplendor la bahía sem- 
brada de islas esmeraltadas, el puerto cubierto de un bos- 
»que de mástiles, la ciudad y sus alrededores. El aspecto 
* verdaderamente mágico de tantos objetos bellos y varia- 
rlos, dan origen de sensaciones tan dulces y deliciosas, 
»que el hombre se encadena á pesar iuyo como clavado 
>al lugar que ocupa; ¡tan grande es y magnífico el cua- 
»dro brillante que se desenvuelve á sus miradas sorpren- 
didas!» 

No es el tamaño, pues, es la belleza de esas montañas, la 
variedad de sus formas ligeras y graciosas, su pintoresca ve- 
getación que no cede jamás al influjo de las estaciones y que 
como un manto de flores cubre esas montañas que á cada 
giro del ojo ofrecen un panorama diferente y poético; es esa 
abundancia de la Naturaleza que rebosa vida y opulencia por 



CANTOS DEL PEREGRINO 265 

doquiera; es esa animación constante que rodea la naturale- 
za del Janeiro, lo que ha movido el entusiasmo del Pere- 
grino. Y es sobre esas montañas, á la contemplación de esa. 
poesia de la Naturaleza, y al arrullo de esa armonía eterna 
de fuentes y de hojas que ruedan de monte en monte sobre 
las alas de la brisa, que él ha escrito muchos de sus versos. 
y que ha repetido más de una vez estas palabras de Lord 
Byron: 

«En momentos como estos es cuando nos encontramos- 
> menos solos que nunca; es entonces que se despierta en nos- 
» otros la conciencia íntima de lo infinito. Este sentimiento 
»purifica y enmudece todo nuestro ser. Es, á la vez, el alma 
»'y la fuente de una melodía que nos recuerda la armonía 
» eterna y reparte un encanto nuevo sobre cada objeto; en- 
» canto que hiere á los hombres con una arma material. ¡Cuan 
» bella era la idea de los primeros Persas, de elevar sus al- 
eares sobre las cimas de las montañas, y de rogar al Eterna 
»en un templo sin aparato y sin murallas, mirando como in- 
» dignos de él los monumentos religiosos que la mano do los. 
» hombros construyera! 

» Comparad la tierra y el aire, esos templos de la Natura- 
leza, á vuestras columnas, á vuestros templos griegos ó gó- 
ticos, y ya no encerraréis vuestras plegarias en lugares tan 
» limitados.» 

Montevideo, Noviembre ele 1846. 



(4) Del bello Botafogo las arenas. La bahía de Río Janei- 
ro divide esta ciudad de la do Nictheroy (ó Playa Grande) 
capital de la Provincia, con una anchura de 3 á 3 lp2 millas. 
Las montañas del Janeiro y de Nictheroy, que no son sino' 
eslabones de la 8 erra do Mar, están, pues, cortadas por el ca- 
nal de la bahía. El cerro llamado Pan de Azúcar y los últi- 
mos declives del Corcobado, son los que, de la parte del Ja- 
neiro entran más hacia aquélla, y desde el plantel de la ciu- 
dad váse prolongando hasta ellos un semicírculo, sobre el 
valle natural de las montañas. En él se encajona un remanso 
do las aguas de la bahía más tranquilas aún en este segundo 
receptáculo. 

Este lugar es el que tiene el nombre de Botafogo (lanza 
fuego). Nombre que se comunica también á su playa, donde 



266 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

están los más bellos edificios de la ciudad y en que hacen 
su residencia habitual los individuos del Cuerpo Diplo- 
mático. 

Pero ¿por qué al lugar más pintoresco que tiene allí la 
Naturaleza, se ha bautizado con un nombre tan antipático y 
tan poco análogo, sobre todo? No es extraño que yo no pueda 
determinar su origen, cuando de los mismos brasileños no 
hay ninguno que lo conozca, como sucede con casi todos los 
nombres de sus localidades, de quienes la tradición portu- 
guesa no les ha dejado el por qué de sus nombres. 

Veamos lo único que hemos hallado escrito respecto al 
de Botafogo. 

«Doblando la fortaleza de San Juan, encuéntrase el seno 
»de agua que se engolfa en la tierra y forma una playa cir- 
» calar, que vemos hoy toda guarnecida de casas habitadas. 
»Llamóse primero de Francisco- Viejo, nombre del colono que 
>allí tenia su habitación, y después mudó su nombre por el 
>de Botafogo, que igualmente seria tal vez el nombre de al- 
»gún otro habitante de ese lugar ó de algún heredero del 
■> mismo Francisco Viejo, que quién sabe si tenía también 
» aquel otro nombre.» 

Por lo que se vé que con esta historia no quedamos más 
ilustrados que sin ella. 

La poesia quiso hacer su historia á su manera y la hizo 
de este modo: 

Esta penha redonda, alta, é pontada, 
soster parece á Oapricornea zona: 
a pyramide Egypcia mais aguda 
d'elle á vista se abate, é desabona. 
Ou he de madre térra á lingua muda, 
do Mundo antigo maravílha nona, 
ou foi, segundo os Gregos e Romanos, 
pao de Assucar do Cha dos Centimanos. 

Tomando sim os monstruosos Brontes 
de Baccho ó Cha na Liparea copa, 
bicaram contra ó Ceo soberbas frontes, 
6 qualquer joga as armas com que topa; 



CANTOS DEL PEREGRINO 267 

com as chicaras lhe atiram de ocos montes, 
cahe na Asia o Tauro, e os Pyrineos na Europa 
e o Pao de Assucar, como mais ligeiro, 
na faz cabio do Rio de Janeiro. 

Seu cume excelso sempre fumeganto 
apparece por vezes inflammado; 
raios trisulcos lanca-lhe ó Tonante, 
Neptuno ó tem bramindo rodeade. 
E, ou por jazer debaixo algún gigante, 
qu'inda chammas vomita exasperado, 
ou dos relampos peloa ssiduo jogo, 
chania-se á curva praia Bota-Fogo. 

La poesía, pues, ha tenido que valerse de una extrava- 
gancia para interpretar el nombre de Bota-Fogo; pero esa 
alegoría nos deja tan en tinieblas respecto al origen de aquél 
como la historia de Francisco Viejo. 

Del cerro de Pan de Azúcar, de que tanto partido saca el 
poeta en esa alegoría para hacer un nombre de situación el 
de Botafogo y que á la puerta misma del Janeiro parece el 
centinela que vigila la corona imperial, un ingeniero ofreció 
á don Pedro I hacer una estatua que representase un gigan- 
te armado. Al principio la idea hubo de adoptarse, pero des- 
echóse luego por los gastos que la empresa exigía. 

Una tarde paseaba yo á caballo en la Playa Bermeja que 
está al pie de este cerro y por la primera vez se me refirió 
allí ese pensamiento; y confieso que ese atrevimiento del arte 
me dejó aturdido, fuese porque la inmediación á que yo me 
encontraba del cerro aumentaba su magnitud á mis ojos, fue- 
se porque no tuve el tiempo suficiente para meditar sobro 
los medios que hacen posible tal empresa. Bien, esto fué á le 
tarde; pero á la noche reíame de mi aturdimiento y del gi- 
gante armado, cuando en su volumen leía lo siguiente: 

«Strasicrates, ingeniero al servicio de Alejandro, ofreció 
á éste hacer del monte Athos una estatua que lo represen- 
tase. Esta enorme figura debería tener en su mano izquierda 
una ciudad con diez mil almas de población, y en la derecha 



268 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

un vaso donde los diversos torrentes de la montaña, se reu- 
nirían para formar un río majestuoso.» 

Si en ofrecer no hay inconveniente ni atrevimiento, es 
preciso confesar que Strasicrates ha sido el hombre más ge- 
nerosamente pródigo del mundo. 

Montevideo, Noviembre de 1846. 

(5) En su abandono y soledad secreta. Se ha escrito algo y 
se ha hablado mucho sobre la clausura en que viven las bra- 
sileras; sobre la dependencia casi de esclavas en que están 
de sus maridos; y últimamente sobre el espíritu de su so- 
ciedad. 

Los que han escrito no se han tomado el trabajo de ave- 
riguar la parte de apariencia y la parte de verdad que hay 
en las costumbres brasileras; su origen primitivo, las 
causas locales que contribuyen á ellas y las modificaciones 
que han sufrido por el tiempo y el progreso incesante del 
Brasil, y últimamente por la nueva existencia política de 
éste que ha contribuido á modificar y á ir desligando poco 
poco la tradición portuguesa. Y desde las ventanas de un ho- 
tel y en veinte días de residencia han juzgado y sentenciado 
la mujer brasilera sin más datos que su ausencia de las calles 
y celosías de sus balcones. Los que hablan solamente, no ha- 
cen sino repetir lo que han oído con algo más que agregan 
de su derecho irresponsable 

Hago al lector la justicia de creerlo instruido del grado 
de civilización de Portugal desde los tiempos en que se hizo 
dueño del Brasil, hasta aquellos en que vióse obligado á en- 
tregarlo á su existencia propia y á la civilización del si- 
glo xix, para ahorrarme el trabajo y el disgusto de indi- 
carle el rango social y la cultura á que pudo elevar á la mu- 
jer brasilera, esa Metrópoli que por una ley aprobada en el 
consejo de la Corona, obligaba á pasar á Lisboa todos los 
brasileros que llegasen á adquirir en su país una fortuna que 
pudiera exonerarlos de su trabajo personal. Pero me deten- 
dré un poco á examinar las causas de aquellas costumbres 
que en la mujer chocan más al extranjero y que nace de las 
localidades y del carácter mismo brasilero. 

Es cierto que en el Brasil la mujer es menos espectable 
que en cualquier otra parte del mundo civilizado. Es cierto 
también que la apariencia de sus casas indica algo de clau- 



CANTOS DEL PEREGRINO 269 

sura y encerramiento; es cierto también que el carácter de 
la brasilera tiene poco de comunicativo; y por último, os 
cierto también que el extranjero transeúnte goza bien poco 
de los placeres inocentes que nacen en otras partes del trate 
franco de la sociedad. 

Pero está muy lejos de ser verdad, que el retraimiento 
de la brasilera sea una imposición despótica de los hombres, 
que sus ventanas cerradas, que originan tantas criticas, sea 
un resultado do aquella imposición; que lo poco comunica- 
tivo de su carácter nazca de un espíritu agreste é incivili- 
zado, y que los pocos goces del extranjero en la sociedad 
brasilera, sea el resultado de la falta de atractivos en ella 

La brasilera se presenta pocas veces en los paseos públi- 
cos ó en las calles de la ciudad. ¿Luego sus maridos las en- 
cierran? no; luego ellas son las hijas bien disciplinadas de su 
clima; este es el verdadero luego. 

En las ocho ó diez horas del riguroso calor del día nada 
prefiere, la mujer brasilera, á la sombra de sus habitaciones 
y á la levedad de sus trajes caseros; y en aquélla y con éstos 
ella evita la poca galantería de su clima, y defendiendo de 
él la suavidad de su cutis, ella se ocupa en su educación de 
labor ó en su educación de inteligencia. Durante las dos úni- 
cas horas de la tarde, en que puede, sin el inconveniente de] 
sol, presentarse en los paseos públicos; ella se ocupa en pre- 
parar nueva toilet para hacer en su salón los honores de una 
sociedad de la cultura más aristocrática y refinada que pue- 
de darse. 

Ella es-poco comunicativa; cuesta mucho para ganarse su 
confianza; generalmente .se le observa circunspecta y si se 
quiere hasta desdeñosa. Estas mujeres entonces no son ama- 
bles, tienen hasta miedo de conversar con los hombres, dice 
el extranjero, que se roza apenas media docena de veces con 
ellas. Pero esas mujeres son amables y á nadie temen, sin 
embargo. Sea efecto del retraimiento en que viven como re' 
sultado siguiente de su clima, ó sea por uno de esos rasgos 
característicos que se notan en la fisonomía de cada pueblo, 
la especialidad del espíritu en la brasilera, es la melancolía, 
ó si es demasiado fuerte esta palabra, una especie de suave 
reconcentración. Hay también en ella, y que le hace muchc 
honor un alto grado de desconfianza en el atractivo de su so- 
ciedad, originado por las críticas constantes, y la mayor par- 
te inmerecidas, que de ella hace el viajero europeo, que lúe- 



270 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

go se las manda de europa como un galante recuerdo, de las 
distinciones que mereció ó más bien que no mereció. 

Desengaños continuos de esta especie han hecho á la "bra- 
silera justamente desconfiada del extranjero. 

Pero uno llega, él trae una carta respetable de recomen- 
dación para una familia notable en el Janeiro, ó es presen- 
tado á ella por una persona de la relación de esa casa. El 
marido ó la esposa, reciben al caballero con afabilidad: pre- 
séntanlo en seguida á todas las personas de la familia, y al 
despedirse le dicen: todas las noches a tal hora tomamos 
nuestro té, ó en tal noche de la semana recibimos á nuestros 
amigos.» Este caballero ya tiene entrada franca en esa casa 
á las horas ó en el día en que se ha prescripto. El puede ve- 
nir á ese salón donde gozará de los encantos de la música, de 
la conversación general, y de una sociedad escogida y de 
buen tono, pero por mucho tiempo, debe repugnarle cierta 
circunspección que parece exclusiva para con él. Se le está 
observando: se están clasifisando por sus acciones, por sus 
palabras, su origen, su educación y sus aptitudes. Al cabo 
de ese tiempo si esa observación da un resultado desfavora- 
ble al caballero, aquella circunspección se aumentará y él 
se verá en la necesidad de abandonar esa relación, y en este 
caso la culpa será de él. Si por el contrario, él ha ofrecido 
con su comportación una garantía de sus condiciones mora- 
les, el retraimiento desaparece y él viene á ser casi un miem- 
bro de la familia, y en todo cuanto csnstituye el solazamien- 
to de ésta, su familiaridad entre los hombres de buena edu- 
cación y de buena moral, nunca pasa con las señoras los lí- 
mites de la urbanidad y de la decencia. 

No hay entonces nada más ameno que el trato de la bra- 
silera. Su belleza es reanimada por una imaginación fecun- 
dísima, y los caprichos de su imaginación, siempre son acom- 
pañados de esa timidez que nace de la suavidad ó melan- 
colía de. su espíritu. 

Su educación es más de labor que de inteligencia. Ellas 
no ofrecen la amenidad literaria de la mujer francesa; pero 
ofrecen con su gesto y habilidad sorprendente en la música, 
el hechizo de la italiana. 

Si el filósofo las contempla, él halla grandes vacíos 
todavía en el ser social de la mujer brasilera; si las observa 
el poeta, él halla un bellísimo tipo de mujer. El halla sobre 
todo el pábulo más activo á las fuertes pasiones y al ejer- 



CANTOS DEL PEREGRINO 271 

cicio de la sensibilidad en ese mismo modo de ser y de vivir 
de la mujer brasilera. 

Yo, por mi parte, no sólo he hallado reprochables las 
críticas que de ella se han hecho, porque no aplaudo jamás 
lo que carece de justicia y de verdad, sino que he sentido 
algo de compasión por aquellos á cuya imaginación nada ha 
hablado la mujer brasilera. 

Montevideo, Noviembre de 1846. 

(6) Amaneciendo en ti la hermosa aurora. En efecto el 
sol de la civilización es anunciado en el Brasil por los albo- 
res más risueños. Tres ó cuatro años no bastan muchas ve- 
ces para conocer con exactitud la índole, la moral, las cos- 
tumbres y las interioridades de la vida doméstica en un 
pueblo; cuyo estudio sirve después para justipreciar la re- 
lación entre él y sus instituciones, su política, y el carácter 
de transición ó de aplomo de su existencia moral y de su 
civilización. Pero tres ó cuatro semanas pueden bastar mu- 
chas veces para adquirir un conocimiento casi perfecto de 
su cultura y de su progreso en sus manifestaciones visibles. 

Un hombre un poco familiarizado con la sociedad, dos 
minutos después de haber pisado el umbral de una casa, 
comprende la clase, la educación de sus dueños, por el sim- 
ple examen de lo que se le presenta á la vista. Del mismo 
modo cuando un viajero se desembarca en una capital, ya 
está bajo el imperio de sus ojos la civilización de sus habi- 
tantes en sus manifestaciones materiales. 

Yo tendré el gusto de transcribir aquí lo que ha escrito 
bajo este mismo pensamiento el señor don M. de A. Porto 
Alegre, una de las capacidades más distinguidas que hoy 
tiene el Brasil como prosista y como poeta; y al cual, en esta 
última dote, se puede considerar en primer rango, por su 
fuerza descriptiva, por la valentía de sus imágenes, y más 
quo todo por el tinte de localidad y expresión brasilera de 
que abundan sus obras. El dice así: 

«La primera cosa que el viajero encara, es el terreno en 
>que pisa y los edificios que lo circulan; y en este primer 
»paso encuentra ya un documento que prueba exuberante- 
> mente el estado del gobierno de aquel país; y la suerte y 
> condición de sus subditos: si los caminos y las calzadas son 
» buenas, el gobierno vigila y entretiene la prosperidad ma- 



272 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

»terial, y ya ve el viajero una realidad de civilización en el 
» pensamiento que lo domina y rige, y una señal de prospe- 
ridad incontestable, pues que hay más dificultad en juntar 
»y nivelar las piedras, que en amontonar palabras y dis- 
cursos que alucinan á veces una generación entera, sin que 
»ella pueda entretanto legar un sólo monumento de pro- 
egreso á las generaciones que la suceden. 

»E1 mayor ó menor grado de urbanidad en los emplea- 
■» dos públicos, algo indica del régimen gubernativo del pais; 
»y su mayor ó menor diligencia, el estado de la marcha del 
■» gobierno en los negocios públicos. 

»Si luego concurre al teatro, el viajero tiene á sus ojos 
» todas las clases de la sociedad, en una arena donde so 
» aprueban ó reprueban ideas con señales estrepitosas, que 
>no dejan duda sobre la impresión que ellas hacen. Si oye 
»el viajero, por ejemplo, que el público tributa aplausos á 
T>un cantor desafinado, sabe de improviso que ese público no 
»está educado para la música, que no siente todavía la per- 
afección en la combinación de los sonidos, que las leyes de 
»la armonía y melodía no son conocidas aún de la mejor 
■» parte de esa socieiad. 

»Las decoraciones y todo el mecanismo del escenario, 
»le muestran el grado de las artes y la mayor ó menor in- 
teligencia en ellas. 

»En los siguientes días el viajero continúa sus pesquisas 
^visitando los monumentos, los edificios públicos y estable- 
cimientos de instrucción. Si los halla en perfecto estado y 
»sin un carácter melancólico propio á la decadencia; si sus 
» paredes y pavimentos denotan aseo y reparos frescos, si hay 
» actividad en los empleados, si hay vestigios de aumento, 
coge entonces un testimonio irrefragable de prosperidad 

> intelectual y del celo del gobierno por el progreso de las 
» luces. 

»La visita á los templos le dará cuenta del estado moral 
•»de la sociedad; y el examen de ellos, en su carácter arqui- 
tectónico, pauta segura para apreciar las artes, la riqueza y 
el mayor ó menor entusiasmo por las ideas religiosas. Y 
»aun la música que escucha en el templo, puede servirle de 

> clave por el carácter artístico de su composición, para co- 
»nocer el grado de creencia y el esplritualismo de esa socie- 
dad. Porque una música sensual no puede ser acogida por 
>un pueblo delicado en su esplritualismo religioso; y por- 



CANTOS DEL PEREGRINO 273 

»que hay entre las melodías y las ideas de los himnos sagra- 
»dos, aquella ligazón y armonía, que existe en las obras del 
»arte, á que llamamos carácter dominante, y que es siempre 
»el denunciador del pensamiento íntimo que le produjo 
» etcétera.» 

Bien, pues, yo encuentro en la capital del Brasil todas 
las manifestaciones externas de una sociedad en progreso y 
que ya tiene acumulados gran parte de los elementos que 
servirán en adelante á su completa civilización. 

Yo miro la actividad material abriéndose paso por en 
medio á los inconvenientes de la Naturaleza misma. Las 
montañas se desmoronan; el hacha las hiende y abre calles 
á través de ellas para facilitar el comercio; los caminos se 
extienden, se ramifican y se mejoran por todas partes; los 
edificios se multiplican; se abandona la vieja y pesada forma 
arquitectónica, introducida por los portugueses, y se adopta 
para ellos la forma ligera y graciosa de la arquitectura mo- 
derna. 

Yo miro en una ciudad que no puede decirse propia- 
mente que tiene pasado, monumentos de arte de buen gusto 
y de suma utilidad pública. Un acueducto que podría honrar 
á cualesquiera de las capitales europeas, por el inmenso tra- 
bajo y los cuantiosos gastos que ha demandado. Fuentes 
públicas en todas las plazas y calles de la ciudad (a). Un 
jardín botánico primorosamente atendido y cultivado. Tres 
teatros, uno de los cuales podría ser una buena sala de ópera 



(a) Ya no existe uno de los trabajos hidráulicos más 
útiles que ha tenido el Río de Janeiro; un conductor que 
desde la orilla del mar en la Plaza del Carmen llevaba á los 
navegantes las aguas de un abundante Chafariz por espacio 
de algunas toesas hacia el mar, para impedir el trabajo de 
desembarcar las pipas. El Chafariz y el conductor fueron 
mandados construir por don Luis de Vasconcellos y Souza 
que con patente de 4.° Virrey llegó al Janeiro y tomó pose- 
sión de la Capitanía, el 5 de Abril de 1779. 

Todo el Janeiro está lleno de monumentos que recuer- 
dan la memoria de este hombre, el mejor de sus virreyes. 
Fué el fundador del Paseo Público; hizo abrir la linda calle 
que hoy se llama das Carrecas y á quien dio entonces el 

Mármol.— 18 



274 OBRAS DE JOSÉ MÁ R1IOL 

en París ó en Londres. Veinte y tantos templos (6) que se 
mejoran y se enriquecen artísticamente cada día. 

Tomo otro camino de estudio, y me encuentro con una 
Universidad en cuyos bancos se cuentan anualmente de 
800 á 1000 estudiantes: con una Academia de Medicina y 
ciencias naturales, donde una juventud entusiasta hace bri- 
llantes progresos, en la medicina especialmente: con una 
Academia de Bellas Artes, que al fin de cada año pone en 
pública espectación las obras de sus alumnos, de los cuales 
manda el Gobierno á estudiar tres años en Europa, á aque- 
llos que hayan al fin de cada año llenado las condiciones de 
los estatutos académicos; con un Instituto Histórico Geo- 
gráfico, que con una laboriosidad constante, hace al Brasil 
y á la ciencia los más importantes descubrimientos: con una 



nombre de Rúa das Bellas Noites: la f aente que existe hoy 
en esa calle es también obra suya como muchas otras. 

Era tal el entusiasmo del Virrey Vasconcellos por los 
edificios públicos, que hizo construir una hermosísima casa 
para cuidar y disecar en ella los pájaros del Brasil, que, por 
orden de la Corte, se enviaban al Gabinete de Historia Na- 
tural de Lisboa. Esta casa sirve desde 1814 de Erario y Casa 
de Moneda. 

El nieto suyo, actual Encargado de Negocios de Portu- 
gal en el Janeiro, debe pasear con cierto orgullo las calles de 
esta ciudad. 

(Jo) No hay, sin embargo, en el Janeiro una cátedra, 
digna de la ciudad. En 1737 se hizo catedral la iglesia de 
Nuestra Señora del Rosario; pero por quejas elevadas á don 
Juan V. por la Hermandad de San Benito, S. M. ordenó al 
Obispo que se escogiese un lugar para construirse huma 
cathedral digna de tao vasto imperio. En 1747 se escogió el te- 
rreno en que debía alzarse el templo de San Sebastián, y en 
1749 púsose la piedra fundamental de ese edificio. En 
1752 paráronse los trabajos y no continuaron hasta 1796. Al 
año siguiente suspendiéronse de nuevo, y lo que debió ser 
las naves de la catedral, hoy son las aulas de la Escuela mi- 
litar. 

Se determinó por catedral, en orden regia de 1818 la 
iglesia llamada antes de los Carmelitas calzados, Capilla 
Peal durante el reinado de don Juan VI y conocida hoy con 
el nombre de Capilla Imperial. 



CANTOS DEL PEREGRIMO 275 

Academia militar (c) y otra de Marina, en las cuales, y con 
especialidad en ésta última, la juventud tiene un entusias- 
mo remarcable por sus estudios. Cuando, en fin, yo miro 
bibliotecas con cien mil volúmenes, museos públicos y ga- 
binetes particulares de física, de mineralogía, etc., y que 
todo esto se mueve y se investiga diariamente por las ma- 
nos de la juventud, yo puedo decir entonces al Janeiro, sin 
temor de ser desmentido, y con el sólo esamen de cuanto 
acabo de bosquejar apenas: 

He visto de las ciencias y del arte 
Amaneciendo en ti la hermosa aurora. 

Cuando en un examen más serio y detenido quiero estu- 
diar la sociabilidad brasilera en su más alta expresión, y 
veo en ella un orden constitucional bien sostenido, si no 
puedo decir bien experimentado; una monarquía represen- 
tativa, la más democrática del mundo, defendida por un par- 
tido de orden ó interesado á todo precio en la conservación 
de la paz; una constitución que determina con precisión los 
deberes y los derechos del Gobierno y del pueblo, y una li- 
bertad que es, sin disputa, un hecho positivo y no una teo- 
ría de escritores; cuando veo á un gobierno que se empeña 
en abrir á la industria nacional todos los canales posibles de 
su mejora, y que facilita con las garantías y la equidad la 
introducción de la industria, del comercio y del capital ex- 
tranjero; cuando veo en esa sociedad la actividad mercantil 
ó industrial creciendo por días y derramando en todas las 
clases el bienestar y la abundancia; cuando miro, en fin, el 
orden, el trabajo y la libertad esparcidos sobre los hombres 
y empeñados todos en la conservación de estos elementos 
que hacen la felicidad individual y el engrandecimiento de 
una nación, puedo decir entonces al Brasil, sin temor de ser 
desmentido: 



(c) La Academia Militar fué creada por carta regia de 
4. de Diciembre de 18Í0, gobernando todavía don Juan 
VI como príncipe regente, y siendo su ministro el Conde 
de Linhares. 

En 1832 fué reunida la Academia de Marina á la Mili- 
tar, más en el año 34 fué nuevamente separada, como existe 
hoy. — (Véase el Ostensor Brasüetro), 



276 obras de josé mármol 

Sé que á la sombea de tu paz bendita 
Tu genio al porvenik se precipita. 

Esta ligera enumeración de los elementos de civilización 
y de progreso con que cuenta el Brasil, y que no puedo 
desenvolver en la estrechez de este trabajo, da á conocer de 
parte mia, que no ignoro los continuos reproches que se ha- 
cen al Brasil sobre el atraso de su sociedad, y que he queri- 
do prevenir la censura de mis versos, en aquellas personas 
que toman una página francesa como un capitulo de las es- 
crituras. 

Si en vez de un cuadro descriptivo de un poema, hu- 
biese querido escribir una obra crítica sobre la sociedad 
brasilera, hallaría en ella, de cierto, un campo vasto para 
la censura, y ¿qué mucho que me ofreciera ese campo una 
sociedad que no cuenta treinta años de existencia política, 
y que ha vivido más de dos siglos en la vida de las colo- 
nias? ¿qué mucho, cuando las naciones europeas mismas, en 
el vuelco de las revoluciones y los siglos no han acabado 
de depurarse todavía en el crisol de tres rangos de civiliza- 
ciones distintas? y ¿qué mucho, sobre todo, si para medir 
la civilización brasilera, tomaba por pauta la civilización 
de Francia ó de Inglaterra, como hacen desacordada- 
mente los escritores europeos que transitan por la Amé- 
rica? 

Mucho tiene la sociedad brasilera de criticable, mucho 
en las costumbres de sus hijos especialmente; muchos son 
los trabajos y trastornos por que tiene que pasar todavía 
para purificarse; puede que hasta un riego de sangre sea 
necesario algún día para que el árbol de su civilización dé 
en última sazón sus frutos exquisitos; pero mucho tiene ya 
de adelantado; mucho de civilización y mucho más adelante 
marcha de lo que equivocadamente creen algunos. En Amé- 
rica es de los primeros en la escala de las niciones, y en la 
América del Sur él será, antes que ningún otro Estado, el 
emporio déla riqueza y del comercio. 

Por otra parte, yo, por sistema, he querido en este cua- 
dro de mi poema, presentar, aunque á grandes rasgos, lo 
que he hallado de bello y aplaudible en el Brasil. La ingra- 
ta misión de descubrir á la censura sus lados vulnera- 
bles, la dejo con gusto y sin esfuerzo á los escritores eu- 
ropeos. 



CANTOS DEL PEREGRINO 277 

Es el tributo de gratitud que pago al Brasil por los dos 
años que he residido en él, en mi ya tan larga proscripción, 
y que no he tenido embarazo de confesar otra vez, que ellos 
han sido los dos anos menos azarosos de mi vida, después 
que el suelo de la patria me fué vedado, por una política 
que aun no ha perdido el derecho de excomulgar. 

Ajeno de toda pretensión, he esperado decir adiós al 
Brasil para pagarle aquel tributo. 

Escritor de un periódico literario del Janeiro, no sacri- 
fiqué á consideración ninguna la independencia de mis opi- 
niones, y más de una vez afronté sin temor la susceptibili- 
dad nacional. Ausente del Brasil, yo le envío hoy este canto 
de mi Peregrino. 

Y no doy á los brasileros esta ligera explicación porque 
ni un instante haya puesto en duda ni su liberalidad, ni su 
respeto por la emisión del pensamiento: no; yo le cedo de 
buen grado este honor al señor Capitán de mar y guerra 
don Pedro Ferreyra de Oliveira, ex Comandante de la Esta- 
ción Naval Brasilera en el Río de la Plata. 

A este caballero le cupo la honra, hace tres meses, de 
venir por su propia cuenta á poner en problema la libera- 
lidad brasilera en un país extranjero. Desconociendo que en 
su posición tan espectable, sus acciones refluían más ó me- 
nos en honra ó en perjuicio del crédito de su Nación, desco- 
nociendo el espíritu de libertad y tolerancia de que con 
tanta justicia blasonan sus compatriotas; desconociendo, en 
fin, hasta los derechos que en ese caso le correspondían, él 
dio orden para que no fuese transportado al Janeiro en em- 
barcación brasilera el autor del Peregrino; sólo porque 
en el canto anteriormente publicado yo atribuía menos ta- 
lento al actual monarca brasilero que el que atribuía á su 
ilustre padre. 

El señor Ferreyra se imaginó acaso algún ascenso ó al- 
guna sonrisa de favor por su injustificable celo; pero olvidó 
que hay defensas tan intempestivas ó hiperbólicas, que más 
ridiculizan que defienden; que estaba en presencia de una 
población extranjera que no tenía obligación de no creer 
más ilustrados á los brasileros, que lo que era quien al fren- 
te de su escuadra los representaba en parte sobre las aguas 
del Plata: y olvidó también que el autor del Peregrino nc 
pasaría en silencio un hecho que, si bien no podía calificarlo 
como una ofensa personal, era un desmentido ; á lo menos, á 



278 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

cuanto ofrecía hablar en honor de los brasileros en el canto 
misino que dio origen al proceder del señor Ferreyra, que 
ha servido sólo para el ridículo y la mofa de la población de 
Montevideo, y de los mismos marinos de las estaciones ex- 
tranjeras. ¿Qué afán no tendrían los Almirantes franceses ó 
ingleses si hubieran de estar leyendo las obras de los viaje- 
ros para permitirles ó negarles pasaje en los paquetes de sus 
respectivas naciones? 

Montevideo, Noviembre de 1846,- 

CANTO DUODÉCIMO 

(1) Después de su viaje al mar del Sur, volvió el Pe- 
begrino á la ciudad del Río Janeiro, donde permaneció dos 
años; los más tranquilos, y aun podemos decir, los más feli- 
ces de su vida. El canto undécimo del poema está consa- 
grado á sus recuerdos del Brasil, y á arrebatar, en cierto 
modo, algunas ideas falsas y desfavorables que existen en 
general sobre la sociedad brasilera; como también, á revelar 
esa naturaleza magnífica, rica en novedad y poesía, con que 
ha engalanado Dios ese pedazo de suelo americano. 

Entre aquellos recuerdos, hay un día que á menudo se 
nombra en ese canto —el cinco de Enero, á quien llama el 
Peregrino, «su día de oro» — un recuerdo individual, — po- 
bre para los otros, si se quiere; pero rico tesoro para el co- 
razón del Peregrino, á quien es preciso perdonar que se 
ocupe de algunos recuerdos propios de él, por lo mucho que 
ge ocupa y sufre por los recuerdos ajenos. 

(2) El Peregrino entraba al Río de la Plata el 17 de 
¿f-bril de este mismo año, tiempo en que el Greneral 
.Oribe era dueño de casi todos los Departamentos de la Re- 
pública, 

Por esta fecha vése también que el Peregrino no tiene 
el clon de la oportunidad para hacer sus viajes. 

(3) Hemos dejado en el Janeiro muchos de nuestros 
papeles, y sentimos no tenerlos presentes para ilustrar esta 
acta con algunos hechos históricos do la guerra de la Inde- 
pendencia, notables por su nobleza. 

Pocas guerras han existido más encarnizadas, más de 



CANTOS DEL PEREGRINO 279 

conciencia, que la que, por espacio de quince años, han sos- 
tenido sobre nuestro continente los españoles y americanos; 
pero pocas también más llenas de actos bizarros y gene- 
rosos. 

Por ejemplo — durante el sitio de los castillos del 
Callao, el G-eneral San Martín ofrecía los hospitales de la 
ciudad de Lima á los heridos y enfermos de la plaza, inha- 
bilitada para atenderlos, y muchos españoles, no menos 
generosos que su enemigo, aceptaban la oferta; pasaban 
á Lima; y, restablecidos, pasaban á sus filas, si así lo 
querían. 

Pero no se crea que solamente con enemigos comunes 
se tenían estas consideraciones. Uno de los Generales es- 
pañoles, gravemente enfermo, aceptó del General argen- 
tino la oferta de pasar á curarse á Lima, donde se le 
arregló una casa, y donde asistido por oficiales del ejér- 
cito patriota, se restableció; y pidió y obtuvo su pasa- 
porte para España, después que los castillos fueron to- 
mados. 

Las crueles, pero imperiosas exigencias de la guerra 
obligaron, por más de una vez, á la adopción de medidas ri- 
gurosas; pero este era el resultado de las circunstancias más 
ó menos premiosas, pero no de la índole de la guerra ni del 
carácter de los americanos. 

El cuchillo, la traición y todos esos medios bárbaros y 
reprobados que hoy se emplean en nuestras guerras civiles, 
son la invención exclusiva, y por consiguiente moderna en- 
tre los argentinos, del General E-osas; son su obra, y aun- 
que somos sus enemigos, jamás descono3eremos en él, como 
en nadie, lo que sea parto de su genio. 

(4) «Ingrata Patria, no tendrás tú ni mis cenizas.» 
(Inscripción hallada sobre la tumba de Escipción el Afri- 
cano). 

(5) En mil ochocientos treinta y nueve, un carro triun- 
fal, donde iba colocado un retrato de don Juan Manuel 
llosas, ha paseado las calles de Buenos Aires. Las guarni- 
ciones de ese carro eran unas cintas blancas y punzóes y 
cuatro señoras, que se mudaban de cuadra en cuadra, tiraban 
de ellas. Estas señoras eran las esposas de los generales, de 



280 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

los ministros, do todos los principales magnates del General 
Rosas. 

Dos hileras de hombres cerraban los flancos de la comi- 
tiva de damas; los unos con su espada de soldado á su cintu- 
ra; los otros con su bastón de Magistrado en la mano. Estos 
hombres eran los maridos de esas damas. 

A estos hombres nos hemos dirigido: ¿son demasiado 
acres nuestras palabras? 

Empezaron por envilecer la patria, después se envile- 
cieron y prostituyeron ellos — esto era lógico. — Envilecidos, 
esclavos, llenos de zozobras y de miedo, para mejor adular 
á su señor, envilecieron á sus esposas — esto era lógico. — ■ 
¿Será mucho que por miedo también, las conviertan en Me- 
salinas quienes las convirtieron en muías? No, no habria de 
qué sorprenderse. 

Por otra parte; si nuestras palabras son agrias, téngase 
presente que los hombres de conciencia, que por conviccio- 
nes, hacemos la guerra á Rosas y á sus amigos, se la hace- 
mos do frente, de muerte, como nos la hacen á nosotros, 
mientras seamos enemigos — y así es come» se sostiene, á lo 
menos, como so ha debido sostener, nuestra guerra. Cuando 
alguno de esos hombres ha vuelto en sí, y se ha alistado en 
nuestras banderas para trabajar por la libertad de la patria 
de todos, ninguno do los enemigos del tirano le hemos cerra- 
do nuestros brazos. — Cuando los que le quedan le abandonen, 
olvidaremos todo, porque ninguno entonces tendrá el dere- 
cho de fiscalizar su pasado, si trabajan por el porvenir. No 
es, pues, el rencor, sino el espíritu de la guerra actual el que 
dirige las palabras y las acciones de los enemigos de Rosas, 
Espíritu que han marcado primero Rosas y sus amigos. 

(6) «S. M. el Emperador del Brasil y el Gobierno en- 
3argado de las R. E. de la Confederación Argentina se unen 
en alianza ofensiva y defensiva contra el poder y autoridad 
true ejerce Fructuoso Rivera en la República del Uruguay y 
contra los rebeldes de la provincia de Río Grande del Sud, y 
contra los partidarios del dicho caudillo y de los menciona- 
dos rebeldes». (Art. 1.° del Tratado de 24 de Marzo de 1843). 
«... Las tropas imperiales que entrasen al territorio de la 
República Oriental del Uruguay se pondrán á las órdenes 
del General de las fuerzas confederadas». (Período del artí- 
culo 6.°) 

Esto tratado, presentado en proyecto por el Plenipoten- 



CANTOS DEL PEREGRINO 281 

ciario argentino en la Corte del Brasil el 5 de Febrero y ce- 
lebrado el 24 de Marzo, se envió á Buenos Aires, ratificado 
por S. M. á recibir la competente ratificación del Gobierno 
Argentino, como se previene en el artículo 13 del Tratado. 
Rosas no quiso ratificarlo. 

Este notable asunto, que es ya propiedad del público, no 
lo queremos comentar, tanto porque nos llevarla á conside- 
raciones bien detenidas como él lo merece, cuanto porque 
muy poco podríamos decir después de los ilustrados artícu- 
los del Comercio del Plata en los números de 6, 8, 11 y 14 d© 
Noviembre de 1845, á que nos referimos. 

(7) Oú sont les vielles bandes espagnoles qui ay'aiént 
mis la main dans tous les grands événements des siécles 
précédents, qui avaient fait les destinées de PEurope? elles- 
son mortes á Rocroy. ( Coussin, Histoire de ]a Philoso- 
phie.) 

(S) Respetamos la historia española; queremos creer con 
ella que el conde D. Julián entregó su patria á los moros. 
Pero, ¿quién sabe si este desgraciado, cuya traición fué re- 
velada primeramente por los historiadores moriscos, que han 
podido escribir bajo inspiraciones de su odio á España, fué 
arrastrado á eso crimen por el despecho de una ofensa la más 
aero al corazón de un hombre, como lo cuentan las crónicas 
españolas; y como tan noblemente, tan lleno de generosidad, 
el señor D Miguel Agustín Príncipe lo ha proclamado á la 
faz de la historia y de la tradición española; y entonces hace- 
mos nosotros una ofensa al soldado español escribiendo al 
lado de su nombre el nombré de Oribe, que para entregar su 
patria á Rosas, no ha tenido otra causa que una miserable 
ambición de caudillo y una sed implacable de sangre? 

(9) Al siguiente día de la muerte do Nerón se hallaron 
algunas ñores esparcidas sobre su tumba; y los comentadores 
de este fenómeno, lo han explicado por algunos rasgos del 
carácter individual del tirano, que lo hacía algunas veces 
prodigar oro y beneficios sobre aquellos de sus esclavos que 
menos podían esperar su recuerdo, por su nulidad ó por su 
clase — eran puramente caprichos del tirano. — Alguno de esos 
beneficiados derramó esas flores. ¿Quién derramará flores so- 
bre la tumba de Oribe? 



282 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

(10) El Coronel D'Assas, en ocasión de hallarse de jefe 
de avanzadas del ejército francés, fué en la noche sorpren- 
dido solo, al reconocer las centinelas. Algunos enemigos le 
pusieron las armas al pecho diciéndole que comprase su vida 
con el silencio: — «¡A las armas! >, gritó D'Assas — fué asesi- 
nado, pero libró al ejército de la sorpresa. La historia fran- 
cesa perpetúa este nombre benemérito. 

(11) Chüde-Harold, Poema de Byron. 



Fin de los Cantos del Pekegeino 



POESÍAS DIVERSAS 



INTRODUCCIÓN 



Dos generaciones, puede decirse, lian surcado el mar de 
la revolución argentina; y como si ambas hubiesen querido 
fijar hondamente su destino en la memoria de los tiempos 
cada una de ellas ha tenido su coro de poetas, que ha histo- 
riado su época y sus hombres con la pluma de la verdad y el 
sentimiento, abrillantada por la imaginación. 

Enérgica, espléndida, orgullosa, como los triunfos milita 
res, como las glorias patrias que cantaba, la Musa de la Inde 
pendencia es la historia rimada de su tiempo. 

Triste, pensadora, melancólica como la suerte de la patria 
al son de cuyas cadenas se inspiraba, la Musa de la Libertad 
proscripta y desgraciada como ella, ha puesto también sobn 
las sienes de la patria la corona de su época salpicada de lá- 
grimas y sangre. 

Las poesías de que hoy hacemos una edición completa 
pertenecen al reino de esa liltima; pertenecen á esos suspiros 



286 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

del corazón enviados desde el extranjero hasta las playas ar- 
gentinas en el ala del céfiro, ó en el rayo tierno y melancólico 
de la luna; á esas armonías del sentimiento con qne nuestros 
poetas revelaban la desgracia de la patria, y esperanzaban en 
el porvenir, durante la larga noche de la esclavitud. 

Peregrinos siempre, hoy en unas playas mañana en otras; 
pobres, desesperados hoy, mañana chispeantes de contenta- 
miento y de esperanzas; sujetos siempre á lo que el destino 
frío como un cálculo quería hacer de su suerte, los poetas y 
los escritores emigrados no han podido, ni posible fuera 
traer á su patria obras completas y perfectas. Trabajando 
con los estímulos del corazón, hijos de una época tormentosa 
de suyo, y sujetos auna fortuna personal incierta, no han 
traído y dispuesto á los pies de su amante común sino un pu- 
ñado de flores de todos los climas y de todos los tiempos, 
plantadas por la esperanza, combatidas por el martirio, y re- 
cogidas por la fe y el amor. 

Todos, pues, han cumplido con su misión. 

Huérfanas y descoloridas; sin más unidad que en el senti- 
miento, ahí van las mías. Flores silvestres para todos, yo las 
amo mucho, sin embargo, porque cada una me recuerda lá- 
grimas ó esperanzas que cayeron en mi corazón, en aquellos 
tiempos en que la vida era una lucha perpetua entre el pre- 
sente y el porvenir, y de cuyo choque brotaba esa luz es- 
plendente de poesía y de grandeza, que hoy nos falta. 

De esos tiempos de ayer no más y que hoy parecen tan 
lejanos, tan pasados para el corazón del poeta. 

El poeta se agita hoy dentro de sí mismo; se busca, se in- 
terroga y no se encuentra. 

Sacerdote de una sublime religión, está de rodillas en el 



POESÍAS DIVERSAS 287 

templo con la mano sobre el corazón; pero el fuego sagrado se 
ha extinguido en la pira, y el ídolo ha desaparecido del aliar! 

¡Los poetas argentinos han encontrado á su país después 
de una penosa peregrinación, pero buscan su patria y no 1? 
encuentran! 

La Musa que les inspiraba giró siempre sus ojos por un 
horizonte donde el genio de la desgracia ponía, sin embargo» 
el sello de la sublimidad, en todo y acostumbrada á la gran- 
deza aún en el infortunio, hoy baja sus ojos y se desmaya en 
presencia de la vulgaridad y el desencanto. 

Sobre las ruinas del despotismo ella pensó ver elevarse 
el trono de la patria con la aureola de su libertad y de sus 
glorias, y en los rayos de lumbre de su frente beber la ins- 
piración de nueva grandeza, de una nueva época digna de 
suceder á la época pasada tan dramática y tan imponente. 

Pero el polvo del torreón caído se ha levantado en re- 
molino, y no vemos ni el trono de la patria ni el templo de 
la libertad, ni á donde vuela el genio de nuestro porvenir? 
ni donde nace el sol de nuestras viejas glorias, ni á donde 
ha de ponerse el sol encapotado y cobrizo que hoy miramos* 

Situación indecisa, de transición, en que la vulgaridad se 
enseñorea; porque ella sola puede representarla candorosa- 
mente; la Musa argentina sin hallar una desgracia ni una 
gloria que esté á la altura de sus inspiraciones, se ha velado 
y un eco solo de su lira no se ha oído, para saludar una li- 
bertad incompleta, y un triunfo más incompleto aún. 

A lo menos, pues, que cada uno de nuestros poetas reco- 
ja hoy las hojas secas de las que fueron ayer flores de espe- 
ranzas y de vida. 

José Mármol 

Octubre de 1854. 







r~' 




La'admiré cual á un ángel divino 
Cantos dbl peregrino 



Lámina YL 



POESÍAS DIVERSAS 



LAMENTOS (1) 

Sólo faltaba á la enemiga suerte, 
que en duelo y llanto mi existir anida 
entre cadenas convertir inerte 
la primavera de mi triste vida. 

Y entre los muros de prisión odiosa, 
y entre los hierros que forjó el rigor, 
hasta del aire y de la luz celosa 
me lanza ingrata á respirar horror. 

Cual bestia fiera, en el inmundo suelo 
tiendo mi cuerpo, de dolor pasado; 
y palpitando reclinar anhelo 
la sien hirviente sobre el brazo helado. 

De infamia ajeno, de maldad exento, 
hago al descanso de mis penas dueño; 



(1) Estos versos fueron escritos la misma noche que fui conduci- 
do á la cárcel. Estoy bien convencido que ellos no merecen ni el nom- 
bre de medianos, pero fueron producidos cuando el infortunio acabó 
-de enlazarse á mi destino y es fuerza recordarlos con respeto. — José 
.Mármol. 

Mármol.— 19 



290 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

pero ¡ay! es breve, que en el alma siento, 
llanto de fuego que destierra el sueno. 

Pasan las horas y tan sólo veo 
terror y espanto al derredor de iní... 
¡Abrid, por Dios, que ponzoñado creo 
hasta el aliento que respiro aquí! 

Pero, ¿á quién llamo, si tan sólo esconden 
estas moradas de rigor eterno, 
pechos de bronce que al dolor responden 
con risa amarga que dictó el infierno? 

G-ózate en la obra de tu saña impla 
destino, ó monstruo para mí nacido, 
pero no espere tu tenaz porfía 
gozarse oyendo mujeril gemido. 

Muestra á mis ojos espantosa muerte, 
llévame al lado de la tumba helada, 
letal veneno entre mi sangre vierte, 
desciende á mi alma y la verás osada! 

Muestra á mis ojos espantosa muerte, 
mis miembros todos en cadenas pon, 
¡bárbaro! nunca matarás el alma 
ni pondrás grillos á mi mente; no! 

En la Cárcel, Abril de 1839. 



POESÍAS DIVERSAS 291 



LA TAEDE 



Una tarde de Enero apacible 
cuando el sol á su ocaso bajaba 
miró absorto de gozo y sensible 
otro sol que en la tierra brillaba. 

En su eléctrico fuego al momento- 
mi alma toda sintióse abrasar 
y este fuego sutil y violento 
nunca, nunca, se habrá de apagar. 

Del delirio á la calma volvióse 
mi alma llena de extraño dulzor, 
y una bella porteña mostróse 
ámis ojos absortos de amor. 

La admiré cual á un ángel divina 
de esplendores celestes rodeado 
y- confiando á su luz mi destino 
mi destino dejólo enlutado. 

Cada aliento que el alma suspira- 
ser el nombre del ángel se siente 
y entre nubes de hechizo lo mira 
cada idea que alberga mi mente. 

Entre duda y temor oprimida 
cada instante se ve mi existencia 
y cual ñor por el sol abatida 
va marchita exhalando su esencia». 

Montevideo, Diciembre de 1839. 



292 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 



DESTELLOS DEL DOLOR 

Cuando la noche su manto, 
presagiando negro espanto, 
sobre la tierra desplega 
y á la obscuridad entrega 
aire, cielo, tierra y mar, 
y va el alto firmamento 
guardando el rico ornamento 
•de refulgentes estrellas, 
que suelen sus luces bellas 
si mismo sol eclipsar; 

cuando con aspecto fiero 
•el relámpago ligero 
•cruza el aire, desparece, 
y más súbito aparece 
•con brillante luz furtiva, 
y se va viendo la esfera, 
en instante, como noguera 
¡símil del infierno mismo, 
•en instantes como abismo 
•de tiniebla aiín más esquiva; 

cuando mil nubes rodando 
■fugitivas y tronando 
van siguiendo airado al viento, 
que hace crujir en su asiento 
al sólido negro mundo; 
y roto el preñado seno 
•de aquellas se siente el trueno 
retumbando sordamente, 
y aterrador de repente 
vomitar rayo iracundo; 



poesías diversas 293 

cuando, en fin, naturaleza 
velozmente su belleza 
cambia, como por encanto, 
en lúgubre horror y espanto 
próximo fin anunciando: 
entonces, ¡oh, cuál se goza 
toda mi alma que rebosa 
en el mar de la alegría: 
la triste melancolía 
se va de mí suspirando! 

Los fatales sufrimientos, 
los crueles presentimientos, 
el destino que á mi lado 
siempre en llanto y enlutado 
me señala el porvenir, 
^or hechizo desparecen 
al instante que aparecen 
sobré el cielo las señales 
que los tímidos mortales 
miran pálidos gemir. 

A su aspecto ellos sus pechos 
de temor sienten deshechos, 
se concentran, se resienten, 
se conmueven, se arrepienten, 
todo es luto y confusión, 
miran sólo en los horrores 
al Eterno en sus rigores, 
y al lucir íugaz el rayo 
presagiar ven en desmayo 
la celeste maldición. 

No así siéntese mi alma, 
que embriagada en dulce calma, 
al crujir los elementos 



294 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

la conmueven sentimientos 
de simpático dulzor; 
y mi mente enardecida 
sin volar al cielo herida, 
se recrea en su presencia, 
son, me dice, tu evidencia 
isos piélagos de horror. 

¡Olí, cuan cierto! ¿Qué es mi vida 
sino sombra confundirla 
entre un éter que enlatado 
lo dejó impropicio el hado 
al lucir mi juventud? 
Mis pensamientos, ¿que abortan 
sino chispas que confortan 
un instante mi ardimiento, 
y en el caos del sufrimiento 
pierden luego su virtud? 

¿Qué es mi alma sino el seno, 
do se agolpan cual el trueno 
mis violentas afecciones, 
que enlazando mis pasiones 
con el genio del pesar, 
las enconan, las alientan, 
más violentas las presentan, 
cual los vientos que encontrados 
mil alientos inflamados 
lanzan fieros al chocar? 

En la edad en que el destino 
lleva al hombre por camino 
donde sólo sus sosiegos 
ve turbados por los fuegos 
del engaño y el amor, 
ya mi vida, cual un fluido 
de mil vientos combatido, 



POESÍAS DIVERSAS 295 

ha vagado sin ventura 
por un valle de amargura 
bajo un cielo de rigor. 

Así sólo cuando el mundo 
aterrado y gemebundo 
llora envuelto en los horrores 
de esos signos destructores, 
de. esa noche enardecida; 
por oculta simpatía 
lo venera el alma mía, 
y de tanto mal rodeado 
balbuceó enajenado: 
«Es el mundo de mi vida.» 

Montevideo, Noviembre de 1848. 



A TERESA 



Alma del alma mía, 
ya en tu labio los hálitos no aspiro 
del aire de mi frágil existencia, 
y ya en tus ojos lánguidos no miro 
la clara luz de mi risueño día. 

¡Mas ay! si de la esencia 
del cáliz de tu alma tu suspiro 
el nombre lleva de tu triste amante, 
si tu mano al pasar sobre tu frente 
la imagen mía en tu memoria siente, 
qué me importa de tí, llorar distante. 



296 OBRAS DB JOSÉ MÁRMOL 



II 



Teresa, ya el destino 
nos separó ¿es verdad? pues bien; escucha: 
Cuando ya no he de hallarte en el camino 
de mi vida quizá; cuando aun es mucha 
la "juventud que á mi existencia queda; 
cuando todo el aroma de sus flores 
arrebaté ambicioso á tus amores, 
antes, bien mió, que olvidarte pueda 
la fuerza de olvidar muera conmigo. 

Que en supremo embeleso, 
para siempre jamás dejó contigo 
con mi primer amor mi último beso. 

III 

Sí, Teresa, es verdad, el pecho mío 
dijo adiós al placer cuando mi mano 
tocó la tuya por la vez postrera, 

mientras el labio 
se negaba al rigor de la palabra; 
y sólo el llanto del dolor tirano 
que barrenaba mi alma y ahora labra 
con agudo puñal tu nombre en ella 
te dijo adiós para seguir la estrella 

sin lumbre, sin destino, 
que colocó el infierno en mi camino. 

IV 

Y si al amor no dije 
¡ay! otro adiós también, mi tierna amiga, 
es porque mi alma para siempre elige 
este amor celestial que por ti abriga. 



POESÍAS DIVERSAS 291 

V 

Vivirá enamorada 
de tus dulces recuerdos mi memoria; 

vivirá iluminada 
por un rayo de amor, la hermosa historia 
de mi primer amor y mis placeres, 
en el fondo del alma que te adora; 
y entonces ¡ay! ¿qué pueden las mujeres 

y las pintadas flores, 
la blanca luna y la radiante aurora, 
qué pueden ¡ay! si pienso en tus amores? 

VI 

Cinco de Enero ven; ven á mi mente 
y vive en medio á mis amargas penas, 

como la clara fuente 
del desierto abrasado en las arenas; 
cual la perla escondida entre las olas 
del irritado mar, cual la esperanza 
en el obscuro abismo de la vida, 
coronando de bellas aureolas 

esa cumbre fingida 
do el inexperto corazón se lanza. 

VII 

Ven á mi mente, ven; vengan contigo 
sus encantos, su amor, sus juramentos 
su dulce acento al suspirar conmigo, 
sus rizos por su sien y la sien mia, 
su temblor virginal y los alientos 
abrasados de amor, y los sonrojos 
en su pálida tez, y los desmayos 
de su abrasada frente, y, como el día 
del cielo tropical, aquellos rayos 
que amor brotaban de sus tiernos ojos. 



298 OBRAS DE JO?. Á RMOIi 

VIII 

Ven á mi mente, ven; vengan contigo 
las palabras aquellas que ninguna 
jay! ninguna mujer pronunciar pudo: 
«Hoy, más libre que nunca, tierno amigo, 
» queda tu corazón; si mi fortuna 
>te ligó á mi existencia en dulce nudo 

»el amor solamente 
»y no el deber y compasión inspiren 
»tu beso abrasador sobre mi frente, 
» cuando mis ojos con placer te miren.» 

IX 

¿Quién fué jamás tan noble y generosa 
quién más abnegación hizo y más pura 

que la que esos acentos 
revelan tan sencilla y tan hermosa, 
de la más bella y tierna criatura, 

en los mismos momentos 
de sostener la sien de su querido 
con vértigos de amor desfallecido? 
¡Mas, qué mucho, mi Dios, si todo en ella 
es la dulce expresión de la más bella 

y tierna poesía 
que inspirada brotó tu fantasía! 

X 

Mujer de filigrana que al mirarla 
parece que los hálitos del aire 
ó los rayos de luz pueden matarla; 
yo no sé si á la blanca ñor del aire 
la podré comparar, si al esmaltado 
timido picaflor sobre la rosa, 
ó la opulenta en galas 



POESÍAS DIVERSAS 28Ü 

sensible mariposa 
sobre un jazmín su pecho esmaltado, 
y oro vertiendo sus celestes alas. 

XI 

Llegad, horas tan dulces de la tarde 
donde se esconden de la historia mía, 
mi universo, mi Dios, mi poesía^ 

y la suprema gloria 
de que hace el corazón altivo alarde. 

Llegad á mi memoria, 
horas en que posaba mi cabeza 
desmayada de amor sobre aquel seno 
rebosando de encantos y belleza, 
vacío de doblez y de amor lleno. 

XII 

Allí la suavidad de los jazmines 

mi rostro acariciaba; 
allí el olor del sándalo embriagaba, 

mi sien que se adormía 

y al despertar volvía 
del tierno corazón á los latidos; 
y á las auras con hálitos de rosas 
que en vez de alientos por mi sien corrían 
y de sus dulces labios encendidos 

derramaba mi hermosa, 
en besos que á mis ansias respondían. 
Cuando al mirarme tierna, poco á poco 
su cabeza inclinaba, y con sus rizos 
cubriéndome el semblante, confundía 
al fin su ardiente boca con la mía. 

Y de deleite loco, 
y loco con su amor y sus hechizos, 
mi corazón la sangre que encerraba 



300 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

á mi apagada tez precipitaba. 

Así el sol en la tarde 
á medida que baja su alta frente, 
va enrojeciendo el pálido occidente 
hasta que en llamas purpurinas ardo. 

XIII 

¡¡Embriaguez celestial!! — Llegad tranquilas 
como la dulce luz de sus pupilas, 
horas de la oración á mi memoria. 
Yo he gozado en vosotras todo cuanto 
puede á un mortal envanecer de gloria, 
gloria del corazón, placer sin llanto. 

XIV 

¿Qué caricias me son desconocidas 

bajo del pardo velo 
con que cubrís tan lánguidos el cieloV 

¿Qué palabras sentidas 
no llegaron al fondo de mi alma, 
puras y religiosas cual la calma 
en que absorbéis el pálido universo? 
¿Qué tierno melancólico suspiro 

no enlutó mi alegría, 
como en vosotras, al morir el terso 
rayo del sol en perlas y zafiro, 
la primer sombra de la noche umbría. 
Cuando con ella conversando á solas 
hasta el adiós postrer iba la mente, 
hasta el cruel más allá de lo presente 
y hasta mi nave en medio de las olas? 
Y ella, dando valor al alma mía 
con sus mismas palabras más sufría; 
así una débil lámpara derrama 
roja luz que deslumhra una pupila, 



POESÍAS DIVERSAS 801 

y cuando brilla más, más se aniquila 
y se consume con su propia llama. 

XV 

Sufría, sí, porque su rostro bello, 
su cólica hermosura, 
tienen menos que Dios el claro sello 
que de su alma la candida dulzura. 
Mujer que amando vive y moriría 
si á su vida el amor faltara un día. 

XVI 

¡Misterios del Eterno! Aquese pecho 
que guarda sus más dulces afecciones, 
puede sentirse de repente estrecho 
al raudo temporal de las pasiones; 
así en el Paraná, linfa del Plata, 
y entre sus islas de aromadas flores 
la corriente sus ímpetus desata, 
y las ondas estallan sus furores. 

XVII 

Sí, Teresa, tú en medio del embate 
de la vida y el mal en torpe guerra, 
eras cual blanca flor en yerma y ancha 

arena de un combate 

que enrojeció la tierra, 
sin tener en las hojas ni una mancha, 
y sin que el ámbar agostarle pueda 
el vapor de la sangre ó la humareda... 
¡Oh, y no te olvidaré! y no el cederte 
siento, mi corazón hasta la muerte; 
¿sabes, sí, lo que siento hasta el exceso? 
No haberte dado á ti mi primer beso. 



302 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

XVIII 

Mas ¡ay! mi bien, no envidies la fortuna, 
en mi primera edad de otras mujeres; 
en los brazos de cien no amó á ninguna, 

amaba solamente los placeres, 

las fuertes emociones, 
las romanescas verdes ilusiones. 
Para mi joven pensamiento loco, 
era, por Dios, el Universo estrecho, 
y toda novedad era bien poco 
á la ambición de mi agitado pecho. 

XIX 

Seguía por doquiera 
de mi destino el fallo, 
y asistir á la cita de una hermosa 
ó domar un indómito caballo 
fué siempre para mí la misma cosa. 
"No envidiéis, pues, Teresa, otras mujeres; 
yo no amé la mujer, sí los placeres. 

XX 

Era sólo la fiebre de la mente 
quemando de mi ser la primer fibra; 
era la tempestad que en el oriente 
de mi vida se alzaba, y que en mi seno 
estallaba furioso el primer trueno 
que apenas hoy en mis oídos vibra. 
Ese tiempo pasó, vino la calma, 
vino el amor en su pureza al alma, 
y te he dado, mujer, en mi embeleso 
con mi primer amor mi último beso. 

Montevideo, Junio de 1846. 



poesías diversas 

AL 25 DE MAYO 
en 1841 



Where Ciuniborazo, over air, earth, wave, 
Glares, witli liis Titán eye and sees no slaye 
Bteon 9 



Cada generación un día tiene 
que la deja en los siglos señalada, 
y con ella también un hombre viene, 
(¡jue le deja su frente coronada. 

Mis padres en un Mayo levantaron 
eterno un monumento á sus anales 
y los labios de un hombre revelaron 
sus luchas y sus lauros inmortales. 

Un sol se muestra y el cañón retumba; 
es el sol de aquel día... El sol de Mayo. 
Si es preciso cantar su primer rayo 
levántese Várela de la tumba. 

Caliéntese de nuevo el cráneo altivo 
do su espíritu á Mayo iluminaba, 
donde inmenso cual es, allí cautivo 
le estudiaba, veía y le cantaba. 

Ya su espíritu armónico suspira 
sobre el sol de su Mayo sacrosanto.» 
Si alguno intenta preludiar su lira 
mire ese sol y púlsela con llanto. 



3QÍ OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Mire ese sol que aparece 
y al ánima nuestra ofrece 

letrero que resplandece 
dicióndonos divinal: 
«Hable el alma y calle el labio, 
»que el hablarme es un agravio, 

> con acento mundanal. 

»Soy el astro que previno 
>se mudase repentino 
» forma, espíritu y destino 
>de la vieja humanidad; 
»y que el futuro ante ella 
¡►reflejase cual estrella, 
>de sublime claridad. 

»Soy el astro cuya llama 
»dió la luz al grande drama, 
»de quien el fin y la trama, 
>se improvisaba al rodar 

> tronos y reyes al suelo; 

> mientras se alzaban al cielo 
»los pueblos en libertad. 

>Y ante dellos cien naciones 
■♦de viejos nobles blasones, 
inclinaron sus pendones 
» repitiéndoles... ¡Loor! 
>Y con iras mal veladas 
»se sintieron obligadas 
>á brindar por su valor. 

»He mirado, en fin, del seno 
»que brotaba, siempre Heno 
» agrias raíces de veneno 
>de una madre sin amor. 



POESÍAS DIVERSAS 303 

* separarse el joven puro 
» condenado al yugo duro 
»de bendecir su rigor. 

»Y esa madre fué la España; 
» terca, ciega y siempre extraña, 
»á los frutos que su entraña 
»con su sangre alimentó. 
^>Y ese joven es el mundo 
»que en un dia sin segundo 
»el genio le presentó. 

«No hay pueblo, no hay humano 
»de los que, en eterno arcano, 
» brota súbita la mano 
»de Dios en la inmensidad, 
»que no tenga su destino, 
>su existencia y su camino, 
» distinto en la humanidad. 

» Y si vi con inclemencia, 
de la España la insistencia 
en desoir esa sentencia 
de la eterna majestad, 
también la vi prosternarse, 
cuando el cáliz vi quebrarse 
de la infinita bondad. 



>Eso escribo en los cielos con mi lumbre 
cuando á Mayo recuerdo en el Oriente; 
si queréis coronar mi excelsa frente 
pedid al cielo que la vuestra alumbre. 

»Mayo es obra justísima del cielo; 
cansado, al fin, de la injusticia humana 
Mármol. -20 



OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

y á inspiración de idea soberana, 
los hombres la activaron en el suelo. 

>Los hombres y las glorias argentinas, 
que desde el Plata al Chimborazo he visto, 
no son más que las joyas brillantinas 
del rozagante traje que revisto, 

»De Mayo son sobre sus sienes bellas 
lo que son en el cielo las estrellas.... 
Sus glorias alabad, y en sacra pompa 
que rueden, sí, por la sonora trompa.» 



II 



¡Oh! sí, que mi lira con cuerdas de bronce 
se siente altanera si á Mayo nombró; 
si nombra arrogante la gloria que entonce 
con sólo tres lustros mi gloria alcanzó. 

Un grito fué sólo de Mayo el portento; 
un grito, y mi patria, cual Etna que abrasa, 
se alzó de sus bases y roto el cimiento 
lanzóse cnal raudo torrente que arrasa. 

Y eterna en un día, remonta guerrera 
del Andes helado la sien de gigante; 
y en él reclinada, con mano altanera, 
le arroja á la España su nítido guante. 

Mal plugo España á tu estrella 
aceptar el desafío; 
más valiera que en desvío 
la seña dejaras, sí, 
pues estaba escrito en ella 
con lemas enrojecidos 



POESÍAS DIVERSAS 307 

que fueran los oprimidos 
los vencedores de ti. 

Pero terca y orgullosa 
con tus godos y tus moros, 
tu ambición y tus decoros 
te hicieron la sangre arder; 
y al momento poderosa, 
y mi patria gigantea, 
sable en mano á la pelea 
se arrojaron con placer. 

Y el ángel de la muerte en negro carro, 
su rápida carrera reteniendo, 
estuvo con placer el duelo viendo 
en el inmenso mundo de Pizarra. 

Sobre Salta comenzaron, 
y en los suelos tucumanos, 
los aceros en las manos 
á blandirse con furor; 
y allí fué donde empezaron 
nuestros suelos á lavarse 
¡Pobre España! al derramarse 
de tus venas el humor. 

Mas cual tigre, enfurecida, 
que más brama y más valiente 
cuando agudo dardo siente 
que en el pecho se clavó; 
con la noble y honda herida 
que te abrió la patria mía, 
con más saña y más porfía 
frente á frente te dejó. 

Y luchando brazo ? "H^azo 



808 OBRAS DE J03E MÁRMOL 

ya señora, ya vencida, 
ya sin fuerzas y sin vida, 
ya con fuerza colosal, 
hasta el pie del Chimborazo 
fuiste atónita rodando, 
palmo á palmo guerreando 
con tu indómita rival. 

Y el ángel de la muerte en negro carro, 
su rápida carrera reteniendo, 
estuvo con placer el duelo viendo 
en el inmenso mundo de Pizarro. 

Y no bien de los guerreros 
se oye horrísona la lucha, 
«uando Chile que la escucha 
.arde en bélica inquietud; 

y á do estaban los aceros 
que templaba el sol de Mayo 
vuela súbita cual rayo 
á romper su esclavitud. 

Y la rompe, mal tu suerte, 
cuando al sable de su hermana 
une altiva y soberana 
de sus hijos el valor; 
á ese sable noble y fuerte 
de la joven patria mia 
•que á tus ojos relucía 
<cual del ángel vengador. 

Y ya entonces todo un mundo 
que en tres siglos dominaste, 
¡Ay, España! le miraste 
despeñarse contra ti; 

cual del Ancles iracundo 
Tonco y rápido torrente, 



P O ESÍ AS DIVERSAS 309 

que arrastrara en su corriente 
cuanto España hubiera en sí. 

Y fué en vano que valiente, 
porque lo eres por mi vida, 
defendieras aguerrida 
tu conquista secular; 
Chacabuco dio elocuente 
la inmortal lección patricia, 
donde viste la justicia 
de la América brillar. 

Chacabuco cuya cumbre 
miró absorta por los llanos, 
caer tus viejos veteranos 
cuyo nombre era un blasón. 
Como el sol cuando su lumbro 
dore en Maipo la corriente, 
verá siempre transparente 
algún fúnebre padrón. 

De ese Maipo que parece 
te arrojara hecha pedazos 
á caer entre los brazos 
de Ayacucho y de Junín; 
allí donde resplandece 
el sello de nuestra gloria, 
y-uonde fué tu memoria 
sepulta por siempre al fin. 

¡¡Que el ángel de lji muerte en negro carro,, 
su rápida carrera acelerando 
el cadáver de España fué arrastrando 
sobre el inmenso mundo de Pizarroü 

Así España domeñaron 
tus esfuerzos sobrehumanos 



S1Q OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

los que tus" reyes tiranos 
por tres siglos engrillaron. 

Tanto oprimir criaturas, 
tanto su industria negarles, 
tanto el alma sofocarles 
y hasta sus lágrimas puras; 

tanto llenar de mancilla 
pueblos fuertes y lejanos, 
porque exótica semilla 
no prendía entre sus manos; 

tanto, en fin, ambicionar 
oro y sangre de infelices 
con tus hondas cicatrices 
lo tuviste que pagar. 

Y á ti, tanto lidiar, patria del alma, 
tanta sangre verter en la palestra, 

te vale de los cielos una palma 

que alza orgullosa tu robusta diestra. 

Y al mirar por alfombra de tu silla 
pieles de los Leones de Castilla, 

un porvenir tan vasto el cielo os cede 
que apenas en los siglos caber puede. 

III 

De Mayo la corona está tejida; 
lo está ya con sus hechos y sus hombres; 
de los grandes sucesos de la vida, 
mueren los tiempos pero no los nombres. 

Pero Mayo es volcán estrepitoso 
que agita la gigante cordillera; 



POESÍAS DIVERSAS 811 

y á nosotros el cráter ardoroso 
con su inflamada lava nos cubriera. 

Es de un siglo simiente delicada, 
cuyo fruto es muy tarde recogido; 
nuestros nietos, apenas que ha prendido 
la verán, en la tierra preparada. 

Nosotros hoy, ambicionar de Mayo 
el resultado inmenso que prepara, 
es querer de la flor recién en tallo 
asx3Írar el aroma que encerrara. 

Si rompimos de España las cadenas 
y libres elevamos nuestra frente, 
conservamos, empero, en nuestras venas 
los restos de la ibérica simiente. 

Y la sórdida lucha en que vivimos, 
sin saber el por qué de los errores, 

no es más que las tinieblas sacudimos 
para ver de ese Mayo los albores. 

Nosotros nos mecemos borrascosos 
sobre él fuerte Titán aún sin asiento; 
quien quisiere gozar tiempos hermosos 
transporte al porvenir su pensamiento. 

Y en él, sobre la sien del Chimborazo 
verá un ángel midiendo con su brazo 
de los remotos mares la distancia, 

y al ángel que mira 

pregunte: ¿qué aspira? 
Y el ángel le dirá con arrogancia: 
*Me traigo las regiones de la Europa 
á domeñar su frente en esta roca.» 

Montevideo, Mayo de 1841. 



U2 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

ADIÓS 

En unos versos, fuera ¿lo recuerdas? 
Quo te habló de mi amor el primer día 
y hoy que está yerta la esperanza mía, 
recibe en otros mi postrer adiós. 

Quede así el desconcierto de dos almas- 
entre dos armonías encerrado, 
y legando al misterio lo pasado 
cual te bendigo, te bendiga Dios. 

Yo nací para amarte, y recibiendo 
tan suprema misión con embeleso 
te he amado criatura hasta el exceso 
si exceso cabe en mi pasión por ti. 
Te di mi corazón: lo has desdeñado; 
¿debo culparte? no; ¿qué lazo estrecho 
puede ligar tu amor al de mi pecho, 
si en ti es la dicha y la desgracia en mí? 

¿Qué hacer? adiós. El mundo ó el Eterno- 
marca de los mortales el destino; 
el tuyo es un arroyo cristalino 
que sobre flores discurriendo está; 
el mío es el reverso sobre el mundo; 
nuevo Mazepa mi alma dolorida, 
amarrada en el potro de la vida, 
hecha pedazos desangrando va. 

A tu pureza angelical responde 
toda naturaleza con sonrisa, 
y corre el mundo á derramar aprisa 
sus flores en redor de tu beldad; 
á mí, silencio y soledad me cercan; 
y opresa el alma de glacial fastidio, 
por extinguir en mi ca"bcz.i li^io v 



POESÍAS DIVERSAS 3i¿£ 

una idea terrible en mi orfandad. 

La copa del placer rota en mi mano 
deshecho el prisma que forjó mi mente, 
há mucho tiempo que mi pecho siente 
calma extraña en mi fuerte corazón. 
Há mucho tiempo que mi frente baño 
en el Leteo del placer mundano, 
como Manfredo — procurando en vano, 
olvido, nada más, en la ilusión. 

¿Cómo ligar nuestros destinos, dimeV 
¿Cómo prender en mí tan yerma vida 
tú, blanca rosa del Edén caída, 
que conservas tu aroma celestial? 
¿Cómo cambiar tu suerte — ángel que juegas 
en el jardín de tu primera aurora, — ■ 
por el amor que en mi alma se atesora 
si en ese amor hay lágrimas quizá? 

Dios inspiró tu resistencia, ¡oh virgen! 
y el llanto que ha caído de mis ojos, 
revelaba de mi alma los enojos, 
no contra ti, contra mi propio ser. 
Tú no has hecho en el mundo mi desgracia, 
porque esta enfermedad de mi destino, 
antes, mucho antes que mi amor le vino; 
pero ¡ay! ¡pudiste mi ventara hacer! 

¡Por siempre adiós! Prosigue tu camino, 
tórtola de las selvas argentinas, 
y en agua de las fuentes cristalinas 
la sed apaga de tu tierno amor. 
Agite apenas tus endebles alas 
el soplo de los céfiros ligeros, 
y duerme entre los verdes naranjeros-' 
embriagada en el ámbar de su flor. 



314 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Yo seguiré también — cóndor salvaje- 
entre la ronca tempestad rni vuelo, 
y en las vertientes del pedroso hielo 
mi sangre liirviente refrescar podré; 
y entre la nube do fermenta el rayo 
por el trueno y los vientos sacudido, 
sobre mis propias alas suspendido 
en medio á las tormentas dormiré. 

Olvídame también. Mi amor fué purc 
como á ti de tu madre el primer beso; 
mas, porque fué tan puro mi embeleso 
hasta mi nombre olvídale por ti. 
Tú no sabes ¡oh virgen! lo que cuesta 
hallar un corazón sobre este mundo, 
que siquiera en el giro de un segundo 
haga por oíro abnegación de si. 

Yo no te olvidaré. Será tu imagen 
cuanto más gire el tiempo más querida; 
y al terminar mi viaj e de la vida 
en las puertas del cielo diré así: 
«Traigo conmigo mundanal memoria; 
»pero es tan pura sobre el mundo y bella 
»que yo pensaba en Dios pensando en ella 
»y vengo á Dios con su recuerdo en mí.> 

Montevideo, Abril de 1847, 



DESPEDIDA 

Otra vez por mi suerte inhumana 
una bella esperanza pierdo 
y en el alma clavado un recuerdo 
bella virgen me alejo de ti. 



POESÍAS DIVERSAS 315 

Sabrá pronto tu nombre y tus gracias 
de los mares remotos la onda: 
cuando el sol en su ocaso se esconda 
¡ay, Amalia, suspira por mí! 

Yo no llevo de ti dentro el alma 
ni una dulce palabra siquiera, 
para un día en la roca extranjera 
escribirla llorando á su pie. 
Que es el último instante de vernos 
el primero también en que digo 
¡ay, Amalia! ¡Yo dejo contigo 
la más bella mujer que adoré! 

Río Janeiro, Septiembre de 1844. 



A SOSAL 
El 25 de Mayo de 1843 



¡Miradlo, sí, miradlo! ¿No veis en el oriente 
tiñéndose los cielos con oro y arrebol? 
Alzad, americanos, la coronada frente; 
ya viene á nuestros cielos el venerado sol. 

El sol de los recuerdos, el sol del Ohimborazo, 
que nuestros viejos padres desde la tumba ven; 
aquellos que la enseña de Mayo, con su brazo 
clavaron de los Andes en la nevada sien. 

¡Veneración! las olas del Plata le proclaman, 
y al Ecuador el eco dilátase veloz; 



316 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOIi 

los hijos délos héroes ¡veneración! exclaman, 
y abiertos los sepulcros responden á su voz. 



II 

¡Sus hijos! ¿por qué huyeron de sus paternos lares 
cual hojas que se lleva sin rumbo el huracán? 
¿Por qué corren proscritos, sin patria y sin hogares, 
á tierras extranjeras á mendigar el pan? 

Y al asomar de Mayo las luces divinales 
¿por qué ya no se escucha la salva del cañón, 
los ¡vivas! de los libres, los cánticos triunfales, 
el aire entre las ondas del patrio pabellón? 

La cuna de los libres, la Emperatriz del Plata 
¿por qué está de rodillas, sin victoriarte ¡oh sol!? 
¿Por qué como otros dias, sus ecos no dilata 
cuando los cielos tiñes con oro y arrebol? 

III 

Emboza ¡oh sol de Mayo! tus rayos en la esfera, 
que hay manchas en el suelo donde tu luz brilló , 
suspende, sí, suspende tu espléndida carrera; 
no es esa Buenos Aires la de tu gloria, no. 

La luz de los recuerdos con que á mis ojos brillas, 
para evitar su mengua, sepúltala ¡por Dios! 
¡la Emperatriz del Plata te espera de rodillas 
ahogada entre gemidos su dolorida voz! 

Un hombre ha renegado de tu homenaje eterno, 
robando de tus hijos la herencia de laurel; 
¡salvaje de la Pampa que vomitó el infierno 
para vengar acaso su maldición con él! 



POESÍAS DIVERSAS 817 



IV 



¡Ah, Rosas! No se puede reverenciar á Mayo 
sin arrojarte eterna, terrible maldición; 
sin demandar de hinojos un justiciero rayo 
que súbito y ardiente te parta el corazón. 

Levanta tu cabeza del lodazal sangriento 
que has hecho de la patria que te guardaba en si; 
contempla lo que viene cruzando el firmamento 
y dinos de sus glorias la que te debe á ti. 

La mancha que en el suelo no borrarán los años 
porque la tierra en sangre la convertiste ya, 
contempla, y un instante responde sin engaños, 
quien la arrojó, y gozando de contemplarla está. 



Contempla lo que viene cruzando el firmamento 
con rayos que indelebles en la memoria están, 
y dinos si conservan memoria de tu aliento, 
los inmortales campos de Salta y Tucumán. 

Si el sello de tu planta se mirará en los Andes, 
ó acaso en Ohacabuco, ó en Maipo, ó en Junin; 
ó si marcando hazañas más célebres y grandes, 
habremos de encontrarlo por Ayacucho, en fin. 

Enséñanos, siquiera, la herida que te abruma 
pero que hermosa y noble sobre tu pecho está, 
y dinos que lidiando la hubistes en Ayuma, 
ó acaso en Vilcapujio, Torata, ó Moqueguá 



318 DB^A» DE JOSÉ MÁEMOIi 



VI 



jAh, Rosas! Nada hiciste por el eterno y santo 
sublime juramento que Mayo pronunció; 
por eso vilipendias y le abominas tanto, 
y hasta en tus tiernos hijos tu maldición cayó. 

Cuando de bayonetas se despeñó un torrente 
"bordando de victorias el mundo de Colón, 
salvaje, tú dormías tranquilo solamente 
sin entreabrir tus ojos al trueno del cañón. 

Y cuando tus hermanos al pie del Chimborazo 
sus altaneras sienes vestían de laurel, 
al viento la melena, jugando con tu lazo 
por la desierta pampa llevabas tu corcel. 



VII 

¡Ahí Nada te debemos los argentinos, nada, 
sino miseria, sangre, desolación sin fin; 
jamás en las batallas se divisó tu espada, 
pero mostraste pronto la daga de Caín. 

Cuando á tu patria viste debilitado el brazo 
dejaste satisfecho la sombra del ombú, 
y, al viento la melena, jugando con tu lazo, 
las hordas sublevaste, salvajes como tú. 

Y tu primer proeza, tu primitivo fallo 
fué abrir con tu cuchillo su virgen corazón, 
y atar ante tus hordas al pie de tu caballo 
sus códigos, sus palmas y el rico pabellón. 



POESÍAS DIVERSA» 319 



VIII 



Tan sólo, sangre y cráneos tus ojos anhelaron, 
y sangre, sangre á ríos se derramó doquier, 
y de partidos cráneos los campos se cuajaron 
donde alcanzó la mano de tu brutal poder. 

¿Qué sed hay en tu alma? ¿Qué hiél en cada fibra? 
¿Qué espíritu ó demonio su inspiración te da 
cuando en tu rudo labio tu pensamiento vibra, 
y en pos de la palabra la puñalada va? 

¿Qué fiera en sus entrañas alimentó tu vida 
nutriéndote las venas su ponzoñosa liiel? 
¿Qué atmósfera aspiraste? ¿Qué fuente maldecida 
para bautismo tuyo te preparó Luzbel? 

IX 

¿Qué ser velado tienes que te resguarda el paso, 
para poder buscarlo con el puñal en pos? 
¿Cuál es de las estrellas la que te alumbra, acaso, 
para pedir sobre ella la maldición de Dios? 

¿En qué hora sientes miedo dentro tu férreo j>echo 
para evocar visiones que su pavor te den? 
¿En qué hora te adormeces tranquilo sobre el lecho, 
para llamar los muertos á sacudir tu sien? 

Prestadme tempestades, vuestro rugir violento 
cuando revienta el trueno bramando el aquilón; 
cascadas y torrentes, prestadme vuestro acento 
para arrojarle eterna tremenda maldición... 

X 

Cuando á los pueblos postra la bárbara inclemencia 
de un déspota que abriga sangriento frenesí, 



320 obras de josé mármol 

■el corazón rechaza la bíblica indulgencia; 
ele tigres nada dijo la voz del Sinaí. 

El bueno de los buenos, desde su trono santo 
la renegada frente maldijo de Luzbel; 
la humanidad, entonces, cuando la vejan tanta 
-también tiene derecho de maldecir como él. 

¡Sí, Rosas, te maldigo! Jamás dentro de mis venas 
la hiél de la venganza mis horas agitó: 
como hombre te perdono mi cárcel y cadenas; 
joero como argentino las de mi patria, NO 



XI 

Por ti esa Buenos Aires que alzaba y oprimía 
sobre su espalda un mundo, bajo su pie un león, 
lioy, débil y postrada, no puede en su agonía 
ni domeñar siquiera tu bárbara ambición. 

Por ti esa Buenos Aires más crímenes ha visto 
que hay vientos en la Pampa y aranas en el mar; 
praes, de los hombres harto, para ofender á Cristo 
tu imagen colocaste sobre el sagrado altar. 

¡Por ti sus buenos hijos, acongojado el pecho 
la frente doblegamos bajo glacial dolor, 
y hasta en la tierra extraña que nos ofrece un techo 
nos viene persiguiendo, salvaje, tu rencor!... 

XII 

Mas ¡ay! de la tormenta los enlutados velos 
so cambian en celajes de nácar y zafir, 
y el sol de los recuerdos nos grita de los cielos, 
que en pos de la desgracia nos viene el porvenir. 



POESÍAS DIVERSAS 321 

Hay más allá, es el lema de su divina frente 
grabado por la mano purísima de Dios, 
y el Chimborazo al verlo lucir en el oriente: 
hay más allá, responde con su gigante voz. 

Al espirar los héroes, hay más allá exclamaron, 
su acento conmoviendo de América el confín; 
y, al trueno de los bronces, hay más allá gritaron 
los campos de Ayacucho, de Maipo, y de Junín. 

XIII 

Sí, Rosas, vilipendia con tu mirar siniestro 
el sol de las victorias que iluminando está; 
disfruta del presente, que el porvenir es nuestro, 
y entonces ni tus huesos la América tendrá. 

Sí, Rosas, vendrá un día terrible de venganza 
que temblará en el pecho tu espíritu infernal; 
cuando tu trono tumben los botes de la lanza, 
•ó el corazón te rasgue la punta del puñal. 

Como revienta el Etna tremendo de repente, 
reventarán los pueblos que oprime tu ambición; 
y, cual vomita nubes de su ceniza hirviente 
vomitarán los pueblos el humo del cañón. 

I XIV 

Entonces, sol de Mayo, los días inmortales 
sobro mi libre patria recordarán en ti; 
y te dirán entonces los cánticos triunfales, 
que es esa Buenos Aires la de tu gloria, sí. 

Entonces, desde el Plata, sin negra pesadumbre 
te mirarán tus hijos latiendo el corazón, 

Mármol.— 23 



322 0BKAS DE JOSÉ MARMOL 

pues opulenta entonces reflejará tu lumbre 
en códigos y palmas y noble pabellón. 

T al extenderse hermoso tu brillantino manto, 
ni esclavos ni tiranos con mengua cubrirá; 
que entonces de ese Rosas que te abomina tanto, 
ni el polvo de sus huesos la América tendrá. 



MONTEVIDEO 

A mi amioo Juan Cáelos G-ómf.2 

Era de noche — y la una, 
mudo silencio reinaba 
y entre celajes la luna 
muy débil luz derramaba. 

Esa ciudad que en el mundo 
la llaman Montevideo, 
dormía en sueño profundo 
como niña sin deseo. 

Besaba el mar su cintura 
como una fuente serena 
que tiene en su linfa pura 
bañándose una sirena. 

A poco trecho delante 
se veía la negra planta 
de encapotado gigante 
que con su tamaño espanta. 



POESÍAS DIVERSAS 

Y como tan alto estaba 3 
bien sabe Dios, parecía 

que con los vientos hablaba, 
y á las nubes les decía: 

— Chito, duerme la señora, 
y estoy yo de centinela. 
— Dejadla que goce ahora 
que harto sufre cuando vela. 

— Si de batallar con ella 
vuestra voz la señal da 
— aquí estoy yo á defendella; 
pugnad, mi pecho aquí está. 

Y era verdad, que los vientos 
muy tímidos se alejaban, 

pues eran suaves alientos 
los que en el mar deslizaban. 

Brisas que se perfumaron 
con margaritas y aromas, 
cuando felices jugaron 
de San Isidro en las lomas. 

Única pobre primicia 
que lo regalan los aires. 
al que hasta el aire acaricia 
si pasa por Buenos Aires. 

Así la ciudad dormía, 
sin viento ni recia mar, 
y en sus calles no se vía 
rj ; "«ib lampo encendido estar. 

Y tan mustia, tan secreta, 
San libre de agitación, 

se parecía al poeta 
cuando llega la oración. 



323 



824 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Hay alguien que está velando... 
Parece un ánima en pena... 
Va por las calles vagando... 
Su leve planta no suena. 

Se para, sus ojos gira... 
Anda tal vez al ocaso... 
De cuando en cuando suspira, 
y vuelve á andar paso á paso. 

Parece sombra sin vida, 
ó demonio disfrazado 
que anda buscando guarida 
y encuentra todo cerrado. 

O espia de los abismos 
que en medio á la obscuridad 
viene lleno de embolismos 
á endemoniar la ciudad. 

¿O es ánima con zozobra 
que deja la cordillera 
para mirar una obra 
de la sangre que vertiera? 

Bien puede ser, por Dios Santo. 
lisos esqueletos yertos, 
de vivos se alzaron tanto 
•que temo se alcen de muertos. 

Pero ese ser que camina 
no es demonio ni soldado; 
T>ien por su voz se adivina 
que es un hombre y desgraciado. 

Junto á elevado palacio 
do tres hermosos balcones 
so ha parado — y al espacio 



poesías diversas 825 

da sentidas expresiones: — - 

«Eres muy linda ciudad, 

en yerdad... 
Pimpollo en noche lluviosa 
que cuando venga el albor 

será rosa, 
llena de vida y olor. 

»Teneciana seductora 

que enamora 
con su pecho de azucena; 
y al más tímido mortal 

lo enajena 
con palabras de panal. 



>Y por eso te admiraron 

y robaron, 
tres piratas que los tres 
á cuál más quiso tu mano, 

y á la vez 
á cuál más fué tu tirano. 

j>Mas de todos el primero; 

que el acero 
de su viejo guante duro 
dejó largo y hondo rastro 

en tu puro 
joven seno do alabastro. 

»Pero viejo era ol navio 
que en desvío 

te llevaba prisionera... 

Nave nueva lo siguió 
y ligera 

le dio caza y te salvó. 

» Así estás libre risueña, 



320 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

y halagüeña 
como paloma en el mar; 
tus hijos duermen en flores 

de azahar 
y sueñan dichas y amores. 

>Y cuando viene la aurora 

seductora 
los ve levantar contentos, 
cual las ebrias mariposas 

que momentos 
han dormido entre las rosas. 

»Que el alba no tiene tintas 
tan distintas 
para matizar el cielo: 
como tú tienes riquezas 

de bellezas 
para engalanar tu suelo. 

»Que son tus hijas hermosas 

como rosas; 
y como la flor del aire 
graciosas, cuando la brisa 

con donaire 
sube á la peña y la riza. 

>Con el seno en tus celajes 

de encajes, 
y llenos de seda y blondas, 
se muestran más voluptuosas 

que las ondas 
cuando juegan espumosas. 

» ¡Quién tuviese una siquiera 
hechicera, 
para olvidar en sus brazos 



POESÍAS DIVERSAS 827 

tantas penas tan amargas: 

tantos lazos 
y horas de vivir tan largas!... 

» Tú tienes, ciudad preciosa, 
más bellezas que un harem, 
dame siquiera una hermosa 
para reclinar mi sien. 

»Diamantes entre ellos vi 
perlas también admiró; 
dame siquiera un rubí 
que yo diamante lo haré. 

»Dame... pero ¿qué me importa 
tus encantos ni tus bellas? 
¡si ya mi alma no soporta 
ni el contemplarlas á ellas! 

»¿Quó me importa si tu mano 
no puede sin ser delito 
mostrarme el ángel tirano 
de mi corazón marchito...? 

»Haz que Dios dé maldiciones 
que el infierno brinde amor, 
y saldrá de estos balcones 
un suspiro de favor. 

»Y no seré ya un cipró 
levantado en un jardín, 
ó un esqueleto de pie 
dentro de alegre festín.» 

Y huyó repentino 
siguiendo el camino 
de extraño lugar... 
Tal vez á la muerto 



328 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

quisiera por suerte 
ligero llegar. 

Y era de noche — y la una, 
mudo silencio reinaba 
y entre celajes la luna 
muy débil luz derramaba 

Montevideo, Enero de 1842. 



A BUENOS AIRES 

DECLARADA LA INTERVENCIÓN ANGLO-FRANCESA. 

Al Sr. Dr. Don Valentín Alsina. 

Otra vez, patria mia, 
las naves de la Europa sobre el Plata 
hacen la onda gemir, y de sus reyes 
otra vez por tus playas se dilata 
el eco de su voz dictando leyes. 

Se obscureció aquel dia, 
radiante luz de ti, sombra de Europa 
en que al huir las naves de Inglaterra, 
dando á tus playas con pavor la popa 

dejaban sus pendones 
de alfombra ensangrentada de tu tierra, 

y en sus rendidas armas 
el símbolo primer de tus blasones. 

Se obscureció aquel día, 
sin noche en sus anales, 
en que del Plata las gigantes olas 



POESÍAS DIVERSAS C2ft 

sorbiéndose á las naves españolas, 

lanzaban á tus manos, 
para adornar tus santas catedrales 
la enseña de los héroes castellanos. 

¿Qué ha sido de tus tiempos, patria mía? 
¿Qué ha sido de tus glorias y tus hombres? 
¡No eres más que una lápida bordada 

de emblemas y de nombres 
sobre cenizas descansando fría, 
de polvo y de malezas rodeada! 

¡Buenos Aires! ^Recuerdas aquel tiempo 
de libertad, de glorias? Pues el mundo 
que cuando grande tú, batió las manos > 
¡desprecio siente' ó desamar profundo 
cuando esclava te ve de los tiranos! 

Y yo, yo que te debo 
la vida que respiro, si prolijo 

á nombrarte me atrevo, 
es porque yo respeto la grandeza 
de tus pasados días... Como al hijo 
en cenegal de vicios degradado, 
le doblamos de paso la cabeza 
¡en homenaje de su padre honrado! 

Te insultan ¿y por qué? ¿Lo ignoras? Habla- 
Pregúntalo al gaucho que consientes 
jugar con tus destinos, cual un día 
jugaba á degollar los impotentes 
toros prendidos al certero lazo, 

y en salvaje alegría 
mostraba tinto de su sangre el brazo, 
cuando allá entre las hordas de la Panip< 
era de Satanás alma y estampa. 

Ante la luz del siglo en que vivimos, 



330 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

ante la religión y paz del mundo, 

la sangre con que empaña nuestro suelo 

y su sed de delitos insaciable, 

son un sarcasmo bárbaro, execrable 

á su siglo, á la paz, al mundo, al cielo. 

El linde de los pueblos 
ya no marcan sangrientos los aceros, 

ni su poder levanta 
cristiano pueblo en cráneos extranjeros 
pisando de otros pueblos la garganta. 

Y Rosas, la primera 
reputación del siglo, iluminada 
con las llamas del Tártaro; pigmeo, 
gigante en lo atrevido: — «Donde quiera, 
dijo, alcance mi mano ensangrentada, 

soy yo quien lo deseo, 
brote sangre la tierra, y sangre y sangre». 

Y las olas del Plata 

y el Uruguay, salvando sus legiones, 
de un pueblo joven, desgraciado, hermano, 
hizo teñir sus campos de escarlata; 
borrando con la ley de sus cañones 
la cara independencia que le dieron 
generosos los viejos campeones. 

Los ecos del cañón vibrando fueron 
por las olas atlánticas á Europa 
y la Europa escuchó... cansada dijo 
como Dios á la mar: «tu linde fijo, 
de aquí no pasarás»... y ved la popa 
de las guerreras naves de repente 
desplegar en el Plata las banderas 
de la Francia y de Albión... 



POESÍAS DIVERSAS u31 

¡Triste destino 
es el tuyo, infeliz pueblo argentino! 
¡Por la ambición de un déspota insolente, 
tienes que soportar las extranjeras 
penas de justa ley, siendo inocente! 
Así para estirpar hierba dañina 
si caba el labrador profunda huella 
sienten herir sus raíces por aquellas 
el nardo y la inocente clavelina. 

El nada más. Su loco desvarío 
su sed de sangre, su ignorancia terca 
labra tu esclavitud, tu yugo impío, 
y de ignominia y de baldón te cerca. 
¿Te pesa ver el pabellón de Mayo 
por la primera vez escarnecido? 

Pues sacude el desmayo 
pronto del corazón. En el momento 
un cadalso levanta y suspendido 

amanezca el salvaje 
con la melena ensangrentada al viento. 

Un cadalso, dos, cien ó mil cadalsos 
¿qué importa? Son cuenta del verdugo. 
Mas por librarse de extranjero ultraje 
si es necesario que sacuda el yugo 
al fin, un pueblo uncido, mil gargantas 
cortadas por la ley ya no son tantas, 
y el pueblo que las corta con sus manos 
«e libra de la afrenta y de tiranos. 

El nada más. Astuto y sin coraje, 
no le acompaña al crimen la osadía 
y culpa á los proscritos de ese ultraje. 

¡Mentira, patria mía! 
Mentira, como su alma, emponzoñada, 
negra, como la sangre de su seno, 



332 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

torpe, como su estirpe renegada, 

agria, como la leche con veneno 

que nutrió sus entrañas, cuando al mundo, 

en vez de madre le abortó el profundo. 

¡Mentira, patria mía! 
Argentino y traidor no alumbra el día; 
y tus proscritos por do quier errantes 
sin hogar y sin pan y peregrinos, 
son desgraciados, sí, pero argentinos. 

En campo abierto, con desnuda frente, 
á los esclavos del mandón buscaron 
y á par del brazo el corazón valiente 
quebraron lanzas donde lanza hallaron. 

Y sólo al pie de la bandera nuestra, 
y mandados en lengua de Castilla, 
centellaron los sables en su diestra, 
para lavar con sangre tu mancilla. 

Pero jamás bajo pendón ajeno 
un proscrito lidió... hay en su seno 
tanto orgullo como odio á tu tirano. 

Ni en su fortuna ingrata 
atravesaron nunca el Oceaco, 
á rogar eso que domeña al Plata. 

Si á la faz otra vez de las naciones 
la Europa huye la guerra, 
alzando á Dios el alma esperanzada, 
¡oh, Rosas! otraA^ez te probaremos 
que cañones y ejércitos tenemos 
mientras tengamos corazón y tierra. 

Mientras haya proscritos 
que lleven, como yo, sobre su frente 



POESÍAS DIVERSAS 82£ 

libertad y el patriotismo escritos. 
y dentro el corazón la fiebre ardiente 
del odio por tu nombre y tus delitos. 

Hombres que, como yo, ni desesperan 
cuando te halaga la fortuna un día, 

ni la victoria esperan 
más que de su tesón y su osadía. 

Como yo, que mi credo es la victoria, 
mi fe, la libertad, y mi esperanza, 
el porvenir, de cuyo sol hermoso 
un destello doquier mi mente alcanza. 

Destello bendecido por mi lira 
hoy bajo el arco tropical radioso 
donde el cielo, la luz y el campo inspira: 
ayer sobre las ondas del Océano 
bajo el día sin sol del yerto polo, 

cuando perdido y solo, 
á las fraguas del rayo alcé la mente 
con la lira de bronce entre mi mano 
y al son de las tormentas y los vientos, 

rugiendo mis acentos, 
lancé una maldición sobre tu frente. 
Río Janeiro, Agosto de 184o. 



A DIOS 

Señor, no te profana 
al hablarte de amor mi voz mundana, 
porque yo sé que con tu mismo aliento 
el fuego enciendes que en mi pecho siento. 

La cristalina gota 



334 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

del llanto matinal sobre las flores; 

el pequeñuelo arbusto 
besando el mar desde la peña rota; 
al expirar el sol, los mil colores 
que huyen la noche con su ceño adusto: 
de los niños la risa y las congojas; 
de las palomas el sentido arrullo; 
la música del céfiro en las hojas, 
y el cristal de una fuente y su murmullo, 
fueran siempre, Señor, al alma mía 
el terso espejo do tu imagen vía: 
dounis ojos, Señor, te contemplaran 
en tu esencia de amor y de pureza, 
como el trueno y el sol me revelaran 
tu eminente poder y tu gradeza. 

Pero nunca jamás te hallé tan bueno, 
ni más sublime en débil criatura, 

que al sentir en mi seno 
este mar de inquietudes y ternura. 
Hoy no vivo por mí — vivo en la vida 
de una mujer que á revelarme vino 
la esencia celestial que hay escondida 
en cuanto es obra de tu ser divino. 

Hoy sé que puede un corazón humano 
en otro corazón sentir sus penas, 
y en la leve presión que hace ana mano 
transmitirse la savia do las venas. 
Hoy sé que puede la abrasada boca 
ceder el agua en medio del desierto, 
por evitar un ;ay! darse una vida, 
y adorar cuanto mira y cuanto toca 
bella y amante la mujer querida. 

Esa tu mente fué, Dios generoso, 
cuando ese imán pusiste dentro el seno, 



POESÍAS DIVERSAS 335 

que arrastra misterioso 
un ser hacia otro ser, de encantos lleno. 
Y eso es, mi Dios, lo que en mi pecho siento: 
el calor mismo de tu mismo aliento; 
y no á tu grave Majestad profana 
al hablarte de amor mi voz mundana. 

Si tú me has dado lo que siente mi alma, 
si tú me has dado la mujer que adoro, 

haz que yo goce en calma 
su dulce amor, mi celestial tesoro. 

En plácido sosiego 
hazla mía no más — solo con ella, 
más te veré, Señor, cuanto más bella 
la halle á la luz de mi amoroso fuego 

Una cabana en las desiertas islas 
del alto Paraná, será un Edén, 
si allí, en mi seno su cabeza hermosa, 
tiernos mis ojos contemplarla pueden. 

Sentada en mis rodillas, 

coronada de flores, 
en la tarde tranquila y silenciosa, 

del río en las orillas, 
tú escucharás, Señor, nuestros amores 

en las voces sentidas 
de dos almas en una confundidas. 

Ella no inspira sino amor del cielo, 
porque tanto de cielo representa, 
que á veces creo que remonta el vuelo 
y en ángel ó en perfume se me ausenta. 

Ella no exalta, no, mi fantasía; 
ella hiere, Señor, con magio encanto 
la sensibilidad del alma mía, 



333 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

como ]a luna sobre el mar sin olas, 
como en el templo el religioso canto, 
como en lo espeso de las selvas solas 

la música del viento, 
©1 quejido de amor de las palomas 

y el penetrante aliento 
le las auras besando las aromas. 

Ella es la imagen que formó mi mentó • 
-^llá en mis creaciones de poeta, 

cuando de mi alma ardiente 

la inspiración secreta 
me hiciera imaginar lo que no veía, 
•en mi ambición de amor y poesía. 
Ella no siente sino amor del alma, 
y pudorosa y tímida y amante 
á mi sensible voz pierde su calma, 

pero en su virgen seno, 
•de sueños de ángel y suspiros lleno, 
la flor de su virtud queda fragante. 

Mujer de corazón, ama y padece, 
y en su mismo sufrir su amor se excita 

como abre y enrojece 
la rosa con el sol que la marchita. 

Mujer en su belleza, 
y ángel en su bondad y en su pureza, 
-aun no comprendo si en mi amor profundo 
me vence el cielo, ó si me vence el mundo 

Sólo sé que contento, 
«cuando á su lado estoy, más pienso en ella 
que en los ardores que en mi pecho siento, 
■aun cuando la amo tanto y es tan bella. 

Dame dicha, Señor, en mis amores, 
dame paz y sosiego, 
•que á tanto amor son tantos los rigores 
•que á ti levanto mi sentido ruego. 



POESÍAS DIVERSAS 337 

A ti á quien no profana 
al hablarte de amor mi voz mundana, 
porque yo sé que con tu mismo aliento 
el fuego enciendes que en mi pecho siento. 



AL SOL DE MAYO 

1847. 
Al poeta arqentino don Juan Cruz Várela 



De aquel tiempo bendito 
no han muerto los recuerdos con la gloria, 
pues hay, cantando á Mayo, algún proscrito 
que dedica su canto á tu memoria. 

Juan Mábsiol. 



Gracias ¡oh Sol de venerando Mayo! 
astro de vida y esperanzas lleno; 
gracias y bendición porque en mi seno 
calientas la esperanza con tu rayo. 

Bajo tu luz no hay duda ni desmayo, 
ni ajena libertad, ni pueblo ajeno; 
sonrie el Ecuador y el mar chileno, 
el Plata se alza, y brilla el Pilcomayo. 

Todos hoy te saludan de rodillas, 
dios de los Incas, genio de sus hijos, 
cuando en las puertas del Oriente brillas. 

Y en las promesas de tu gloria fijos 
los libres sienten, como siento en mi alma, 
caer con tus rayos esperanza y calma. 

Mármol.— 22. 



338 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Naciste de las ondas del caudaloso Plata, 
y al mundo que á la falda del Andes se dilata 
tocaste con tu rayo la adormecida sien. 

Y tras tu hermosa lumbre se despeñó en su carro, 
las bases conmoviendo del mundo de Pizarro, 

de la argentina patria la libertad también. 

Y contemplaste luego la americana guerra; 
la sangre más hermosa que humedeció la tierra; 
el duelo más gracioso que vio la humanidad. 
Dos siglos, dos creencias, dos mundos se retaron; 
y en campo de gigantes quince años batallaron, 
teniendo por testigos la venidera edad. 

Que entonces este mundo perdido entre las olas, 
dormido entre las sombras de nubes españolas, 
esclavo á lo pasado y ajeno al porvenir, 
se levantó rasgando la niebla dé su Oriente, 
mostrando á los tiranos su poderosa frente 
y osando con el sable la tradición partir. 

Entonces cada golpe de sable americano 
vibraba en los confines del porvenir humano, 
y en la cadena regia quebraba un eslabón. 

Y cual nacieran mundos de luz inmaculada 
cuando el divino acento fecundizó la nada, 
los llanos dieron pueblos al eco del cañón. 

Entonces los aceros santificados eran; 
la sangre era rocío cuya virtud bebieran 
los árboles en broto para la libertad. 
Las tumbas eran raíces del mundo que nacía 
y al héroe que á los botes del español caía, 
la mano lo tomaba de la inmortalidad. 

Entonces como lanzan los senos de Aconcagua 
las rocas inflamadas en su profunda fragua, 



POESÍAS DIVERSAS 339 

la América lanzaba sus pueblos á lidiar. 
Desparecieron ríos, montañas y desiertos, 
y los nacientes pueblos de la victoria ciertos, 
cantando la victoria volaban á triunfar. 

Poblábanse los templos de cirios y cantares, 
y vírgenes y ancianos al pie de los altares, 
rogaban por los Libres al Justiciero Ser. 
Y las altivas madres lloraban cuando vían, 
que á sus hermanos hombres, los niños no seguían 
ó que por fruto el cielo les daba una mujer. 

Entonces, Sol de Mayo, la guerra era una vida 
vaciada por las venas y en ellas difundida, 
que las entrañas tocias de América filtró, 
de todos el esfuerzo, de todos la victoria; 
los reyes solamente lloraban, nuestra gloria, 
los reyes la lloraban, pero los pueblos no. 

Los pueblos sonreían en triunfo y en derrota, 
pisando los fragmentos de la cadena rota, 
y oyendo los aplausos de la posteridad; 
y se cumplió en tres lustros tu profecía extraña; 
perdiendo unas Colonias la imprevisora España 
y amaneciendo un Mundo para la humanidad. 

Y la Argentina Patria — tu Patria, Sol de Mayo — 
que do clavó tu enseña glorificó tu rayo, 
por Salta comenzando lo que acabó en Junín, 
por siempre te bendijo, y en la muralla el bronco, 
y el órgano en el templo, y el corazón entonce 
tu rayo victoreaban al verlo en el confín. 



Nada faltó á tu gloria 
tierra de bendición, Patria del alma; 



340 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

recogiste el laurel de la victoria, 

y, extinto el odio al terminar la hazaña, 

velaste con las "bóvedas del templo 

la rendidas banderas de la España; 

y buscaste después, por digno ejemplo, 

de la virtud y del saber la palma. 

Nada faltó á tu gloria 
ni á tu prosperidad, Patria Argentina, 
bajo manos tan puras y gloriosas. — 
¡Echa tu bendición á su memoria...! 
¡Nada falta á tu ruina, 
bajo la mano bárbara de Rosas! 



Este hombre sin raza, que lleva en sus venas 
veneno del áspid en sangre de hienas, 
hipérbole ruda del genio del mal, 
su planta manchando la tierra que toca 
maldijo, rugiendo de envidia su boca. 
¡Oh sol de mis padres, tu luz inmortal! 

¿Recuerdas los dias de gloria y bonanza 
que en himnos de triunfo, tu luz de esperanza 
los niños cantaban, tu rayo al nacer? 
¿Recuerdas del viejo las lágrimas tiernas 
contando á sus hijos las glorias eternas 
y el júbilo puro del Mayo primer? 

¿Recuerdas la orquesta, los órganos santos, 
el pulpito, el pueblo, la almena y los cantos 
cual libres loaban tus glorias ¡oh sol!? 
¿Recuerdas aquella tan sabia y guerrera 
feliz Buenos Aires, que en ciencias creciera 
después que hizo trizas del yugo español? 



POESÍAS DIVERSAS 341 

¿Recuerdas la mente forjando esperanzas, 
y el pueblo entusiasta, tirando las lanzas, 
buscar el arado, la paz y el hogar? 
¿Recuerdas los sabios dictando las leyes, 
y en vez del capricho de impávidos reyes, 
al pueblo bisoño, justicia enseñar? 

Pues mira si encuentras un vastago apenas 
de tantos jardines, sobre esas arenas 
que hoy oyen desiertas del Plata la voz. 
La mano de Rosas pasara sobre ellas 
cegando con rios de sangre sus huellas... 
¿y no hay algún rayo, justicia de Dios? 

Astuto tirano, tu vida es la guerra; 
la guerra del crimen que mancha la tierra 
sin dar otro fruto que el fruto del mal. 
¿No miras los pueblos volar á encontrarse, 
y en sangre de hermanos la espada bañarse 
dejando en la patria clavado el puñal? 

¿No miras sin alas, esclava la mente, 
y el pueblo en cadenas saber solamente 
que el dolo es justicia y el odio virtud? 
¿No miras al padre temblar de los hijos, 
y amigos y hermanos guardarse prolijos, 
sintiendo en el pecho cobarde inquietud? 

¿No miras los puebles postrarse al embate 
de tanto sañudo continuo combate, 
moviendo sin fuerzas el brazo después? 
Es esa la astucia del gaucho pampino: 
secar las entrañas del Pueblo Argentino 
V luego sin fuerzas tenderlo á sus pies. 



342 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Por él se han perdido tus días de gloria, 
que odiando de Mayo la sacra memoria, 
ni libres, ni leyes, ni enseña dejó. 
Alzó la canalla de la orgía y fango 
y al sabio, al guerrero, al brillo y al rango, 
salvaje ignorante, de polvo cubrió. 

¡Eh! ¿Qué haces, bandido? Si el pueblo ya has muerto, 
si son las ciudades sepulcro entreabierto 
que el eco repite del son de tu pie, 
decreten el fuego tus labios malditos, 
y el fuego, espantado de tantos delitos, 
cadáver y tumba devore á la vez. 

Sí, bárbaro, á tragos le diste el veneno, 
y toda esa patria ya tiene en el seno 
por años muy largos el germen del mal. 
Los hijos de tu hija, vaciarse las venas 
querrán de vergüenza, mirando las penas, 
los males que brota tu escuela infernal. 

Mas óranle pocos los pueblos que gimen, 
f quiso más lejos, ese hijo del crimen, 
llevar los ultrajes al hombre y á Dios. 

Y dijo: «Pues odio la patria bandera, 

que venga á ultrajarla la saña extranjera, 
»j en olas de sangre que vibre mi voz 

»Así, despertando los patrios enojos, 
»tan sólo extranjeros verán á sus ojos, 
»sin ver, mis esclavos, su yugo servil.» 

Y escupe- miradlo — con ruda jactancia, 

la fuerza y las leyes de Albión y de Francia 
y el pueblo y el trono del joven BrasiL 



POESÍAS DIVERSAS 843 

¡Ay, cuan triste destino 
fuera el tuyo, infeliz, pueblo argentino, 
si hoy no fuesen los reyes y sus pueblos 
reyes de paz y pueblos mercaderes! 

¡Cuánta sangre tuvieres, 
contra tantos vertieras inocente, 
uncido como estás al férreo yugo 

del déspota verdugo, 
que á tantos á la vez reta insolente! 



Mas esa paciencia de Job en los reyes, 
¿Será porque guardas ¡oh Sol! en tus leyes 
la ley de que el Plata se vengue por sí? 
Entonces, bendita su estoica paciencia, 
su paz de cristianos y toda su ciencia, 
que arrastran al lazo sus gauchos aquí. 

¡Oh, Sol de mis Padres, de eterna memorial 
Consérvanos, solos, la fuerza y la gloria 
de alzar un cadalso y á Rosas en él. 
Y en hecho en los siglos quizá sin segundo, 
así vengaremos la patria y el mundo, 
sin ser la balanza desviada en su íiel. 

Caliente tu rayo la sangre en las venas 
del pueblo entumido por torpes cadenas, 
y entonces ¡ay llosas! su fin llegará. 
No sabe del pueblo que oprime y ultraja: 
será entre sus manos gigante de X3aja 
que á un golpe en el polvo deshecho caerá. 

Entonces, ¡oh Mayo! tus días benditos 
verán en su patria los nobles proscritos 
volver derramando brilla]] te fulgor; 
y tú cuando el rayo primero nos vibres, 



344 OBRAS DE JOSÉ MÍ RMOL 

verás sin recuerdos un pueblo de libres 
que en sola una tumba guardó su rencor. 



Y entonces yo, que tu gloria 
tantas veces he cantado, 
sin ser ninguna escuchado 
de la tierra en que nací; 
yo, que en el destierro he visto 
encanecer mis cabellos, 
perdiendo mis años bellos 
por la tierra en que nací, 
yo haré vibrar en mi lira 
cantos eternos al verte, 
y después... después, la muerte 
en la tierra en que nací. 



UNA TARDE EN EL DACA 



Aquí el genio se siente libre, 
y se complace, porque aquí es 
dulce la meditación; si él agita, 
ella calma. 

Mad. StAEL. 



De una ligera barquilla 
la sutil y leve quilla 

presto va, 
deslizándose en la fin» 
superficie cristalina 
del Dacá. 



POESÍAS DIVERSAS 345 

No arroyos de aguas serenas 
sino de sierpes amenas 

de cristal, 
do se mira retratada 
la bóveda dilatada 

celestial. 
Y en la barca navegando 
con el alma palpitando 

vengo á él, 
á derramar en el seno 
de mi espíritu sereno 

dulce miel. 
Que esa súbita tormenta 
de pasiones que se alienta 

entre mí, 
no puede sino cual llama 
sin el aire que la inflama 

ser aquí. 
Aquí do tanto evidencia 
se entrevó de la existencia 

del Señor; 
y donde sólo se apura 
la sutil esencia pura 

del amor... 



II 

El sol como globo de pálido fuego 
apenas destella lejano fulgor, 
y esconde en topacios y perlas y oro, 
su ya transparente marchito claror. 

Sus débiles rayos que leves penetran 
cual finos encajes los bosques se ven; 
y llegan al agua dorando su linfa 
cual rubios cabellos que sueltos estén/ 



346 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

El suelo y el campo envidia se dan; 
las nubes son de oro, y allá unas colinas 
cual jóvenes novios con trajes bordados 
de rica esmeralda coquetas están. 

Y así que las nubes se apagan, del sol 
parecen entonces matices manar; 
y al céfiro blando que vida les dio 
por premio les dejan el ámbar robar. 

La aves que pasan jugando, cantando, 
besando las flores que embriagan de olor 
y en círculos varios se van delirantes 
juntando sus picos al nido de amor. 

¡Feliz quien pudiera cambiar su destino, 
del ídolo amado cambiarlo á la par, 
y en pos de esas aves volar á los bosques 
á sólo entre amores la vida pasar!... 



III 

Se ve todavía lucir en la esfera 
el bello recuerdo del sol que se fué, 
y aquí de las altas hojosas orillas 
ya negra la sombra cundiendo se ve... 

Que Sibila Erítrea pudiera un instante 
venir inspirada y amiga al contarme 
cual cosas pasadas los siglos que vienen, 
aquestas orillas en ellos mostrarme. 

Sin ella á los siglos mi espíritu vuela, 
diviso lo r tiempos... ¡Qué bellos y amenos! 
Los hombres diviso... ¡Qué suaves y nuevos! 
Se oprimen las manos; se abrazan... ¡Qué buenos! 



POESÍAS DIVERSAS 341 

Y aquestas orillas... ¡olí, ya las contemplo 
con casas lujosas que el arte alzará, 

y á vírgenes puras cogiendo las flores 
de bellos jardines que baña el Dacá! 

Y en hora cuál ésta ya ver me parece 
surcando el arroyo barquilla de amor; 
barquilla que lleva cantando en su popa 
pareja de humanos que apura dulzor. 

Que acerca á la orilla la barca veloz; 
que un joven rebata purpúrea una flor; 
que luego en un trono de nieve la pone 
y un beso por premio le paga el amor. 

Que extraños que pasan también por su lado, 
en vez de zaherirlos con torpe rigor, 
sensibles los miran y dicen: «pasemos, 
»que gocen felices... la vida es amor.» 

Tal vez en un tiempo... ¡ah quién lo gozara! 
feliz fantasía, te tornes verdad... 
Mas si hoy entre espinas la vida se pasa, 
que gocen los hombres siquiera esa edad... 



IV 

Apenas luz pasajera 
del crejmsculo quedó; 
y el dorado de la esfera 
ya la sombra amarillo, 

Sombra vaga y misteriosa 
que en su lánguido existir 
nos despierta religiosa 
los recuerdos del vivir. 



348 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOI* 

A mi barca fugitiva 
la detengo en su volar; 
para suave y pensativa 
quieta el alma suspirar. 
Y á los mustios arrayanes 
y á las aguas del Dacá 
contemplar cual talismanes 
en que Dios y amor está. 

En que Dios... ¡y qué verdad! 
¿En qué mente de criatura 
no ha brillado su luz pura, 
si vagó en la soledad?... 

Si admiró por un instante 
algún prado, una colina, 
una estrella peregrina, 
ó á la luna vacilante?... 

¿Y qué pecho, cual el mío 
joven presa del dolor, 
contemplando un manso río 
no ha pensado en el amor? 

¿No ha deseado que en su brazo 
palpitase su querida 
y olvidar en su regazo 
los tormentos de la vida? 

¡Ay! alguno tal vez goce 
lo que apenas pienso yo... 
que cual de ese sol que huyóse 
ni un destello nos quedó. 

Así he visto que volaba 
para nunca más volver 
la tcízada que me ataba 
con el mundo y el placer, 

Mercedes, Enero de 1841. 



POESÍAS DIVERSAS S49 



EL SUSPIRO 



Detente, suspiro, 
no vueles en vano, 
no hay pecho que humano 
morada te dé; 
detente, que miro 
burlar tu amargura, 
sonreir la perjura, 
que es sorda á tu fe. 

No olvides que un día 
del alma saliste, 
que amor le pediste 
brindándole amor; 
y que ella más fria, 
más cruda que el hielo, 
burlaba tu anhelo 
con fiero rigor. 

3STo olvides que fino 
de nuevo á su pecho 
volviste deshecho 
pidiendo piedad, 
y allí tu destino 
miraste sin vida, 
sintiendo adormida 
la negra impiedad... 

Regresa, suspiro, 
y oculta tu llanto, 
que en él mi quebranto, 



350 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

mis penas se ven. 
Regresa y expira 
contento en mi suerte; 
más quiero la muerte 
que frío desdén. 

Montevideo, Diciembre de 1839 



EN LA LAPIDA 

DE 

FLORENCIO VÁRELA 

asesinado por orden de Manuel Oribe en la noche 
del 20 de Marzo de 1848 

Muerto á la libertad, nació á la historia, 
y es su sepulcro templo de su gloria 



EL JURAMENTO 

No bien asoma en el Oriente el día, 
cuando una idea por mi mente umbría 
rueda y me dice: 

En igual hora de tu bella Elvira 
su brazo entre tu brazo se apoyaba, 
y cuando el sol á columbrar aspira 
tu patrio Plata vuestro pie regaba; 
y allí, más puro que la blanda brisa, 
era en tu pecho tu profundo amor; 
y allí de Elvira la inocente risa 
era más bella que el primer albor 



POESÍAS DIVERSAS 851 

No bien el sol en el ocaso muere, 
cuando una voz mi pensamiento hiere 
que me recuerda: 

En igual hora de su labio hubiste 

el primer beso de deleite lleno, 

y á su inocente conmovido seno 

veloz latiendo de pudor sentiste, 

y vuestras almas cual esencias leves 

que exhala en olas delicada flor, 

á vuestros labios asomando breves 

de un cuerpo al otro las cambió el amor.., 

Pero fué en aquel instante 
en que se sepulta el día; 
hora de melancolía 
de luz mustia, agonizante, 
y de mi suerte expirante 
fué la muda profecía. 

No bien la noche por la negra esfera 

la mitad corre de su fiel carrera 

cuando escucho otra voz: 

En hora igual, encapotado el cielo, 
temblar hacía el conmovido suelo, 
y ella en tus brazos de dolor henchida 
ni era cadáver ni sentía vida. 
Y hasta su labio que febril latiera 
llegando el tuyo por la vez postrera, 
besaste á su alma que vagó en su voz 
cuando besaste su postrer adiós. 

Oye, mi Elvira: Contra ti he mirado 
nacer el astro que á los seres cría; 
pues que enlutado 
cual noche umbría, 
me niegue airado 
la luz del día, 



352 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

si otra mujer en tu lugar percibes 
acá en el alma do reinando vives. 

He visto contra ti llegar la hora 
diosa de mis recuerdos y consuelos; 
pues que traidora 
lleve en su vuelo 
lo más amado 
de mi pasado; 
y ni recuerdo 
de dicha alguna 
desde mi cuna 
conserve yo, 
si el corazón donde tu nombre habita 
de otra mujer por el amor palpita. 

He visto á Dios estremecer la esfera 
al abrazarte por la vez postrera; 
pues que iracundo 
me forme un mundo 
de negro horror, 
y en él me lance 
para que alcance 
sólo rigor, 
Si cuando el ángel de la muerte vea 
no eres, mi Elvira, mi postrer idea, 

Mayo 1841. 







Si süéé 




. 










X* 



A ,*M„'*A.<lt 








Ya vírgenes puras cogiendo las flores 
Cantos del, peregrino Lámina TU 



T03SÍAS DIVERSAS 353 



A UNA SEÑORITA 

Es presagio enlutado, 
ofrecerme volver lo que os he dado. 



Si fuera en otros tiempos, os diría: 
-No sé si es la verdad, pero parece 
-que toda bella flor os pertenece; 
•que el verso y la armonía 
son vuestra propia voz y poesía; 
y que si alguien dijera 
que os da su corazón enamorado, 
Lien podríais decirle que mintiera 
con ingenio más diestro, 
pues el pobre cuitado 
os daba como suyo lo que es vuestro » 

Mas de tales colores 
en mis pinceles ni vestigios restan. 

Y os diré en el acento 

del fraternal intento, 
que el corazón, los versos y las horas 
so dan acaso, pero no se prestan. 
Y que al ponerlas en las manos bellas 

de alguna criatura, 
so les da lo que en raptos de ternura 
Jhizo la Providencia para ellas. 



Mármol.— 23 



854 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 



BRINDIS 

el 25 de Mayo de 1852 
Contestando á otro del Dr. D. Juan M. Gutiérrez. 

Recojo de tus labios 
la inspiración, y brindo, 
por los amargos días 
de nuestra juventud: 
aquellos que perdidos 
en playas extranjeras 
pasaban en nosotros 
sin porvenir ni luz. 

Los dos liemos cantado 
las glorias de la patria; 
los dos hemos llorado 
su bárbara opresión; 
los mares, el desierto 
y el llano y las montañas, 
conocen de nosotros 
la noble inspiración. 

Los dos hemos rondado 
las puertas de la patria, 
besando los umbrales 
del suspirado Edén; 
los dos al fin nos vemos 
donde nos ver quisimos: 
en el sagrado templo ¥ 

de nuestra ardiente fe. 



POESÍAS DIVERSAS 855 

En brazos de la patria 
y en medio de la vida, 
Gutiérrez, aun tenemos 
un voto hecho ante Dios: 
tenemos que ser siempre 
para la tiranía 
proscriptos y poetas, 
tal es nuestra misión. 



EL POETA MARMOL AL POETA MITRE 

EL CANTO DE LA PATBIA 

Ya las nubes del Plata al fin se doran 
tras larga noche de tiniebla umbría, 
y al alma luz del suspirado día 
los pueblos cantan, los tiranos lloran. 

Ya la patria del genio y las victorias 
á su trono inmortal radiante sube, 
envuelta, como en blanca y azul nube, 
en la bandera de sus viejas glorias. 

Madre ardiente de amor, yerta al encono, 
del Plata al Andes sus miradas gira, 
y á un sólo pueblo envanecida mira, 
que en su hombro de titán sostiene el trono. 

El destino solícito levanta 
á sus ojos el velo del futuro, 
y ella, al través del horizonte obscuro, 
ve el porvenir y su grandeza canta: 



356 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

«Allá está iluminada por el divino rayo 
que brota la mirada dulcísima de Dios, 
la interminable senda que me enseñara en Mayo 
cuando sonó á mi oído su omnipotente voz. 

» Allá está atravesando del tiempo las regiones, 
surcada de los siglos por el gigante pie, 
cubierta con los restos de cien generaciones 
que vanse trasmitiendo la herencia de mi fe. 

» Allá está la corona del genio americano 
y el libro del destino, bajo región de luz; 
regalos á la esposa del porvenir humano, 
á la heredera rica del mundo y de la cruz. 

»E1 porvenir la espera. ¡Allá está y se levanta 
la lumbre que ilumina de América la faz; 
marchemos adelante de su atrevida planta; 
sobre el pasado ingrato resignación y paz! 

» Aquí, dentro mis ríos que riegan las entrañas 
de un mundo y le difunden la vida y robustez, 
sobre mis anchos prados, al pie de mis montañas 
que dora de mis astros la clara brillantez; 

» aquí no he respirado después que sonó ingrata 
de la vergüenza mía la bárbara señal; 
las olas no llevaron mi lágrima en el Plata, 
ni el viento de la Pampa mi queja maternal. 

>Y errante peregrina, viví con el tesoro 
de los recuerdos bellos de mi rosado albor, 
cuando se abrió en la historia la página de oro 
yae recibió mi nombre con su inmortal honor. 

»En lágrimas bañada y ahogando en mi delirio 



POESÍAS DIVERSAS £57 

dentro del pecho mío la dolorida yoz, 

de hinojos he pasado las horas del martirio 

pidiendo por mis hijos la caridad de Dios. 

>Mi sed amortiguada en los torrentes fríos 
que de la sien del Andes espléndidos caen; 
y allí los pasos vía de los guerreros míos 
marinando sempiternos la empedernida sien. 

»Mi lecho eran los campos que hubieron por alfombras 
las rotas armaduras del duelo colosal; 
y allí me rodeaban las impalpables sombras 
de los que al caer oyeron mi cántico triunfal. 

»Para guardar mi sueño entre mortuoria pompa 
velaban silenciosas su inmenso panteón; 
pero soñando oía de la guerrera trompa 
los vibradores ecos, y el trueno del cañón. 

»La noche fué muy larga, pero sonó la hora 
de la Justicia eterna, y el rayo descendió; 
iluminó la esfera su llama vengadora 
y la proterva frente del bárbaro rompió. 

> Abriéronse los muros del templo maldecido; 
los ídolos cayeron de su sangriento altar; 
pero el espeso polvo por vientos sacudido 
encegueció á mis pueblos al procurarme hallar. 

» Al fin nos encontramos, y cerco diamantino 
me forman con el alma que les tocara yo; 
nos vemos á los rayos del sol de mi destino; 
el polvo de ruinas se levantó y cayó. 

> ¡Adiós para el pasado! ¡Allá está y se levanta 
la lumbre que ilumina de América la íaz, 



35íí OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

marchemos adelante de su atrevida planta, 
tras el pasado ingrato fraternidad y paz! 

» ¡Al porvenir seguidme! ¡la luz lleva en su mano, 
mostrándonos la senda, la hermosa libertad; 
si halláramos de paso que crece algún tirano, 
al águila en el huevo de paso reventad!» 

Octubre, 21 de 1860. 



A LA CONDESA DE WALEWSKI 

en 1847 

Ya, señora, entre vos y los proscritos 
hay algo de común que os simpatiza; 
lazos cuanto más tristes más benditos; 
pila donde el mortal se fraterniza; 

unión de que hace el corazón alarde; 
pura como el roció de la aurora; 
triste como las sombras de la tarde; 
fraternidad de lágrimas, señora. 

Ni en vos ni en ellos la memoria un día 
podrá olvidar á la argentina playa: 
ni el alma nunca suspirar podría 
sin que un suspiro á Buenos Aires vaya, 

Parece que esa patria hubiera sido 
por el Grenio del mal arrebatada 
de los brazos del Ángel, descendido 



POESÍAS DIVERSAS 869 

á velarla en su cuna inmaculada. 

Y que allí do no alcanzan los tiranos; 
naturaleza con su brazo alcanza, 
y en las obras más puras de sus manos 
se cumple alguna mágica venganza. 

Vos, señora, nacida bajo un cielo 
do siempre el iris y la aurora víais, 
recién alzando el nacarado velo 
de vuestra juventud ¿llorar sabíais? 

¡Ah! llegasteis allí! y en vuestra suerte 
las flores con el llanto descoloran; 
que en esa tierra de infortunio y muerte 
hasta las piedras insensibles lloran. 

Disteis un ángel á la patria mía; 
pero al arrullo del materno anhelo 
la tempestad del Plata respondía, 
y asustado el querub volóse al cielo. 

Llanto de madre vuestros ojos dieron; 
y, asida al corazón la suerte ingrata, 
lágrimas y gemidos se perdieron 
entre las brisas del salvaje Plata. 

Ved ¡ay! señora, en vuestro propio llanto 
el llanto de mil madres argentinas. 
¿Dónde sus hrjos son? ¡Ah! ¡cómo es santo 
el duelo de esas almas peregrinas! 

Allí donde perdisteis vuestra hija, 
allí arrancados de sus brazos fueron; 
y allí donde llorasteis tan prolija, 
sobre sangre sus lágrimas corrieron. 

Mas vos, al menos, lloraréis amores, 
libre, en la urna vuestros ojos fijos; 



360 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

y ellas no pueden ni tejerles ñores, 
ellas no pueden ni llorar sus hijos. 

¡Ay, señora! tened en la memoria 
que esa patria infeliz que veis en luto, 
llorando siempre su perdida gloria, 
miró nacer á vuestro tierno fruto. 

Que alli, en el labio maternal bebisteis 
su primer respirar, su primer grito: 
que allí, en el brazo maternal sentisteis 
el primer sueño de su ser bendito. 

Que allá en los cielos Argentinos mora; 
que alli os la diera Dios, y á Dios entoncss 
por su patria infeliz rogad, señora... 
súplica de mujer conmueve al bronce. 

Ama una madre hasta la pobre lana 
que ha cubierto á sus hijos en la cuna, 
¿cómo no amar la patria donde ufana 
les vio nacer, por mal, ó por fortuna? 

¿Cómo no amarla vos, si sois nacida — 
brillante flor del Alpes italiano — 
donde esa voz: la patria, es voz de vida 
con que abre y late el corazón temprano? 

¡Oh!, y no el amarla vuestro pecho sienta; 
porque esa patria que en cadenas llora, 
es el diamante que en su sien ostenta ¡ ~ 
esta virgen América, señora. 

Mas, cual murió al nacer la flor preciosa, 
que hoy llena de dolor vuestra memoria, 
de esa patria también, en noche umbrosa, 
murió al nacer el fruto de su gloria. 

Mas, cual vendrán un día á vuestro seno 



POESÍAS DIVEKSAS 361 

consolación y frutos venturosos, 

á esa patria vendrá, limpio y sereno, 

cielo de paz, y tiempos deliciosos. 

Rogad, señora, por la patria aquella 
do vuestra hija amaneció á la vida; 
acaso un dia, cuando os hablen de ella, 
«fué su patria», diréis envanecida. 

Si hoy todos la abandonan en su duelo, 
quédele al menos la plegaria pura 
de aquellos que conservan en el cielo 
ángeles que comprenden su amargura. 

Ellos á Dios le contarán de hinojos 
el ¡ay! del mundo que á los cielos llegr.j 
y allí á la luz de sus benignos ojos, 
ya vuestra hija por su patria ruega. 



A. BOLIVIA 

en 1846 



Divina inspiración, genio del canto, 
tiende sobre mi sien tus blancas alas, 
y de entusiasmo en la pupila el llanto, 
suba la mente á las etéreas salas. 

Postrada el alma ante el eterno trono 
beba las auras que el Señor respira, 
y de las arpas de marfil el trono 
temple las cuerdas de mi dulce lira. 



362 OBRAS DE JOS §¡ MÁRMOL 

La luz de Dios, radiante á mi memoria; 
la voz de Dios, á mi mundano acento; 
y en un mar de esperanzas y de gloria 
se lance al porvenir mi pensamiento. 

Tú grabaste, Señor, Dios de los mundos 
en la frente de América una estrella 
que al futuro en sus cóncavos profundos 
alcanza un rayo de su lumbre bella. 

Yo seguiré ese rayo soberano 
á sorprender los siglos con mi mente, 
como la fe del corazón cristiano 
la lumbre sigue de tu regia frente. 

Yo leeré nuestro tiempo con su rayo. 
' Grenio del canto, ¡ven, mi nombre imprime 
en la arena del río Pilcomayo 
dándole á mi alma inspiración sublime! 

II 

Bolivia, tierno seno 
del corazón de América mi madre, 
de amor y vida, y esperanza lleno, 

como la luz del astro 
soñor del Inca que tu frente dora; 
verde promesa del futuro hermoso, 
virgen en cuyas sienes de alabastro 
la mirada de Dios refleja y brilla, 
al levantarse tu radiante aurora. 
Yo te saludo de la triste orilla 
que baña el Plata en su raudal undoso. 

En la noche sombría 
que el humo del cañón formó en tu cielo, 

quebraste con tu espada 
de tres centurias la coyunda impía. 
El león de las Españas en tu suelo, 



POESÍAS DIVERSAS 368 

desde la sien nevada 
miró al Cóndor del Andes boliviano 
como flecha de Dios caer á su frente; 
y su hercúlea pujanza de repente 
con su airado rival luchara en vano. 

De América el cimiento 
se conmovió al estrépito gigante 
de un torrente de lanzas que violento 
invadió por las sierras y los llanos, 
quebrando con sus puntas de diamante 

la muralla de bronce, 
do el pendón de los viejos castellanos 

se desplegaba entonce 

sobre acerada clava, 
bajo el cielo de América su esclava. 

Y en aqueste torrente, 
allí, la patria de Belgrano estaba; 
allí la paz y Cochabamba alzaron 
ceñida de laurel su altiva frente, 
y á los ecos del Plata se mezclaron, 

bajo la luz de Mayo, 
los ecos del Bermejo y Pilcomayo. 

Allí estaba el desierto; 
y en un mundo sin fin, sin horizonte, 
allí la selva y empinado monte, 
allí el mar que Balboa saludara, 
y allí las rocas que Colón pisara. 

Todos, todos allí, y allí la patria 
del ancho Beni y Potosí opulento, 

quebrando sus cadenas 
en aquel día de sublime intento; 
y con sangre copiosa de sus venas 

bautizando la frente 

del mundo que legaban 
á la futura americana gente. 



364 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Sangre preciosa que Ayacucho viera 
del pecho varonil como un rocío 
de los cielos caer, para que un día 
cada gota inmortal un pueblo fuera. 

Animad, animad el cuerpo frío 
de los héroes allí... La fosa umbría 
su polvo esparcirá, y ellos, la frente 
con aureola de mártir alumbrada, 

y el descarnado brazo 
en los hombros del ángel de la gloria- 
subirán á la sien del Chimborazo 
por la huella esplendente ' 
que hizo el carro veloz de la victoria. 

¡Animad, animad! ellos sus ojos 
en torno volverán... las cordilleras 
inclinarán sus sienes altaneras; 

callarán sus enojos 
las irritadas olas de los mares, 
y las Llamas y el Cóndor escondidos, 
los vadles y las selvas y los montes, 
el sol y los ardientes luminares 

sin ley, sin horizontes, 
serán de santa admiración henchidos 

III 

Mas tu misión, ¡oh Bolivia! 
no estaba solo en tu lanza, 
que otra más alta esperanza 
reservó Dios para ti; 
tus héroes en los combates 
no fueron más que tu aurora 
que vino á anunciar la hora 
en que habrá el sol de salir» 

Esa misión del acero 
la llenaron tus campeones, 



POESÍAS DIVERSAS 

pero á otras generaciones 
legaron otra misión; 
tan rica de gloria y nombre 
tan orlada de opulencia, 
que fué la más bella herencia 
de su paternal amor. 

Tocas y admiras los Andes, 
¿no es verdad? pues tu cabeza 
con más poder y grandeza 
un día levantarás; 
que es América el emblema 
del Cóndor entre la nube 
de la ronca tempestad. 

Pero la mano del cielo, 
entre misterio profundo 
pareció robarte al mundo, 
huérfana y oculta flor; 
y abandonada, perdida, 
cual un diamante entre rocas, 
lo que hoy tan posible tocas 
ayer pareció ilusión. 

¡El mar! ¡sublime esperanza 
de tu ambición más sublime! 
Es tuyo, Bolivia, imprime 
sobre las ondas tu rie: 
es tuyo, vuela, te espera 
la brisa de los océanos, 
para mecer soberanos 
los laureles de tu sien. 

Es tuyo, que de sus ondas 
tu porvenir al oriente, 
dora espléndido la frente 
de tu más bella región. 



863 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

y el diamante entre las rocas, 
la huérfana flor perdida, 
sube con él á otra vida 
buscando un tiempo mejor. 

No son tus minas, Bolivia, 
la f uente de tu existencia, 
ni tu futura opulencia 
la contiene el Potosí; 
los pueblos no se enriquecen 
pisando sobre metales: 
serán otros los canales 
de tu hermoso porvenir. 

Serán tus ríos, señora, 
que de tu seno profundo, 
filtrando por todo un mundo, 
nacen y buscan el mar. 
Serán tus bosques, tus llanos, 
tus perfumadas praderas, 
y las extensas riberas 
del Beni y del Paraguay. 

Serán tus manos quebrando 
los diques de la ignorancia, 
para decir con jactancia: 
Europa, ven por aquí. 
Y mirar en cada río. 
luchando con su corriente, 
llegar su industria, su gento 
á un mundo rico y feliz. 

A un mundo donde la Europa 
tiene fija su esperanza, 
porque en el suyo no alcanza 
en el tiempo un más allá; 
á un mundo donde más tarde 



POESÍAS DIVERSAS 367 

en cada empinado monto 
tendrán su luz, su horizonte, 
el genio y la libertad. 

¡Ye adelante! los océanos 
te esperan con impaciencia, 
y del cielo la clemencia, 
escribe tu más allá. 
¡Ve adelante! tus hermanos 
que baña el potente Plata, 
te batiremos las manos 
al ver tu enseña pasar. 

Ese tirano que rudo 
rasga á tu hermana las venas, 
pone, bárbaro, en cadenas 
lo que también es de ti; 
pero mañana su cuello 
será presa del verdugo, 
y el Paraná sin su yugo 
onreirá al verte feliz. 

IV 

Feliz en tu grandeza 
cual fuiste con tu lanza, 
lidiando con la saña 
del desdén español; 
feliz como los pueblos 
donde la mar alcanza 
dorados con la lumbre 
vd americano sol. 

Rasgando tu misterio, 
radiante de hermosura, 
descubrirás al mundo 
tu rostro virginal; 



SG8 0BUAS DE JOSÉ MÁRMOL 

y el mundo entusiasmado, 
para la virgen pura, 
de joyas de la mente 
preparará un caudal. 

Que por tus ríos llenos 
de vida y opulencia 
te invadirán torrentes 
de civilización; 
y vibrarán los ecos 
del arte y de la ciencia 
donde antes retumbaron 
los truenos del cañón. 

En el grandioso Chaco 
las fértiles llanuras 
sorprenderá la industria 
del europeo al fin; 
y en cada sol que dore 
del Andes las alturas, 
de tu futuro hermoso 
sq agrandará el confín. 

Y como aspiras ámbar 
de tu jardín de selvas, 
la atmósfera del genio 
respirarás también; 
que á do tus manos lleguon, 
á do tu vista vuelvas, 
te bañarás en luces 
de boliviana sien. 

No en vano en lo más alto 
de América blasonas, 
nutriendo de tu seno 
dos mares á la par; 

gigantes sin rivales. 



POESÍAS DIVERSAS 869 

si Plata y Amazonas 
que pueden del Océano 
las ondas desafiar. 

No en vano se levanta 
«obre metal tu asiento, 
Solivia, no hay arcanos, 
á tu destino, nó; 
la suerte de los pueblos, 
el Dios del firmamento 
sobre su suelo mismo 
grabada les dejó. 

Mañana tus hermanos, 
desde el Estrecho al Istmo, 
á contemplar tu frente 
sus ojos alzarán; 
y con tus mismas alas, 
y con tu genio mismo, 
tu porvenir al mundo 
contigo mostrarán. 

Que á los futuros siglos, 
■del Andes se divisan 
precipitarse raudos 
al mundo de Colón, 
como al nacer el alba 
las luces que se aprisan 
á iluminar los cielos 
en fúlgida invasión. 

Mañana el europeo 
cuando á buscar se lance, 
de América en la orilla 
la luz y libertad; 
Solivia, quizá entonces 

MXrmok-24: 



370 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

á comprender alcance 
que viertes la más bella 
radiante claridad. 

Quien sabe si mañana 
conservarás tú sola 
lo que otros al presente 
destrozan con el pie; 
sobre el Perú y mi patria 
de sangre hay aureola, 
y un iris de bonanza 
sobre tu sien se ve... 



Bendición en la frente de tus hijos 
que en el hogar junto ala tierna esposa, 
hablan de paz y libertad prolijos, 
tejiendo palmas á su patria hermosa. 

Calma en las sienes de tu jefe y gloria 
para su nombre que ennoblece el tuyo; 
sonó ayer ese nombre en la victoria, 
y el que hoy repite el mar también es suyo. 

Por la tierra vagando sin destino, 
el sol desmaya ante mi sien su rayo; 
¡hay, si el nombre infeliz del Peregrino 
conservara tu rico Pilcomayo! 



POESÍAS DIVEBSAS 371 



A MIS AMIGOS DE COLEGIO 



¡Cuan dulce es el recuerdo de los primeros años, 
tan libres de dolores y amargos desengaños, 
entre amistad sincera, bajo del patrio sol; 
cuando la vida se abre purísima y hermosa 
su aroma derramando, como la fresca rosa; 
cuando á pintar empieza del día el arrebol! 

Cuando del alma ingenua la abrillantada suerte 
hace dudar al niño si hay para el hombre muerte, 
y penas en el mundo para su corazón; 
y nuestro ayer se toca con el arrullo tierno 
de nuestra cuna de ángel; y el porvenir, eterno 
miramos por el prisma de la imaginación. 

Y se cree mentira lo que contar oímos 
de humanas liviandades y males que no vimos, 
y amigos que se venden y amores con doblez; 
y á imaginar llegamos al contemplarlos viejos, 
que casi es imposible llegar hasta tanlejos, 
ó que nos faltan siglos para sentir vejez. 

Cuando en el pecho, inmenso para hospedar amores, 
no caben desconfianzas ni ingratos sinsabores, 
en medio de los sueños de música y solaz; 
ni caben en el Orbe las bellas profecías 
que al alma le diseñan los perfumados días 
que vienen sobre el ala de un céfiro de paz; 



37Ü OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Guando con fe creemos que nada hay en el mundo 
más bello que el paraje donde se abrió fecundo 
nuestro jardín de vida bajo la luz de Dios; 
donde nos dar no pueden, el cielo ni la vida, 
placer cual la mirada de la primer querida, 
ni música más dulce que la fraterna voz. 

Cuando la vida ardiente con su ebriedad divina 
quiere apurar de nuevo la copa diamantina 
y su licor recoge del labio maternal; 
¡sublimidad del alma! ¡purísimo embeleso 
que baja de los cielos en el materno beso, 
y desde el labio al alma se escurre celestial! 

¡Cuan dulce es el recuerdo feliz de esos instantes, 
en medio de la vida cuando los ve distantes 
la ya cansada vida del triste corazón; 
y allá de lo pasado los toma la memoria, 
como las flores secas de lápida mortuoria 
que cubre algunos restos de nuestra adoración! 

Mis jóvenes amigos, vosotros los que un día 
con mi alma concertasteis la candida armonía 
de vuestras bellas almas en la primer edad; 
jamás fué vuestra imagen á mi memoria, ingrata, 
y, cuanto más el tiempo mis esperanzas mata, 
más pienso en aquel otro de amor y de amistad. 

Con mis primeros sueños; con las primeras flores 
que del jardín de mi alma vertieron sus olores, 
inmaculado vive nuestro recuerdo en mí; 
el tiempo es impotente para arrancar tirano 
raíces que bordaran el corazón humano, 
cuando las toma virgen y las ahonda en sí. 



poesías diversas 873 

Mi vida es de recuerdos; yo vivo solamente 
cuando hasta lo pasado las alas de nii mente 
me llevan y me muestran mi rauda juventud: 
allí á mi Buenos Aires; la cuna de mi vida, 
de mis primeros sueños, de mi primer querida, 
de mi primera falta, de mi primer virtud. 

Y en medio á esos recuerdos bellísimos de mi alma 
cuando mis ojos lloran en soledad y calma, 
os sabe, como entonces, mi corazón amar; 
vosotros que partíais conmigo la alegría, 
la ciencia y los desvelos; la dulce simpatía, 
las verdes esperanzas, la bolsa y el hogar. 

En esta vida errante que en mis tempranos años 
arrastro con mis penas por medio á los extraños 
¿en dónde, en qué momento los míos olvidó? 
las tropicales brisas, las ráfagas del polo, 
los montes y el desierto, donde he llorado solo, 
conocen vuestros nombres y mi sincera fe. 

Sabedlo, sí, más nunca me agradezcáis tal cosa: 
pensando en la alborada de mi existencia hermosa, 
quizá me abruma menos ni noche sepulcral. 
¡Ah! ¿recordáis, amigos, lo que era á vuestro lado 
bajo mi patrio cielo? Pues bien; todo ha cambiado; 
de lo que yo era entonces no queda ni señal. 

Aquel cabello negro cayendo en una frente 
donde brillaba tersa la juventud naciente, 
¿no recordáis amigos, al recordarme á mí, 
mis atrevidos ojos, mi estrepitosa risa, 
cuando íbamos contentos á respirar la brisa 
del Plata, no conserva vuestra memoria en sí? 



374 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Bien; ruis cabellos negros están emblanquecidos; 
mi frente está marchita, mis ojos abatidos, 
y si mi labio ríe mi corazón ya no. 
Tanto lie cambiado, tanto, que si á vosotros fuera, 
¡ay, cierto; al pobre Mármol ninguno conociera, 
si mi alma os ocultara que me acercaba yo! 

¡Treinta años solamente! ¿mas dónde guarecida 
queda una flor siquiera de mi lozana vida, 
yermada por el ala de rauda tempestad? 
¿Qué idea ha esperanzado mi pensamiento fuerte, 
que, al golpe de diamante de mi terrible suerte, 
no se haya hecho pedazos en mi temprana edad? 

¡Oh, cuántas veces, cuántas, la sien he sacudido; 
y, cual salvaje potro que vuela perseguido, 
sin freno me he lanzado buscando no sé qué! 
¡Ay! sí, lo sé, Olvido: — buscando solamente 
cualquier Leteo humano donde bañar mi frente, 
donde alejar un poco lo que mi vista ve. 

Mas, ¡eh! yo no he podido jamás con mi destino; 
luchamos brazo á brazo desque en mi busca vino, 
pero él es un demonio con nervios de metal; 
y por segar tan sólo de mi alma los deseos 
me aparta, si los busco, de locos devaneos, 
y soy dos veces bueno sufriendo doble mal. 

Sí; para mí en el mundo labrada está una huella: 
venid, corazón mío, marchemos ¡ay! por ella, 
mientras mi mano lleva la copa del dolor. 
Y mientras vas regando con lágrimas tu historia, 
te irá dando en el mundo consuelos mí memoria, 
las horas recordando de mi rosado albor. 



POESÍAS DIVERSAS 375 

Venid por esa huella, mi vida será corta, 
pues que la humana trama las penas no soporta 
sino hasta cierto linde que determina Dios. 
Yo sé que de mi vida la fuente se aniquila; 
yo sé que lo conozco con ánima tranquila, 
sin lágrima en los ojos ni quejas en la voz. 

Amigos de mi infancia; mis tiernos compañeroj, 
que miro recordando mis dias placenteros, 
acaso nunca, nunca me volveréis á ver. 
Yo sé que en mi sepulcro no crecerá una rosa 
que se abra y se matice bajo la luz hermosa 
del sol que sorprendiera mis ojos al nacer. 

Pero ¡ay! pagadme siempre recuerdo con recuerdo, 
y si mis tristes días en suelo extraño pierdo, 
los ecos no se pierdan de mi infeliz laúd. 
Reconquistad mis versos, en que hallaréis mi historia; 
después... después, acaso, no muera mi memoria... 
¡Yo he pristo algunas flores nacer de un ataúd.! 

Montevideo. 1849. 



SUEÑOS 

Venid, venid, ¡oh sueños! á mi abrasada frente; 
cubridme con celajes de púrpura y zafir, 
y siéntame bañado de lumbre refulgente, 
soñando que no sueño para mejor fingir. 



376 OBRAS Df¡ JOSÉ MÁRMOIi 

Venid, dorados sueños, y el plácido murmulla 
perciba de la fuente, cual amorosa voz, 
y en los espesos bosques el inocente arrullo 
del céfiro en las hojas, al discurrir veloz. 

Venid, venid ¡oh sueños! transparentando cielos 
de donde lluevan palmas á mi inspirada sien, 
y mire descorridos los az alados velos 
en las doradas puertas del suspirado Edén. 

Y vaporosas nubes de nítidos colores, 
apenas matizadas con oro y arrebol, 
desciendan, y con ellas, envuelto en sus vapores, 
me eleve á las regiones bellísimas del sol. 

Acaso alguna de ellas me llevará en su seno 
del trono hasta las gradas magnifico de Dios; 
y pueda allí de hinojos adivinar el trueno 
al escuchar mi oído su prepotente voz. 

Y pueda allí de hinojos adivinar mi mente 
cómo salió la lumbre del fúnebre capuz, 

al contemplar absorto sobre su santa frente 
raudales destellarse de brillantina luz. 

Y aquel eterno, inmenso, impenetrable arcana 
del soplo que alimenta la vasta creación, 
comprenda cuando aspire su aliento soberano, 
sintiendo que reanima mi yerto corazón. 

Comprenda esa tormenta que aturde los espacios 
convulsionando mundos con su potente voz, 
al ver su chispeante carroza de topacios 
rodando por las nubes con ímpetu veloz. 

Y á comprender alcance, cuando sus santas huellas 



POESÍAS DIVERSAS 37 i 

los límites marcando del universo van, 
como su luz esconden la luna y las estrellas 
V de temor los cielos relampagueando están. 

Y yo, quizá, las orlas del plateado manto 
siguiendo, y de su carro la rapidez doquier, 
mi corazón bañado de religioso llanto 

á comprender alcance su misterioso ser. 

Y palpitando henchido de inspiración sublimo, 
corriendo de su gloria mi corazón en pos, 
como la voz del viento cuando en la selva gime, 
se exhale melodiosa mi conmovida voz. 

Y brote pensamientos de mi inspirada mente, 
sublimes y abrasados del fuego celestial 

que biilla en los espacios ya rojo y esplendente, 
ya en azulados mares de líquido cristal. 

Venid, venid, ¡oh sueños! y el corazón sereno 
con vuestras nubes de oro se envolverá veloz; 
que acaso alguna de ellas me llevará en su seno 
del trono hasta las gradas magnífico de Dios. 

Y olvidaré soñando lo que despierto miro 
y miraré durmiendo lo que despierto no... 
Yo vivo solamente cuando febril deliro 
que los terrenos lazos mi corazón rompió. 

Conozco, sí, que gozo, que vivo solamente 
si pienso que he dejado la humanidad detrás, 
y que la mancha roja de su amarilla frente 
no volverán mis ojos á contemplar jamás. 

¿Qué son ante la vida las realidades della 
si descorrido el velo de la razón las ve? 



378 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

¿Qué goce, qué momento, qué sensación aquella 
que alguna yerba gota de sinsabor no dé? 

¿Qué fuera de la vida si le faltara un dia 
de la florida mente la diamantina red 
que compasiva tiende sobre la fuente umbría 
do el corazón se arroja para apagar su sed? 

¿Qué fuera de mi vida sin la dorada alfombra 
que sobre el mundo pone para correr veloz? 
¡Yenid, hermosos sueños, y á vuestra dulce sombra 
me elevaré al alcázar magnifico de Dios!... 

Venid, y cuando arroje de América la gente 
su grito de venganza con fratricida voz, 
yo soñaré que escucho la música inocente 
del céfiro en las hojas al discurrir veloz. 

Venid, porque yo gozo, yo vivo solamente 
si pienso que he dejado la humanidad detrás, 
y que la mancha roja de su. amarilla frente 
ao volverán mis ojos á contemplar jamás. 

Si la ilusión es farsa del alma delirante 
si le quitáis al alma su vaporoso tul, 
también quitad al orbe su velo rutilante, 
que es farsa en ese cielo la transparencia azul. 



POESÍAS DIVERSAS 379 



DESENCANTO 

Á CÁELOS 



Al bronco son de súbita tormenta 
columpiase el terráqueo pavimento; 
y el ronco trueno con fragor revienta, 
y estalla el rayo y se desata el viento. 

Y, cuanto más el huracán da paso 
al trueno, al rayo y á la nube errante, 
el Atlas y los Andes y el Caucaso 
tiemblan sobre sus bases de diamante. 

Mas, lanza del cénit luces la frente 
del astro rey que el universo dora, 
y la paz desde el trono de la aurora 
vuelve hasta los confines de Occidente. 

Pasa la tempestad, pasan las olas, 
pasan los días del nevoso invierno, 
y renacen jacintos y amapolas 
bajo otro sol vivificante y tierno. 

Cortamos con afán pasto que enerva 
en un sepulcro venerada rosa; 
pero pasa el dolor, crece la hierba, 
y el rosal muere en la desierta losa. 



¡Todo pasa! ¡Gran Dios! todo trasmuda 
desde el grano de polvo hasta el cometa, 



380 OBEAS DE JOSÉ MÁRMOL- 

y solamente su dolor no muda 
el corazón del que nació poeta. 

El canto del poeta es la armonía 
que del cisne la fábula re- la, 
que comienza su canto en la agonía, 
y del dolor, cantando se consuela. 

Su suerte es cual la suerte de la aroma. 
en su árbol espinoso suspendida, 
que solamente con amor se toma 
si al pie del árbol se encontró caída. 

Su fugitivo brillo es el que inflama 
lámpara que desvista la pupila, 
que de la lumbre que su sien derrama 
nace la sombra que á su planta oscila. 

Ángel en proscrición sobre la tierra 
camina peregrino entre profanos, 
y dentro el corazón recuerdo encierra 
de otro ser, de otro amor, de otros hermanos. 

Tibias reminiscencias de otra vida 
animada de Dios con los alientos, 
que antes de ser de lo alto desprendida 
vagaba en los celestes pavimento s. 

Recuerdo de una dulce melodía 
que vibra en sus oídos hechicera; 
recuerdo de la luz de un claro día; 
recuerdo de una eterna primavera. 

Por eso un.mundo su memoria crea, 
íntimo, santo, espiritual y puro, 
donde su mente con valor campea 
lejos del bajo lodazal impuro. 

Mezcla de sombra y luz, sueña la gloria, 
sueña mundos de dichas y de amores, 



POESÍAS DIVERSAS 381 

y mego al despertar toca la escoria 
de este prosaico mundo de dolores. 

Mundo estéril en sí — grano de arena 
perdido en los desiertos del vacío, — 
y que an montón de insectos acolmena, 
grandes por su insensato desvarío. 

Parodias de poder cue alza las manos 
para medir la mente del poeta,.. 
Sacrilega intención!,., 'atrás profanos!... 
De rodillas caed... es el ¿roleta. 

Es la palacra del Señor caída; 
la que 3yó el Smaí sobre cu cumbre; 
la que tocó la sien adormecida 
de Abrahám bajo mísera techumbre. 

Es la palabra del Calvario Santo 
la que en i\ labio del poeta expira, 
cuando en medio á la noche entona el canto 
al blando son do la amorosa lira. 

Cuando la tempestad bate sus alas 
y se apaga la luz de las estrellas, 
obscureciendo en las etéreas salas 
del Hacedor las veneradas huellas; 

cuando la luna pálida desliza 
un rayo de su luz sobre las olas, 
ó al través de las hojas sublimiza 
el negro mármol de las tumbas solas; 

cuando al nacer el sol canta las flores 
ó al mirar la mujer su mente inquieta 
canta su corazón y sus amores, 
de rodillas caed... es el profeta. 



382 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Su palabra es de Dios; su amor, profuncí 
¡Silencio! ¿Qué? ¿la humanidad suspira? 
No... es la grita bacanal del mundo... 
¡Atrás la inspiración!... ¡atrás la lira!... 



II 

Apaga, mi Carlos, 
la fúlgida llama 
que en tu ánima inflama 
Aquel que cuida 
la sangre en la vida, 
la aroma en la flor. 
El joven y verde 
retoño de palma 
que crece en tu alma 
sus raíces hundiendo, 
y, apenas creciendo, 
empaña su sombra 
tu pálida tez, 
arráncalo, amigo, 
de lo hondo del seno, 
que son de veneno 
sus raices malditas, 
á par que benditas 
las flores que brota 
para otros después. 

Ilt 

¡Poeta! ¿aqui? ¿sobre la yerma arena 
do la sombra del Andes se dilata? 



POESÍAS DIVERSAS 38 E 

¡Oh, Carlos, por piedad; aquí no suena 
sino el silbo del plomo que nos mata! 

En los bosques de América mi madre 
no sonará en un siglo el arpa de oro: 
la lanza y el cañón y el triste lloro 
saludarán del Inca el regio padre. 

Más allá de los ríos y la sierra; 
más allá de los llanos de la Pampa, 
donde en cuajos de sangre el callo estampa 
el adiestrado potro en torpe guerra. 

Más allá de matar, el pensamiento 
no en la región de América se escucha, 
un siglo hay que lidiar; y de la lucha 
que conmueve del Andes el cimiento, 

otros siglos saldrán. Sobre las olas 
y los montes de América y sus galas 
el ángel del futuro abre sus alas, 
y en las etéreas cavidades solas, 

le canta el porvenir. Cuando las pliegue 
reposará en la sien del Chimborazo, 
y al mundo de Colón, tendido el brazo, 
bendecirá feliz. — Entonces llegue 

á tus nietos la lira y la esperanza; 
que el genio entonces si á la gloria aspira, 
las leves cuerdas de la blanda lira 
no cortarán los filos de la lanza. 



384 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

IV 

No cantes, Carlos mío; no cantes y tu mano 
desprenda de la lira las cuerdas al vibrar; 
por compasión, no cantes; — yo te amo como hermano, 
y al abrazarte quiero tus ojos sin llorar. 

Tus primitivos cantos son puros y suaves 
como la luz del alba para anunciar el sol; 
tus pensamientos, tristes, como las tiernas aves 
cuando á morir empieza del día el arrebol. 

No cantes, no; mi acento también era de amores; 
el trino de las aves, en mi primera edad — 
pero después mi labio se enmudeció á las flores, 
y hoy canto solamente la ronca tempestad. 

El astro de mi vida, distante del ocaso, 
se obscureció entre nubes al irradiar mi sien; 
y en sempiterna noche, mi vida es el yerbazo 
que bate de las ondas el rápido vaivén. 

Si hubiera ido con ellos y con la hoz filosa, 
cuando á segar las mieses los labradores van; 
tendría alguna patria, tendría alguna choza 
y un rato de sosiego para comer mi pan. 

Oiría de mis padres los candidos consejos, 
de los prendidos leños á la amarilla luz; 
y, cuando ya del mundo se despidieron, viejos, 
iría por las tardes á venerar su cruz. 

Y el sitio de su lecho, más tarde con mi esposa 
del nuestro fuera sitio como heredado bien; 
y el mío ocuparía mi prole cariñosa, 
hasta llevar mis huesos junto á la cruz también. 



poesías diversas 385 

Pero ¡ay! la luz del alma tan sólo alimentara, 
y vivo cual arista que lleva el aquilón; 
sintiendo, cual sarcasmo de mi fortuna rara, 
que si me falta suerte me sobra corazón. 

¡Quién sabe si la copa que rebordó temprana 
me guarda todavía las heces de la hiél! 
¡Quién sabe, sí, quién sabe si llegaré mañana 
al pie de tus umbrales para dormir en él! 

Y, en tanto que las playas del extranjero habito, 
¿qué pecho conmovido palpitará por mí? 
¿Qué aliento por mi frente discurrirá bendito 
para apagar acaso mi sufrimiento así? 

f' ¿Cuál voz me pertenece? ¿Cuál alma me adivina? 
¿En qué amoroso seno reclinaré mi sien? 
¿Quién es la que su rostro sobre mi rostro inclina 
y me habla misteriosa de sus amores, quién? 

Ninguna, ¡ay! ¡Quién ama del pobre Peregrino 
su pálido presente, su obscuro porvenir!! 

Si encuentra alguna rosa perdida en su camino, 
la fiebre de su mano le secará el vivir. 

No cantes, caro amigo. De la sensible lira 
mis fibras se ablandaron al inspirado son; 
y el hálito del viento que por mi sien suspira 
conmueve y estremece mi herido corazón. 

Más joven que tu amigo no elevarás el canto; 
no aspirarás más joven el aura popular; 
y al descender los años habrás llorado tanto 
que se helará en tus ojos la lágrima al brotar 
. Mármol.— 25 



386 OBRAS BE JOSB MÁRMOL 

Y, tras los desengaños, el frío escepticismo 
te filtrará cual filtra la nieve por la flor, 
y dejará insensible dentro tu pecho mismo, 
como en la flor el ámbar, tu fraternal amor. 

Y si ora te enamoras de la insensible piedra, 
del ave, de la hormiga, del huérfano alhelí, 
mañana de las tumbas arrancarás la yedra, 
indiferente el muerto y el vivo para ti. 

Y un día de ventura, más tarde será vago 
recuerdo que los velos del tiempo cubrirán; 
como al nadar un cisne por agitado lago 

sus huellas poco á poco despareciendo van. 

No cantes, vulgariza tu sien entre los hombres, 
en medio al laberinto te mirarás feliz, 
pues con saber tan sólo sus rostros y sus nombres 
no perderán tan pronto tus flores el matiz. 

V 

Mas si tu alma necesita 
romper los terrenos lazos, 
ven, dulce amigo, á mis brazos 
y conversemos los dos. 

¡Que unísonos confundiendo 
tu corazón con el mío, 
cuando el mundo nos dé hastío 
conversaremos de Dios! 

Y, al cesar nuestras palabras, 
tú te volverás al mundo; 
yo me volveré al profundo 
arcano del corazón; 

de donde arranco, mi Carlos, 
pedazos de mi existencia, 
al sacar de la conciencia 
raíces de la inspiración. 
Rio Janeiro, Noviembre de 1844, 



POESÍAS DIVERSAS 3S i 



EN UN ÁLBUM 

AL PIE DE UNA PINTURA QUE REPRESENTA LA MELANCOLÍA 

La imagen enlutada de la Melancolía, 
de -tu Álbum, bella amiga, destiérrala, por Dios; 
contempla que los cielos al despuntar el día 
despiden á la sombra para que brille el sol- 

A todas estas hojas adórnalas de ñores 
y versos armoniosos como tu dulce voz; 
y deja se deslice, soñando con amores, 
de tus amenos días el delicado albor. 

Pero ¡ay! si conocieras que tu existencia un día 
es tal, que con lo triste consuelas tu dolor; 
no busques el retrato de la Melancolía; 
su original, si quieres, está en mi corazón. 



ROSAS 

El 25 DE MAYO DE 1850 

¡Rosas! ¡Rosas! Un genio sin segundo 
formó á su anto¿o tu destino extraño; 
después de Satanás, nadie en el mundo, 
cual tú hizo menos bien ni tanto daño. 



388 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Abortado do iln crimen has querido 
que se hermanen tus obras con tu origen; 
y, jamás del delito arrepentido, 
sólo las horas de quietud te afligen. 

Con las llamas del Tártaro encendida 
una nube de sangre te rodea; 
y en todo el horizonte de tu vida 
sangre ¡bárbaro! y sangre y sangre humea 

Tu mano conmoviera como el rayo 
los cimientos de un templo; y, de repente, 
desde el altar los ídolos de Mayo 
vertieron sangre de su rota frente. 

La justicia se acerca religiosa 
á llamar en la tumba de Belgrano; 
y ese muerto inmortal le abre su losa, 
alzando al cielo su impotente mano. 

La libertad se escapa con la Gloria 
á esconderse en las grietas de los Andes, 
reclamando á los hielos la memoria 
de aquellos tiempos en que fueron grandes. 

Los ídolos y el tiempo desparecen; 
se apagan los radiantes luminares; 
y en sangre inmaculada se enrojecen 
los fragmentos de piras y de altares. 

Gloria, nombre, virtud, patria argentina, 
todo perece do tu pie se estampa; 
todo hacen polvo, en tu ambición de ruina, 
bajo el casco los potros de tu pampa. 

Y bien, E-osas ¿después? tal es — atiende — ■ 



POESÍAS DIVERSAS 889 

la pregunta de Dios y de la historia: 
ese después que acusa ó que defiende 
en la ruina de un pueblo, ó en su gloria. 

Ese después fatal á que te reta 
sobre el cadáver de la patria mía, 
en mi voz inspirada de poeta, 
la voz tremenda del que alumbra el día. 

Habla: y, en pos la destrucción, responde: 
¿Dó están las obras que brotó tu mano? 
¿Dónde tu creación? ¿las bases dónde 
de grande idea ó pensamiento vano? 

¿Qué mente hubiste en tu sangriento insomnio 
que á tanto crimen te impeliese tanto? 
¡Aparta, aparta, aborto del demonio 
que haces el mal para gozar del llanto! 

La raza humana se horroriza al verte, 
hiena del Indo transformada en hombre; 
mas ¡ay de ti, que un día al comprenderte 
no te odiará, despreciará tu nombre! 

El tiempo sus momentos te ha ofrecido; 
la fortuna ha rozado tu cabeza; 
y, bárbaro y no más, tú no has sabido 
ni ganar tiempo, ni ganar grandeza. 

Tumbaste una república, y tu frente 
con diadema imperial no elevas ledo; 
murió la libertad, y, omnipotente, 
esclavo vives de tu propio miedo. 

Quieres ser rey, y temes se convierta 
en la corona, de Milán la tuya; 



S90 OBRAS BE JOSÉ MARMOL 

quieres ser grande y tu. áninra no acierta 
cómo elevarte de la esfera suya. 

Tu reino es el imperio de la muerte; 
tu grandeza el terror por tus delitos; 
y tu ambición, tu libertad, tu suerte 
abrir sepulcros y formar proscritos. 

Graucho salvaje de la pampa ruda, 
aso, no es gloria ni valor ni vida; 
eso es sólo matar porque desnuda 
te dieron una espada fratricida. 

Y, grande criminal en la memoria 

del mundo entero, de tu crimen lleno, 
serás reptil que pisará la historia 
con asco de tu forma y tu veneno. 

Uerón da fuego á Roma y lo contempla, 
y hay no sé qué de heroico en tal delito; 
mas tú, con alma que el demonio templa, 
cuanto haces lleva tu miseria escrito. 

Ningún Atrida al peligrar vacila, 
y tú, más que ellos para el mal temblaste; 
y, más sangriento que el sangriento Atila, 
jamás la sangre de la lid miraste. 

En todas esas águilas que asieron 
la humanidad y, en fiebre carnicera, 
con sus garras metálicas la hirieron, 
cupo alguna virtud: valor siquiera. 

Pero tu corazón sólo rebosa 
de miserias y crímenes y vicios, 
oon una sed estúpida y rabiosa 
do hacer el mal y de inventar suplicios. 



"POESÍAS DIVERSAS 891 

Ni siquiera te debes el destino 
con que tu sed de sangre has apagado; 
tigre que te encontraste en el camino 
un herido león que has devorado. 

Espíritu del nial nacido al mundo, 
no has sido bueno ni contigo mismo, 
y sólo dejarás un nombre inmundo 
-al descender á tu primer abismo. 

Te nombrarán las madres á sus hijos 
cuando asustarlos en la cuna quieran; 
y ellos temblando y en tu imagen fijos 
se dormirán soñando que te vieran. 

Los trovadores pagarán tributo 
á los cuentos que invente tu memoria; / 
y execrando tus crímenes sin fruto, 
rudo y vulgar te llamará la historia. 

¡Ah!, que casi tus crímenes bendigo, 
ante el enojo de la patria mia, 
porque sufras tan bárbaro castigo 
mientras alumbre el luminar del día. 

Porque mientras el sol brille en el Plata 
aquel castigo sufrirás eterno; 
nunca á tu nombre la memoria, ingrata: 
nunca á tu maldición el pecho, tierno; 

Y por último azote de tu suerte, 
verás, al respirar, que se levanta 
bello y triunfante y poderoso y fuerte 
el pueblo que ultrajaste con tu planta. 

Pues no habrá en él, de tus aleves manos, 
más que una mancha sobre el cuello apenas; 
que tú no sabes, vulgo de tiranos, 
ni dejar la señal de tus cadenas. 



392 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOIi 



ADIÓS A MONTEVIDEO 



¡Adiós voluptuosa coqueta del Plata 
que lloras y cantas á orillas del mar; 
y el mar en sus brazos te besa, y retrata 
sobre olas azules tu nítida faz! 

¡No en vano quisieron señores de antaño, 
robarte do niña, y esclava te hacer, 
mas ¡ay! que llegaron al Plata en su daño 
los regios piratas quo huyeron después! 

¡Yo sé que no es mucho tu amor á los míos, 
vejeces de Artigas, caprichos no más! 
Vendrán otros tiempos de menos desvíos 
y más reflexiva tu amor nos darás. 

Un vértigo agita tu joven cabeza, 
y hoy vives con risas y llanto á la Tez; 
beldad que en el mundo tus horas empieza, 
ingrata por gusto de verse querer. 

Dejemos al tiempo... per mí, y? te culero, 
y el alma me duele diciéndote , adiós! 
do amDr y placeres copioso venero 
¿por qué no te llaman. Oriente de amor? 

Si valen tus hombres, ni sé. ni me inquieta; 
mas ¡ay' lo que valen tus hijas ;o sé; 
sus ojos me hirieron mi ser de poeta, 
jugando con mi alma su fe de mujer. 

Mis bellos veinte años su jardín abrieron 
en medio á tus hijas de talle gentil, 



POESÍAS DIVERSAS 393 

¡nací tan sensible! ¡tan lindas nacieron; 
¿qué hacer? di las ñores de todo el jardín. 

Las vi tan hermosas que la culpa es de ellas, 
si á todas no he dado recuerdos de amor; 
que es poco galante doncel que entre bellas 
ofende á las otras con una excepción. 

Y sólo advirtiendo que mi ofrenda pura 
no todas querían, ingratas, tomar, 
vengúeme de todas, hasta la locura 
queriendo una sola de tanta beldad. 

Verdad es que sola por todas valía, 
que es bien el llamarla belleza oriental; 
mas de aquel oriente do Mahoma envía 
huríes que sobran al jardín de Alá. 

¡Qué noches! ¿recuerdas? la vían mis ojos 
más linda que miro la estrella y la flor; 
más llena de encantos de amor y sonrojos 
que asoma en verano la luz del albor. 

Su esbelta figura, sus negros cabellos, 
sus ojos más negros, su pálida tez... 
¿por Dios, que pasaron momentos tan bellos! 
¡per Dios, que no pueden volver otra vez! 

¡Adiós voluptuosa coqueta del Plata, 
de en medio á las ondas te envío mi adiós; 
el alma que abrigo jamás será ingrata, 
y pues fui dichoso, bendígate Dios! 



AL SOL 

Perqué pasas ¡oh rey de los astros! 
de las puertas que te abre el oriente 
¿por qué deja más tarde tu frente 



394 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

del ocaso los bordes también? 

Dos momentos no más eres bello 
á los ojos del ánima mía: 
el momento en que anuncias el dia, 
y el momento en que velas tu sien. 

Esa lluvia de llamas que viertes 
en tu vasta y radiante carrera, 
da sublime esplendor á la esfera, 
mas no al alma ilusiones de amor. 

Al mirarte en el cénit, mi alma 
se concentra ofendida y vacila, 
como tiembla la herida pupila 
á tu rojo y ardiento color. 

En la luz hay misterios divinos 
que no alcanzan las almas de hielo; 
tú lo tienes, lumbrera del cielo, 
foco eterno de vida y de luz. 

¡Gloria al bello momento en que asomas 
sobre cunas de nácar y rosas! 
gloria ¡oh sol! ¡cuando débil te embozas 
entre velos de leve capuz...! 

Desde el cielo á este mísero mundo 
todo el orbe respira alegría 
cuando pintas las rosas del día 
de la aurora en la candida tez. 

Cual despliegan las flores su broche, 
abre el alma sus cálices, pura, 
y en amor y esperanza y ventura 
se armoniza y suspira á la vez. 

De la aurora las lágrimas brillan; 
olas de ámbar y amor se esparraman; 
y, á la par de las aves, te aclaman 
bosque y prados, montañas y mar. 

Allí copias la vida del hombre 



POESÍAS DIVERSAS 29? 



cuando empieza sus horas de inundo, 
cuando todo es etéreo y fecundo, 
cuando es dulce hasta el mismo llorar. 

¡Gloria, gloria, tesoro del cielo, 
cuando llegas también al ocaso, 
y con lento fatídico paso 
vas diciendo á los hombres ¡adiós! 

Cuando cerca á tu pálida frente 
las estrellas asoman prolijas, 
como en torno á su padre las hijas 
¡cuando su alma se vuela hasta Dios! 

Nada muere á los ojos del hombre 
sin robar á tu pecho un suspiro; 
y al bajar de tu espléndido giro 
viertes ¡ay! melancólico amor. 

¿Quién mirando tu lumbre postrera, 
no ha llorado una vez en su vida, 
al influjo de pena escondida, 
sin poder definir su dolor? 

Dios, la patria, destino y amada 
on recuerdos constantes del alma, 
en las horas de paz y de calina 
en que tocas del cielo el confín. 

Y en el alma el amor te dilata 
con más dulce verdad en su esencia; 
porque todo es amor la existencia, 
cuando piensa un momento en su fin. 

Y en la tumba de ocaso cayendo 
tu opulenta magnífica frente, 
para luego llegar al oriente 

de otra nueva lejana región, 

representas la vida del hombre 
descendiendo á la vida del suelo, 



396 obras be jóse mármoi» 

y á la vez remontando su vuelo 
fugitiva á otra nueva mansión. 

G-loria ¡oh Sol! cuando pintas el alba 
con un tenue carmín de tu rayo. 
G-loria ¡oh Sol! al llegar en desmayo 
¡á la tumba de ocaso también! 

Dos momentos sublimes te muestras 
á los ojos del ánima mía: 
el momento en que anuncias el día, 
y el momento en que guardas tu sien. 
Montevideo, 1848. 



RECOGIMIENTO 

Volad de mi memoria pensamientos 
del mundanal perpetuo desvarío, 
sarcasmos de grandeza y poderío 
que altanera la mente concibió; 
fosfóricos destellos que fulminan 
relámpagos de luz al pensamiento 
para dejar más negro el fingimiento 
luego que el brillo de su luz murió. 

Volad, y en vuestras alas fugitivas 
arrebatad mi perdurable duda; 
dejad mi alma tenebrosa y muda, 
pero al menos dejadla esa verdad. 
Deshaced en mi ardiente fantasía 
ese que forma brillan tino encaje 
para ver al través de su celaje 
mentida la enlutada realidad, 



P0E8ÍA.S DIVERSAS 337 

Hoy no quiero que brillen mis palabras 
al resplandor de mi abrasada mente, 
ni tampoco que exhale tristemente 
un tono melancólico mi voz, 
hoy siento que me abruma la existencia, 
me pesa el corazón, me duele el aloia, 
y quiero, sólo en mi majestuosa calma 
salir del mundo para hablar con Dios!... 

Perdóname, Señor, si tanto elevo 
mi orgullo de mortal: — hablo contigo 
cuando las huellas de tu gloria sigo 
remontado en las alas de la fe, 
y en ellas, religioso el pensamiento, 1 
volando á las regiones de tu gloria, 
mas te veo, Señor, que en la memoria 
me hallo de hinojos á tu mismo pie. 

Yo te miro, Señor, sobre tu trono 
rayos vertiendo do divina lumbre, 
que refleja la vasta muchedumbre 
de esos globos de fúlgido esplendor. 
Rayos que parten de tu frente hermosa 
para argentar los anchos universos, 
discurriendo sutiles y diversos, 
cambiando de sendero y de color 

Yo percibo el aliento de tu boca 
para los mundos delicada brisa, 
y miro por tu rostro la sonrisa 
al ver los mundos respirar en él. 
Giras tus ojos y los astros giran; 
y, cada paso que tus plantas sellan 
los siglos y los siglos se atropellan 
gigantes que te siguen en tropel. 

¡Veneración, Señor! el alma mía 



398 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

se embriaga con los himnos de tu coro ? 
que en arpas de marfil y liras de oro 
los tonos acompañan de tu voz. 
Atónito mi espíritu les oye... 
suavísima encantada melodía... 
olas leves de mística armonía 
cruzan la esfera repitiendo — ¡Dios! 

Son, Dios mío, tus ángeles divinos 
que suspenden las orlas de tu manto, 
y en redor de tu trono alzan el canto 
que no sube más alto de tu sien... 
Cantan y vuelan en redor del cielo, 
y, con la lumbre que brillante exhalas, 
se atornasolan sus pequeñas alas, 
que brillan, se obscurecen y se ven. 

Cantan, y las estrellas reverberan 
sobre el Éter magníficos colores; 
abren sus globos las pintadas flores 
y regalan perfumes á su voz. 
El mar se duerme, y el desierto calma 
al vendabal en sus ligeras huellas: 
pues desiertos y mar, flores y estrellas 
quedan acordes murmurando: ¡Dios! 

Veneración, jSeñor! En todas partes 
absorta te contempla el alma mía; 
la obscura noche y el rosado día 
mirad, me dicen, tu Hacedor ahí. 
Las sombras de la tardo misteriosas 
del céfiro apacible los suspiros, 
de la aurora las perlas y zafiros, 
mirad, me dicen, tu Hacedor aquí. 

Áqiú está Dios, me grita revolviendo 
sus crines espumosas el Océano, 



poesías diversas 39$ 

frenético azotando soberano 
las rocas que sus límites le dá. 
Aquí está Dios la roca le responde; 
grita en su cima el águila lo mismo, 
y el Leviatán contesta del abismo: 
Aquí también el Hacedor está. 

¿Pero dónde, Señor, más te percibo? 
¿Dónde más sabio y poderoso y bueno? 
Aquí buen Dios, en mi doliente seno 
cuando llevo mi mano al corazón; 
cuando la sangre como llama siente, 
cuando al impulso del dolor palpita, 
cuando el influjo de tu fe bendita 
le inspira angelical resignación. 

¿Qué dolor desconoce el pecho mío? 
¿Qué llanto no ha caído de mis ojos? 
¿Y en qué pena también, mi alma de hinojos 
no se postró para elevarse á ti? 
¿Y en qué momento le negaste á mi alma 
paz y consolación en sus pesares, 
á la luz de tus pardos luminares 
en que más bajas silencioso á mí? 

Veneración, ¡Señor! ¿quién en silencio 
puede mirar las fúlgidas estrellas, 
sin mirarte también en medio á ellas 
animando su cólico esplendor? 

Yo te adoro, mi Dios; yo te [comprendo 
y á ti dirijo mi sentido canto, 
por hoy mis ojos necesitan llanto, 
y lloro conversándote, Señor... 

Mi planta marcha herida 
del mundo en el camino; 
las flores de mi vida 



400 OBRAS DE JOSÉ Mi RMOEi 

deshoja el vendaval; 
las nubes so amontonan 
en torno á mi destino, 
¡proteja al Peeegeino 
tu mano celestial! 

En mi época de zana 
se agota mi existencia, 
como en arena extraña 
la trasplantada flor; 
Pero una voz secreta 
de tu divina esencia 
conforte mi conciencia, 
me aliente de valor. 

Doquier giro mis ojos 
me encuentro desvalido, 
injusto sus enojos 
el mundo me lanzó. 
Mas yo, Señor, su dicha 
temblando te la pido; 
mi llanto en el olvido 
por siempre se quedó. 



CRISTÓBAL COLON 

Dos hombres han cambiado la existencia 
de este mundo en los siglos peregrino: 
el labio de Jesús le dio otra esencia, 
y el genio de Colón otro destino. 

Completaron de Dios la mente misma 
á inspiraciones de su amor profundo; 
uno del alma iluminando el prisma, 
otro haciendo de dos un solo mundo. 
















En supremo embeleso 
Cantos del peregkino 



Lamina VIII 



POESÍAS DIVERSAS 401 

Ángel, genio, mortal, que no has logv ~ ' > 
legar tu nombre al mundo de tu gloria; 
que ni ves en su suelo levantado 
un pobre monumento á tu memoria. 

¡Ah, bendita la pila de tu frente 
se mojara en el agua del bautismo, 
y el ala de tu genio amaneciente 
se tocara en la unción del cristianismo! 

Ángel, genio, mortal, yo te saludo 

desde el seno de América, mi madre; 

de esta tierna beldad que el mar no pudo 

robarla siempre á su segundo padre- 
La hallaste, y levantándola en tu mano 

radiante con sus gracias virginales, 

empinado en las ondas del Océano 

se la enseñaste á Dios y á los mortales. 

Después de Cristo, en el terráqueo asiento, 
siglo, generación, ni raza alguna 
ha conmovido tanto su cimiento, 
como el golpe inmortal de tu fortuna 

A su grandeza un siglo era pequeño; 
y en los futuros siglos difundida, 
es el eterno Tiempo el solo dueño 
de. tu obra inmensa en su grandiosa vida. 

Tú, como Dios al derramar fulgentes 
los mundos todos en la obscura nada, 
al más allá de las futuras gentes 
diste sin fin tu América soñada. 

En cada siglo que á la tierra torna, 
la tierra se columpia, y, paso á paso, 

Mármol. -26 



402 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

su destino la América transtorna, 
y muda el sol su oriente en el ocaso. 

Obra es tuya, Colón; la hermosa perla, 
que sacaste del fondo de un océano; 
al través de los siglos puedes verla 
sobre la frente del destino humano. 

El ángel del futuro rompió el lazo 
que á las Columnas de Hércules le ataba, 
y saludó en la sien del Chimborazo 
los desiertos que América encerraba. 

No de la Europa quebrará la frente, 
el rudo potro del sangriento Atila; 
pero ¡ay! el tiempo en su veloz corriente 
mina el cimiento donde ya vacila. 

El destino del mundo está dormido 
al pie del Andes sin soñar su suerte; 
falta una voz bendita que á su oido 
hable mágico acento y le despierte. 

Un hombre que á esta tímida belleza 
le quite el azahar de sus cabellos, 
y ponga una diadema en su cabeza 
y el manto azul sobre sus hombros bellos. 

Si no te han dado monumento humano, 
si no hay Colombia en tu brillante historia, 
¿Qué importa? ¡Eh! tu nombre es el Océano, 
y el Andes la columna de tu gloria. 

¿Qué navegante tocará las olas 
donde se pierde la polar estrella, 
sin divisar en las llanuras solas 
tu navio, tus ojos, y tu huella? 

¿Sin ver tu sombra, allí do misterioso 



poesías diversas 403 

el imantado acero se desvía; 

y un rayo de tu genio poderoso 

que va y se quiebra donde muere el día? 

¿Quién, al pisar la tierra de tu gloria, 
no verá en sus montañas colosales, 
monumentos de honor á tu memoria, 
como tú grandes, como tú inmortales? 

¡Salve, Genio feliz! mi mente humana 
ante tu idea de ángel se arrodilla, 
y de mi labio la expresión mundana 
ante tu santa inspiración se humilla. 

Por un siglo tus alas todavía 
plegadas ten en los etéreos velos, 
de donde miras descender el día 
hasta el cristal de los andinos hielos. 

Baja después. De la alta cordillera 
los ámbitos de América divisa; 
y, como Dios al contemplar la esfera, 
sentirás de placer dulce sonrisa. 

El ángel del futuro á quien sacara 
de los pilares de Hércules tu mano, 
te mostrará Colón, tu virgen cara, 
feliz y dueña del destino humano. 

Vuelve después á tu mansión de gloria 
á respirar la eternidad de tu alma, 
mientras queda en el mundo á tu memoria 
sobre el Andes eterno, eterna palma. 

Montevideo, Octubre 12 de 1849. 

LOS TRES INSTANTES 

EL 4 DE OCTUBRE 

Bella como la imagen de mis ensueños; 
pura como la risa de la infancia; 



404 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

triste como las sombras de la tarde; 
libre como la brisa del desierto, — 

así encontróla un día; 
á la hechicera mía; 
así, como reviste 
mi mente la hermosura: 
«Tan bella como triste, 
»tan libre como pura.» 

EL 4 DE NOVIEMBRE 

Sensible cual la blanca mariposa; 
ardiente como el alma del poeta; 
tierna como la tórtola en su nido; 
mía como del hombre el pensamiento, — 

así la oprimí un día 
contra mi seno herviente; 
así, cual yo tenía 
la mujer en mi mente: 
«Sensible como ardiente, 
>y tierna como mía.» 

EL 17 DE NOVIEMBRE 

Para siempre cual humo en el espacio, 
cual meteoro que pasa fugitivo, 
cual idea en delirios inspirada, 

"-ual el alma del cuerpo desprendida, 

* 

así perdíla un día 
cuando pensé era mía 
hasta la eternidad; 
así, para mis ojos 
no heredar ni despojos 
de la felicidad. 

Negro como la noche misteriosa, 
agrio como las heces del veneno, 
frío como el cadáver de la tumba, 
mustio como la lumbre del osario,— 
así quedó de entonce 



poesías diversas 

marchito y espirante 
mi espíritu de bronce; 
así, que un solo instante 
bastó para poseerla, 
bastó para perderla. 

A... 

Rosa fragante del Edén caída, 
ángel proscrito que perdió sus alas, 
perla hermosa del alba desprendida, 
hebra de luz de las etéreas galas, 
paloma que ha dejado misteriosa 
las selvas que habitó en el paraíso, 
fantasía de Dios en noche hermosa, 
de que hizo luego terrenal hechizo: 

¿quién eres, di, beldad fascinadora, 
hálito de purísimas esencias 
que embriaga el corazón y lo enamora; 
que bajo indefinibles apariencias 
al través muestras de encantado velo 
entremezclado el mundo con el cielo? 

¿Quién eres que al poder de tu hermosura 
se ata de nuevo al mundo, 
y vuelve á sus perdidas ilusiones, 
aqueste corazón que la amargura 
apuró del dolor? ¿Que en lo profundo 
de su ser misterioso sumergido, 
dijo ¡adiós! al placer y á las pasiones; 
y, de su propia vida desprendido, 
á la fe, y la esperanza estaba muerto, 
ajeno al mundo, á los amores yerto? 

¿Quién eres que levantas misteriosa 
de mi alma yerta los obscuros velos, 
como el alba las sombras de los cielos 
con sus manos de nácar y de rosa? 



405 



406 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

Y, ¡como 110 admirarte! ¡cómo mi alma, 
que sufre las angustias del poeta, 
no revivir para perder su calma; 
no reanimar la inspiración secreta, 
si hay en ti más belleza y poesía 
que en cuanto dora el esplendor del día! 

Corriendo en pos de mi destino incierto, 

he surcado los mares, 
he pisado la sien de las montañas, 

he cruzado el desierto 
á la luz de los pardos luminares; 

solitario he dormido 
entre las sombras de la selva hojosa, 
ó entre flexibles y sahumadas cañas, 
y he despertado al lánguido quejido 
que da de amor la tórtola medrosa; 
mi religión, mi libro, mi belleza 
fué siempre la gentil naturaleza, 
pero hallo en ti más alta poesía 
que en cuanto he visto bajo el claro día. 

En una noche lánguida y hermosa, 
sobre una mar tranquila 
como el cristal de plácida laguna, 
he visto levantarse silenciosa 
en columnas de luz la blanca luna; 
panorama magnífico que en vano 
pintar querría con mi acento humano. 
Pero ¡ay! sobre tu frente de alabastro 
hay mayor majestad, mayor dulzura 

que en la frente del astro 
que rasga el velo de la noche obscura. 

Yo he cruzado mis brazos fascinado, 
al contemplar la brillantina lumbre 
que en el cielo del trópico inflamado, 

en bella muchedumbre 
derraman los luceros rutilantes. 



POESÍAS DIVERSAS 407 

Allí se mira en ellos 
el ópalo, el zafiro y los diamantes, 
y, á sus raros y mágicos destellos, 

el alma se electriza 
y tierno el corazón se poetiza. 
Pero ¡ay! ¡en tus pupilas celestiales 
hay más luz que en los astros tropicales! 
Espiral de la llama que calienta 
tu tierno corazón; fuego divino 
que tu espíritu de ángel alimenta, 

y que en dulce destino, 
al dar á mi alma agitación suprema, 
más la enamora cuanto más la quema. 

En medio del desierto, de repente 
la brida á mi caballo lie recogido, 
para mirar en el lejano Oriento 
un trono de topacios suspendido 
en pedestal de nácar y rubíes; 
y sobre gradas de purpúreas rosas 
llegar al trono la naciente aurora, 
desatando las cintas carmesíes 
á sus cabellos de oro, y las hermosas 
perlas que entre sus hebras atesora; 
derramar luego de sus tiernos ojos 
los tranquilos destellos del topacio, 
y el reflejo fugaz de los sonrojos 
que la vista del sol causa en su frente; 

llenar después de esencias el espacio 
dando su labio el matinal ambiente; 
y grabar por doquier el sacro sello 
que pone Dios en lo sublime y bello 

Pues bien, en ti mi admiración divisa 
poesía mayor, mayor encanto, 
que en esa aurora que revela tanto 
la existencia del Dios que la improvisa. 



408 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

¿Quién al ver la frescura de las rosas 
en tu semblante virginal, podria 
echar de menos las que muestra hermosas 
el rubio Oriente al asomar el dia? 

Cuando en fugaz agitación sonríes, 
¿en qué cambiante de su mar de grana 

la radiante mañana 
hallará de tus labios los rubíes? 

¿En cuál nácar del alba tu garganta 
y el alabastro de tu ebúrneo seno, 
cuando, de vida y de suspiros lleno, 
con tu aromado aliento se levanta? 

¿Con qué cuadros de luz, con qué espirales 
la hermosa aurora á disputar se atreve 
las gracias virginales 
que, en movimiento blando, 
se deleitan jugando 
en derredor de tu cintura leve? 

¡Oh, si te hubiese visto un solo instante 
allá en los tiempos en que el alma mía, 

feliz y delirante, 
era toda entusiasmo y poesía, 
yo no hubiera pedido prosternado 

á la naturaleza, 
los misterios sin fin de su belleza 
que en mi lira después se han escuchado! 

Tu suprema hermosura 
mi enamorado labio cantaría; 
y, de tus ojos ala lumbre pura, 
divino fuera mi mundano verso, 

y mi verso te haría 
divinidad también del Universo. 

Para adornar tu espléndida cabeza, 
pediría á la gloria 
lauros que eternizaran la memoria 



POESÍAS DIVERSAS 400 

do mi amor y tu célica belleza. 

Tu corazón que espera, 

cual un arpa eoleana 
el primer soplo con que amor le hiera 
para dar tierno su amoroso acento, 

de mi pasión temprana 
sentido hubiese mi abrasado aliento. 

Yo buscaría en ti la oculta fibra 
que pulsada una vez se agita y vibra, 
y hace que la mujer, sin saber que ama, 
arda de amor en la sensible llama. 

Entonces ¡ay! bebiendo de tu boca 
savia de vida, espíritu de amores, 
mi vida fuera un piélago de flores, 
y el alma mia de entusiasmo loca, 

haría caprichosa 
del mundo un Edén, de ti una Diosa. 

Con mis manos tu frente cubriría 
para que el sol no ajara tu hermosura, 
y en hálitos de amor perfumaría 

el aura que rozase 
con su ala fugitiva tu sien pura. 

Yo pondría en tus hombros mi cabeza, 
jugarían mis manos con tus rizos, 
y entonces ¡ay! de Laura la belleza 
mi amor envidiaría y tus hechizos, 
pues. más enamorada sonaría 
que la voz del Petrarca la voz mía. 

En supremo embeleso 
robaría á tu labio el primer beso, 
y ¡ay! de Leonora la amorosa historia 
olvidaría el mundo, y la hermosura 
que dióle al Tasso su inmortal diadema. 
Yo con la luz de mi radiante gloria 
diera más brillantez á tu ternura, 
mas vasto imperio á tu beldad suprema: 



410 OBRAS DE JOSÉ MÁRMOL 

y en las alas del tiempo y la memoria 

volarían mis cantos, 
eternos con tu amor y tus encantos. 

¡Delirio celestial, huye de mi alma! 
¡mi pecho es una tumba, y quiero calma! 

Allá en el Occidente 
un astro baja su radiosa frente; 
esa es mi juventud... esa es mi vida 
por el genio del mal tan combatida. 

Hasta mis tristes ojos, 
llegas tú, criatura indefinible, 
cuando ya sólo quedan los despojos 
de lo que fué mi ser. Mano terrible 
puso el dolor en mi temprana vida, 

y, á la saña homicida 
con que apuró en mi pecho sus rigores, 

se agotaron las flores 

lozanas de mi mente; 
los años para mí se apresuraron, 

y, de mi joven frente, 
la corona de amor me desataron. 

Pero no; todavía 
no soy bien infeliz, pues que en mi seno 
queda una fibra que vital palpita, 
al talismán de tu sin par belleza; 

cual de un jardín ameno 
que el huracán aniquiló en la noche 
suele quedar oculta dentro el broche 
una flor que levanta su cabeza 
luego que ul aura matinal la agita. 

Aun quedaba en mi lira una armonía - 
la postrera quizá — sentida, ardiente — 
flor que robo al jardín del alma mía, 
y oso ponerla en tu virgínea frente. 

Río Janeiro, Agosto de 1S45. 



POESÍAS DIVERSAS 411 

A ELLA EN SU JARDÍN 

¿Qué te han hecho las flores 
que burlando su aroma y sus colores 
vas á humillarlas en su propio trono? 
¿Por qué pones al lado de la rosa 
tu cintura gentil, tu frente hermosa? 

¿Por qué te acercas para hacerle agravios 
al clavel purpurino con tus labios? 

¿Por qué á la flor ligera 
de la leve inocente enredadera 

á acariciar te atreves 
con tus manos más puras y más leves? 

¿Por qué la esencia pura 
que exhalan ellas de su cáliz lleno, 
humilla con sus hálitos tu seno 
perfumado de amores y ternura? 

Déjalas donde habitan; 
donde amanecen y se ostentan bellas; 
pues las flores más lindas se marchitan 
si estás en el jardín al lado de ellas. 

Deja esos brotos pobres de la tierra 
que gocen de su corto y fugaz día, 
que harto aroma y beldad en ti se encierra, 
brillante flor de hermosa poesía. 

Flor que en mis sueños de oro 
imaginé en mi seno colocada; 
que luego á mi ilusión dejó burlada, 
y que si más se esquiva más la adoro. 

Montevideo, Noviembre de 1846. 

MELANCOLÍA 

Llevad en vuestras alas 
¡oh, brisas de la tarde! 
los huérfanos suspiros 
de mi secreto amor: 



412 OBRAS DE JOSÉ MÁTL.MOIi 

amor sin esperanza, 
pero de que hace alardo 
mi corazón que sufre 
su celestial ardor. 

Llevadlos, y piadosas 
cuando toquéis la frente 
de un ángel que ha bajado 
con formas de mujer, 

sobre sus blancas sienes 
dejadlos dulcemente 
cual la única corona 
que puódole ofrecer. 

Suspiros son que nacen 
del seno diamantino 
donde se guarda en mi alma 
la sensibilidad; 

rinico bien que nunca 
me arrebató el destino, 
fuente serena y pura 
de mi infelicidad. 

Mi amor no es un delirit 
de ardiente fantasía; 
mi amor está en el alma 
con lágrimas y fe; 

placer que se confunde 
con la melancolía, 
corona de jazmines 
con hojas de ciprés. 

La veo en las estrellas 
la veo en la alborada, 
en las nocturnas sombras 
en el radiante sol; 

do quiera van los ojos 
do mi alma enamorada, 
del sol de mis amores 
encuentro un arrebol. 

Las ñores me deleitan; 



POESÍAS DIVERSAS ¿13 

su aroma y sus colores 
son lioy para mi vida 
supremo talismán. 

¡Ay, triste del que ignora 
la magia que las flores 
contienen para el alma 
que acongojada está! 

Mas, ¡ay! que las estrellas, 
las flores y la aurora, 
mezclando á mis amores, 
contempla?' dolor. 

¡Pues si la imagen suya 
mi corazón adora, 
mi corazón la baña 
con lágrimas de amor! 

Amor sin esperanza, 
que en mi alma se alimenta 
del fuego solamente 
que on mis entrañas hay; 

ningún benigno soplo 
mi corazón alienta; 
no hay pecho que recoja 
de mi infortunio el ¡ay! 

La adoro y no lo sabe; 
la adoro, y su pupila 
sobre mi triste noche 
tío vierte claridad. 

La adoro, y mientras goza 
felicidad tranquila, 
en mi alma se apodera 
la bárbara ansiedad. 

Llevad en vuestras alas 
¡oh, brisa pasajera! 
mis huérfanos suspiros 
á mi adorado bien; 

no la digáis que la amo; 
pero dejad siquiera, 



414 OBRAS BE JOSÉ MÁR.MOI, 

mis huérfanos suspiros 
sobre su blanca sien. 
Montevideo, 1848. 

EL EELOJ 

Sonó en la vecina iglesia 
la campana del reloj, 
diciendo: «Pasó una hora 
»y á la eternidad cayó.» 

Eco lúgubre del tiempo 
que con fatídico son 
nos manda que repitamos 
en cada momento: ¡adiós! 

Pero el mundo sólo mira 
porvenir en el reloj; 
da la una, y desespera 
alguien que espera las dos... 

Las doce espera del dia 
el pobre trabajador, 
y las doce de la noche 
el amante corazón. 

Las horas que van pasando 
no se cuentan al reloj, 
cuenta el hombre las que faltan 
mas nunca la que pasó. 

Así, al sonar la campana 
suele en secreto decir: 
«Las que ha de marcar espero, 
aporque esperar es vivir.» 
Es, pues, entonces en el mundo mío 
indiferente para mí el reloj; 
pasen las horas á su antojo, pasen, 
tráenme lo mismo que las diez, las dos. 

Yo nada espero — mi cansada vida 
<ni llorar puede ni sentir amor», 
del llanto mío so agotó la fuente, 
la llama activa del amor murió. 

Ya con el mundo los estrechos lazos 
mi descontento corazón rasgó; 
lo mismo el día de mañana espero 
quo ayer las horas esperó de hoy. 



POESÍAS DIVERSAS 415 

Activo foco de pasiones mi alma 
á los incendios del amor cedió, 
y grande placa de cristal mi mente 
vida y verdades transparentes vio. 

Sé que si escucho de mujer querida 
latiendo el alma su amorosa voz, 
ó ella se engaña al pronunciar, te amo, 
ó á mí me miente con doblez mayor. 

Sé que si el seno de los hombres busco 
y mi cabeza y corazón les doy, 
luego que expriman de mi ser la esencia 
con risa amarga me dirán: ¡adiós! 

Y sé que es hoy lo que será mañana 
el mundo, el hombre, la mujer y el sol; 
y pues que todo lo que viene he visto, 
tráenme lo mismo que las diez, las dos. 

Yo nada espero: — ni dolor, ni risa 
en la indolencia que mi ser cayó — 
si hoy tengo hastío lo tendré mañana, 
es mueble inútil para mí el reloj. 
Río Janeho, Noviembre ds 1844. 

LA AROMA 

Insensible del alba al tierno lloro 
y al beso de las auras peregrinas, 
resplandeces, del sol lágrima de oro, 
bella y soberbia en tu millón de espinas, 

Engreída en tu altísimo palacio, 
halagar y engañar son tus placeres; 
te haces mágico dueño del espacio, 
llamas de lejos y do cerca hieres. 

Ingrata y falsa, sin piedad lastimas 
la mano que te busca sin recelo; 
y si-á cogerte sin temor la animas, 
es cuando el viento te postró en el suelo. 

¡Ay! la que tanto mal lleva consigo, 
la triste ley de su destino aclama: 
sin un seno de amor que la dé abrigo, 
su destino es morir seca en la rama. 

FIN 



Advertencia 3 

CAUTOS DEL PEREGRINO 

Introducción. , 13 

Canto primoro '21 

Canto segundo 39 

Canto tercero 61- 

Canto cuarto 89 

Canto quinto 122 

Canto sexto 149: 

Canto undécimo . ... . ,__ ........ 179 

Canto duodécimo 217 

Notas délos Cantos del Peregrino 255' 

POESÍAS DIVERSAS 

Introducción 285 

.Lamentos 289 

La tarde 291 

Destellos del dolor 292 

A Teresa 295 

Al 25 de Mayo • 303 

Adiós 312 

Despedida 314 

A Rosas , 315 

Montevideo . 322 

A Buenos Aires 328 

A Dios 333 

Al sol de Mayo, 1847 337 

Una tarde en el Dacá 344 

El suspiro 349 

En la lápida de Florencio Várela 350 

El juramento 350 

A una señorita 353 

Brindis 354 

El poeta Mármol al poeta Mitre: El canto de la patria . . . 355 

A la condesa de Walewski, en 1847 358 

ABolivia, en 1846 361 

A mis amigos de colegio 371 

Sueños 375 

Desencanto ■ • 379 

En un ál hum 387 

Rosas,: 8 ¡0 \ 387. 

Adiós á Montevideo 392 

Al Sol 393- 

Recogimiento 396 

Cristóbal Colón j 400 

Los tres instantes 403 

A 405 

A ella en su jardín 411 

Melancolía 411 

Al reloj • . . 414 

La aroma 415 



PLANTILLA 

PARA LA COLOCACIÓN DE LÁMINAS 



1— Agí en instantes de pasión decía. . ~ 

ll.-Ya de su lecho en soledad secreta. . ~T 

111. -¡Ay. cuántas veces dormidos ' ' 

IV.-Y en el hombro de Carlos se aliñaba'. .' .' .' .' ' " íf 

V.-Suspira el peregrino y de la nave 'ola 

VI -La admiré cual aun ángel divino. . . ' ' ' ot, 

V TTT^ aVlrgeneSpUraSC0 ^ Íendolas fl ^es. ' .' ' ' ' Sí 

VIH. -En supremo embeleso. * * d4T 

. . . • 405 



Mícrofiímed 

- ASERL PROJECT 
1990-92